“Alguna vez queremos ser gobierno de nuestro país”

Escribe Nancy Musa
De nuestra Redacción

Liliana Olivero nació en El Fortín (Departamento San Justo, Córdoba) el 20 de enero de 1956. Es psicopedagoga, trabajó en el Banco Provincia de Córdoba y fue delegada. Soltera, dos hijos, un nieto y otro a punto de nacer.

Empezó su militancia a los 13 años en el ámbito de la Iglesia Tercermundista, se integró a agrupaciones estudiantiles y estuvo detenida unas horas en 1973. En 2001 fue convencional constituyente de Izquierda Unida y legisladora provincial. Su mandato fue ratificado en la unicameral desde 2003 hasta 2007.

Continuó ocupando una banca de 2007 a 2011 y de 2011 a 2013 que renuncia para dar lugar a la rotación del Frente de Izquierda Unida. Ese año fue candidata a diputada nacional y quedó trunca la posibilidad porque según denunciaron “le robaron” la banca. En 2015 fue candidata a gobernadora.

Hoy redobla la apuesta y va por la revancha de 2013 a buscar la oportunidad de sentarse en el Congreso de la Nación.

En su juventud fue una chica tímida. Aprendió a desenvolverse en “las cuevas de bandidos”, según su propia definición de ciertos representantes de la política. Hoy, tiene un manejo increíble de la palabra, de los gestos y del mensaje que lleva en su mochila. Llega a la entrevista acompañada por una colaboradora y su amigo de la vida y la política Oscar “Gallego” Massanet. El mate, anécdotas, recuerdos, sonrisas, emociones, se fusionaron para amenizar la charla a la hora de la siesta, cuando parte de la ciudad descansaba.

Liliana Olivero es una marca registrada de la izquierda socialista cordobesa. Recorrió diversos países de Europa llevando la experiencia argentina de la crisis de 2001, hoy tiene un equipaje colmado de vivencias, quiere llegar a una banca en la Nación pero su mayor aspiración es ver a su espacio gobernando para demostrar que es posible la revolución.

 

-¿Cuáles serían las palabras justas que tiene en mente para definir la situación que está viviendo hoy el país?

-Hoy el país está viviendo la furia del capitalismo encarnada en un gobierno nacional, pero también con cómplices: que son todos los gobiernos provinciales y también los dirigentes municipales que de alguna u otra manera llevan adelante un plan económico, político social que tiene un objetivo: frente a una crisis económica a nivel mundial y también latinoamericana y de nuestro país, hacerle pagar esa crisis a los sectores populares, al pueblo trabajador, a la juventud, a las mujeres, que ahora con lo de ni una menos estamos despertando también para pelear por nuestras conquistas.

-¿Es un plan internacional, según su criterio, que tiene el eco esperado?

-Sí, este es un plan que no lo tiene solamente en nuestro país el gobierno; es un plan que está encarnado en esta figura nefasta que es Trump, que no solamente por su misoginia, su xenofobia, sino también porque en esta necesidad de darle un nuevo orden mundial a un capitalismo en crisis profundiza todas las medidas económicas en contra de los pueblos que luchan.

No solamente en contra de la clase obrera sino también por la libertad, en las que hoy están peleando el pueblo sirio en contra de dictadores, o las luchas revolucionarias que ha encarnado el pueblo turco y todo lo que significa el norte de Sudáfrica que es un poco donde está trasladada la revolución a nivel mundial.

Pero que, desde este imperialismo, que intenta fortalecerse buscando aliados nos quieren meter más muerte, más ajuste, más discriminación.

Es parte de un plan mundial para seguir generando ganancias y matar de hambre a millones y millones en todo el mundo.

 

-¿Y por qué piensa que de ser tan evidente la sociedad no toma conciencia de la existencia de ese plan? Por lo menos en su mayoría…

-Yo creo que es un trabajo que todavía tenemos que hacer, porque en el medio de todo este derrotero, donde hubo gobiernos que pensaban, por un lado, que había que ponerle el rostro a este capitalismo y no lo pudieron conseguir, porque el capitalismo tiene un solo rostro sanguinario y perverso, un sector de la población pensó, por ejemplo, que en EE.UU. con Obama, por ser negro, íbamos a estar mejor, cuando Obama encarna también la política de los empresarios y los grandes grupos económicos, aunque sea negro. O Merkel por ser mujer, alguien puede pensar, bueno una mujer en el gobierno puede representar las luchas por el derecho a nuestro propio cuerpo, que hoy se pelea, en Francia, en Alemania, en España, por el aborto libre legal y seguro o por la participación de la mujer en la vida política, en la vida sindical ; sin embargo Merkel representa ideológicamente los intereses de una clase.

