El Diario del centro del país

Cacho de ovación

El destacado cantor porteño respaldó su legado compositivo junto a la Orquesta Sinfónica de Villa María. También recibió un pequeño escrache que fue opacado por vitoreos del público que ocupara un 65% del Anfiteatro. Valeria homenajeó a Raval y la lluvia empañó las peñas y patios de comidas.

La tercera noche del Festival era, a priori, la más comentada, señalada y discutida en los medios y en las redes sociales, desde que se conociera la incorporación de Cacho Castaña a la grilla.

El histórico cantante porteño, que no había sido anunciado en el lanzamiento del evento a fines de diciembre, había provocado la “grieta” entre detractores y defensores del creador de tangos excelsos y, también de obras con letras polémicas que fueron esgrimidas décadas atrás. Sobre todo, la gota de rebalsó el vaso para el bando de críticos redundó en una desafortunada frase sobre la “violación inevitable”, emitida por el artista en un canal televisivo, por la cual pidió inmediatas disculpas.

No obstante, el indiscutible peso de su legado musical y compositivo a nivel nacional superó dicha discusión doméstica y de microclima que se genera en la virtualidad, y permitió un memorable homenaje a la obra de Humberto Vicente Castagna.

También, vale acotar, la velada había sido la única que sufrió varios cambios antes de la partida, ya que se había bajado Axel de la programación (por problemas personales), y se habían añadido Valeria Lynch en su lugar y Adriana Varela como invitada especial de Cacho.

 

Sinfonía de arrabal

Mientras en el horizonte se dibujaban relámpagos desafiantes, Miguel Angel Borsatto aportaba su saludo inaugural minutos después de las 21 y delante de la Orquesta Sinfónica de Villa María, compuesta por más de 65 músicos y dirigida por Luis Nani, presta a acompañar al primer artista de la noche.

Apeló al concepto global de la “música”, para soltar una parábola del “orgullo villamariense”: “Hernán Figueroa Reyes, que venía a cantar con su guitarrita, y que da nombre a este escenario, tal vez nunca hubiese pensado que hoy la ciudad tendría dos universidades y que una de ellas contara con una Orquesta Sinfónica”.

Minutos después, entraría Rony Vargas a hacer la semblanza especial del tributo al referente de la música ciudadana. “Vengo a presentar un amigo que casi se nos va, pero que está aquí. ¡Por favor, que el público se ponga de pie para recibirlo!”, pidió exultante.

Cacho, a pesar de su respirador en sus fosas nasales y sentado durante toda su performance salvo al final, lució un atuendo de cantor estrictamente arrabalero. Comenzó su repertorio con la letra que lo autodefine, “Cacho de Buenos Aires”, para proseguir con “Todavía puedo”, que compuso cuando “estaba un poco bajoneado”.

Mientras pedía un aplauso para los músicos del elenco orquestal se vivió un inusual pasaje que sorprendió a propios y extraños. Desde las tribunas populares de la derecha, relativamente cerca de las cabinas de radio, un grupo de mujeres identificadas con el pañuelo verde, criticó la presencia del artista con distintas consignas y carteles que exhibían la foto de Cacho y una palabra en letras grandes que rezaban: “Macho”. Acto seguido se expandió un manto de abucheos por todo el Anfiteatro, en desaprobación por lo ocurrido. Castaña, desde el escenario, se desentendió rápidamente del hecho acotando que no había comprendido los gritos. Luego, distintos seguidores hombres y mujeres se acercaron para rendirle su cariño y un extenso “olé, olé, olé Cacho” se despertó en las gradas.

El concierto, que se guiara bajo los arreglos del maestro Gerardo Gardelín, continuó con “Café la humedad” mientras que, fuera del recinto, el aguacero había descendido la temperatura abruptamente, como si San Pedro hubiese tenido la amabilidad de aclimatar decorosamente la velada con un sosiego de gotas y sedimento otoñal para el trance tanguero.

