El Diario del centro del país

Búsqueda identitaria en marco de seguridad

NOTA Nº 549, escribe Jesús Chirino

Patrimonio arquitectónico

Las construcciones edilicias existentes en la ciudad no sólo juegan en el armado identitario de la urbe, sino que, algunas de ellas, se transforman en elementos de la historia de nuestra comunidad. Resulta indudable que las edificaciones de Villa María, como la de todo núcleo urbano, testimonian las particularidades históricas de esta localidad dando muestras tanto de las diferentes influencias estéticas que han tenido lugar a lo largo del tiempo, como de soluciones tecnológica propias o a variaciones de algunas ensayadas en otros lugares.

 

Construcciones

Aunque algunos actores sociales suelen restarles importancia, la ciudad posee riquezas arquitectónicas. Que, aclaramos, no siempre están bien conservadas. la valoración de estas construcciones no pasa sólo por el renombre del constructor o la calidad artística, sino también con particularidades relacionadas con lo histórico. Es así que mirando bien las construcciones podemos encontrar claves del pasado local que, aclaramos no necesariamente deben estar relacionadas a epopeyas, sino a los sucesos que guarda la memoria colectiva. Es decir, no sólo son muestras de estilos arquitectónicos, sino también referencias de sucesos en los cuales participaron ciudadanos de generaciones anteriores a la nuestras. Esta es una de las razones por la cual esas construcciones forman parte del patrimonio cultural de nuestra sociedad y son elementos de cohesión social al conectarnos con distintos momentos de vida comunitaria. Son partes del paisaje urbano que permiten establecer una continuidad en la historia de la ciudad, de allí que su valor supera el valor museal que testimonia el accionar del hombre como constructor del paisaje cultural de la urbe. Es decir que esas edificaciones realmente son documentos de un pasado que originó este presente.

En Villa María es innegable la influencia de los estilos europeos en las construcciones más antiguas. El recordado arquitecto Carlos Pajón, quien fuera un incansable trabajador del mundo cultural villamariense, estudiando las edificaciones de la ciudad y la influencia europea en la arquitectura de ésta. Como resultado de sus investigaciones planteó dividir en seis etapas la evolución estilística y de sistemas constructivos desarrollados en los primeros sesenta y cinco años de vida de Villa María.

La mayoría de las edificaciones mencionadas por el arquitecto y artista plástico referido, aún están en pie y son parte de la identidad de nuestra localidad, más allá de la calidad artística de las mismas. En relación a este punto podemos recordar que en la denominada declaración de Amsterdam, realizada en octubre de 1975 como coronación del Año Europeo del Patrimonio, se confirmó la tendencia a abolir toda segregación jerárquica entre los conjuntos arquitectónicos de mayor interés artístico y aquellos que revisten menor interés desde ese punto de vista. En el prefacio de esa declaración se manifiesta claramente que la exigencia de la conservación del patrimonio arquitectónico es “…una exigencia vital, porque está motivada por una necesidad profundamente humana: vivir en un universo que siga siendo familiar, a la vez que integrador del cambio deseable e inevitable”. Esto es un dato importante a tener en cuenta cuando desde algún interés comercial o político se desmerece o relativiza el valor patrimonial de construcciones muy importantes para nuestra comunidad.

 

Etapas

En la primera etapa definida por Carlos Pajón se encuentran edificios con resabios coloniales e italianizantes erigidos hasta el fin del siglo XIX. Como ejemplo de estas construcciones podemos mencionar el antiguo Colegio Mariano Moreno, en calle Corrientes. Del colegio sólo se conserva resabios de su fachada, sin las rejas. La construcción actual poco tiene que ver con los planos presentados para la aprobación del proyecto.