Yo creo que la izquierda argentina, la izquierda mundial, la izquierda revolucionaria que creo que es la que nosotros intentamos desarrollar y construir plantea justamente la necesidad de hacer consciente que la sociedad está conformada por dos clases: una muy chiquitita, pero muy poderosa que se queda con la mayoría de la producción que genera esa gran masa que está abajo, que es la clase obrera, los sectores populares.

 

-Lili, ¿qué errores cometió la izquierda para que el grueso de la sociedad no entienda el mensaje de la lucha de clases?

-Reinteresante la pregunta. Porque hubo partidos, después de la revolución rusa de 1917, que confiaron en la conciliación de clases, uno de ellos el partido comunista, que trabajaron alrededor de esta concepción de que se podía lograr en primer lugar liberaciones parciales, el socialismo en un solo país, por ejemplo, que nosotros creemos que fue una política también equivocada, porque cuando uno se quiere defender del enemigo, lo primero que hace es juntarse con el vecino, con el amigo, con el compañero de trabajo, porque es de la mejor forma en la que puede resistir el embate. Como pasó en Cuba o Nicaragua, que lamentablemente en algún momento Fidel dijo no hagamos de Nicaragua otra Cuba, cuando había que hacer de Nicaragua, de El Salvador, miles de Cuba para poder liberarnos efectivamente del yugo imperialista.

Y estos partidos se convierten como muros, para impedir que la gente vaya realmente hacia la izquierda.

Yo recuerdo que cuando cayó el muro de Berlín, estaba el sector de los escépticos y el de los optimistas, yo estaba dentro de los optimistas, porque efectivamente lo que decíamos es ese muro que hay que derribar.

-Qué pasó después de la caída, porque muchos lo tomaron como el derrumbe del socialismo…

-Cuando se derriba ese muro, se derriba esa gran anteojera que tenía el mundo para poder ver que la revolución era posible, y lo que paso acá es que muchos cayeron en el escepticismo y se les cayeron los pedacitos de los ladrillos del muro, diciendo lo que cayó es el socialismo; y mi corriente, y mi militancia, porque yo estaba en aquel momento militando, decíamos, es lo que nuestro dirigente Nahuel Moreno venía planteando desde hace años como un diagnóstico: ese muro tiene que caer porque en realidad nos tiene que permitir liberarnos de esos pactos entre el capitalismo y lo que era la posición del comunismo en aquel momento a nivel mundial, para poder darle vigencia a la necesidad de la liberación en todo el mundo y una pelea real por el socialismo, una pelea verdadera por el socialismo. En aquel momento, estos ladrillos que le cayeron a algunos dirigentes muy importantes, estoy hablando de la tercera internacional, incluso de la cuarta internacional de la cual somos parte, hicieron que en lugar de ver la perspectiva de la movilización permanente para liberarnos de ese yugo imperialista, vieran que nos habían derrotado y que había caído la posibilidad del socialismo.

 

-¿Y los optimistas qué aprendieron?

-Yo desde aquel momento aprendí que ese muro caído significaba la perspectiva de la consolidación de una lucha mundial, y voy planteando que esa lucha en mi país tiene que ser obviamente por una lucha por el socialismo en Argentina pero también por la conquista del socialismo en Latinoamérica y en el mundo.

 

-¿En algún momento se planteó que el discurso de ustedes, del imperialismo, no es entendido en estos tiempos? como que parece antiguo. (risas)

Hay un hecho que me marcó hace días en Hamburgo. Lo que me hace estar más segura de que la gente tiene un sentir anticapitalista y antiimperialista cuando vos veías en la pantalla del televisor a todos estos burgueses representando a las grandes multinacionales con una música de ópera y veías en la otra pantalla del televisor a mujeres, hombres, jóvenes, trabajadores peleando en contra del grupo de “los 20”, que justamente viene a tratar de consolidar esa aspiración capitalista, sanguinaria por otro lado, de seguir explotándonos.

Entonces yo creo que hay un movimiento mundial, se puede ver en Grecia, el movimiento de los campesinos en Bolivia, de los mineros.

