El Diario del centro del país

Cine y Confitería Astoria, nostalgia del séptimo arte.

Fachada del cine

Escribe Luciano Pereyra
Especial para El Diario

Cine Astoria: inauguración de sala, 14 de marzo de 1963

“Qualunque cosa farai, amala, come amavi la cabina del Paradiso quando eri picciriddu”

*”Hagas lo que hagas, ámalo, como amabas la cabina del Paradiso cuando eras niño”. “Cinema Paradiso”, 1988

Según la investigadora Ana Wortman, los años 60, tanto en la Argentina como en el resto del mundo, se caracterizaron por su intensa vida sociocultural, ya sea por la conformación de movimientos culturales como también por el creciente interés de la sociedad por la cultura. La sociedad argentina era fuerte consumidora de cine, teatro y literatura. Se destaca en este período el importante desarrollo de la industria editorial, la cinematográfica y la musical, que eran reconocidas en el resto de América Latina y en el mundo. El cine y la literatura de los 60 lograron romper con los cánones establecidos hasta el momento, dentro de un contexto social y político que facilitó tales cambios. En el mundo, nuevas corrientes cinematográficas aparecían en escena para demostrar que la renovación cultural no era una situación aislada.

Instalador técnico Pagliero, primer maquinista Néstor Vay, relevo de maquinista Jorge Martínez

En1963, luego del derrocamiento de Arturo Frondizi y el interregno de José María Guido, la República Argentina comenzó una primavera democrática, en octubre de 1963 asumió la presidencia Arturo Humberto Illia, representando a la Unión Cívica Radical del Pueblo. En la provincia de Córdoba, en el mismo mes de octubre asumió la gobernación Justo Páez Molina, ferviente defensor de las instituciones republicanas. En Villa Nueva asumió la intendencia Carlos Waldo Zanotti.

Confitería del cine Astoria: noche inaugural, 1963

En la actualidad, los habitantes de Villa Nueva tenemos que recorrer 6 kilómetros para llegar a las salas cinematográficas del hipermercado Libertad de la ciudad de Villa María, muchos de nuestros niños no conocen una sala de cine. El edificio que ocupó el cine Astoria o el cine Plaza, construido por la familia Paviotti hacia la década de 1950, fue restaurado y recuperado para el Patrimonio Histórico y Cultural de la ciudad por su actual propietaria, Analía Gessi. A pocos días de ser reinaugurado como centro comercial y cultural, haremos un repaso de la historia de la última sala que tuvo la ciudad de Villa Nueva entre los años 1963 y 1979, gracias al testimonio de Juan José Francisco Cravarezza, quién a sus 80 años rememora lúcidamente aquellos años donde el cine formaba parte de la vida cotidiana de los villanovenses.

La compra del edificio, toda la adyacencia, confitería y garaje se realizó en octubre de 1962. Juan José junto a su esposa se instalaron en la propiedad. La sociedad integrada por la familia Cravarezza, quienes se dedicaban a la cinematografía desde 1950, adquirió la propiedad de José María Paviotti e inauguraron el cine y confitería Astoria el 14 de marzo de 1963.

“El espectáculo tiene grandes éxitos y grandes fracasos”.

Los mentores de este proyecto, según Cravarezza, fueron los dueños de Copetín Al Paso y La Madrileña. Presencio y Maciero, junto a Alfredo Vijande fueron quienes incentivaron para llevar a Villa Nueva un emprendimiento que sería novedoso incluso en la actualidad. “Ofrecele a Villa Nueva lo que no tiene”. “Tenés que sembrar para cosechar”.

La confitería se equipó con una cafetera automática La Pavoni, mostrador al paso, mesas y sillas tapizadas. “Villa Nueva tenía el nivel de cualquier confitería de Villa María”.

En el año 1964 el cine y confitería fue ofrecido al municipio para participar del Carnaval o de las funciones de gala, el 25 de mayo. Allí se convocaron autoridades y vecinos. Los carnavales de 1964, luego del desfile de carrozas y las funciones cinematográficas, finalizaron con un baile popular con la orquesta de Kiko Verderó.

Las películas se proyectaban en simultáneo con Villa María, con 15 minutos de diferencia. Los jueves se estrenaban en el cine Premier o en el Broadway de la vecina ciudad. Exitos como “El manto sagrado”, “Lo bueno, lo malo y lo feo”, “La Pantera Rosa”, “Demetrio, el gladiador”, todos en sistema Cinemascope. En Villa Nueva las funciones comenzaban con las publicidades de “Sucesos Argentinos” o “Nodos” a las 21.15. La sala también fue utilizada para el acto de la primera Promoción del Instituto Pío Ceballos, para espectáculos de radioteatro, obras como “Juancho, el desertor” de Jorge Mussa, Norberto Blessio, Oscar Cloner y Raúl Suppo, entre otros. Para este tipo de eventos se alquilaron colectivos para traer público desde Villa María.

