“Antes había debate político, hoy los debates son de intereses”

Claudio Beletti

Nació en Arroyo Cabral, el 12 de febrero de 1965. Es licenciado en Ciencia Política. Docente. Casado, dos hijos. Comenzó la militancia a los 17 años en las filas de la Unión Cívica Radical. Desde sus primeros pasos en la arena política ocupó diversos cargos partidarios. Presidió la Juventud Radical, fue congresal de la rama juvenil. Fue titular del Comité Departamental, secretario del Comité Provincial, entre otros. En 1991 fue electo intendente de Arroyo Cabral, en 1995 fue reelecto y culminó su mandato en 1999. Ocupó durante tres mandatos una banca en el Concejo de su localidad. Hoy es concejal y presidente del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de su pueblo

Escribe Nancy Musa DE NUESTRA REDACCION

Extrovertido, muy sociable y con una sonrisa permanente. Respetuoso de los diversos pensamientos, inclinado al diálogo y apasionado con la política. Puede pasar horas debatiendo de ideologías, le encanta charlar y reitera en varios pasajes de la entrevista la importancia de recuperar los valores que se han perdido.

Le gustan las bromas, saca a relucir su sentido del humor en los momentos más tensos y expresa sus opiniones con soltura. Claudio Beletti es un dirigente con una enorme formación doctrinaria y le preocupa la mercantilización de la ciencia que él estudió y que considera la mejor herramienta para que las personas vivan dignamente.

 

-¿Cuál es su visión sobre el panorama que se observa hoy a nivel nacional?

-Seguimos con la grieta, estaría faltando un poder de convocatoria de parte del Gobierno para generar políticas de Estado. Políticas que sirvan para este Gobierno y para futuros. Más allá de los matices que cada gobierno tenga, debería haber determinados puntos consensuados de los cuáles no se tendría que salir.

Debería haber convocatoria amplia más allá de los colores políticos, sociales, económicos, donde después de un tiempo de debate se pueda llegar a una gran concertación para decir “en 50 años la Argentina tiene que llegar a este puerto”.

Cincuenta años es mucho, pero para construir un país sólido es necesario. Creo que en la Argentina hemos tenido muchos experimentos con distintos gobiernos y ¿dónde estamos hoy en día?

Cada uno resalta lo malo del gobierno anterior y no resalta lo bueno. Hay cosas buenas que todos los gobiernos han hecho y eso hay que fortalecerlo y lo malo se puede durante un tiempo decirlo, pero después hay que empezar a construir.

Y no se construye de acuerdo a lo que cada uno cree, es necesario concertar y entre todos los matices encontrar los puntos comunes.

Debemos construir desde las coincidencias y lo que nos divide dejarlo de lado hasta que se pueda llegar a definir un camino que nos lleve a buen puerto.

 

-¿Por qué piensa que la mayoría de los dirigentes busca un enemigo y no un adversario político?

-Lamentablemente, esto se da en la política de los últimos años. Antes había adversarios políticos porque había la defensa de una ideología, la defensa de una doctrina, el radicalismo con su doctrina, el justicialismo con la suya, el socialismo y había debate político.

Hoy en día, me parece que los debates son de intereses. Entonces un gobierno llega, en cualquiera de los niveles, y más allá de la gestión que le toque no puede perder su identidad ideológica.

El problema está en que llegan sin identidad ideológica. Llegan utilizando el nombre de un partido político y después se olvidan de que existe el partido político. Hay que ver los resultados electorales, donde muchos municipios ganaban un color político y en la provincia y en la Nación, otro.

 

-¿Cuáles son los motivos, según su criterio?

-Porque la militancia no sale del comité o de la unidad básica como era hace 20 años atrás.

En 1983 cuando empezamos la militancia, cada partido abrió sus puertas y se llenó de jóvenes, de adultos, donde se discutía, se analizaba, leíamos cuestiones de ideología, nos preparábamos; con el paso del tiempo muchas de esas cosas fueron quedando de lado y los dirigentes, en muchos casos, fueron por un cargo.

Entonces se pierde el sustento ideológico, se pierde la pertenencia a un partido.

Hoy escuchamos a un legislador que se para y hace una denuncia por la corrupción, no escucho debate ideológico. Creo que los gobiernos y los partidos se han ido vaciando de contenido y la política sin política deja de serlo.

Si los que practican política no tienen contenido, hoy están de un lado y mañana del otro y eso empieza a ser grave para el sistema. Porque todo es mercantilizado.