Y cuando uno ve este país que le puede dar de comer a 400 millones de habitantes de este hermoso planeta y es incapaz de darle de comer a 44 millones de argentinos, es decir, cuando uno ve esa realidad, es la que me permite a mí seguir planteando: “Liliana está más vigente que nunca la lucha por la liberación, la lucha por la libertad, la lucha por imponer un modelo de vida que tiene que ser igualitario para todos con la oportunidad laboral, con una salario digno, y eso para mí es el socialismo, aunque algunos me diga que eso es utopía”.

 

-¿No es una utopía?

-Utopía es el socialismo del siglo XXI que tranzó también con las multinacionales, ese socialismo que después quiso ser imitado por otros partidos nuevos o con un desprendimiento de partidos viejos pero con esta idea de hacer algo mixto entre lo estatal y el capital privado, también esto hizo que mucha gente se sintiera desahuciada, enojada, porque pensó, que por ahí, este tipo de socialismo del siglo XXI le iba a permitir comer todos los días, mandar a sus hijos a la escuela, tener salud, educación, vivienda y prosperidad, porque nadie quiere vivir mal.

Yo soy socialista, y yo no quiero vivir pobre, en una choza, a mí me gusta ir de vacaciones, quiero tener mi casa, me gustaría tener un cuadro, me gustaría escuchar buena música, pero no lo quiero hacer solo yo, creo que todos tenemos que tener esa oportunidad, y siempre mirando para arriba, mirando al que mejor cobra, mirando a aquel que gracias a la lucha ha logrado imponer un salario importante, los bancarios, los trabajadores de Luz y Fuerza.

Entonces creo que esta situación, me plantea hoy más que nunca, salir a pelear, porque faltan las condiciones objetivas, Nancy. Nosotros queremos construir esa condición objetiva que todavía falta, pero si nosotros no tenemos los hombres de carne y hueso que encarnen esa revolución vamos a estar a mitad de camino. Cuando nosotros peleamos en contra del patrón, pero después votamos en las elecciones a los candidatos de los patrones vamos por caminos equivocados.

 

-Liliana, cuando allá por los 13 años siendo una piba empezó a militar, ¿qué cosas la motivaron?

-La injusticia. Era en el 69, yo tenía 13 años con el Cordobazo. Estábamos paradas en la esquina con Cristina Demarchi y su familia, porque vivíamos a la vuelta, y mis padres, y con Cristina decíamos que ganen los buenos, que ganen los buenos, a todo esto mucho no podíamos enterarnos porque obviamente era poca la información, pero ya teníamos esto de una inclinación y una simpatía tremenda en la lucha obrera y estudiantil, que era esta unidad fabulosa entre estudiantes y obreros que iban por la calle pidiendo en aquel momento aumento de salarios…

 

-Era una época de fuerte compromiso, dirigentes con arraigadas convicciones…

-Exactamente, de mucho compromiso, veníamos del mayo francés como también un lucero importante, veníamos de luchas mundiales que fueron referencia para la juventud. Yo iba a una escuela de monjas, obviamente provenía de toda esta mentalidad tradicional, conservadora, con mis padres también que venían del campo, de Alicia, habían sido audaces de no tener nada en el bolsillo, mi papá trasladaba piedras en un camión y se vinieron (a Córdoba), se vinieron, porque había que buscar un horizonte económico, y bueno a pesar de toda esta realidad ellos todavía no comprendían qué estaba pasando en el 69.

 

-Pero ustedes ya tenían una mirada sobre el tema…

-Cristina y yo lo veíamos con mucha simpatía, entonces qué hacíamos, teníamos una amiga que vivía en mi casa, mi papá alquilaba la parte de arriba en barrio Pueyrredón en la calle La Madrid al frente del Obispo Caixal, Sagrada Familia en aquel momento, yo cruzaba la calle y entraba al aula, porque vivía al frente del colegio, y en aquel momento otra chica también llamada Cristina, pero mayor que nosotros, se había juntado con un militante del LAP. Y hablando con ellos nos contaban sobre la pobreza. Entonces mi primer chupina a la escuela salí de mi casa, en vez de cruzarme a la escuela me fui a la casa de esa chica y empezamos a leer al marxismo, empecé con el ABC del comunismo que son libros que en aquella época podíamos agarrar y junto con Galeano, Las venas abiertas de América Latina y Milcíades Peña tratamos de hacer con ese combo explosivo una lectura para interpretar por qué había pobres, por qué había injusticia. Por qué había compañeras mías que iban a la escuela y eran becadas, pero estas monjas en los actos públicos decían “cómo las chicas Portugal que no pagan la cuota porque esta escuela es humanista, cristiana y les paga una beca”, vergonzoso.

