Abrumado por las pruebas, Alarcón confesó los abusos

Alarcón es esposado antes de ser llevado de regreso a la cárcel. Dijo que era inocente, pero al final confesó

El vecino de Las Perdices que estaba acusado de someter sexualmente a una nena de su entorno familiar se declaró culpable luego de que se leyera el informe de Cámara Gesell. Poco antes había declarado Silvia Testa, quien aseguraba que su hijo era inocente y que la causa estaba “armada”

 

Acorralado por las pruebas lapidarias que lo incriminaban, Matías Leandro Alarcón (34) terminó por confesar que había sometido a aberrantes prácticas sexuales a una niña de su entorno familiar más cercano, pese a que durante todo el proceso había asegurado que era inocente y que le habían “armado” la causa.

Cuando promediaba la segunda audiencia y tras la lectura del informe de Cámara Gesell (declaración de la pequeña víctima), Alarcón no tuvo más alternativa que declararse culpable de los hechos que se le atribuían, cometidos entre abril y octubre de 2015 en la localidad de Las Perdices, donde estaba viviendo.

Aunque el debate se realizó a puertas cerradas por tratarse de hechos de instancia privada, EL DIARIO pudo saber que el confeso abusador se vio abrumado por la carga probatoria en su contra y optó por asumir su responsabilidad penal, pese a lo cual no se mostró arrepentido ni pidió perdón por el daño psicológico causado a la menor.

En rigor de verdad, fue el propio abogado defensor quien solicitó un cuarto intermedio ni bien concluyó la declaración de Silvia Mónica Testa, madre de Alarcón, al advertir que el juicio se encaminaba a una contundente sentencia condenatoria pese a la encendida defensa que esgrimió la testigo.

Durante el comparendo de la mujer y a pedido del siempre incisivo fiscal Francisco Márquez, por Secretaría se dio lectura al informe pericial surgido del estudio de Cámara Gesell realizado a la niña poco después de que su madre, J.S.L., radicara la denuncia penal correspondiente, el 17 de octubre de 2015.

 

Cómo funciona

Una declaración testimonial receptada en Cámara Gesell es una entrevista guiada con el objeto de indagar sobre lo que relata un menor respecto al abuso que se investiga.

Dicho “interrogatorio” es realizado por peritos psicólogos, en una habitación especialmente acondicionada para ese propósito y con la finalidad de que la criatura no sea revictimizada al tener que contar cómo sucedieron los hechos.

La entrevista es grababa en audio y video y posteriormente los peritos emiten conclusiones a partir de los dichos y el comportamiento de la víctima.

Cabe recordar que Alarcón, nacido el 30 de agosto de 1983 y domiciliado en San Martín 644, departamento 4, en Las Perdices, se encuentra detenido desde el 27 de abril de 2016 por disposición del entonces fiscal Gustavo Atienza (ya jubilado), aunque la causa fue elevada a juicio por su par Silvia Maldonado, quien la terminó de instruir.

 

Dijo que era inocente

El juicio había comenzado el lunes con la lectura de la pieza acusatoria y la posterior declaración del imputado, quien reiteró una vez más que era inocente.

La audiencia de debate continuó en la víspera con recepción del testimonio de la madre de Alarcón, quien insistió que la Justicia no había investigado a la pareja de J.S.L., sobre quien sembró un manto de sospecha poco después que su hijo fuera detenido.

El caso impactó de tal manera en la comunidad perdicense, que la madre y otras personas allegadas a Alarcón organizaron marchas de silencio para pedir la libertad del hombre que al momento de ser privado de la libertad se desempeñaba como empleado de la ferretería que la cooperativa agropecuaria Cotagro posee en Las Perdices.

 

“Armaron la causa”

A fines de agosto de 2016, durante una de sus visitas a los Tribunales de Villa María para reclamar justicia por su hijo, Silvia Testa habló con este medio y aseguró que su exnuera (madre de la niña) y su nueva pareja habían armado la denuncia para perjudicar a Matías.

En aquella entrevista, la mujer señaló que Alarcón estuvo cinco años en pareja con J.S.L., tuvieron una nena y en 2014 se separaron. “Ahí empezaron los problemas”, dijo Testa, y agregó: “Denuncias van, denuncias vienen, la cosa derivó en que nosotros no podemos ver a la nena hace ocho meses”.

“Se estableció un régimen de visitas y se fijó una cuota alimentaria, pero cuando Matías solicitó ampliar las visitas, apareció esta denuncia”, agregó Testa, y deslizó que su hijo estaba disconforme porque solo podía ver a su hija los sábados durante tres horas.

“Cuando pidió ampliar el régimen de visitas, ella decidió hacer una denuncia por abuso sexual. No dijo qué día, sino que expresó que fue entre abril y octubre”, continuó la mujer.

 

“Si es culpable…”

En otro pasaje de aquella entrevista concedida a EL DIARIO, Testa advirtió: “Si mi hijo es culpable, le pediré perdón al pueblo, pero tienen que saber que fueron a declarar la jueza de Paz (de Las Perdices), la maestra de la nena y hasta la psicóloga de mi hijo, y ninguna involucró a mi hijo; mi hijo es inocente”.

Ayer, poco después que se dictara sentencia, el padre de la denunciante habló con los medios que cubrían el juicio y se refirió a aquellas declaraciones de la madre de Alarcón: “Ahora que le pida perdón a la nena, no al pueblo”, señaló con un dejo de indignación D.L., abuelo de la criatura.

 

Juez y partes

El juicio fue presidido por el camarista René Gandarillas y contó con la participación del fiscal Márquez y de los abogados Ricardo Gutiérrez (presentante de la Querella) y Antonio Alarcos (a cargo de la Defensa), mientras que como secretaria intervino Gabriela Sanz.

Matías Alarcón llegó acusado como presunto autor de “abuso sexual agravado” (sin acceso carnal) y “promoción o facilitación a la corrupción de menores agravada por el vínculo” en perjuicio de una menor que actualmente tiene 9 años. Pero tras la confesión de los hechos, fue declarado culpable de “abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por el vínculo”.

Cabe señalar que el delito en cuestión, legislado por el artículo 119 del Código Penal de la Nación (segundo y cuarto párrafos), es reprimido con prisión de ocho a 20 años.

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