Adiós Bocha Mazzini, vecino del barrio San Martín

En el tercer día de este raro julio, a los 59 años, se nos fue el defensor Esteban “Bocha” Mazzini. No sólo fue un gran futbolista, también un buen hombre que nunca olvidó nuestro querido barrio San Martín. Hace un par de años lo convoqué para un documental (aún inconcluso) sobre la historia de ese populoso sector de la ciudad. En una larga siesta grabé una entrevista en la cual habló de muchas cosas, entre ellas, el fútbol en su barrio. A días de su partida, todos los que lo conocimos estamos un poco más solos, por ello me pareció adecuado recordar sus palabras.


Los amigos del barrio

Inició comentando que llegó al barrio “cuando tenía 7 u 8 años. Vivíamos en la casa de don Figueroa. Mi mamá alquilaba una habitación que tenía don Figueroa, quien sabía ser verdulero. Luego me fui criando con los pibes del barrio”. Allí comenzó a nombrar a compañeros de andanzas infantiles. Así llegaron a su memoria “Baraka, los García, Mekaiko Castro, Pino Mercado, Eligio Torres”… Eran tantos que algunos quedaron atrapados en su intimidad. Entonces, volvió a hablar de la casa, quería dejar bien establecido cuál fue su primer domicilio en el San Martín, “era en calle Balcarce, frente a los García. Entre Tucumán y San Luis”. Luego sí, retomó las correrías junto a sus amigos y el fútbol: “Empezamos a jugar como a los 9 o 10 años, cuando hicimos el equipo del baby del San Martín. Lo hicimos entre Molina, Castro y yo, después hubo otros. Varios dejaron, nosotros continuamos un tiempo. Participábamos en campeonatos relámpagos de pibes”.  

El sol caía sin ruido en medio de la siesta mientras la memoria del Bocha continuó recogiendo polvadera de esas canchitas de barrios que hacían años no tenían pasto: “Jugábamos contra equipos de Villa Carlos, ahora Nicolás Avellaneda”. Parecía que a lo lejos se escuchaba la música emitida por las metálicas bocinas del “estadio” barrial. Entonces recordó que “por la Buenos Aires, al fondo, había un equipo, creo que era General Paz o General Paz Juniors. Había una montañita de tierra, eucaliptos, al frente de una familia muy conocida, los Verea. Ahí también jugábamos”. Describió los escenarios de aquellas competencias barriales y repasó nombres de rivales. Regresando a sus amigos, dijo: “La sede nuestra estaba bajo un algarrobo, donde ahora está la iglesia de San Cayetano. Comprábamos gaseosas y todas cosas de chicos. Era frente a Oviedo (Tucumán al 2500). Bien al lado del algarrobo habíamos hecho la canchita, donde están ahora los galpones que trabaja Puzetto. Ahí teníamos la canchita y después nos fuimos más para donde está Boretto (Tucumán al 2300). En esa canchita, que fue del centro vecinal, también hacíamos de local”.

Su cara mostraba el disfrute de los recuerdos gratos. Continuó el relato diciendo: “Luego empezaron a llegar el Coco Fuentes, Miguel Oviedo, don Guzmán, el padre del Lorito y don Molina, el padre de Jorge Molina. Se fueron agrupando hasta que formaron el club del Baby. Creo que fue el 1 de mayo del ´72 o 73”.


Campeonatos

Aquella siesta, el Bocha revisitó otros escenarios de campeonatos infantiles, así recordó “el barrio Las Playas, la iglesia del padre Hugo, que tenían un equipo. En la zona del bulevar Italia estaba Juventud y Patria. Allí estaba Climaco. Pero con All Boys era nuestro clásico” la cara se le iluminó, quizás recordando jugadas, luego dijo: “¡Hacíamos cada partido! ¡Muy buenos partidos! El que ganaba entre nosotros posiblemente salía campeón”.

Cuidadoso, no quiso dejar de nombrar a otros competidores de aquellos encuentros futbolísticos. Así repasó nombres de clubes como “San Lorenzo de Las Playas, también Juniors”. Y del propio equipo dijo: “Nosotros jugamos una época cortita para el centro vecinal del barrio, luego pasamos a jugar para el baby del San Martín, ya éramos club”. Y de esa organización, dijo que “fue una gran cosa, siempre fue un barrio muy humilde. Los pibes se fueron arrimando a la sociedad, como quien dice, gracias al fútbol, los integraba, yo me incluyo entre ellos. A lo mejor podría haber desviado mi camino para un lado o para otro, no obstante, el fútbol me agrupó con mucha gente. Gracias al fútbol, te relacionabas. Te hacías de amigos, estabas un poco más empapado con la gente”.