Entonces yo un día dije: de esta escuela me tengo que ir.

 

-Y así comenzó a tomar forma la participación más activa

-Sí, nosotros queríamos empezar a armar los centros de estudiantes que en aquel momento se llamaban cuerpo de delegados, te estoy hablando del año 71 que yo ya venía pensando esto y dijimos bueno, terminamos tercer año, nos cambiamos de colegio, con Cristina y Lilian, porque obviamente hacer en una escuela privada de monjas un centro de estudiantes era para que nos echaran.

Entonces salieron conque aquellos alumnos que se llevan tres materias quedan fuera de la escuela, me llevé tres materias a propósito siendo una excelente alumna, igual que Cristina, igual que Lilian y mi mamá me dice no, pero las monjas te van a anotar, somos amigos de las monjas, les damos el hielo, el colectivo que era gratis para las excursiones, que mi papá lo conseguía porque ya era colectivero, y yo le dije, no mamá la ley es pareja para todos, si yo me llevé tres materias yo no puedo seguir estudiando acá, me voy al Carbó

 

-Y se fue al Carbó…

-Bueno, ahí fue la pelea, pero me fui al Carbó que tenía que tomar un colectivo, pero me fui a la escuela pública, hice cuarto año, en bachiller común porque no había forma de entrar en las especialidades que a mí me gustaban que eran las humanísticas, así que ahí entramos con Cristina Demarchi, Lili como su mamá no la dejó ese año no estudió y logró entrar al año siguiente. Ahí tomamos contacto más que con grupos juveniles secundarios, con grupos juveniles universitarios.

-¿Pero usted ya venía investigando sobre las desigualdades?

-Antes de ir al Carbó, estando en la escuela secundaria, investigábamos por qué había ricos y por qué había pobres. En la escuela Robles, que quedaba a una cuadra de mi casa porque ahí estaban cuatro escuelas de monjas y de curas, estaba el Robles de cura, el Obispo Caixal   o Sagrada Familia de mujeres, la Sagrada Familia de hombres y el Sagrado Corazón de mujeres. Entonces en la escuela Robles en la iglesia había un campanario, bello, hermoso, entonces qué hacíamos, nos íbamos a leer el marxismo, ahí guardábamos los libros, yo salía con la Biblia, y salía con El capital (Marx), o con el ¿Qué hacer? de Lenín.

Era una forma, era como ir a otra escuela, era la otra escuela, entonces debatíamos, éramos unos burros, porque por ahí no sabíamos que significaban algunas palabras, pero entre todos con diccionario, con el que sabía un poco más empezamos a armar esto de que en la sociedad hay clases: está el que tiene todo y el que no tiene nada y en el medio una franja los clase media, que somos trabajadores de servicio.

 

-Al Carbó ya llegó preparada de la escuela del “campanario” de la iglesia

-Cuando me voy al Carbó yo ya era una profesional porque yo sabía un montón de cosas que las había aprendido en el campanario de la iglesia y en las chupinas (risas). Y ahí entonces había pujas políticas, estaba la UES, Unión de Estudiantes Secundarios, que era del peronismo y estaba Avanzada Socialista que es la juventud de la corriente en la cual yo estoy militando hoy.

Y ahí fue cuando teníamos mucho contacto con la facultad de Arquitectura con esta innovación del taller total, una cosa desestructurada pensando en la universidad desde el punto de vista de las necesidades populares, como hacer no grandes edificios inteligentes o shopping sino cómo darle una vivienda al laburante que pagando una cuotita podía tener su casa, ahí fue cuando caigo presa.

 

-¿Por qué la detuvieron?

-Fue el 22 de agosto del año 73, aprovechando el aniversario del asesinato de Salvador Allende, la caída del gobierno de Salvador en Chile y el aniversario de los héroes de Trelew, que la Policía, la infantería y la Gendarmería acusaron que la facultad de arquitectura había una bandera del ERP en el techo y por eso fueron y nos llevaron a 700 estudiantes presos. El gallego (Massanet) se salvó porque fue a buscar a alguien.

Y yo recuerdo la desesperación, recuerdo ver caer a una chica, recién operada de apéndice, del primer piso del teatrino de la facultad de Arquitectura, y caer su cuerpo sobre el sillón, y esa chica tuvo que salir urgente casi muerta porque se le abrió la herida del apéndice. También me acuerdo de Roberto Suter, hay nombres que no me los puedo olvidar, que al tiempo lo encontré que se salvó porque se tiró debajo del ascensor y quedó amarrado entre el piso del ascensor y la base y así salvó su vida y no fue llevado detenido.

