El Diario del centro del país

Compañera de la montaña y el relax

Inventario/La Paz (Córdoba)

1) Patrimonio: ubicado en los fondos del Valle de Traslasierra, La Paz es uno de los pueblos más tradicionales de la provincia. Aquello se disfruta principalmente en el paso por sus calles sencillas, pero muy inspiradoras, que ofrecen un patrimonio interesante para recorrer. Lo fundamental discurre en torno a la bonita plaza central, y a íconos que hablan de lo antiguo del plano.

Entre lo más sobresaliente, hay que nombrar a la Capilla de San Juan de las Talas (de casi tres siglos de vida: fue erigida alrededor del año 1720), el Museo de Piedras Preciosas y Semipreciosas (con más de 300 piezas originales de distintas partes del mundo, algunas de aproximadamente 400 millones de años de antigüedad), La Casa de la Cultura y Patio Colonial, los ceibos históricos “Los Mellizos”, un puñado de restaurantes con rasgos de pulpería, la calle adoquinada (un viaje en el tiempo) y, por qué no, el taller de sulkies de “El Gringo” Castro.

2) Paisanaje y tradiciones: este útimo emprendimiento, habla de la idosincrasia tradicionalista de los lugareños. Gente sencilla y de aires campestres que se mueven por el plano como si tuvieran todo el tiempo del mundo (de hecho, lo tienen).

No faltarán en el recorrido el avistaje de viejos con sombrero y alpargatas, señoras de aspecto muy serrano cantando bajito que van o vienen de hacer las compras, y changos de cachetes tostados que son pura sencillez, los delata ese acento cantadito tan característico de la región.

La sabia gaucha, el pasado que vive en el presente, se palpita asimismo en el uso del caballo por parte de muchos locales. También se pueden ver sulquies (la presencia del taller no es casual), en un municipio que otrora fue conocido justamente como “capital del sulqui”.

3) Montañas, las de las Sierras Grandes: el amante de la Naturaleza también tiene para alimentarse en La Paz. Sobre todo, a partir de la preciosa cadena de las Sierras Grandes, que en este punto del mapa está bien cerquita y resplandece de veras.

Al respecto, vale la pena adentrarse en lo que se conoce como Paraje Loma Bola (unas 12 cuadras desde la plaza), y treparse a la cúspide del cerro Vía Crucis. Tras una sencilla caminata, el andariego podrá disfrutar de una preciosa postal del pueblo y del valle (la marcha también se puede realizar de noche, ya que el trayecto está iluminado).

4) De bosques y hierbas: seguimos en la Naturaleza, pero esta vez para enamorarnos del intenso follaje, de bosques prácticametne vírgenes que viven en el ejido urbano y rodeando al mismo, y que se extienden por parajes cercanos como Cruz de Caña, Quebracho Ladeado, La Ramada, Las Chacras y el ya citado Loma Bola, por caso.

Después está la posibilidad de dirigirse al Cruce de los Arroyos, el Arroyo La Higuera (en Las Chacras) y absorver la esencia de algunas ollitas que forma el hidalgo torrente.

Otra opción es husmear los patios, inspirar los aromas divinos y caer en la cuenta de las pasiones que los vecinos tienen por hierbas como la peperina, el poleo o la menta (se pueden comprar variedad de productos del rubro en diversos comercios de la región).

5) Qué bonita vecindad: La Paz, así de aislada como respira, vive paradójicamente rodeada. Ello, gracias a una ruta (la provincial 14), que la conecta con el resto del Valle de Traslasierra (Mina Clavero, Nono y otros capos del turismo al norte) y con la cercana Merlo, en San Luis (apenas 20 kilómetros al sur).

Esa carretera, permite al viajero regocijarse de la mano de comunas vecinas como Luyaba, La Población, Yacanto y la preciosa San Javier; e incluso visitar el Dique La Viña.

En el andar, bien se puede disfrutar con los olivares (hay una fábrica de aceite de oliva artesanal muy bien parada en Luyaba, que ofrece visitas guiadas), los comercios que venden productos artesanales (salames, quesos, vino, miel, hierbas, etcétera), las casas de té (un clásico resultan los desayunos camperos) y los fabulosos paisajes montañosos de las Sierras Grandes.

 

HUMOR VIAJERO – Pobre San Roque

Por el Peregrino Impertinente

Algo huele mal en Córdoba. Y no son los pantalones de cuero de Jean Carlos después de un baile de siete horas cantando “mueve, mueve” y “sacude, sacude”, moviendo y sacudiendo lo suyo para evitar desentonar con la letra.

No. Es el lago San Roque. Espacio que ayer fue tesoro paisajístico y oasis de frescura y chapuzones, y que hoy se debate entre la vida y la muerte gracias a una contaminación sencillamente insoportable. “Está más sucio que conciencia de cardenal en La Ciudad de Los Niños”, comenta con malicia el biólogo marino Juan Orca.

Lamentablemente, el dique inaugurado en el año 1944 está tan infectado, que los habitantes que viven en sus orillas directamente recomiendan no sumergirse. Es tal la cantidad de algas que navegan en la superficie, y la podredumbre en general, que ya el verde se ha convertido en el color predominante. “El otro día se metió mi perro y salió convertido en el Increíble Hulk”, asegura un paisano, quien desde entonces planea tirar al hijo a ver si se transforma en Thor.

Lo cierto es que, según los especialistas, la principal causa de la contaminación extrema del espejo de agua es la cada vez mayor cantidad de desechos cloacales provenientes de Villa Carlos Paz .“De ninguna manera voy a permitir que hablen así de mis artistas. No serán tan buenos, pero son seres humanos y se merecen respeto y dos viandas al día”, se defiende el empresario teatral Flavio Malgusto, muy pero muy cola de paja él.

 

 

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