 

-¿En qué momento comenzó la mercantilización de la política?

-Creo que el fruto del neoliberalismo de los años 90. De ahí se fue perdiendo de a poco la mística de la participación. Cuando a veces hablamos con algún exintendente, coincidimos en que a partir de 2000 las cosas fueron cambiando, el radicalismo en sí fue perdiendo el protagonismo, está bien que habíamos perdido el gobierno provincial, pero no supimos encontrar un cauce donde pudiéramos transitar todos, empezaron a surgir muchos intereses personales y eso nos llevó a una situación de no haber tenido la chance de recuperar la provincia.

Creo que los personalismos pegaron mucho a la UCR y hoy lo vemos en el justicialismo, perdieron y empezó el pase de factura de uno contra otro.

 

-De acuerdo a su análisis, ¿qué definición tiene sobre el estado en que se encuentra hoy la democracia que supimos conseguir?

-La democracia está consolidada como un sistema de gobierno, falta mejorarla en cuanto al fortalecimiento de las instituciones. Creo que a ese artículo 1 de la Constitución Nacional que dice que “el gobierno es representativo, republicano y federal” hay que respetarlo.

Y eso hace lo que es la democracia. El gobierno tiene que representar al soberano, que es el pueblo, porque si no lo representa, lo está traicionando. Por ejemplo, hoy en día la situación económica está más grave que muchos años más, se puede decir que antes se infló demasiado, que estuvo subsidiado y hoy no tenemos energía, puedo aceptar esas cosas, pero creo en lo que uno ve. Y la situación económica está más ajustada que anteriormente.

Este Gobierno tuvo su respaldo y tiene un período para decir “esto estamos construyendo”. Tiene que empezar a mostrar qué está construyendo para la sociedad.

Cuando Churchill dijo “sangre, sudor y lágrimas” fue en medio de una guerra y planteó que había que hacer sacrificio.

Me parece que este Gobierno tiene que hablar a las claras, plantear la concertación, terminar con esta brecha que nos divide y construir algo que nos sirva para todos.

-Usted habló de sacrificio, pasa que siempre los mismos son los sacrificados, ¿o acaso el hilo no se corta por lo más delgado?

-Sí, eso es muy cierto. Ahora estamos viendo qué es lo que va a ocurrir con el tema de las jubilaciones. El ANSES ha sido siempre una caja de mucho dinero que fue muy apetecible para todos los gobiernos.

Y cuando la tercera edad tiene solucionados sus problemas, se solucionan los problemas de la mayoría de los argentinos porque si el anciano cobra un ingreso que le permita vivir decorosamente no tiene necesidad de pedirles a sus hijos, que a veces no tienen suficiente para ayudarlo.

Esto debería ser una cuestión de Estado, el jubilado debe tener una buena jubilación para que viva bien y el ANSES no debería ser la caja que se usa para créditos de viviendas, para obra pública o para saldar deuda del Estado. Porque se deja de lado un sector que hizo un esfuerzo para tener el país que hoy tenemos y no es culpa de los viejos la crisis que hoy tenemos.

Porque hoy padece el que puso el lomo durante años para laburar en distintas tareas. O sea, lo del hilo más fino, como vos dijiste.

 

-En realidad, se puede decir mucho de un país que no respeta a sus ancianos o a sus niños.

-Siempre se ha dicho que a los ancianos hay que cuidarlos por todo lo que hicieron y a los niños hay que guiarlos para que construyan. Y hoy vemos chicos en las calles, lamentablemente, que tendrían que estar en la escuela.

Esos chicos deberían estar contenidos con una familia con un buen trabajo y además una buena educación.

Los que hoy pasamos los 40 años nos formamos en un sistema educativo que puede ser cuestionado, pero nos brindó amplios conocimientos. Hoy en día, los chicos no tienen ni siquiera hábitos de lectura y el que no aprende a reflexionar no va a tener oportunidades.

-¿Por qué empezó a militar en la Unión Cívica Radical?

-Empecé a militar a fines de 1982, mi papá y mi familia muy radical, mi papá había sido secretario del comité; me supo decir que cuando Sabattini estuvo escondido en la zona de Pampayasta, mi abuelo era paciente de Sabattini y mi papá me contaba que a veces mi abuelo desaparecía porque participaba en algunas reuniones secretas (risas).

