Cátedra en sustentabilidad

Los paneles fotovoltaicos llevan a cero el costo energético con temperaturas promedio de entre 18 y 25 grados y, además, los alumnos y docentes obtendrán producción orgánica de alimentos a través de huertas de interior y exterior

En Mar Chiquita (Buenos Aires) – Se inauguró la primera escuela sustentable del país

A comienzos de abril quedó inaugurada la primera escuela pública autosustentable del país, en el partido bonaerense de Mar Chiquita. El edificio fue construido con materiales reciclados y se autoabastece de agua, energía y calefacción, además de producir alimentos.

La obra del establecimiento de más de 300 metros cuadrados se hizo en 45 días, con unas 25 toneladas de materiales reciclados como cubiertas de autos, latas, botellas, y cartón, junto con materiales tradicionales.

El edificio, en el que funciona la escuela primaria Nº 12, fue construido con la ayuda de la organización uruguaya sin fines de lucro Tagma, el arquitecto Michael Reynolds y cuenta con financiamiento público y privado.

La escuela se autoabastece de agua, energía y calefacción, produce alimentos y maximiza el uso de los recursos, permitiendo la transmisión de nuevos conocimientos para los estudiantes. Por ejemplo, se recolecta el agua de lluvia para reutilizarla al interior del establecimiento, los paneles fotovoltaicos llevan a cero el costo energético con temperaturas promedio de entre 18 y 25 grados y, además, los alumnos y docentes obtendrán producción orgánica de alimentos a través de huertas de interior y exterior.

La escuela se autoabastece de agua, energía y calefacción, produce alimentos y maximiza el uso de los recursos, permitiendo la transmisión de nuevos conocimientos para los estudiantes

“Decidí sumarme a este proyecto porque estoy convencido de que hoy como sociedad llegamos a un punto en el que el daño que ya hicimos y que podemos hacerle al Ambiente es tan grande que pone en riesgo los recursos que son fundamentales para la vida. Y el tipo de construcción que fuimos a dejar en Mar Chiquita brinda respuesta a muchos de esos problemas: incorpora residuos en su construcción, reduce la cantidad de material virgen empleado, se abastece de agua de lluvia, la utiliza de manera eficiente y luego la trata cuando se transforma en efluente cloacal, se mantiene climatizado sin gastar energía, produce alimentos orgánicos y posee energía eléctrica de fuente renovables”, argumentó Luciano López, un integrante de la ONG Amartya, que se ocupa de la educación ambiental y participó del proyecto.

A la hora de evaluar su experiencia, López se emocionó: “Fue muy intensa. Desde la obra en sí misma nos permitió aprender mucho sobre cómo funciona este tipo de edificios y cómo replicarlos. Pero creo que lo más importante del proceso sucedió alrededor de lo humano. Muchas personas habían dejado trabajos, familias y compromisos para venir a participar, el nivel de involucramiento fue altísimo”.

 

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