Biblioteca “Eduardo Requena”

El viernes, por la noche, en el Inescer “Dr. Angel Diego Márquez”, la biblioteca de la institución fue nombrada “Eduardo Requena”, detenido desaparecido durante la última dictadura cívico-eclesiástico-militar. El acto de imposición del nombre se desarrolló en el pasillo central de ese ámbito educacional que está cumpliendo 30 años de vida. El encuentro, con mucho Karma emocional, se produjo en el marco de la conmemoración del Día Nacional del Bibliotecario.

Escena y escenario

Como telón de fondo estaban los libros, el tablero de ajedrez, los anaqueles esperando sentirse aliviados por la mano de algún lector retirando un título, las pantallas ofreciendo una lectura de época, los diarios de la semana, un espacio de literatura infantil, las colecciones de películas, las mesas de trabajo y tantos otros tesoros que ofrece la biblioteca. En la puerta de entrada la leyenda “Eduardo Requena”, escrita por los alumnos organizados en el Centro de Estudiantes. A un costado, desde las portadas de sus obras, en el exhibidor de novedades, presenciaron el acto Julio Cortázar, Paulo Freire, Francisco “Paco” Urondo, Haroldo Conti, Antonio Machado y tantos otros que esperan ser descubiertos por nuevos lectores entre los jóvenes estudiantes. Más abajo se asomaban las títulos de un manual de negociación colectiva editado por la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), la revista Cátedra Libre y el mensuario de las Abuelas de Plaza de Mayo preguntando dónde está Santiago Maldonado.

Sentados, esperando el inicio del acto, parte de la familia de Eduardo Requena. Soledad García, su pareja; Silvina, su hermana y seguía la lista de familiares y allegados. Gremialistas, ex detenidos durante la dictadura como Miguel Olaviaga, militantes sociales y políticos, y los estudiantes, algunos de ellos hace poco visitaron el excentro clandestino de detención y exterminio “La Perla”, ahora convertido en Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos. En el contrafrente del lugar donde se ubicó el micrófono para que hablaran aquellos que se dirigirían a los presentes, los paneles de una muestra de imágenes y textos que testimonian esa visita. “La Perla”, el lugar donde otros secuestrados vieron a Requena en cautiverio.      

Cuando la locución de Victoria Fariña inició el acto, Soledad García metió la mano en una modesta bolsa de plástico, color rosa, extrajo una imagen de Eduardo, color sepia. La colocó a la altura de su pecho, donde está el corazón. Allí estaba el educador, ofreciéndose. Sostenido por esas manos que, como dice el poema de Mario Benedetti, “trabajan por la justicia”. Entonces la presencia de su ausencia cubrió todo. Comenzó a gritar desde las letras escritas por los estudiantes, templó las cuerdas de la guitarra de Marcelo Ceballos, se metió en la notebook de los docentes que venían de analizar el proyecto de ley “Plan Maestr@”, llamó a alumnos que estaban ocupados en otras tareas y un respetuoso silencio hizo de preámbulo a las palabras. La directora, Silvia Paredes, dio la bienvenida, reflexionó acerca del significado del acto y saludó a los bibliotecarios en su día.   Luego vinieron los regalos de libros, de la editorial universitaria, de Soledad, de la licenciada Ventura y de la CTA. Recibió la bibliotecaria de la casa, Alicia Lamberti.

 

Restitución

En un momento se llamó a la bibliotecaria mayor de la Biblioteca Municipal y Popular “Mariano Moreno” para realizar el acto de restitución de uno de los títulos que retiró de allí la misma dictadura que desapareció personas. Hace años, en este mismo espacio dominical, publicamos el listado de libros que figuran en un acta fechada el 8 de mayo de 1978. Allí figuran 51 libros, tres revistas y dos cuadros que fueron “dados de baja” por el bibliotecario a cargo, siguiendo las instrucciones de quien entonces era secretario de Gobierno de la Municipalidad de Villa María. Este viernes, desde la biblioteca “Eduardo Requena”, del Inescer, fue restituido uno de los títulos que nunca había regresado a la colección de la “Mariano Moreno”. Así fue que Anabella Gill recibió “Cómo funciona el capitalismo. El intercambio desigual y la ley del valor” cuya autoría corresponde al economista egipcio Samir Amin. Por si quedaba alguna duda se dijo el nombre de “Eduardo Requena” a lo que se respondió “presente”. El Gallego estaba allí, pero no en la imagen en la hoja A3 que sostenía su pareja, tampoco en el nombre escrito en la pared ni en las fotos del Espacio para la Memoria, estaba en cada rincón, en el aire que inspiramos y nos atravesaba. Soledad García se paró frente al micrófono, agarró de la mano a Silvina Requena y habló de todo lo que se llevaron, pero también de lo que él nos dejó. Los manuscritos que el profesor había producido y nunca pudieron publicarse (dijeron que se los llevaban para hacer un juicio, pero quizás nunca los leyeron). Marcó la sencillez de Eduardo, el compromiso, la capacidad intelectual, el amor, la militancia y la importancia de seguir construyendo memoria. Una sincera emoción explotó en un largo aplauso donde nos abrazamos todos. Luego Marcelo Ceballos le dedicó una canción inédita a Eduardo, para concluir ejecutando con los presentes “Todavía cantamos”.

Paso seguido los bibliotecarios y estudiantes de la Tecnicatura en Bibliotecología escucharon la conferencia del licenciado Juan Pineda. Allí hablaron de la importancia del rol del bibliotecario en la actualidad, la defensa de la especificidad y el compromiso social que conlleva su profesión.

 

Eduardo Requena

Nació en Villa María el 15 de noviembre de 1938. Cursó sus estudios en los Trinitarios y en el Instituto Bernardino Rivadavia. En 1963 se tituló como profesor de Historia y Geografía.   Apasionado por el fútbol, jugó en la primera del Club River Plate de Villa María.   Dictando clases en la ciudad de Bell Ville, inició su actuación gremial como delegado del Sindicato de Educadores Privados y Particulares de la provincia de Córdoba (Seppac). En 1973 fue delegado y un activo protagonista en las reuniones de Huerta Grande (Córdoba) y en el Congreso Unificador de la Docencia Argentina, donde nació la CTERA. Fue secretario de la Rama de Docentes Privados en las dos primeras Juntas Ejecutivas de la CTERA (1973-1976). El 23 julio de 1976, fue secuestrado por un grupo civil del Café Miracles en la ciudad de Córdoba. Permanece desaparecido.

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