El Diario del centro del país

Casonas y construcciones patrimoniales en Villa Nueva

Chalé frente a la entrada al Parque por calle Belgrano 1926

Escribe Luciano Pereyra
Especial para El Diario

“…El patrimonio cultural y natural comprende los bienes muebles e inmuebles, tangibles o intangibles cuyos valores intrínsecos lo convierten en único e irremplazables. En contraposición a otras épocas forman parte del patrimonio, tanto los bienes que poseen características históricas como los de producción contemporánea si responden a la idea de revalorizar el presente y la historia que en ellos se desarrolla. Existe la tendencia a referenciar un patrimonio vivo que tenga en cuenta las necesidades de la gente y permita establecer claramente que es lo que tiene valor para la sociedad de hoy…”

Arquitecto Carlos Pajón

Galería de la casona familiar de los Villasusso 1923, barrio Florida

La ciudad de Villa Nueva posee en su fisonomía algunas construcciones que denotan un pasado de excelencia en cuanto a los estilos arquitectónicos de sus viviendas familiares. Las mismas evidencian la existencia de una clase social relacionada al comercio que plasmó para la posteridad las construcciones de casonas, monumentos, estatuas y monumentos funerarios en el cementerio local.

El recorrido cotidiano nos permite observar, admirar y también preocuparnos por la conservación del patrimonio, la especulación inmobiliaria de los propietarios, la falta de sanciones ejemplares ante la falta de mantenimiento y protección, especialmente en las ocho manzanas fundacionales de la ciudad y por supuesto la preocupación por el peligro que representan algunas construcciones cuyas estructuras pueden colapsar en cualquier momento.

En notas periodísticas de medios locales se resaltó la importancia de las casonas familiares, en algunos casos con una desmedida valorización, especialmente en cuanto a la longevidad de las casonas, sin tener en recortes temporales. Por ejemplo, cuando se toma como referencia años fundacionales, desconociendo documentalmente que Villa Nueva tuvo un proceso fundacional de no menos de 30 años entre 1826 y 1857, donde las primeras construcciones ni siquiera fueron de materiales cocidos.

Inauguración del edificio de la Escuela Bartolomé Mitre 1888

El plan de desarrollo estratégico productivo presentado en 2018 por Carlos Seggiaro, con la anuencia del intendente Natalio Graglia y realizado como consecuencia de talleres interdisciplinarios donde participaron diferentes actores sociales de la ciudad, toma como principal fortaleza de nuestra ciudad la historia, el sentido de pertenencia, la existencia de un pulmón verde como el parque municipal, único en la región, espacios como la “Defensa Agrícola” y especialmente las casonas que nos llevarían a mostrar una ciudad pujante en constante crecimiento, pero siempre tomando como punto de partida la riqueza histórica y patrimonial.

El mundo global en el que vivimos atraviesa la realidad local, las dimensiones económicas, sociales, políticas y culturales inciden directamente en la urbanización, en la ornamentación de las nuevas viviendas familiares, aunque también nos permiten reconocer aquellos esfuerzos por la recuperación, conservación o puesta en valor de las construcciones históricas y patrimoniales que en las principales ciudades del mundo conviven perfectamente con las construcciones posmodernas.

Entre los años 2008 y 2009, el arquitecto Carlos Pajón y la museóloga Paola Pérez realizaron un relevamiento de sitios de interés patrimonial, arquitectónico, histórico y cultural, que sirvió para identificar aquellas construcciones que serían protegidas por la ordenanza que el Concejo Deliberante sancionó en 2009. Las fichas del trabajo de investigación nos presentan una información detallada y minuciosa de las características de dichas estructuras, también la época de construcción, estilo, autores, fechas de ejecución, de quién es propiedad, el uso actual, el estado de conservación o si posee algún tipo de restauración.

