El Diario del centro del país

A 20 años del histórico recital de Charly García en el Club Ameghino

En el Hotel Presidente había brindado una conferencia de prensa

El 22 de enero de 1999 el ídolo del rock nacional había ofrecido una recordada actuación junto a Mercedes Sosa

En un sofocante viernes de enero, el genial artista arribaba a nuestra ciudad para presentar el disco “El aguante” junto a su banda. Deficiencias de la organización y un retraso en la prueba de sonido opacaron en parte aquella velada

La tapa de El Diario con Charly al teclado, Mercedes y Gabriela Epumer en guitarra

Escribe: Juan Ramón Seia
De nuestra Redacción

Esta historia comienza con un llamado telefónico a mediados de diciembre de 1998 recibida por el productor local Richard Kamienski con la posibilidad soñada de organizar una fecha a uno de los artistas de rock nacional más importantes de todos los tiempos y finaliza con una parálisis facial del lado derecho del mismo productor, debido al estrés acumulado durante el medio día que estuvo Charly García en Villa María en su versión más huracanada durante los estertores del siglo XX.

La reconstrucción de aquella velada memorable, de la cual se han cumplido nada menos que 20 años el martes pasado, y sus deliciosos detalles circundantes incluyen: la excitación y algarabía previas por parte de fanáticos locales y de otros puntos del país que se agolparon ante la puerta del “coloso” de calle San Juan en una afiebrada noche de viernes y las serias fallas en la organización que terminaron con una “avanzada humana” sobre las sillas de una platea desdibujada y contra las vallas de contención; las bolsitas de cocaína y botellas de whisky que desfilaban frenéticas por arriba y detrás del escenario y una enternecedora merienda con helados que compartieron Charly, Mercedes Sosa (quien llegara especialmente para la ocasión) y Kamienski en La Madrileña horas previas al recital; una recordada caravana de seguidores desde el Club Ameghino hasta la confitería El Angel, donde la máxima figura cenó y departió junto a los músicos luego del show y hasta un revólver arriba de la mesa de la casa del productor local depositada por quien había traído a Charly a nuestra ciudad, ya que desconfiaba seriamente del destino de los fondos de la recaudación.

 

Antes de ir al recital, el artista pasó por una peluquería céntrica para retocar su cabellera

Detrás de las paredes

“Un tal Fuentes, pariente de los que tenían el chalé Scopinaro y que estaba vinculado con familiares de Charly, me llama para hacer el show. Primero lo quería hacer en el Anfiteatro y le dije que era imposible. En ese entonces, Charly podía llevar 3 mil personas como máximo en Villa María. Luego fuimos al Ameghino, donde nos dijeron que entraba esa cantidad. De todos modos, quisimos poner una platea con sillas de lata que después terminaron a un costado cuando entró todo el público. Pudo ser tremendo”, comenta Richard a El Diario.

Esta nota, como dato peculiar, se hace en el café del Paseo de la Villa, donde Kamienski abriera un bar con eventos en vivo poco tiempo después del mentado recital de Charly, el cual todavía le provoca palpitaciones cada vez que rememora aquella noche. “No lo pude disfrutar, la pasé muy mal”, acota.

“El diseño de las entradas lo hizo Mónica Poggetto y la impresión Leo Ambrosino. Los músicos y toda la ‘troupe’, que eran como 20, se alojaron en el Hotel Presidente en una suite. Recuerdo que se habían agotado todas las entradas y la gente estaba impaciente por entrar. Había colas hacia la calle Maipú y hacia la calle Alberdi. Cuando vi que podía ponerse la cosa fulera lo llamé a un amigo, Darío Vezzaro (destacado abogado y profesor que luego llegara a ser fiscal general de la provincia), para que me asesorara por las dudas. El iluminador me dijo en un momento: ‘Esto no se hace. No está todo listo. Esto se suspende. Tráigannos la plata’. Era una locura. Entonces, Alberto Azzolini (de la Departamental local) me decía que apenas abriera la puerta se iban a meter unos 100 tipos en malón. Ahí le digo que no querían hacer el show. ‘Dejame a mí’, me contestó. Fue al camarín y los sentenció: ‘O tocan o los llevo en cana a todos por droga’. Después, cuando ya transcurría el recital, me voy a mi casa que quedaba a la vuelta del club, en Maipú 478. Fuentes me puso una pistola arriba de la mesa mientras yo, con mucho miedo, separaba los fajos de la recaudación hasta que mi hermano le dice: ‘Guardala que ya vienen los policías a cobrar los adicionales’”.