Todos sabemos que Mazzini fue importante para el fútbol regional, pero aquella siesta en la que charlamos, el Bocha dijo lo importante que el deporte había sido en su vida y en la de muchos pibes del barrio. Habló de la integración social, de los lazos que genera la actividad, pero también quiso recordar a algunos de los jugadores que salieron del barrio y tuvieron la oportunidad de jugar en otros lugares. Así recordó que “el Pelusa Hoyos salió del San Martín. Jugó en la selección nacional. Estuvo en el ´79 con la selección en Japón, pero no pudo jugar porque ocupaba el mismo puesto que Maradona”. También nombró a “Villagra, Guillermo García, Claudio Díaz, que estuvo en Chile. García jugó en Racing y en Unión de Santa Fe… Muchos pibes salieron del San Martín. Incluso, una vez vinieron a elegir jugadores a Córdoba; se hablaba del Milan. Y fueron del club, estaba Marcelo Mangano, Arancibia, que era arquero, y otros muchachos del baby. Algunos de ellos fueron a Rosario Central”.


Aquel partido

En un momento le pregunté cuál consideraba que había sido el partido de su vida. Pensó un rato y dijo que fue “con Alumni, jugamos un partido muy importante contra Belgrano Toro, en Coronel Moldes, un equipo de la Liga de Río Cuarto. Generalmente, un equipo de Villa María no podía pasar de Río Cuarto, siempre había una pared. Se consideraban un poco más, mejores que nosotros. En ese partido ganamos 2 a 1, yo jugué de dos. Había un gringo grandote, Rufinatti, creo, lo marcaba y tuve la suerte de ganarle de arriba y de abajo, y lo anticipaba”. Humilde el Bocha, aclaró que “era una tarde lluviosa, a lo mejor el hombre no se podía parar bien y yo, chiquito, me afirmaba y le sacaba de abajo. Cuando faltaban minutos se arma un revuelo en media cancha y el árbitro dice ‘jueguen’. Yo agarro y le grito al Kuky López ‘¡picá, picá!’. El estaba justo en mitad de cancha y cuando pica, yo le tiro la pelota que pasa entre el dos y el seis, por arriba. El negro gana en velocidad, lo pasa al arquero y le hace el gol”. El recuerdo lo emocionó y terminó diciendo “ese partido fue memorable, ganarles 2 a 1, ¡quedó en la historia! ¡Siempre me lo nombran!”.

En aquella nota le recordé el partido que jugó en nuestra ciudad contra el Argentino Juniors de Maradona. En realidad, había creído que lo nombraría como a uno de los más importantes de su carrera, pero no fue así. Acerca de ese partido, dijo: “Con Maradona, sí, jugué de cuatro en el primer tiempo. Lo marcaba a Saggioratto, que había estado en Independiente. Muy buen jugador, zurdo. En este caso, yo marcaba a la punta izquierda. En el segundo tiempo se lesionó el Cachi Formía, que jugaba marcando, y pasé a jugar de tres marcando a la izquierda. Allí lo marqué al Pepe Castro, un goleador que tenía Argentino Juniors. Después estuvo en Chile, hizo un gol memorable que fue polémico porque pasó al arquero, se sentó en la raya y después le pegó con el taco”. En cuanto a la expectativa que le podría haber despertado el partido con Maradona, señaló: “No hubo tantas porque yo tendría 20 años y el 18, a esa edad no relacionás, ellos venían de ser campeones del mundo, Sub-20, pero a esa edad… Hasta ese momento creía que era igual o mejor que Maradona”. Apenas dijo esto último aclaró la necesidad de confianza en sí mismo que debe tener el jugador: “Si no tenés ese ego, futbolísticamente no podés jugar porque te pasan por arriba”. No desvalorizaba el hecho de haber pisado el mismo césped que Maradona jugando un partido, pero su honestidad lo obligaba a decir cómo lo había vivido. Cerró la mención al encuentro diciendo: “Con los años me arrepentí de no haberme sacado una foto con Maradona, aunque tengo una donde estoy al lado, marcando. Es lo que ha quedado…”.

Ahora el Bocha Mazzini se fue, pero dejó mucho. Fue un hombre de pueblo, sencillo, humilde, consciente de la importancia del fútbol como campo de encuentro con los otros, un espacio de socialización de niños y jóvenes.

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