A la vuelta del Embalse

Cercano al sector sur del célebre dique, el pueblo luce un bonito río, balneario, espacios naturales y algo de aura del lejano oeste. Escapadas al Cerro Aspero, Pueblo Escondido y la Central Nuclear

Escribe: Pepo Garay / ESPECIAL PARA EL DIARIO

Para el otro lado. Siempre nos vamos para el otro lado. Llegamos a Embalse, umbral del Valle de Calamuchita, y al tocar esa inmensa rotonda de la localidad lindera al lago más grande de Córdoba, embalamos hacia el norte, por ruta 5, a ver Santa Rosa, Villa General Belgrano, La Cumbrecita, y los etcéteras del caso, ¿pero qué pasa si desde ese punto encaramos al sur? Nos encontraremos con destinos desconocidos para la mayoría. Y ahí, como emblema de aquel destierro, La Cruz.

Localidad amena y sentida, ubicada a 170 kilómetros de Villa María y a apenas 10 del ya citado Dique, de quien absorbe buena aura y la lleva a sus calles correctas y adormecidas. Al fondo, muy al fondo, en los allás, conecta con las Sierras Grandes, y con la esencia de un Valle que le queda como a contramano, que la deja afuera. No le importa a la aldea, que respira tranquilidad igual que sus 1.500 habitantes, los que esconden en el ceño algo de lejano oeste, principios de ostracismo, acaso.  

La estampa le sabe a manjar al viajero, siempre feliz de descubrir lugares distintos, con pintas raras. Como La Cruz, que embellece el regalo con el paso del río homónimo. Un caudal que va a morir al Embalse Río Tercero, pero que antes, vitalísimo, da frescura y querencias al corazón del pueblo. Balneario gaucho, de arboledas gauchas y parrillas gauchas, para pasarse los veranos en reposera, tiras de costilla y muy a gusto, al ritmo de un piletón natural ancho y puro, besado por los sauces.  Allí mismo, entre fines de enero y principios de febrero, tiene lugar el Festival del Balneario.

Más alejado de la zona urbana, el río toma aspectos salvajes, preñado de cascadas y piedras que van del beige al rojizo, rodeados de alfombras verdes, las que se despegan de los campos de la región. Vale la pena seguirle los rumbos al De La Cruz, y ver como se cruza con el Quilinzo, todavía más ancho. A las orillas de éste, se recomienda visitar La Curva de Don Abraham, una esquina de arena y agua cristalina para gozar de los días de sol a pleno.

Ya de vuelta en el centro, la plaza convoca con su perfil casi campero, bien coronado por la bella Iglesia Nuestra Señora de la Merced (construida en el siglo XVIII, y declarada Monumento Histórico Nacional).

 

Paseos

Pero hay que salir de vuelta, para saludar la Central Nuclear de Embalse (hace falta reservar con antelación) y descubrir un emprendimiento único en la provincia.

En el final, queda la excursión hacia el Cerro Aspero y su vecino Pueblo Escondido. Para llegar allí desde La Cruz, hacen falta recorrer unos 50 kilómetros de camino de ripio, atravesando primero el Río Quilinzo y caseríos perdidos en el paisaje, como Lutti o Los Vallecitos.

En Los Tabaquillos, surge el sendero de unos ocho kilómetros de extensión que lleva al fantasmal y encantador Pueblo Escondido (antiguo centro minero, hoy está prácticamente abandonado). Otras opciones en el sector son subir al mismo Cerro Aspero (pegado al expoblado) y visitar el Salto del Tigre (una preciosa cascada de 27 metros de altura).

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