El Diario del centro del país

“Como está gobernando Macri, el peronismo va a ganar en 2019”

LEO RAMON AMBROSINONació en Arroyo Cabral, el 22 de febrero de 1938. Casado, dos hijos, cuatro nietos. Es odontólogo. Tiene una larga trayectoria en la dirigencia institucional y también política partidaria. En 1972 inició su militancia en la filas del Partido Justicialista, siendo presidente del circuito y a nivel departamental. En 1987 fue candidato a senador provincial secundando al doctor Carlos Pizzorno. En 1991 se postuló para la Intendencia de su pueblo. En el ámbito de las instituciones presidió el Club Colón durante 18 años y la Liga Villamariense de Fútbol por el lapso de seis años. Hoy está jubilado y es un historiador aficionado

 

Escribe: Nancy Musa (de nuestra redacción)

Es un testigo y protagonista de los sucesos del país de los últimos setenta años. Fue basquetbolista, músico, odontólogo y una cantidad de cosas que no estuvieron en sus planes. Tocó el saxofón en la orquesta de Jorge del Valle. Lleva en su corazón los colores de Colón de Arroyo Cabral, un club por el que trabajó con orgullo. La historia es uno de sus pasatiempos favoritos, le encanta bucear por los archivos y encontrar hechos perdidos en el tiempo. Tiene material valiosísimo sobre el pasado de su pueblo. Le encanta hablar, recordar, contar anécdotas, reírse y pensar en las bondades del progreso. Todavía tiene bronca por la elección perdida en 1991.

Con sus jóvenes 80 años se da el lujo de expresar lo que piensa, le guste a quien le guste.

Y así lo hace, durante una hora y media de charla.

 

-Usted que pasó la mayor parte de su vida relacionado con el fútbol, escribió un libro sobre la historia de la Liga ¿cómo vivió los hechos que obligaron a suspender la final de la Copa Libertadores?

-Lo viví tranquilo porque ya no le presto atención al tema. Es un poco duro confesar que yo desde hace quince años no miro más fútbol argentino. Y esta final me pareció un hecho más que tiene que ver con la realidad del fútbol argentino.

Y me parece que hay una sobreabundancia de opinadores, vos lo escuchás hacer juicio y cuando uno ha estado cerca de los niveles altos del fútbol, te das cuenta que muchos de los opinadores hablan pavadas.

En consecuencia, no me metí en el tema. Pero si te ponés a pensar que Tapia es el presidente de la AFA te das cuenta del nivel en que estamos. Lo único que me reivindica con el fútbol es mirar el Barcelona. No soy elitista, y no soy solamente hincha fanático de Messi, pero como espectáculo me gusta el fútbol que practica el Barcelona.

 

-En estos días se volvió a reflotar el proyecto de la ciudad deportiva en la Villa, a cambio de Plaza Ocampo, que genera mucha polémica ¿usted conoce bien el tema?

-Sí, porque en el libro que escribí reflejo los cien años de la Liga. Y la Plaza de Ejercicios Físicos estuvo siempre muy relacionada con el fútbol local. La historia te la podría resumir rapidito, ese lugar era el primitivo estadio que tenía el Club Unión Central año 1918. Y recién en 1922, el intendente Martínez Mendoza lo convierte en una plaza de ejercicios físicos.

Y en esa época le hacen las verjas, esa fachada y se compraron elementos para hacer ejercicios y demás. Pero los que tenemos muchos años podemos decir que las cosas principales que ocurrieron en ese lugar, estuvieron relacionadas con el fútbol.

 

-Por ejemplo.

-El campeonato nacional juvenil en 1970 en el cual Villa María se clasificó primero y estaban buscando los jugadores que nos iban a representar en la selección de 1978. Y acá jugaron Tarantini, estaba en San Lorenzo, y Valdano para Cañada de Gómez. Durante tres noches toda la ciudad cerraba el comercio temprano para ir a la Placita a ver los chicos jugar. Era el Sub- 16.

Ese fue un acontecimiento histórico. Otro cuando Maradona vino y jugó en un partido con Alumni. Y varios en los que participó Alumni. O sea la Placita estuvo siempre relacionada con el fútbol.

 

-Hasta fue modificada para fútbol

-Sí, cuando la construyeron era un campo que tenía nada más que la verja por dos costados. Y esa plaza podría haber desaparecido, una vez fue ofrecida a la provincia para hacer un colegio de oficios y otra vez el ferrocarril la pedía porque necesitaba hacer una estación, algo así.