El dinero, según Richard, se entregó recién al día siguiente, el sábado 23 al mediodía en el hotel, donde se había organizado un operativo conjunto entre distintas fuerzas de seguridad. “Le habían cruzado una moto adelante y atrás al micro para que no se fueran los músicos porque faltaba que se pagaran una habilitación municipal y Sadaic. Hasta Charly cobró ese día, ya que no quiso recibir la plata la noche del viernes”, añadió.

 

Charly, luego del show en el Ameghino, fue a El Angel con sus músicos

El show

“Enfundado en una bata color rojo y con lentes negros, mientras de fondo se escuchaban los acordes de ‘Pompa y circunstancia’, Charly García llegó a encontrarse con su gente al grito de ‘¡Say no more!’ y, como para ir teniendo, hilvanó ahí nomás con ‘Cerca de la revolución’ y se desató el delirio rocanrolero. Vinieron después ‘Promesas sobre el bidet’, ‘Rezo por vos’ y ‘Fanky’, donde le robó la guitarra a uno de los músicos y siguió entrelazando acordes y mímicas por doquier… A esa altura del show, las dos generaciones que se aglutinaron en el Ameghino comenzaban a deshilar un par de deseos: ‘Ojalá este recital no termine nunca’”.

Así comienza la crónica que hizo el periodista Fernando Ceresole para nuestro matutino sobre aquella velada que inició a las 23.25. Dos décadas después la rememora como “una noche sofocante, donde salía agua por todos lados” y un recital “que no tuvo el mejor sonido” y que, a pesar de que el artista “estaba en una etapa intratable”, dio lo mejor de sí. “Todos creímos ese día que mucho tuvo que ver su performance con la presencia de Mercedes”, agregó.

En aquella crónica, Ceresole subrayó que “la banda ejecutó un trabajo compacto”, pero que “no se escuchó la participación del chelo (Ulises Di Salvo), tampoco del violín (Erica Di Salvo); hasta se perdió el respaldo que el saxo (de Mariela Chintalo) le otorga a la música de Charly. Las manos y la voz de la ‘ex-Viuda’, María Gabriela Epumer (guitarra), estuvieron siempre a tono con lo que generó García desde los teclados. El ex-Virus Mario Serra en batería aportó lo suyo, al igual que el teclado de Diego Dubarry y la percusión de Gabriel Said”.

La nota recordó que prosiguió un intermedio de 10 minutos y que en la segunda parte subió la Negra Sosa al escenario para cantar junto a su “entrañable amigo” los versos de “De mí». Charly luego abonaría al final canciones emblemáticas como “Los dinosaurios”, “Alguien en el mundo piensa en mí”, “Demoliendo hoteles”, entre otras.

En un apartado titulado “La organización fue deficiente, pero no empañó la fiesta”, el periodista relató: “Recién a las 22.30 se abrieron las puertas que separaban al público de su ídolo y la avanzada humana fue ubicándose donde el destino los llevaba. Es decir que no se respetó, por meras fallas organizativas, el corralito frente al escenario donde, en pura teoría, debían ubicarse los que habían abonado 20 pesos (tiempos del ‘uno a uno’), y todo quedó convertido en un gran tablón de popular futbolera”.

En tanto, el periodista de La Voz del Interior de Córdoba, Germán Arrascaeta, quien en aquel entonces había arribado especialmente para la cobertura (cabe recordar que fue la única función que brindó en toda la provincia), señaló puntualmente en una nota titulada “Aguante, fidelidad y una travesura de verano”, el porqué de la tardanza en el inicio del recital. “A la tardecita y siempre seguido por unos 30 fans, a los que trató con atención y cortesía, (Charly) se dirigió hacia una peluquería céntrica donde se demoró más de la cuenta. De hecho, la prueba de sonido comenzó a las 21.40 (20 minutos antes del horario pactado para el show) por lo que demoró Charly en arreglar su cabellera y pintar sus uñas de rojo”.