Mi abuelo fue un gringo que se la pasó laburando y trasladó el ejemplo a sus hijos y sus hijos a nosotros, pero nunca fue de contar sus cosas.

Recuerdo que la primera reunión que tuve con dirigentes de mi partido fue a fines del 82, una noche de calor. A la par de mi casa estaba una familia, Barroco, estaban comiendo un asado y mi papá me dijo que eran del partido radical.

Entonces me subí por la tapia, por el techo de casa, estaba oscuro y empecé a cantar la marchita peronista (risas). Y me dice uno de los que estaba, Baigorria: “Callate, gringo, y vení a comer el asado”.

Ahí nomás me descolgué del techo y salté a la casa de Barroco. Estaban Miguel Martinengo, Biazzuzi, don Vicente Mino, creo que estaba José Parola.

Esa fue mi primera reunión política, asado de por medio (risas).

 

-Y después siguió a pleno…

-Sí, un tiempo después fui con José Parola a una reunión en la localidad de Luca, en secreto porque no estaban permitidas las reuniones políticas. Y ahí lo conocí a Baysre, estaban Horacio Lucero, Bianciotto y más adelante en la casa de Mino, comiendo un asado bajo la parra, conocí a los cuatro jefes del radicalismo departamental. Llegaron a comer Nito Botta, Zabala, Carlitos Zanotti y Pidoux porque se organizaban los partidos políticos.

Ya se había anunciado la apertura de los partidos y la convocatoria a elecciones.

Y así empezó mi actividad, a la política la abracé con mucha pasión, disfruto de las charlas políticas (sonríe), hace a la discusión, al sustento de los partidos, hace al sistema democrático tener la posibilidad de intercambiar opiniones.

Me encantan las charlas políticas.

 

-¿En su niñez ya tenía la política dando vueltas por su cabeza?

-No, cuando uno era chico pensaba en los pajaritos, el barrilete, ir al jugar al fútbol aunque nunca tuve mucha habilidad, teníamos los campitos, la cancha de bochas.

Además nos hemos criado bajo dictaduras y teníamos el casete único que bajaba el gobierno, entonces nos criamos con mentalidad castrense, digamos (sonríe). Y en algún momento pensé en seguir la carrera militar.

Pero después en 1982 yo tenía que ir a rendir a la Escuela de Oficiales de Campo de Mayo y se me superponía rendir con lo que era el viaje de estudios y la fiesta de fin de año del secundario. Imaginate.

Así que le dije a mi papá que no iba a ir a rendir, que lo dejaba para el próximo año. “¿Y qué va a hacer?”, me dice mi papá. No le gustó para nada.

 

-¿Había que trabajar?

-Y yo ya había empezado a trabajar en la imprenta de Ambrossino, después pasé a trabajar a un taller mecánico, pero mi viejo me dijo que algo tenía que estudiar. Medio que me condicionó (sonríe).

Así que trabajaba a la mañana en el taller y de 14 a 16 me iba, me desengrasaba (risas) y me venía a dedo a Villa María para estudiar Ciencias Económicas. Hice un año en el Rivadavia.

Y mientras tanto militaba. Ganamos las elecciones, José Parola fue electo senador y tuve la satisfacción de que me convocara a que fuera su asistente. Eso fue un cambio muy grande para mí, porque me fui a Córdoba a trabajar y estudié Ciencias Políticas.

Con Parola estuve los ocho años que fue senador y en el 91 fui electo intendente, cargo en que me reeligieron en el 95.

 

-¿Qué reacción tuvo su papá cuando se fue con Parola a Córdoba?

-(Risas). La mía fue una familia sanamente patriarcal y la última palabra la tenía papá, pero siempre me incentivaba a ir para adelante. Cuando me fui a Córdoba me dio una serie de consejos y estaba contento. Me controlaba la libreta de la universidad (risas).

 

-¿A qué se dedicaban sus padres?

-Mi padre se crió en el campo, desde muy chiquito iba con sus hermanos a cuidar los animales. A los 26 años se casó, mi mamá tenía apenas 18, estuvieron un tiempito en el campo y después se fue a trabajar a la Cooperativa Agrícola de Cabral.

Empezó como peón de patio y llegó a ser encargado de Ferretería y Corralón. El mantuvo la casa, aprendió a escribir las cuestiones mínimas cuando en el campo pagaban un maestro para que les enseñara a los chicos de la zona.