Casa Villasusso Hnos. Máster Restauración

Es necesario que la población pueda reconocer no solo la importancia histórica de las construcciones patrimoniales, sino también el peligro inminente que significa la desprotección, la falta de mantenimiento y la desidia de algunas construcciones que están abandonadas y libradas al azar del mercado inmobiliario, esperando una operación millonaria para la venta de la edificación o el terreno donde se encuentra la misma.

Es una constante en nuestra ciudad que las casonas o dependencias de familias tradicionales desaparezcan ante un derrumbe “casual”, un incendio o la firma de un profesional que avala la demolición. Tenemos como ejemplo el derrumbe del depósito de la casa de Ramos Generales de la familia Villasusso sobre calle Independencia hace apenas un par de años, en la década de 1980 se “incendió” el taller de la familia Macheret donde actualmente se encuentra una estación de servicio en la intersección de calles Lima y España. También durante esa década desapareció la estación de trenes sobre avenida Carranza y Marcos Juárez.

En estos últimos años la demolición autorizada de la casona de Tito Zamboni sobre calle Mitre y donde actualmente existe una cancha de fútbol 5. Con estos ejemplos hacemos referencia a que la falta de protección patrimonial excede las gestiones municipales, va más allá de las políticas que se generaron en los últimos 35 años. En la resolución Nº 28 del 31 de agosto de 1948, encontramos por primera vez el término “Patrimonio Municipal”, en este caso por tareas de refacción a un panteón dentro del cementerio local, aunque es importante reconocer que antes del retorno a la vida democrática no existió política patrimonial alguna.

Fuente de la plaza principal recientemente recuperada por el Ateneo La Posta

Encontramos en resoluciones de la intervención municipal encabezada por Lorenzo Pascual en 1956, la autorización para demoler construcciones por la posibilidad de derrumbe. La Revolución Libertadora y su intervención local comenzaron con la destrucción del patrimonio histórico de la ciudad, aprobándose la demolición de casonas antiguas o panteones del cementerio. A esto se sumó la reforma de la plaza y la destrucción de las fuentes, la desaparición de las rejas de la iglesia o la reforma de la fachada de la Escuela Bartolomé Mitre.

Con la recuperación de la vida democrática en 1983, se alternó entre el intento de restauración o recuperación de algún edificio y la desaparición de otros bienes de importancia histórica. En la década de 1980 entre los espacios recuperados podemos mencionar la apertura de la casa de la cultura en la casona que perteneció a la familia de Juan Manuel Pereyra, en contrapartida con la demolición de la estación de trenes.

A finales de 1990 y en el nuevo milenio, la desaparición de las construcciones de la familia Pérez Benítez en el loteo La Reserva, el derrumbe del depósito de los Villasusso, aunque también se realizó la restauración de la bodega Menycor por manos privadas y su refuncionalización como salón de fiestas, la recuperación y restauración de la fuentes de la plaza principal, y en el último año la puesta de construcciones patrimoniales en el cementerio San José.

La falta de cultura patrimonial, no es exclusividad de Villa Nueva. En Villa María, las construcciones patrimoniales protegidas no superan el 5% del relevamiento realizado en su momento por Pajón, quien fue un constante y perseverante luchador por la protección del patrimonio.

También es necesario que los funcionarios entiendan que las políticas culturales o patrimoniales deben ser estructurales no coyunturales, en la margen norte del Ctalamochita, el excelente trabajo realizado por la gente de Patrimonio Histórico, contrasta con la falta de mantenimiento del edificio cuyo techo requiere de una urgente intervención para la protección de los documentos. Las formalidades burocráticas, respecto a la jurisdicción del edificio, atentan contra la necesidad edilicia.

En Villa Nueva, la recuperación del archivo histórico y el reordenamiento documental chocó con la imposibilidad de trabajar sobre una ordenanza de expurgo en conjunto con el Concejo Deliberante para poder generar un organismo interdisciplinario de contralor que decida cuáles documentos son necesarios conservar en beneficio del Estado municipal.