Cuando la modifican, hacen las verjas y la tribuna techada que siempre fue incómoda porque no ves nada. Los vestuarios no servían y la remataron haciendo la tribuna de cemento, pero la hicieron muy cerca de la cancha y quedó angosta.

Esa cancha tiene una medida de ancho inferior a las normales. Las canchas de todo el país tienen 70 metros de ancho y esta tiene 66.

Hubo distintas modificaciones, pero nunca consiguieron hacer un lindo estadio.

 

-¿Le consultaron su opinión sobre el proyecto?

-No. Pensé que nos iban a convocar a las personas que conocemos bien la historia del fútbol. La Liga tenía sus oficinas ahí en la Placita, antes que nos fuéramos al Palacio de los Deportes.

De eso también podemos hablar, nunca fue un palacio de los deportes. Insuficiente en la capacidad, estrecho en las medidas, no reúne ninguna condición. Yo, al margen de otras cuestiones que se discuten, si hay un negociado o no porque no me voy a meter en ese tema, creo que hay que dejar de lado la cuestión sentimental, histórica y todas esas cosas que se dicen.

 

-¿Por qué piensa que esas cuestiones no son significativas?

-Porque me pregunto ¿qué tiene valor en el recuerdo de los jugadores que pasaron por ahí? Y, haber jugado tal o cual partido.

Te doy un ejemplo, la primera vez que se enfrentaron Boca y River en Villa María, fue en el año 1949. En ese partido, habían jugado los históricos de Boca, Boyé, Sarlanga, y de River, Di Stéfano.

Y quién podría haberse acordado de ese partido que fue en la cancha del Club Sarmiento donde después se hizo la Terminal de Omnibus (bulevar Sarmiento y Alvear).

El Sarmiento hizo esa cancha en 1928, eran dos hectáreas. Yo fui a ver el partido y ese era el estadio más importante de Villa María y desapareció por una cuestión de crecimiento de la ciudad.

¿Y quién se acuerda del estadio de Sarmiento? Creo que deberían preguntarle a los históricos del fútbol qué opinión tienen sobre que desaparezca la Placita.

 

-¿Y a usted qué le gustaría?

-Yo te digo sinceramente, a mí me gustaría verla en algún momento transformada en un gran lugar y con un arquitecto que traduzca con su diseño una representación simbólica. ¿Cuál es la parte icónica de la Placita?, son los dos pilares, la flor que tiene al medio y la verja.

No hay más nada. Lo demás no sirve para nada.

Me sorprende que las autoridades tengan que estar preguntando a tres vivos si les conviene o no demolerla. Me parece que si ellos consideran que esto va a ser un gran progreso para la ciudad hay que hacerlo.

Y sé que con esto me voy a ganar la bronca de algunos porque hay opiniones divididas.

 

-¿Y del Salón de los Deportes?

-Mirá si podré hablar de los antecedentes del Palacio de los Deportes en la calle Corrientes.

Yo jugaba al básquet para el colegio Rivadavia, en los años 50 y pico, y era compañero de Mario Grasso. Y ya era incómodo ese lugar. Lo modificaron, hicieron cosas con buenas intenciones, pero no sirvieron para nada.

A mí me parece que si eso se convierte en un mercado o shopping está bien.

Y sigue siendo necesario tener buenos estadios, con todas las comodidades.

 

-Salimos del deporte y vamos a la política que también fue parte de su vida. ¿A qué edad comenzó su militancia?

-Yo no soy peronista de cuna, mi papá era demócrata. Y yo viví la época previa al regreso de Perón (1972) comprando todas las revistas que había de política (risas). Me empecé a identificar con el movimiento popular. En Arroyo Cabral siempre hubo una división, no voy a decir de clases, pero tiene origen incluso con la división de los clubes. Es decir, un nivel un poco más alto y un nivel menos alto, Rivadavia y Colón.

 

Me gusta: admiro la belleza femenina, la historia local y regional. Me encanta: estar con mis nietos y en familia. Me divierte: estar con amigos, cada vez tengo menos. Me entristece: la pérdida física de los amigos. Me enoja: la injusticia, la desigualdad social, la pobreza, el llanto de los niños.

 

-¿Siempre se identificó con Colón?

-Sí, mi pertenencia a Colón es desde el año 52, siempre me identifiqué con la gente de ese club, que era del ambiente trabajador, del más pobre y en ese tiempo la brecha era notable. Yo me sentía muy feliz en Colón, era mi lugar en el mundo.