Corresponden a la segunda etapa las construcciones ferroviarias inglesas y francesas que para Pajón, según escribió en el Congreso de Historia organizado por la Junta Municipal de Historia de Villa María en el año 2000, “comienzan en la primera década del siglo XX y continúan en la segunda. Su aporte principal es la solución constructiva de la techumbre, que se ejecuta con cabriadas de madera o hierro, sostenidas por las mismas paredes de ladrillos, que se dejan vistos con juntas tomadas al exterior”. Esos techos generalmente son a dos aguas y terminados con tejas francesas o chapas de zinc. La mezcla de este sistema constructivo con lo tradicional originó un estilo eclético que ha tenido un “resultado estético de diverso gusto”. Ejemplifica esta etapa con edificios como el Palacio de los Deportes, en calle Corrientes; Plaza de Ejercicios Físicos; la antigua fábrica de alpargatas, que fuera derrumbada hace unos años en la esquina de San Juan y Alem; Mercado Mitre. Actualmente, tanto para el Palacio de los Deportes como para la Plaza existen proyectos políticos para su entrega a manos privadas.

El referido arquitecto identifica la tercera etapa con la llegada de lo neoclásico y el modernismo “estilos muy acordes con la mentalidad liberal”. Pajón describe diciendo que “en ambos estilos se adoptan el enlucido de cemento sin pintar, solución de origen europeo que imita la severidad de la piedra gris”. Entre los ejemplos del modernismo menciona la Casa Meroi -calle Buenos Aires frente a Plaza San Martín- y el Hotel Colón, de tres plantas, en calle San Martín. En tanto que dentro de lo neoclásico pone como ejemplo, entre otros, el edificio del Banco de Córdoba (escala monumental), en calle Entre Ríos y San Martín y el cuerpo de fachada de la Iglesia Catedral. En una etapa diferente estarían ubicados edificios como el del Molinos Fénix, Cervecería Río Segundo y la actual guardia de EPEC (antigua Usina Eléctrica). Todos edificios industriales construidos a lo largo de la segunda década del siglo XX.

Por su parte los chalés, tanto los de estilo normando como mediterráneo, son integrados en la quinta etapa. Acerca de éstos, Pajón escribió que se construyeron “a partir de 1915” y declinaron “en 1930 para dar paso a residencias neocoloniales, moriscas, etcétera”. Entre los ejemplos, para esta etapa, menciona el chalé de la familia Emerson (Escuela Bíblica) en calle Santa Fe; chalé Dr. Scopinaro, en calle San Juan; chalé Dr. Amadeo Sabattini, actualmente museo.

Por último en relación a la sexta etapa Pajón escribió “a partir de la mitad de los años veinte ya cuenta con varios maestros del arte de construir, entre ellos Soldavini, Rosa, Manicardi, Cicardini, etcétera. Y una Escuela de Artes y Oficios con maestros de herrería artística como Rigazio o carpinteros como Cabezas y pronto llegarán ingenieros y arquitectos egresados de nuestras universidades”. Esta gente gestará las construcciones, según la tendencia de época, estilo art decó. Como ejemplos se pueden mencionar, la casa de loterías San Juan, casa Dr. Díaz Pizarro, luego Escribanía Marchini.

 

Necesidad de conservación

La conservación de todas estas, como otras, “marcas” identitarias de la ciudad es algo de importancia y que no está reñida con el crecimiento urbano. Retomando la mencionada declaración europea encontramos que la misma señala que ante la acelerada dinámica de cambio que vivimos “la conservación del patrimonio arquitectónico permite preservar la continuidad histórica del medioambiente en que se desarrollan los sujetos. Y, de esa manera, ser respetuoso de la búsqueda identitaria del individuo en el marco de un medioambiente que le facilita construir cierto sentimiento de seguridad ante el mencionado ritmo de cambio”. Por allí la construcción de seguridades en la búsqueda identitaria en un marco de seguridades no es lo priorizado desde algunos posicionamientos políticos más interesados por justificar destrucción de patrimonio al no contar con mejores soluciones para problemáticas reales que podrían ser encarados con otras perspectivas.

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