Porque muchos de los que fuimos detenidos, después fueron secuestrados y fueron parte de los fusilados en La Perla. Porque no nos olvidemos que los desaparecidos empezaron con el gobierno de Isabel Perón que apoyada en López Rega y la Triple A, en el 74 empieza a actuar. En el año 73 me llevan presa y efectivamente en el 74 la Triple A empieza a actuar.

 

-¿Y en ese momento sentían miedo o no eran conscientes de los riesgos?

-Mirá, la juventud hace que por ahí no seamos muy conscientes de los peligros, y le hacíamos la voltereta a los padres, esa es la verdad, yo me iba a reunir con Cristina, Rafael y Raúl y les decía que me iba al Cine Sombras, y ¿a quién le decíamos la verdad? a la mamá de Cristina Demarchi porque María era una dulce completa y entendía un montón de cosas.

Creo que no éramos conscientes.

Cuando entro en el banco, yo era una niñita modosita porque no podía mostrar absolutamente nada, ya tenía miedo de que mi prontuario apareciera en el legajo, porque yo había estado fichada en el 73. Entonces entro en San Vicente en el año 75, de todos modos, yo con mi genio no podía, el Banco de Córdoba tenía una intervención militar y estaban de paro y ¿qué hizo Liliana? se sumó al paro (risas).

Entonces mi delegado me dice: no mirá todavía no estás efectiva, bueno pero “yo no puedo estar en contra, soy una carnera, si ustedes están de paro yo me tengo que sumar, así que fue todo un debate”.

El 24 de marzo de 1976 viene una orden de que todos los que estaban desde hacía seis meses se tenían que ir, zafé, porque yo entré en julio de 1975.

 

-¿Fue en ese año que comenzó a estudiar nuevamente?

-Sí, se me ocurre entrar a estudiar Ciencias Químicas en la Facultad de Agronomía centro de operaciones de los militares. Era como una prueba, porque yo todos los días tenía que presentar mi documento, me requisaban de punta a punta, y yo cada vez que traspasaba esos tremendos gigantes verdes y no me paraban, decía: no estoy en la lista…no estoy en la lista.

Estudié un año, todos los días presentando mi documento, pero en el medio de esto desaparece Cristina Demarchi, en el mes de agosto yendo a trabajar al Banco Hipotecario, yo entro a trabajar en el de Córdoba y ella al Hipotecario. Rafael, que ya era su marido, se recibe de agrónomo y lo cazan primero a él y después a Cristina… después de muchos años supe la verdad; Cristina era la que hacía los muñequitos del pesebre de masapán en La Perla y la fusilan estando embarazada el 28 de diciembre del año 76.  

 

-¿En esos años de dictadura usted siguió cerca de la militancia?

-Dejé Ciencias Químicas porque no me gustaba, seguí trabajando, me puse una guardería, el Gallego me hizo un dibujo espectacular, se llamaba juguemos en el bosque, una interpretación bella que la tengo en la retina y en mi cabeza, un trabajo espectacular. Yo trabajaba en el banco a la mañana, fue en el 78, ya estudiaba Psicopedagogía, la guardería era aguantadero también porque ahí estudiábamos a Milcíades Peña, estábamos en plena dictadura, otro elemento de inconsciencia porque venía mucha gente a la guardería, teníamos los niños de día, había guitarreada de noche, y teníamos un policía en la puerta, y nosotros no nos percatábamos, creíamos por ahí que a lo mejor le tocaba justo cuidar la cuadra, pero digo un rango de inconsciencia porque la verdad que ahí se hacían reuniones políticas.

Así trascurrió esa etapa hasta que me recibí en el año 82, en el 84 tuve a Verónica y nunca me pude ir del banco, porque siempre dije, la necesidad tiene cara de hereje, yo no me podía ir a trabajar como psicopedagoga porque ya tenía trayectoria dentro del banco, era un trabajo seguro, cobraba todos los meses, el papá de mis hijos había sido echado de telefónicos, se tuvo que venir fugado de los militares de Buenos Aires, así que había que parar la olla y bueno, tenía que laburar.

-¿En esa época imaginaba que iba a ser candidata a diputada o no se le ocurría ni por las tapas?

