Arquitecta Odilia Suárez: referente del urbanismo nacida en Villa María

NOTA Nº 536, escribe Jesús Chirino

Se fue de niña, quizás pocos la recuerden pero nació en la pequeña ciudad que Villa María era en los años ´20 del siglo pasado. De aquí partió hacia Capital Federal, se formó en la UBA y terminó siendo una referente insoslayable en el urbanismo latinoamericano. Llegó a ser la vicepresidente de la Sociedad Central de Arquitectos. Profesional de grandes logros, quizás para tener idea de su trascendencia podemos decir que su obra forma parte de un archivo internacional de mujeres en arquitectura.

 

 Trayectoria ejemplar

Según los libros de la oficina del Registro Civil de la Personas en Villa María, el 9 de noviembre del año 1923, la ciudad vio nacer a la niña Odilia Suárez. La pequeña era hija de Lucía Savini y el inmigrante español Marcelino Suárez. Ni los primeros llantos, como tampoco la mirada de la bebé, hicieron suponer que llegaba al mundo una pequeña, que siendo mayor llegaría a ser “la mujer arquitecta y urbanista latinoamericana de mayor trascendencia en disciplinas como el urbanismo y el planeamiento”. Esta contundente afirmación acerca de la altura profesional que logró Odilia, corresponde a Martha Alonso Vidal, Sonia Bevilacqua y Graciela Brandariz, autoras del trabajo titulado “Odilia Suárez. La trayectoria ejemplar de una Arquitecta y Urbanista en Latino-América”. Obra premiada con el primer lugar en el concurso anual de 2007/2008 Milka Bliznakov Prize organizado por el Archivo Internacional de Mujeres en Arquitectura (IAWA). Este archivo fue creado en 1985 como programa del College of Architecture and Urban Studies y de las Bibliotecas Universitarias de Virginia Tech en Estados Unidos de América.

 

Amor impoluto, sin pañales ni fregado

A pocos años del nacimiento de la niña, la familia se trasladó a Buenos Aires, el padre de Odilia devino en un próspero hombre de negocios construyendo una posición económica sólida. Según sus propias palabras escritas, rescatadas por Vidal, Bevilacqua y Brandariz, desde niña nació su romance con la “querida y bravía Ciudad de Buenos Aires”. Durante su adolescencia, que recuerda como “el período más angustiante, formativo y delirante, conforma su personalidad solitaria, descubriendo también el placer de atesorar ideas, jugar con ellas y buscar sus interrelaciones”. Así va conformando su personalidad y organizando un mundo abstracto donde, según la propia Odilia, “separa el amor del deseo y deja reinar la idea del amor impoluto sin el apilamiento de pañales ni de camisas para lavar”. Siente como que vive dos vidas, una en invierno y otra más trascendental durante los veranos, junto al mar. Acerca de lo vivido en esas épocas estivales, en su obra inédita “Relato de mi vida…”, la propia Odilia dice que “los campos, los bosques, los redondeados y gastados cerros y el olor de sus hierbas penetran por mis ojos y por mi nariz y allí se duermen”. Aquí, en estas breves frases, se nota una mujer con la valentía para asumir una posición en relación al amor que no era la dominante en la época, también puede advertirse su conexión con el paisaje, con el entorno. Cuestiones que trascenderán los veranos de esa tierna época y fructificarán en su desarrollo profesional.

 

Crecimiento metropolitano acarrea problemas: pensar soluciones

En su juventud no abundaban las mujeres profesionales universitarias, tampocos las arquitectas. En el año 1950, en la Escuela de Arquitectura, de la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, en un curso de 90 estudiantes, sólo nueve eran mujeres. Una de ellas era Odilia, quien ese año logra graduarse como  arquitecta con honores y medalla de oro. Había iniciado el cursado de la carrera en 1944. En esos años de cursado, no sólo se abrió paso en el mundo de hombres sino que adquirió conceptos que le serían útiles durante toda su vida. Uno de sus maestros fue el por entonces joven, pero ya talentoso, Eduardo Catalano quien le enseñó “a ver el punto de vista de los demás en forma paralela con el propio”. Alonso Vidal y sus colegas dicen que esa fue “una consigna que aprovechó toda su vida a punto de no ser vencida casi nunca en una polémica”. Para sopesar el nivel de los profesores que tuvo Odilia, podemos remarcar que Catalano, fue un arquitecto argentino con una gran y reconocida trayectoria profesional. Entre sus obras se cuentan varias en nuestro país pero también, entre otras muchas, la Escuela de Artes “La Guardia”, en Nueva York, Centro Cívico y Palacio de Justicia de Springfield de Massachusetts y la Sucursal Charlestown de la Biblioteca Pública de Boston.