Y ya de grande hizo la escuela primaria en Cabral. Y mi mamá hacía pastas para vender, pastelitos, empanadas, muy buena cocinera, vendía y mucho, mis hermanos repartían lo que vendía.

 

-¿Cuántos hermanos?

-Eramos tres hermanos, uno falleció en 2014, me llevaba casi nueve años y mi hermana casi ocho. O sea que no pude compartir lo que ellos compartían por la diferencia de edad. Mi hermana era casi mi niñera (se ríe), pero nos llevamos siempre muy bien.

 

-¿Cuáles fueron las cosas más importantes que le dejó el haber estado trabajando con José Parola?

-De Parola como de otros legisladores debo resaltar la honestidad que han tenido. Los que hemos conocido de cerca a Parola sabemos que económicamente no pasó un buen momento, sin embargo, nunca abusó del Estado, cosa que hoy vemos lo contrario.

Hoy no se ven legisladores o funcionarios que se hagan pobres en la función. Casi todos se han enriquecido.

Parola fue una persona que pasó un momento económico muy apretado y no se aprovechó de la situación en absoluto, eso habla de su hombría de bien, de su honestidad. Y eso es lo que más rescato de Parola y de muchos otros de esa época.

Además el compañerismo, veíamos a los legisladores trabajar juntos, apoyarse y nosotros como asistentes seguíamos el mismo camino.

Por eso, los que venimos de esa época entendemos la militancia política por el contacto que tenés que tener con los dirigente, con los militantes y con la gente. La política se hace en la calle y no en un local.

Me gustan las mesas de café, pero para intercambiar opiniones, después hay que estar en contacto con la gente.

 

-¿De qué manera se cocinó, porque antes se cocinaban las cosas, su candidatura a intendente?

-(Risas). El primero que me habla para que fuera candidato a intendente fue Juan Alcalino. En aquel momento había un correligionario con quien tuve diferencias internas, pero nunca dejé de reconocer su militancia, Eduardo Fernández, quien ya falleció. Eduardo quería ser candidato y Alcalino me planteó la posibilidad de ser, yo tenía 25 años. Me lo propone y yo no estaba muy convencido por una cuestión de edad.

Lo hablé en casa con mi viejo, empecé a charlar con amigos y empezó a tomar forma. Parola había sido electo diputado nacional y quería que me fuera con él a Buenos Aires. Pero yo ya me había embalado con la candidatura a intendente, fui a la interna con Eduardo Fernández y Daniel Tartaglia y la gané.

Después hicimos una lista consensuada. Trabajamos muy bien con el Concejo Deliberante. Recuerdo que la elección fue el 9 de septiembre de 1991 y mi contrincante fue Leo Ambrossino, que fue en una unión del PJ con la UCEDE.

Una persona experimentada en el pueblo y yo, un joven que recién arrancaba. Pero iban las boletas juntas, el candidato a gobernador era Angeloz, el partido estaba muy movilizado y ganamos muy bien las elecciones.

 

-¿En el 95 lo reeligieron?

-En el 95 fui reelecto, otra interna con Juan Bono (se ríe).

Y en el 99 fui un convencido de que no se puede estar más de dos períodos en el gobierno, el sistema republicano habla de la alternancia y, si bien a algún amigo le puede llegar a molestar, y que le moleste, tengo el convencimiento de que más de dos períodos no es bueno para la política, porque hay que generar recambio y por otro lado porque cuando se está mucho tiempo en el gobierno hay quienes se sienten dueños de la pelota. No digo que todos, pero sí hay los que se creen con el poder absoluto y eso no es bueno.

La alternancia es sana para la democracia.

 

-Durante esos ocho años que estuvo en el sillón, al hacer un balance, ¿qué considera lo más positivo y qué fue lo más doloroso?

-Tuve varias satisfacciones, logramos que se construyeran viviendas a través de planes, hicimos el Instituto Municipal de la Vivienda, conseguimos dos barrios del IPV, creamos el Cuerpo de Bomberos Voluntarios, fue una propuesta de la campaña que pude hacer realidad.

Continuamos con una obra que la empezó Juan Bono y logramos que el 95% del pueblo tuviera gas natural, pusimos en marcha el secundario nocturno, trabajamos con todas las escuelas, he atendido a todo el mundo, pero hay algo que no tiene precio: nadie en Cabral puede decir que me acomodé con algo, que me quedé con una chirola, tuve pedidos de informes que nunca dejé de contestar, el Tribunal de Cuentas de la oposición me controló absolutamente todo.