(Se ríe). No, jamás, jamás. Tenía características de timidez, me costó mucho ser delegada del Banco, fui aprendiendo de ellos (por el Gallego Massanet y su pareja Lilian). Nosotros consolidábamos una militancia, un estilo de vida, una amistad, de querernos, de cuidarnos entre nosotros, de conocer a nuestra familia, era como buscar cuidarse frente a una dictadura tremenda. Cuando teníamos empatía con alguien era como una familia que uno puede elegir.

Nunca imaginé que iba a tener un rol desde otro lugar y siempre usé la banca como un lugar de lucha.

 

-¿Cuáles fueron las broncas más grandes que tuvo al entrar en la Legislatura?, le pregunto por las broncas porque seguro superan ampliamente a las alegrías.

-(Risas).Fue tremendo, era mujer, no era abogada, era laburante, era mal hablada, era la no expectativa de todos estos cuervos que están ahí adentro y te dicen (imita) señor presidente, señor abogado.

La verdad lloré mucho, bajé dieciséis kilos, era la cueva de bandidos donde tenía que aprender cómo entrar, cómo hablar de acuerdo al reglamento, yo era el contrario de lo que había ahí, desde ir vestida con vaquero, hablar como hablamos ahora con vos y aprender a decirles a ellos que “nunca iba a ser como ellos” (sonríe), que yo era la voz de los que no tienen voz.

-Ejemplo: 19 y 20 de diciembre de 2001, muertes, David Moreno que hoy estamos todavía sufriendo el juicio, para saber la verdad, nos enteramos que había un lío bárbaro, pido la palabra, no me la dan, me levanto a los gritos a pedir una moción de orden porque avisan que están matando gente, vamos a ver qué pasa. Armé un escándalo, se quedaron congelados, rechazaron la moción de orden y nos fuimos con Pablo Alvarez a los gritos y a las puteadas. (Risas). Nos costó horrores recomponer la relación, fue la demostración de adónde iban a estar las bancas del Frente de Izquierda.

 

-¿Abandonó el sueño de ser gobernadora?

(Pausa y sonrisa). A ver…nosotros queremos gobernar, esta política que estamos planteando en una campaña de diputados porque alguna vez queremos ser gobierno de nuestro país. Quiero gobernar, no como Liliana Olivero, sino como Izquierda Socialista, como parte de mi espacio, histórico, marxista, trotskista, queremos gobernar porque estamos seguros que sigue planteada la posibilidad que planteó la revolución rusa hace cien años. Donde podamos vivir en un territorio que no tenga la frontera que impone el imperialismo.

Donde la ganancia no se la lleve un grupo económico que hoy vive en forma parasitaria a costillas de millones. Por eso todo lo que hacemos, las horas que perdemos, hijos que no podemos atender, sacrificio de toda la vida, es porque queremos gobernar.


Algunas frases

– “Está más vigente que nunca la lucha por la liberación, la lucha por la libertad, la lucha por imponer un modelo de vida que tiene que ser igualitario para todos con la oportunidad laboral, con un salario digno, y eso para mí es el socialismo, aunque algunos me digan que eso es utopía.”

– “Cuando nosotros peleamos en contra del patrón, pero después votamos en las elecciones a los candidatos de los patrones vamos por caminos equivocados”.

– “Desde este imperialismo, que intenta fortalecerse buscando aliados nos quieren meter más muerte, más ajuste, más discriminación.”

 


Opiniones

Mauricio Macri
La garantía de las grandes multinacionales, de los grupos financieros y del Fondo Monetario Internacional, ahora que ha puesto de garantía en esta deuda de un siglo, no su patrimonio sino los recursos naturales de nuestro querido país.

Juan Schiaretti
Como gobernador de Córdoba representando la política de los grandes grupos empresarios y con el pacto de gobernabilidad el garante de la política de Macri, este pacto con los gobernadores es lo que el macrismo necesita para seguir metiendo el bisturí en la clase obrera.

Martín Gill
Creo que puede representar la decepción en un sector del electorado que votó al espacio nacional y popular secundando a Scotto. Y hoy es un soldado de Unión por Córdoba, avalando las políticas que está llevando adelante el Gobierno provincial.


Me gusta
Hablar, bailar chacarera, las peñas, compartir con amigos, recordar.

Me encanta
Viajar, la radio, el teatro, yoga, natación, tomar unos vinos con amigos.

Me divierte
Escalar una montaña, estar con amigas con las que no nos vemos habitualmente.

Me entristece
La realidad, la desolación de los niños y la juventud. Ver a mi viejita con el mal de Parkinson. Estar lejos de mi hija y mi nieto.

Me enoja
La mentira, el doble discurso, la falsedad, la discriminación.

 

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