Es de vital importancia generar un espacio de interacción responsable por parte de los diferentes actores sociales y políticos para obtener leyes que regulen los traspasos de documentos, la expurgación o la conservación de documentos o construcciones patrimoniales. Podemos agregar que además del cuadro provincial para la conservación o expurgo documental, ciudades como Río Cuarto, Trenque Lauquen ya poseen ordenanzas para tal fin.

 

“El patrimonio cultural de un pueblo comprende las obras de sus artistas, arquitectos, músicos, escritores y sabios, así como las creaciones anónimas, surgidas del alma popular, y el conjunto de valores que dan sentido a la vida, es decir, las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo; la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos históricos, la literatura, las obras de arte y los archivos y bibliotecas”.

 

Con respecto a las construcciones patrimoniales podemos mencionar algunos ejemplos concretos en dos barrios: Villa del Parque y Centro. Debemos aclarar que en el barrio Florida se encuentra quizás el reservorio más importante de casonas tradicionales como la casa de Pérez Benítez o Villasusso, serán objeto de estudio para otro trabajo de investigación.

En el barrio Villa del Parque encontramos construcciones patrimoniales que muy pocos villanovenses conocemos, porque tradicionalmente se consideran como edificios históricos aquellos que se encuentran dentro de las ocho manzanas fundacionales. El llamado Barrio Parque o Pueblo Nuevo durante los años 20’ o 30’ fue un emprendimiento inmobiliario clave durante la gestión municipal de José Pérez Benítez, intendente radical, quien estimuló el desarrollo urbano de la zona junto a la construcción del Parque municipal en 1926. Muchas edificaciones aún existen en dicho barrio.

El chalé de la familia de Luis Rosa de estilo Mediterráneo sobre calle Alem al 944, el chalé de la familia Macheret de estilo Normando sobre avenida Carranza, el chalé de la familia Villarreal sobre calle Italia, todos se encuentran en excelente estado de conservación.

En el casco céntrico encontramos casonas que reclaman por una restauración, refuncionalización o puesta en valor. La casona de la familia Manzanares de estilo neoclásico enriquecido, sobre calle Deán Funes a metros de la plaza carece de restauración alguna en la actualidad está deshabitada. La casona de comercio y vivienda de la familia de María Martínez de García de estilo Eclíptico sin revoque, en la esquina de Marcos Juárez y Deán Funes se encuentra habitada, sin ningún tipo de mantenimiento.

El edificio y capilla del Instituto Inmaculada Concepción sobre calle Marcos Juárez se encuentra en excelente estado de conservación, otra construcción recuperada fue la propiedad de la familia Pedrazzani de estilo italianizante modernista de transición en la esquina de Marcos Juárez y Mitre donde actualmente funciona un reconocido pub.

La misma familia encabezada por Analía Gessi se encargó de recuperar la vieja sala del cine Astoria para transformarla en un centro comercial respetando el diseño original. Los edificios de la Policía y Municipalidad construidos en 1915 y de estilo modernista Art Novveau están en un buen estado de conservación, pero modificados de acuerdo a las necesidades del municipio.

El edificio de la Escuela Mitre, inaugurado en 1888, de estilo Italianizante enriquecido, no conserva nada de la fachada original, la casona de la familia Cataldi construida a finales del siglo XIX, fue la primera, y durante muchos años la única vivienda de dos plantas de la Villa, de estilo Italianizante necesita urgente una intervención en su estructura ya que se observan signos evidentes de deterioro en balcones, grietas y gárgolas que preocupan por la seguridad de los transeúntes.

Como conclusión podemos afirmar que existió un cambio en la intencionalidad de la protección del patrimonio, principalmente desde el retorno a la democracia, tenemos algunos esfuerzos aislados, pero es necesario que las instituciones y actores sociales implicados comprendan que Villa Nueva respira historia y debemos convivir con ella, protegerla y conservar estos espacios para las futuras generaciones. Las casonas y construcciones patrimoniales son parte del paisaje urbano de la ciudad, símbolos de un pasado que marca nuestra identidad.

 

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