La gestión tenía como base transparencia, honestidad y humildad. Y tuve en cuenta dos ejemplos: Amadeo Sabattini y Arturo Illia. Ejemplos de honestidad.

No me quiero comparar con ellos, los tuve de ejemplos. Tengo la satisfacción de andar por mi pueblo y por otros lugares con la frente en alto, no solo porque se me está cayendo el pelo (risas), sino porque no tengo nada que esconder.

 

-¿Hubo algún momento en que tuvo ganas de irse del sillón? ¿No se preguntó “¿qué hago aquí?”?

-No, no. Porque me apasiona la política y tiene lo bueno y lo malo. Y algo que hizo ruido fueron las bombas que hizo tirar Rabbia con Roberto Pathenay (del SUOEM) cuando fueron a reclamar cosas que correspondían (sonríe).

En ese momento estaba caliente, pero terminamos consensuando (sonrisas). Y más allá de la pelea construimos lazos de amistad. Y con la oposición lo mismo, discutíamos duramente, pero terminaba la sesión del Concejo y nos íbamos a tomar algo. Porque la discusión siempre era para el bien del pueblo.

Terminé en buena relación con los opositores (sonríe). Porque entendemos que los pensamientos de uno no son absolutos y en el disenso se construye para bien.

Me preguntaste por un momento doloroso y lo doloroso fue que hubo personas en las que confié y no cumplieron con su palabra.

 

-Se cumplió el segundo mandato, abandonó el sillón y de nuevo al llano, ¿fue duro?

-Entregué el gobierno y volví al cargo de la Legislatura, yo había pedido licencia. Creí que era de planta el cargo, pero no, era político. Tuve una convocatoria de parte de Rubén Martí cuando era director de Asuntos Municipales, trabajé con él, visité pueblos y le llevé varias propuestas. A principio de 2001 caen todos los contratos de la Legislatura y entro a trabajar con el diputado Jorge Font en el bloque y ese año se reforma la Constitución y se hace la unicameral.

Quedé en el llano en 2001. En diciembre quedé sin trabajo.

A salir a golpear puertas, había que reciclarse, plena crisis. El ingreso de casa era de mi señora que era maestra suplente, achicando todos los gastos, se terminó el asado de los viernes, el café del club (risas) y empecé mi labor docente. Con unas horitas, después fui sumando horas de clase y en octubre de 2004 entré a trabajar en la firma Lorenzatti y Ruetsch en Recursos Humanos.

Volvieron los asados de los viernes y el café en el bar (risas).

Hoy estoy cómodo.

 

-Hablando de cómodo, ¿se siente cómodo con el traje de concejal?

-Y… uno que estuvo acostumbrado al Ejecutivo, no es lo mismo. Pero tenés la oportunidad de dar opiniones en base al conocimiento que uno tiene. En un pueblo es distinto a la ciudad. Los Concejos de los pueblos me parece que hay que revalorizarlos, porque el concejal está para aportar las inquietudes que escucha en la sociedad.

-¿Qué mirada tiene sobre el Gobierno de su pueblo?

-Ha hecho muchas obras. Tiene un buen apoyo como es Darío Capitani, quien ha conseguido agilizar muchas cuestiones, se han concretado varias cuadras de adoquinado, se consiguió un Plan Hábitat, se han conseguido muchas cosas.

Hay diferencia entre antes y ahora, son realidades distintas. A nosotros nos tocó gobernar en períodos que no se bajaba plata a los municipios como se baja ahora.

 

-¿Le gustaría ser intendente de nuevo?

-No te voy a decir que no (risas), pero no me desvela. Aquellos que hemos abrazado a la política como una herramienta de transformación, de ayuda a los demás, cualquier medio de participación lo vemos como algo positivo.

Y no nos podemos negar cuando de mejorar a la sociedad se trata.

 

-¿Y otra aspiración, como ser legislador?

-(Se ríe). En el año 2007 fui con todos los avales para ser legislador por el departamento. No tuve suerte, los arreglos de cúpula terminan poniendo a veces a otros dirigentes que a veces son los menos pensados. Alguien me dijo en su momento que “hay que escribir un libro” para ser legislador (risas).

 

-Pablo Alcalino (intendente de Arroyo Cabral).

-Una persona que empezó desde muy joven a participar con cargo de Ejecutivo. Ya hace mucho tiempo que está, te dije que soy partidario de solo dos periodos en el gobierno.

