Calamuchita, pero del otro lado

Al este de las Sierras Chicas, el pueblo goza de la mirada de las montañas y de aura colonial. La escapada al vecino Calmayo y una excursión en las alturas, por el antiguo Camino Real

Escribe Pepo Garay
ESPECIAL PARA EL DIARIO

Es parte del Departamento Calamuchita, pero no del valle. San Agustín está del otro lado. Del otro lado de esa cadena montañosa llamada Sierras Chicas, que decora los orientes de Santa Rosa, Villa General Belgrano y sus cofrades. Desde allí, dibuja un terreno mucho menos célebre, aunque bonito también.

Al oeste de las montañas, muy cerquita de ellas, el pueblo disfruta de un perfil plácido y dichoso. Serrano es el modo de sus habitantes, que se pasean en bicicleta por un plano luminoso, de horizontes donde los cerros se lucen cómodos, grandes, inspiradores. Como una localidad del vecino valle, pero sin turistas. Curioso el cuadro.

Antigua localidad minera, San Agustín creció a la sombra de esos quehaceres, con las extracciones de oro durante mediados del siglo XIX. Mucho antes de eso, ya era recorrida por comechingones y en el medio por enviados del mismísimo Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de la ciudad de Córdoba.

Algo de eso se respira en el ambiente. Es el tiempo de la colonia, que sobrevive en el aire, en algunos adoquines y en la llamada Capilla Centenaria. Hay canales que dicen que fue de las primeras iglesias levantadas en Córdoba, en el siglo XVI. Lo cierto es que el templo es bellísimo tanto en el exterior (con su doble torre-campanario) como en el interior (donde sobresalen, entre otros aspectos, los vitrales con imágenes de San Agustín). Más pistas sobre la rica historia local descansan en el Museo María Elena Figueroa.

 

Balneario, monjes y naturaleza

Armonizando con la apuesta postal general, el arroyo que comparte nombre con el municipio bordea casitas y formas campesinas, dándole vida al balneario. Un agraciado espacio repleto de arboledas y frescura, ideal para combatir los calores.

Con todo, los mayores atractivos de San Agustín empiezan a aparecer ni bien uno se aleja de la zona urbana y pone rumbo a la montaña. Más árboles gordos y dadivosos en hojarasca despliegan su talante por un camino que vuelve a cruzar el arroyo y se asoma a las sierras, subiendo.

Lo primero que aparece en ese buscar es Calmayo (a unos 15 kilómetros del “centro”). Ubicado a 850 metros de altura sobre el nivel del mar (300 más que San Agustín), el caserío potencia las promesas de su vecino. Más frondoso se torna el paisaje, más puro el aire y más cristalina el agua, entre piedras que gotean como hermanadas con la montaña.

Rincón perdido entre las sierras, y acaso por eso mismo cautivante, la aldea acoge en sus alrededores el Monasterio de los Monjes Benedictinos, habitado hasta hace algunos años atrás por estos religiosos, que daban misas y hasta “recitales” de canto gregoriano. Hoy, la estancia con forma de herradura y patio de época todavía puede apreciarse (por visitas al interior hay que consultar en la Municipalidad de San Agustín).

Además, Calmayo conforma el meridiano del antiguo Camino Real, que en este sector de la geografía provincial era conocido como “Carril de los Chilenos” y actualmente conecta a San Agustín con Villa General Belgrano. Dicho circuito (de 35 kilómetros de extensión, recomendable para hacer solo en vehículos de doble tracción), atraviesa las Sierras Chicas y regala, en las partes altas, excepcionales panorámicas de Calamuchita.

 

Cómo llegar

Para llegar a San Agustín desde Villa María hay que dirigirse hasta Almafuerte (vía Rio Tercero) y en la ciudad que linda con el dique Piedras Moras tomar la ruta nacional 36. En total son 154 kilómetros.

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