Tengo todavía un recuerdo, Rivadavia hizo una sede espectacular en 1945, que todavía la tienen en pleno centro. Y tengo una imagen de chico, que pusieron un cartel del lado de adentro que decía “se prohíbe el ingreso con alpargatas”.

Y los nuestros usaban alpargatas todos los días. Y bueno todas esas cosas y después de haber leído a Ingenieros, a Jauretche, me sentí muy identificado con el peronismo.

 

-¿Con quiénes comenzó a militar?

-Yo era respetuoso de los valores de la gente del peronismo de toda la vida, el negro Mussano que era el presidente del circuito, Raúl Navarro. Yo respetaba esos dirigentes históricos. Y en 1973 el peronismo estaba convencido que iba a ganar las elecciones con cualquier candidato, presentó un hombre que no daba para competir con un médico recién llegado de afuera que era el doctor Vogler.

Y que tenía todo el consenso que generaban los médicos, en ese tiempo. Y Vogler fue el primer recolector de votos, con los planes de viviendas, con “te doy la casa y me tenés que votar”, o los otros que vinieron después y te daban la caja PAN y pedían el voto.

 

-¿O sea que el clientelismo no fue patrimonio del peronismo únicamente?

-(Risas) No, totalmente. Y cuando Vogler gana en 1973, nosotros hicimos un grupo de trabajo paralelo donde empezamos a pensar en trabajar de otra manera. Porque los otros tenían mucho amor por el peronismo, pero no tenían llegada más allá de su núcleo.

Y nosotros cuando empezamos la campaña buscábamos 250 afiliados, cuando los radicales ya habían llegado a mil afiliados, más o menos.

La lucha fue cruel y mucha. Luego Enrique Sella empezó a visitarnos.

 

-¿En qué año se relacionó con De la Sota?

-En 1982 nos relacionamos con José Manuel de la Sota, él realizó un recorrido en el departamento y en Villa María estaban Zayas, Javier Sosa pero en el departamento nosotros salimos con De la Sota a visitar los pueblos.

Y ya en 1987, los intendentes peronistas de los pueblos me apoyaron a mí para estar en segundo lugar en la lista de senadores que encabezó el doctor Pizzorno.

Y perdimos, porque la vigencia de Angeloz era tan grande que no había manera de ganar.

Recuerdo que en ese momento le pedí a Sergio Dellamaggiore que fuera candidato nuestro a intendente.

 

-¿Le quedó la bronca por haber perdido?

-No, esa vez no (risas). Me acuerdo que hicimos un acto en Ballesteros Sud, un pueblo chico, y habrá habido mil personas. En la cabecera estaba De la Sota, el doctor Pizzorno y yo que éramos los candidatos (risas). Yo estaba sentado y viene un hombre y me dice “si ustedes ganan les regalo una Medalla de Oro”. Se reían de nosotros, si había mil personas, novecientas eran de Villa María.

Ni siquiera en ese pueblo ganamos, nos ganó el radicalismo de nuevo por paliza. Pero no me quedó bronca para nada porque éramos conscientes que no íbamos a ganar.

 

-¿Y en qué elección se quedó con bronca?

-En 1991, cuando fui candidato a intendente. Me dio bronca porque me ganaron mal. En el 87 y en el 91 yo era presidente de la Liga Villamariense de Fútbol, cuando fui candidato a senador, los consejeros me obligaron a que yo pidiera licencia por quince días en la Liga, pero no fue tan grave como la otra.

En 1991, la Liga repitió el mismo procedimiento pero la zona sanitaria en donde yo trabajaba, atendía los dispensarios de Luca, Palestina y Arroyo Cabral, me obligaron a tomar quince días de licencia. La elite política de ese momento me obligó a pedir licencia.

Capaz que me hubieran ganado lo mismo pero fue algo que nunca más se hizo, hasta los funcionarios se quedan hasta último momento en sus cargos.

Pero me dio mucha rabia que me ganaron con procedimientos que no correspondían.

 

-¿Qué tipo de procedimientos?

-Está bien que yo trabajé toda mi vida para Colón y la elite dominante de toda la vida en Arroyo Cabral perteneció al Club Rivadavia pero hasta en mi club iba Claudio Beletti a gritar a favor de Colón, para tratar de ganar la elección, cuando nunca había ido a ver un partido de fútbol a esa cancha.

Con la complicidad de algunos de los chicos que eran mis amigos. Todas esas cosas fueron las que me amargaron y me dejaron una bronca considerable que la remató el ganador.

Porque yo siendo funcionario de salud pública provincial, trabajando en tres dispensarios, vino la descentralización y el dispensario pasó a manos de la Municipalidad.