Consiguió mucha obra pública y posiblemente pueda ser un dirigente de proyección provincial para las próximas elecciones.

 

-Próximas elecciones: ¿el radicalismo se está preparando para 2019?

-El radicalismo va a tener que discutir para adentro qué es lo que quiere ser. Si quiere ser la cabeza de la alianza Cambiemos o estar en el medio. Para lo cual debemos tener un debate sincero y profundo para dentro para ya empezar a tomar la participación política necesaria en cada municipio para, sin salir de la alianza, erigirse en la columna vertebral.

El radicalismo tiene la estructura que no tiene el PRO, tiene dirigentes que no tiene el PRO, no cuestiono el PRO, digo que el radicalismo tiene una historia, una trayectoria dentro de la provincia que no la puede dejar de lado así nomás.

Nosotros tenemos gente lo suficientemente capacitada para encabezar la fórmula en la provincia.

 

-¿Tiene un candidato a gobernador favorito?

-Estoy militando con Ramón Mestre. Veo a Mario Negri con una gran trayectoria y con protagonismo a nivel nacional que también no deja de ser uno de los principales referentes del radicalismo.

Mestre tiene a cargo el Gobierno municipal y eso lo prepara mucho para ser gobernador.

 

-¿Y en el Comité Nacional?

-Mario Negri podría estar cerrando dentro de importantes sectores del radicalismo. Hace poco hubo una reunión en Santa Fe de radicales no muy conformes con la alianza con el PRO y habrá que ver si no sale alguien como Alfonsín, el Chango Cáceres o Storani a disputar un mismo espacio para el Comité Nacional. No lo veo mal, porque eso generaría un debate interno y hace falta.

Porque me parece que como radicales estamos un poco dejados de lado en la alianza.

 

-¿Cuál es su sueño?

-Sueño con un país que respete las normas vigentes, que se respeten los derechos, que se cumpla con las obligaciones y que el Poder Judicial actúe como corresponda. Que se mejore la calidad de vida de la gente.

En lo personal sueño con que mis hijos puedan vivir en una sociedad de iguales en la posibilidad de desarrollarse, que sean felices, continuar teniendo una familia como la que tengo, que me sigan bancando, que se pueda vivir tranquilo. Vivir tranquilo, que la gente pueda estar cómoda, que viva dignamente.

La dignidad pasa por tener un trabajo que le permita mantener a su familia y que la corrupción termine siendo como uno de los tragos más amargos que vivió el país.

 

Opiniones

Mauricio Macri

Fue la alternativa política en un momento en que la sociedad estaba cansada de un sistema autoritario, soberbio y sospechado de corrupción como fue el gobierno del kirchnerismo. Más allá de lo que hizo bien el gobierno anterior pero la sociedad se había cansado.

Macri fue un empresario que se construyó un espacio político, hizo una buena gestión en la CABA y hasta ahora ha enfrentado algunas instancias que vamos a ver cómo van a terminar.

Ha tenido actitudes de arrebato, darle para adelante para cerrar los números, va y viene en algunas cosas, me parece que tiene que tener más políticos que lo asesoren en la toma de decisión.

La sociedad le volvió a dar el apoyo pero creo que en breve tendrá que demostrar qué va a construir.

 

Juan Schiaretti

Junto a Juan Manuel de la Sota construyó un espacio político que le generó una deuda a la provincia de Córdoba que la deja vulnerable a las presiones que pueda recibir del gobierno nacional.

Y ya tendría que haber permitido que aparecieran dirigentes nuevos. Y me parece que la Justicia de Córdoba debería profundizar las investigaciones.

 

Pablo Alcalino (intendente de Arroyo Cabral)

Una persona que empezó desde muy joven a participar con cargo de Ejecutivo. Ya hace mucho tiempo que está, te dije que soy partidario de sólo dos periodos en el gobierno.

Consiguió mucha obra pública y posiblemente pueda ser un dirigente de proyección provincial para las próximas elecciones.

Me gusta

Estar bien con la familia, el asado con amigos, el café en el Club Rivadavia

Me encanta

Ver bien a mi familia, charlar con los verdaderos amigos, tomar café en Bar Argentino

Me divierte

Hacer bromas sanas y me aguanto las que me hacen.

Me entristece

Las enfermedades. La falta de credibilidad de la gente hacia la gente

Me enoja

Cuando no cumplen la palabra, cuando creen que las obligaciones son relativas.

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