Balcón al Paraguay

Escribe Pepo Garay ESPECIAL PARA EL DIARIO

Bendecida por el majestuoso río, la ciudad muestra un perfil agradable y sereno, a veces difícil de conseguir en otras capitales provinciales. Paseos por la costanera, la avenida 25 de Mayo, Laguna Oca y una visita al vecino país guaraní

Es lindo, en la ruta, apreciar las fotos de llano con monte y palmeras, y absorber esos aires subtropicales de los extremos nororientales del país. Y es lindo, imbuidos en aquella circunstancia, llegar a Formosa capital, y descubrir una ciudad bonita, arreglada, luminosa gracias a un sol que tiene la asistencia del mejor alumno, y que acompaña el perfil urbano ordenado y atractivo. Todo, de cara al río Paraguay, emblema de esta tierra, alimento para la mirada de los pobladores, y del viajero.

Lo más loado del repertorio de cemento se muestra en la avenida 25 de Mayo, columna vertebral del plano acariciada por frescas arboledas (destacan los lapachos), y cuyo epicentro lo marca la plaza San Martín. Sin embargo, es hacia el lado este de la explanada donde el municipio saca a relucir sus mejores ropas arquitectónicas, de la mano de construcciones antiguas como la Casa de Gobierno, el Museo Histórico Regional Juan Pablo Duffard (declarado Monumento Histórico Nacional), la Iglesia Catedral Nuestra Señora del Carmen o el Archivo Histórico Provincial. La parte colonial del cuadro, recuerda el paso de los misioneros franciscanos por la región (mediados del siglo XIX).  

Al final del pasillo, de ritmo tranquilo, muy tranquilo para ser principal arteria de una capital provincial, aparece el Paraguay, que en realidad se intuye desde cualquier rincón. ¡Qué delicia resulta el encuentro con el afluente!, inmensa su figura y su sabia, oasis elemental.

Para apreciarlo de veras, nada como caminar por la avenida costanera, que cuchichea con el agua mientras unos andan en bici, otros caminan, otros corren y otros simplemente desnudan la suave correntada al compás de charla y tereré, mucho tereré, después de la católica, la religión con más adeptos en Formosa.

Aditivos que acompañan son el mirador, el puesto de Prefectura Naval, el puerto mismo, los veleros deportivos y los botecitos en donde estoicos pescadores buscan antídoto en surubíes, dorados y fundamentalmente corvinas, parte importante de la dieta local. El paisaje, también va compuesto de embarcaciones de pasajeros, que conectan con la cercana Alberdi, o lo que es lo mismo, con Paraguay.

 

Cambiando de patria

Buena oportunidad para cambiar de patria por unas horas, y conocer algo de cultura guaraní, intrínseca e históricamente ligada a la formoseña. Pertinente, a su vez, se deduce el tour de compras, con algunos precios muy por debajo de la media argentina (sobre todo en lo referente a tecnología).

Ya de vuelta en territorio gaucho, el nexo con el país hermano se palpita en el Mercado Paraguayo (popular área de compras) y el ascendente de tobas, wichis y otras comunidades originarias, en la Casa de la Artesanía Aborigen, donde las clases de cultura nativa son escoltadas por ventas de hermosos productos hechos en madera, paja, lana y arcilla.

En el desenlace del paseo, canta sus virtudes la laguna Oca. Se trata de una de las pocas reservas de biósfera a nivel mundial que marca domicilio en la plenitud de una ciudad. Allí, propios y extraños disfrutan de la vida de playa, y avistaje de aves y vegetación nativa. El viajero, además, recibe un anticipo de todo lo que le dará el resto de la provincia de Formosa en verdores y naturaleza.

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