Yo tenía un cargo de 36 horas y Beletti me lo bajó a 18. O sea quien me había ganado me bajó de categoría y en consecuencia hoy cobro una jubilación de once mil pesos cuando la mayoría de la gente que trabajó en salud pública cobra el doble.

Imaginate, que cada vez que recibo mi jubilación me acuerdo de Beletti (risas).

 

Opiniones

Mauricio Macri: No entiendo cómo pudo la gente haber elegido a este hombre, sinceramente. Y veo que hay gente que dice que está por el buen camino. En los pueblos chicos todavía no se nota tanto la miseria, porque la Municipalidad reparte bien los recursos. Uno no puede entender que una persona que fue presidente de Boca, tenga tanta mala intención con respecto a la gente más humilde.

Juan Schiaretti: Juan tiene muy buena llegada con la gente, está haciendo cosas interesantes por la provincia, pero tiene mejor relación con los intendentes radicales que con los que trabajamos para que llegue adonde llegó.

Martín Gill: Me parece una persona muy inteligente, lo seguíamos cuando era diputado nacional pero me parece que en este tema de los estadios deportivos creo que lo tendría que resolver él, así como Veglia resolvió, casi en forma unipersonal, la compra del Palace. No sé si está muy condicionado. Hace años que se está discutiendo este tema.

 

-¿En Cabral ganaron siempre los radicales?

-Siempre, nunca hubo un intendente peronista electo por el pueblo. Te voy a contar una anécdota, en el Gobierno del 46 había un comisionado municipal afín al peronismo, en 1952 habían emplazado un busto de Perón en el ferrocarril, 1953 las autoridades del partido deciden cambiar el nombre del bulevar más importante por el nombre de avenida Eva Perón. Y construyen un pequeño monolito, en medio de la plaza.

Se produjo la Revolución Fusiladora y salieron las fuerzas vivas de Cabral con un lazo enlazaron al busto de Perón y lo arrastraron hasta el monumento de Evita. Al monumento de Evita lo destruyeron y la placa conmemorativa de Eva la llevaron al consultorio de un médico y la usaron para que la gente se limpiara los pies cuando entrara.

Imagínate, si eso no era motivo suficiente para que los peronistas hubieran tenido resentimiento, bronca acumulada. Y hablan de grieta.

Y otro hecho importante, el ataque de Menéndez a Perón con aviones bombardeando Plaza de Mayo. Uno de los aviadores que estuvo tirando bombas en Plaza de Mayo era de Arroyo Cabral. Cuando esa revolución fracasa, fue dado de baja y ese aviador vino a Arroyo Cabral y formó parte del básquet de Rivadavia, se llamaba Hugo Moitre.

Producida la revolución fusiladora fue reincorporado a la fuerza y fue edecán de Onganía.

 

-¿Qué recuerdos le quedó del regreso de Perón?

-Yo empecé a escribir un libro que tenía que ver con la biografía del doctor Pizzorno, que quedó inconcluso, y ahí me documenté bastante con el regreso de Perón. Creo que yo lo miraba, sin ser todavía militante, y rescataba dos o tres cosas que tienen similitud con la historia actual.

Mi suegro, radical, celebraba cuando Lanusse decía “que venga Perón, si le da el cuero”. Y ahora dicen “qué va a volver la Cristina” y Jorge Asís se pregunta ¿y si vuelve, y si les gana la doctora?

Y lo mismo, lo que le dicen a Cristina, comparado con lo que le decían a Evita, son cosas lindas.

Y la incongruencia de los radicales que ahora reivindican a Evita después que decían “viva el cáncer” y otras cosas. Capaz que la historia algún día va a reivindicar a personajes que se acordaron de la gente más humilde, de los abuelos.

Y lo del regreso de Perón, fue un hecho lamentable lo de Ezeiza, pero ya se visualizaba que estaban copados los partidos por distintos intereses y la prueba estuvo después de la muerte de Perón.

 

-Cuénteme de su infancia, de su adolescencia.

-Fue muy linda, tengo un aspecto artístico yo (risas). Tuve todas las cosas lindas de los chicos de los pueblos y sobre todo los que vivíamos en un bar.

Mis padres tenían hotel y teníamos pensionistas en la época que venían los recibidores de los granos de Bunge y Born y los tipos más importantes. Ellos venían en la época de las cosechas y vivían en el hotel y les encantaba que un chico de pocos años estuviera dando vueltas.