Arrascaeta, quien valoró el regreso del ídolo a los clubes del interior, remarcó su crítica sobre ciertos aspectos de la performance. Había puntualizado que las “postales” típicas en un show de García (“policías intranquilos, prueba de sonido tardía y boleterías abarrotadas”), no habían tenido un correlato compensatorio en lo musical. En tiempos del disco “El aguante”, el periodista indicó que “low fi (baja fidelidad) es otro de los conceptos que sobrevoló el Ameghino. (Charly) Está profundamente desinteresado en que todo suene ok”. No obstante destacó que “la baja fidelidad le permite divertir y divertirse”.

Asimismo reseñó: “Charly estuvo consagrado a su rol de showman, despeinando a su saxofonista, alterando la entrada a los estribillos y dirigiendo una banda con algunas pretensiones barrocas” y agregó “Pasajera en trance” como otro tema que estuvo en aquella lista.

 

La imagen de la entrada

“El nene va a portarse bien”

“¡Señoras y señores, con ustedes la generala!”. Así recuerda Kamienski la introducción que le hizo Charly a Mercedes Sosa sobre el escenario. Para todos los presentes, ese momento fue el “sumun” de la noche, enfervorizados por el sólo hecho de contar con los dos genios juntos, tocando y a pocos metros.

La llegada de la gran voz latinoamericana a esa instancia se había pergeñado horas antes. “Sabía que Mercedes tenía que tocar en el Festival de Cosquín esos días”, rememora Richard. “Entonces, le hablé a Víctor (Heredia), de quien soy muy amigo y le cuento cómo venía la mano. Me dice: ‘Llamalo a Fabián (Matus, hijo de Mercedes), de parte mía’. Cuando hablo con él me responde: ‘Quedate tranquilo que la mami va a ir a Villa María, lo único que tratá de no anunciarla’. Laura, mi mujer, se hizo cargo de Mercedes desde que llegó hasta que estuvo en el bufé del club antes de subir al escenario. Cuando llegó ella, Charly cambió totalmente. Cuando le fui a hablar a ella me calmó: ‘Quedate tranqui que el nene va a portarse bien’”.

De todos modos, Kamienski suaviza la actitud supuestamente descontrolada del comandante “Say No More”. “Charly es un dulce y muy educado. Cuando llegó al hotel me dijo: ‘Quedate tranquilo que no va a pasar nada ni acá ni en el show. Todo va a salir bien. Lo demás es para publicidad’. De hecho, habló con Salera, el dueño del hotel que quería traerlo cuando estaba Sui Generis, y Charly le contestó en broma: ‘¡Cómo no nos trajiste que estábamos hediondos de secos en aquella época!’”.

En la tarde previa al concierto, el artista había brindado una conferencia de prensa en el hall del Presidente. Allí se deshizo en elogios a la Mecha Sosa, aunque recordó el mal trance vivido cuando fue de invitado de la cantante al Festival de Cosquín en 1997 e interpretó su particular versión del Himno Nacional. Luego enumeró proyectos musicales que “craneaba” en aquel entonces (una ópera rock irónica con Pipo Cipolatti llamada “Cerebrus” y discos con Pedro Aznar y la propia Mercedes), entre otros tópicos.

Fiel a su estilo, dejó finalmente una reflexión adelantada a la época: “No va a pasar nada con la llegada de 2000. Sin embargo, hay un lento apocalipsis. El Río de la Plata está lleno de petróleo, Internet está agotada y el planeta está destrozado. La única posibilidad es inventar algo nuevo”.

Say no more.

 

DEMOLIENDO MITOS DE LA GIRA

En aquel entonces circulaba la versión de que los músicos de Charly García hacían parar “cada dos por tres” al chofer del colectivo contratado exclusivamente para el show de Villa María, para tocar a la vera de la ruta y que en una ocasión descendieron en un pequeño bosque todos desnudos “ellos y ellas” para iniciar una fiesta. Richard Kamienski niega totalmente aquellos dichos: “El micro era de León Gieco y el chofer, Pepe, muy macanudo. El elenco fue muy piola. No pasó nada de eso”.

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