Conformación de la universidad pública, democrática y popular

Célebre fotografía de los estudiantes cordobeses izando la bandera de la Federación Universitaria de Córdoba, en el frontispicio del antiguo edificio de la Universidad de Córdoba

MEMORIA – A 100 años de la Reforma Universitaria en Argentina

Escriben
Magíster Sonia Oddino
Magíster Elizabeth Silleoni
Especial para EL DIARIO

“La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de América. Desde hoy contamos para el país con una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan… estamos pisando sobre una revolució́n, estamos viviendo una hora americana”. Así se inicia el escrito que los mentores de este acontecimiento llamaron “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”, la que sería proclamada un 21 de junio de 1918.

En el contexto internacional se asiste a la primera conflagración mundial. Las ideas de la Revolució́n Bolchevique (1917) y de la Revolució́n campesina Mexicana, liderada por Emiliano Zapata (1910), no tardan en llegar a los jóvenes reformistas de Có́rdoba. Y precisamente la Universidad de Córdoba, de ascendencia medieval, creada por mandato de la Corona de España, fue el lugar propicio para que prendieran y tomaran forma los deseos de cambio y modernización de los estudios superiores.

Por ese entonces, cinco eran las universidades que funcionaban en el país. Córdoba, Buenos Aires, La Plata, Santa Fe y Tucumá́n. En estas sedes universitarias se habían organizado centros de estudiantes que solicitaban reforma de los estatutos.

En abril de 1918 se crea la Federación Universitaria de Córdoba, organización que realiza la toma de la casa de Trejo, expresando el descontento de los estudiantes ante hechos de autoritarismo en los actos de gobierno, especialmente respecto a la designació́n del rector, decanos y docentes en las cátedras.

Hipólito Yrigoyen, que gobernaba el país desde 1916, envía a Córdoba al ministro de Justicia e Instrucción Pública, quien acuerda con los estudiantes las bases de una profunda reforma que significó́ el fortalecimiento de la educación pública y el surgimiento de un modelo universitario abierto a quienes les habí́a sido vedado el ingreso hasta ese momento.

Recordar este hecho de la historia de la educación argentina no compete solo al ámbito universitario, sino que el impacto del mismo involucra a toda la sociedad argentina. Esto es así́ porque la Reforma del 18 sentó los verdaderos principios de universidad abierta a todos los sectores sociales, democrática, respetuosa de las ideas políticas, de los credos religiosos y de todas aquellas cuestiones sociales y culturales que pudieran impedir el ingreso de los ciudadanos a sus claustros, sentó́ las verdaderas bases de universidad popular, libre y gratuita.

Si bien es cierto que hubo momentos de la historia en que los principios programáticos de la reforma fueron mancillados, por ejemplo, cuando el ingreso de estudiantes o de docentes se restringió́ por razones políticas, fundamentalmente, momentos en que para dar clases antes que la experticia el requisito era pertenecer a un partido político afiliándose al mismo, es innegable que las bases programáticas de la Reforma, originada en Córdoba, transformaron a una universidad elitista, tradicionalista y cerrada en sí́ misma, en lo que sería más tarde un ejemplo para el resto del país, para Latinoamérica y el mundo.

El Manifiesto Liminar, firmado por Dedoro Roca como uno de los principales exponentes, acompañado por Enrique Barros, Horacio Valdés, Ismael Bordabehere, Gumersindo Sayago, Alfredo Castellanos, Luis M. Méndez, Jorge Bazante, Ceferino Garzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suárez Pinto, Emilio Biagosch, Angel Nigro, Natalio Saibena, Antonio Medina Allende y Ernesto Garzón, expresa los fundamentos y principios que llevaron a estos jóvenes a luchar y erigirse en oposición a una universidad que consideraban antidemocrá́tica, autoritaria, desactualizada, escindida de la sociedad y elitista “…contra un régimen administrativo, contra un método docente y contra un concepto de autoridad”, contra funcionarios públicos que actuaban “…en beneficio de determinadas camarillas” (Manifiesto Liminar).

 

Las bases

Entre las bases programáticas de la Reforma, vale la pena recordar:

-El cogobierno universitario, es decir, la participación de docentes, estudiantes y graduados en la conducció́n institucional. Más tarde, durante el Gobierno del Doctor Raúl Alfonsín, se agrega el claustro de los no docentes, también con voz y voto en la decisión de los destinos de cada centro universitario, de cada facultad, escuela o instituto.

-Ingreso a la docencia por concursos abiertos, con jurados integrados por pares docentes, graduados y con participación estudiantil.

-Libertad de cátedra; es decir, respeto a la diversidad cuestionando el pensamiento único.

-Incorporación de la investigación y de la extensión como funciones de la universidad. La universidad es un espacio de desarrollo y difusión del conocimiento, siendo este último propiedad de la sociedad, de la comunidad y no sólo de los investigadores.

-Autonomía y autarquía universitaria.

-Ingreso abierto con la sola exigencia de ser egresado de la escuela secundaria y demostrar interés por los estudios superiores. En 1984, durante el Gobierno radical de Raúl Alfonsín, se convierte en ingreso irrestricto, dando lugar al actual ingreso masivo a las aulas universitarias.

 

Hasta la actualidad

Estos logros de la Reforma Universitaria de 1918 se mantienen vigentes en la actualidad porque estos ideales, a pesar del tiempo transcurrido, siguen siendo reclamados para la ciudadanía: libertad de pensamiento, inclusión, participación, apertura a nuevos conocimientos y, ante todo, democratización.

Estas ideas fueron también el faro que guió́, a partir de ese momento, las luchas en el resto de las universidades de América Latina. “Recojamos la lección, compañeros de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso la virtud de un llamamiento a la lucha suprema de la libertad….”.

Así se expresaban los jóvenes universitarios cordobeses que gestaron la reforma del 18, jóvenes que no solo miraban hacia adentro de los muros de la Universidad, sino que con un verdadero sentido de social, abrieron las puertas de una institución que pertenece, en esencia, a todo el pueblo de la República.

 

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