En 1948, siendo aún estudiante, Odilia ya trabajaba en urbanismo integrándose al Estudio del Plan de Buenos Aires, EPBA. El equipo era dirigido por los arquitectos Ferrari Hardoy y Antonio Bonet, según Odilia era “una oficina para-municipal, sin expedientes, instalada en una magnífico petit-hotel en Posadas y Ayacucho donde íbamos a trabajar porque amábamos la arquitectura, el progreso y a la Ciudad de Buenos Aires”. En esa experiencia comienza a construir convicciones de gran importancia en su profesión, por ejemplo que los planes urbanos deben considerar la zona de influencia, pero también otras que luego publicó en su libro “La Autonomía de la Ciudad de Buenos Aires; Reflexiones desde un punto de vista territorial”. En este texto dice que “las metrópolis  son asentamientos poblacionales dinámicos: durante todo el siglo XX no han cesado de crecer su área urbanizada y densificar sus actividades. Esta rápida expansión no se produce sin generar problemas: invasión de terrenos ineptos, destrucción de paisaje natural, falta de consolidación de las comunidades, dificultades de tránsito y circulación, carencia de servicios, etc.”

 

Perfeccionamiento y trabajos

A raíz de conflictos políticos se interrumpen las actividades que venía realizando y, ya con el título, en 1952 viaja a México y EEUU. Esto no sólo le significa participar del IX Congreso Panamericano de Arquitectos, sino que le habilita el trato con figuras intelectuales de fuste como Octavio Paz, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Ruth Ribera, Luis Buñuel. En México descubre la riqueza del folclorismo “capaz de reconquistar, a su manera, el territorio usurpado, la falta de racionalismo, las máscaras con que cubren la vida… y el mejor ejemplo de geografía humana que pude haber obtenido”. Luego en Nueva York donde es fascinada por la gran ciudad, pero sorprendida por la discriminación a la cual estaba sometida la población afroamericana “y la miseria más espantosa que medraba bajo la traza elevada del ferrocarril, a la sombra de los grandes rascacielos de Wall Street. Ciertamente Manhattan no era la ciudad que debía ser tomada como modelo”.

Luego obtiene una beca para estudiar seis meses, en el desierto de Arizona, con Frank Lloyd Wright, uno de los principales maestros de la arquitectura del siglo XX y precursor de la arquitectura orgánica. Concluida esa experiencia, regresa al estudio que tenía en Buenos Aires, junto a Sarrailh. La arquitectura y el urbanismo, junto a su inserción en el movimiento moderno conformaron su universo. Alonso Vidal y compañía nos recuerdan que del Movimiento Moderno en Argentina “fue parte fundante Eduardo Sarrailh, su socio, su novio, su amigo y con quien abrió caminos trascendentes. Constituyeron lo que más tarde un pintor mexicano denominó amistades amorosas”.

La arquitecta Odilia Suárez continuó desarrollando su trabajo en el estudio, a la vez que se perfeccionaba en el exterior. Así participó del  concurso para la Colonia de Vacaciones de la Federación Gremial de la Industria de la Carne en el Valle de Calamuchita; el proyecto para el Club Newell´s Old Boys de Rosario; El Plan Regulador de Mar del Plata (1958); Proyecto para el barrio Casa Amarilla (1958); Proyecto para Catalinas Norte (1958); Proyecto ganador del concurso para la Municipalidad de Tres de Febrero (1967); Plan Estratégico para Bahía Blanca (1968-1971); Propuesta de Urbanización del Bajo Belgrano. También le llegaron reconocimientos académicos, es así que en la FADU-UBA fue nombrada Profesora Emérita y  fue titular de una cátedra de Composición Arquitectónica desde 1957 a 1966, y en la de Planeamiento asumió en 1983. En los años ´80 se reinsertó a la facultad como Secretaria de Investigación y Posgrado, creando el “Centro de documentación urbanística Eduardo Sarrailh”.

Odilia Suárez escribió numerosos libros, artículos y ensayos sobre urbanismo. Entre ellos “Estudios sobre Buenos Aires y su costa”, “Planes y Códigos para Buenos Aires 1925-1985”, “Ampliación del puerto de Buenos Aires-Apreciaciones urbanísticas”, 1998, -“Sistema aeroportuario comercial metropolitano”. En su momento se opuso a la creación de una isla para trasladar el aeropuerto de Buenos Aires y fue actora decisiva en la creación de Puerto Madero.

Podríamos continuar con sus ideas y logros, pero dado el espacio, valga el recuerdo para esta mujer profesional que desarrolló una brillante carrera. Odilia Suárez falleció el 11 de agosto de 2006.

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