Como consecuencia del movimiento que generaba el cine, se desarrollaron otros emprendimientos como la confitería que manejaba Martínez y el servicio de taxi, a cargo de Sciretta y Cusumano, quienes fueron pioneros del servicio en Villa Nueva. Junto a los bares del Gallego Manrique y el Cholo Pérez, dieron a la ciudad una dinámica nocturna en torno a la plaza Capitán de los Andes como nunca antes y que comenzó a declinar con el cierre del cine. La llegada masiva de los aparatos de televisión a la Argentina marcó el final de muchas salas, entre ellas la de Villa Nueva, el cierre de la sala fue en diciembre de 1979; en ese local se instalaron diferentes emprendimientos a lo largo de los años, una fábrica de casillas rodantes, boliches bailables, cafés o pubs, entre otros.

“A mí Villa Nueva me ayudó mucho, trabajamos a sala llena, teníamos 700 butacas y las completábamos. Cuando venían los radioteatros se agregaban sillas hasta en la calle… Colaboramos mucho también con el municipio, con el Club Alem y con la Nestlé”.

“El libro de Pablo Granado se concibió y se presentó en la confitería del Astoria. Pablo fue un gran amigo, asiduo recurrente a la confitería, todos los días a las 18 hs. tomábamos un café. No coincidíamos políticamente, pero éramos amigos”.

“Ir al cine era lo superlativo de la época para nosotros, me acuerdo hasta de las películas que he visto ahí… ‘Un hombre llamado amén’, ‘Paolo Lardit’, en esa me disfracé para que me dejaran entrar porque era prohibida para nosotros que teníamos 13 años. ‘La Mary’, ‘Míster Majestic’… Había un hombre que cuidaba ahí, un tal Rivas, le decíamos Citroën (el fiero que anda lindo) y él se enojaba, entonces cuando apagaban las luces para ver la película nosotros empezábamos a gritarle: ‘¡Citroën!’. Calles enarenadas en torno a la plaza, de ahí salíamos y nos íbamos al bar del Cholo Pérez o el bar Batarás; al de Manrique no me dejaban entrar porque había timba”.

“Yo notaba por aquellos tiempos que había más movimiento en torno a la plaza, especialmente para las Fiestas Mayas, empezaban con los eventos diez días antes. El “chancho enjabonado”, donde enjabonaban a un chancho para agarrarlo; después carreras de motos, pero donde tenías prendas en cada posta, te bajabas, tirabas una chanta con una bocha, enhebrar una aguja, en fin… Carreras de regularidad donde no ganaba el más rápido, sino el más lento, todo eso en torno a las calles enarenadas frente a la plaza y al cine Astoria”.

Testimonio de Hugo Jaime

 

 

“Mi relación con el cine empezó desde muy pequeña, recuerdo que mi familia se preparaba para esta salida con mucha anticipación, era frecuente que con ropa dominguera, los sábados por la noche íbamos caminando hasta el cine. Mamá del brazo de papá y nosotros adelante. Las películas preferidas eran aquellas en las que participaba Luis Sandrini, como ‘El profesor tirabombas’, o Niní Marshall, también ‘Argentinísima’; a papá le encantaba el folclore o ‘Argentino hasta la muerte’ con Rimoldi Fraga”.

“Cumplidos mis 13 años íbamos con grupos de amigos al ‘Matiné’, ‘El club del clan’, las de Palito Ortega, ‘Un muchacho como yo’, recuerdo ir arreglada con un hermoso tapado rojo hecho por mi mamá, no importaba si era una película conocida. En las películas del terror me levantaba de mi butaca y me paraba atrás de las cortinas. El cine era un lugar de encuentro los fines de año, con las academias de danza de la ciudad, encabezadas por Ana María Cabrera o Stella Mataloni”.

“El primer televisor de en casa apareció en 1969, con la transmisión de la llegada del hombre a la Luna, todos en la cama de mis viejos esperando el acontecimiento, a pesar de esto, el cine continuó siendo el punto de encuentro villanovense con los amigos los domingos por la tarde. Los 25 de mayo dábamos la vuelta al perro en la plaza, aunque eso solía traer problemas cuando nos demorábamos”.

Testimonio de

Silvia Susana Schibli

 

 

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