Cacho, antes de interpretar “La Gata Varela”, recordó que había sido el tema con el cual había ganado el Festival de la Canción en Villa María. Lo único que le “pifió” al año, dado que dijo que había sido en 2008 cuando en realidad fue en 2003. “Es el tema que más quiero porque está dedicada a una amiga y a una artista que quiero mucho. Soy bastante cholulo con la gente que admiro”, acotó antes de invitar al escenario a Adriana Varela. Con ella no solo recreó gemas de su pluma como “Garganta con arena”, sino que se permitió repasar piezas emblemáticas de la música tanguera como “Malena”, popularizada por su amado Polaco Goyeneche (“que debe estar por aquí”, confesó al igual que le hubiese encantado escribirla), y “Naranjo en flor”, de los hermanos Expósito.

También convalidaron un pase de comedia, donde se mofaron de la ingesta alcohólica (“yo no tomo porque me pega”, dijo Adriana), y recordaron una novia que tenía Cacho en Villa María llamada “María”. “Mirá, hay muchas acá que dicen ser ellas”, le dijo Adriana al cantor. Adriana también pidió perdón por “perderse” en una parte de “Garganta…” y luego volvería para “La reina de la bailanta”.

El repertorio prosiguió con el bailable “La vuelta del matador”, el ovacionado “Ojalá que no puedas”, el segmento romántico con “Apareciste tú” y “Para vivir”, esgrimidas extrañamente en tiempos de enamoramiento (los poetas escribimos mejor en el desamor”, acotó) y su radiografía argentina titulada “Septiembre del 88”, que “empezara a hacer en el 78, que terminé diez años después y que parece que no hubiese pasado de moda. Es increíble que otra vez nos ubique en el mismo lugar. Le pedimos a Dios que nos mejore, que en estos momentos le podamos estirar la mano a quien más lo necesite, que no seamos fanfarrones y que no nos creamos los mejores del mundo porque no lo somos”, subrayó.

Rony, quien le había brindado arengas de aliento retribuidas por el compositor con sentidas palabras (“gracias por la contención que ­me has dado, parte de mi carrera se ha apoyado en tus palabras”), le pidió un “tema más”. Se trataba nada menos que “A mi manera”. “Lo han hecho grandes artistas en la historia, como Frank Sinatra, pero la versión de Cacho es inigualable”. Al término de la interpretación, una ovación generalizada aprobó y tributó al cantor popular quien se paró para recibir los aplausos junto a los músicos de la orquesta, los guitarristas invitados y los coreutas Celeste y Nahuel.

Luego, el intendente Martín Gill y el organizador Marcos Bovo le entregaron una placa recordatoria alusiva.

Escrache a Cacho y abucheos del público

Un grupo reducido de mujeres desde las tribunas gritaron en contra de Cacho Castaña y exhibieron carteles con la leyenda “Macho” en grande. El público, acto seguido, extendió un abucheo generalizado y vitoreó al cantante.

 

 

Valeria homenajeó a Estela Raval con Los Latinos

A las 23, luego de la puesta coreográfica de Flor de Ceibo/Passion con su “Homenaje a Gustavo Cerati”, fue el turno de Valeria Lynch. La cantante melódica recreó sus históricos hits, los cuales ha hecho en casi todas sus visitas al Anfiteatro (que arribara por primera vez en los años 80), como “Muñeca rota”, “Mujer amante”, “Loba”, “Amame en cámara lenta”, “Mentira” y “Piensa en mí”, entre otros.

El pasaje más destacado fue cuando homenajeó a Estela Raval, la recordada cantante fallecida en 2012, con la presencia del legendario conjunto Los Latinos, que la acompañara durante varias décadas; desde 1957 precisamente. “Creo que canté este tema con la propia Estela en este lugar”, indicó Valeria al momento de interpretar “Resistiré”.

También recordó que durante 7 años co-condujo el Festival junto a Rony y Miguel cuando el “Coloso de cemento” todavía tenía una lengua en medio de las plateas bajas.

El cierre comprendió el éxito “Esa extraña dama”, un popurrí de los años 60, 70 y 80 con la participación activa de sus alumnos de la escuela de canto como “El extraño del pelo largo”, “Popotitos”, “De boliche en boliche” y “Tirá para arriba” y más me das.

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