Me hacían sentar a comer con ellos y de ahí le agarré odio a la acelga (risas). Y aprendí a jugar a lo que vos te imaginés, a todos los juegos de cartas, al ajedrez. Y el bar, era el ritual nuestro, jugar al naipe con los amigos, jugar al billar.

Cuando era jovencito, en la fiesta de San José venía toda la colonia, las mujeres iban a la procesión y los maridos a jugar al naipe. Entonces, nosotros los pibes de 16 años éramos tramposos. Jugábamos contra los gringos y le ganábamos casi siempre porque éramos fulleros.

Nos pasábamos toda la tarde jugando al naipe, y también nos gustaba el billar, al ping pong.

Y luego empecé a jugar al básquet en las divisiones inferiores de Colón, jugué en cadetes y después en primera.

 

-¿Qué sueños tenía de niño?

-No sé, creo que cometí el error de estudiar una carrera que nada tenía que ver conmigo, que no me gustaba. Pero resulta que había llegado al hotel, un odontólogo. Vivía al lado de casa, almorzaba en mi casa. Y llegó, y supongo que habré visto que era un exitoso, salía con chicas lindas, tenía caballos de carrera y debo haber imaginado que ese era el arquetipo de lo que yo quería ser (risas).

Y me metí a estudiar, no había manera de arrancar. Me fui con tres compañeros de Villa María, uno era Mario Anselmo. El iba a estudiar farmacia, viajamos en el mismo ómnibus.

Fuimos a una pensión, llegamos, abrimos las valijas y Mario tenía dados, cartas (risas). Era más fullero que yo.

Y después, se murió mi papá y sentí que les estaba debiendo el título a mis viejos, así que me puse a estudiar y me recibí.

Y la satisfacción más grande que yo tenía era trabajar en el club, todo lo que hice a partir de ese tiempo tuvieron relación con el club.

 

-¿Y la parte artística de la que habló?

-El único hermano que yo tenía era un gran músico y siempre quiso tener una orquesta. La primera orquesta que hizo a nivel local nos convirtió en músico a mí de saxofonista, a Juan Alcalino, un primo baterista, la mujer de él vocalista, el Tonio Daher pianista, y un muchacho Conti, esa era la orquesta de Arroyo Cabral.

Vinimos a tocar a un carnaval (risas). El después siguió con la orquesta y hubo un momento que Jorge del Valle, o sea Cacho Aiello, hizo el conjunto con muy buenos músicos.

En una época, nos contrató a mi hermano y a mí y fuimos los saxofonistas de Jorge del Valle. Tengo historia como artista (risas), tengo todavía el saxofón pero si me pedís que toque el arroz con leche no lo sé tocar.

 

-¿Hoy, la tarea de historiador aficionado lo apasiona?

-Sí, es como que yo lo descubrí veinte años tarde. He sido una rata de archivo. Yo tuve una enfermedad invalidante, en 1998 cuando De la Sota le gana a Mestre yo estaba internado con un aneurisma de aorta que me salvé de casualidad. O sea hace 20 años yo dejé de trabajar, el intendente era Beletti, no me pagaron ni la ambulancia y eso que la enfermedad se produjo en un acto de trabajo.

No me pagaron ni una moneda y ni siquiera me fueron a ver.

 

-Pero pasaron veinte años y está acá contando sus anécdotas

-(Risas). Y no estoy inventando nada.

 

-¿Qué futuro le ve al peronismo a nivel nacional?

-Como está gobernando Macri, vamos a ganar en 2019, seguro. Mi duda es esta, cuando ganó Menem después no encontrabas a nadie que lo hubiera votado y había ganado por paliza.

Me parece que con Cristina puede pasar lo mismo, aunque tengo mis dudas si va a ser candidata. Es una mujer muy inteligente y hay muchas que le tienen envidia, no pueden admitir que esa mujer pueda hacer un discurso tan bien preparado. Y las realizaciones fueron muy importantes.

Dejando de lado el tema de la corrupción, que algún día se tendrá que dilucidar, creo que si Cristina no se presenta y tuviera que apoyar algún sector que no sea el de Pichetto por Dios. Y para desgracia en ese sector, está Schiaretti.

Creo que la gente tendrá que entender, le guste o no le guste, que el gobierno peronista de los últimos años fue diez veces más beneficioso para la mayoría de los argentinos.

 

-¿Cuál es su sueño hoy?

-Todo tiene que ver con el futuro de los chicos, de los nietos. Pienso en ellos nada más. En que hagan una buena vida y tengan un buen futuro.

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