“Contar algo hace que te cuentes a vos mismo, te brinda identidad”

Escribe José Glanzmann

Marisabel Demonte y Mauro Guzmán se complementan en la tarea formativa de jóvenes y adultos, que buscan “endulzar” oídos transeúntes, atentos, solitarios o atareados, y reconocerse en sus propias experiencias de vida como motor expresivo. El arte del relato oral, ancestral, resignificado en los tiempos de penetración de lo virtual en poblaciones mayoritarias

Quizás esa frase -ya slogan viralizado en las redes sociales- de Eduardo Galeano “Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias” sirva de pista de despegue para relevar intenciones y los deseos de los narradores villamarienses que se conjugan una vez por semana, cada jueves por la noche en la Tecnoteca.

Quizás también podemos pensar en nombres como Ana María Bovo y Alicia Perrig, entre otros, como resonantes referentes en nuestra ciudad, en torno a la particular habilidad para narrar historias cautivantes a niños, adolescentes y adultos.

En forma activa, desde el año pasado en Villa María, la actriz Marisabel Demonte y el escritor Mauro Guzmán conectaron sus micromundos artísticos bajo la propuesta del taller “Los contadores públicos” que forma parte del programa de oferta cultural “Ser arte y parte” de la Municipalidad de Villa María. Conversamos con ellos para reconocer la dinámica del proyecto y los mundos posibles que se desprenden de cada participante, entre ejercicio actoral-literario y reapropiación de sus biografías.

 

El segmento etario que elige la propuesta

El hecho de relatar con la propia voz y corporalidad alguna historia pequeña de la infancia que los acerque a lo humano como seres comunicantes, interactivos, parece ser la mínima consigna que agrupa a los asistentes al taller. Un cuento que les narraba algún abuelo con sangre de inmigrante, alguna historia de terror aprehendida mediante un canal de videos online, pueden entrecruzarse en las experiencias de la decena de alumnos que conforman el colectivo.

Respecto al grupo que se­­ acerca a la propuesta, “hay jóvenes desde los 16 años hasta una señora de poco más de 70. Se ha conformado un grupo muy heterogéneo de alrededor de 13 personas, más algunos otros que van y vienen por sus obligaciones laborales” detallaron los talleristas.

“Se trabaja muy cómodo a pesar de esta variedad en las edades. Hemos combinado algunos elementos teatrales, por ejemplo, preparando y relajando el cuerpo, pensando al cuerpo como vehículo expresivo. De ahí pasamos a algunos juegos de integración. Luego vamos abordando cuentos que traen los alumnos y otros que les proponemos nosotros”.

-¿Cómo definirían esto de la “narración oral”?

-Por ahí es una práctica muy antigua, nosotros trabajamos con la palabra que creemos que nos define la identidad, los vínculos que tenemos. Pero la palabra que es clave y central en la vida de los sujetos, no tenemos noticias precisas del origen de eso, lo que sí podemos saber es que muchos siglos atrás la gente comenzó a contarse cosas y eso, contar algo, hace que te cuentes a vos mismo, te des una identidad, cuando podes contar de donde venís, etcétera.

Después eso fue evolucionando en diferentes formas, hubo gente que “naturalmente” tiene incorporada ciertas condiciones y en las tribus ha narrado historias a grupos de personas cercanas.

En nuestro taller lo vemos como un arte, en que tratamos de ver su técnica, su parte intuitiva. Nos enfocamos en intentar “entrenar” esta actividad.

-¿Y en qué se entrenan?

-En sentirse seguros mediante los ejercicios que proponemos para ir ganando en seguridad.

-¿Por qué se acercan a este taller, en general, los asistentes? ¿Para enfocarse más en lo expresivo, por algún grado de timidez, por lo teatral?

-Hay algunos que han venido por el interés hacia el lado de la literatura, porque les gusta escribir y en realidad les aclaramos que si bien es un material con el que trabajamos, nuestra propuesta se sustenta mucho más en lo oral.

Podemos decir que hay algunas personas que se acercaron porque les intereso la escritura y acercan sus materiales. Después hay muchos que vienen porque tienen esto como “un pendiente”, así como el que tenía el objetivo de hacer un curso o cantar. Son muy pocos los que se acercaron sin saber mucho de que se trataba. Otros, buscando ganar en seguridad, pararse frente a otros sin tanta inhibición. El que viene es porque le gusta, porque algo hay en su cuerpo dando vueltas, mas allá de alguna dificultad expresiva, pero el deseo lo tiene.

 

Historias resonantes

Las personas adultas tienen un capital previo que genera algo bien interesante al momento de experimentar y ensayar. Incluso, algunos adultos mayores les contaban cuentos a sus hijos y nietos por ejemplo.

Nosotros trabajamos mucho con la biografía de cada asistente, es decir, contar la primera vez que jugué a tal cosa en la infancia. Tenemos una historia muy particular, que es la de una señora de 70 años que asiste juntos a la nieta de 20.

-¿Cómo construyeron la idea de brindar un taller de este tipo?

-Marisabel: Nos pareció que había que difundir y promover este arte porque es un arte que estaba medio como dormido, no estaba lo suficientemente promovido. Si vos empezás a mover y hacer ola y entonces se empieza a hablar de la narración, aparecen narradores. En mi caso la tengo algo incorporada en función de mi formación como actriz, por eso creamos este espacio, donde pudimos resignificar este arte. Juntarse con otra gente que contiene el mismo interés en la narración

-Mauro: Y que existan lugares donde contar. En mi caso, como joven, me gusta esto de contar. Aun si no existiera como arte y disciplina, tenía ese deseo. También con gente conocida compartíamos esta sensación y el gusto, pero no teníamos un circuito o espacio donde esto ocurriera. En este sentido, está bueno que exista una política estatal que brinde un lugar a este tipo de propuestas y las estimule.

 

La narración oral en tiempos de selfies

-¿Cómo perciben como talleristas la experiencia de captar la atención del otro con la palabra y la narración oral, la demanda de presencia física y perceptiva, en una época donde las redes sociales dominan, con la velocidad y el “like” rápido?

-Marisabel: Creo que está bueno como contraste. Es un poco como cuando apareció la televisión y se hablaba de la desaparición de la radio como medio. Y se transformó, pero siguieron ambas. En esto creo que sucede algo similar, uno puede decir que la gente va a mirar pantallas y no va asistir a obras de teatro, por ejemplo, pero hay público para toda manifestación. Y no es algo loco pensar que en tiempos tan virtuales se recupera un contador de cuentos.

Vos te pones a narrar una historia en la calle y enseguida se detienen un par de personas y otras tantas seguro se suman. La misma práctica nos confirma que sucede algo cuando una persona se pone a contar un cuento.

Además, como narrador no es necesaria una gran puesta en escena, quizás solo con un micrófono o levantando su voz se captará la atención. El narrador puede estar en un aula, en una biblioteca o en la calle.

-¿Habría una preponderancia del juego teatral sobre lo literario en esta propuesta?

-No existe un dominio de una sobre otra, creemos. En este caso está combinado, aunque habría que ver el enfoque que se le da en cada taller. Tenemos un enfoque singular donde encastramos lo teatral, la oralidad y la literatura, pensando que las tres se pueden relacionar. En los hechos todo sucede junto.

Sí tenemos que mencionar que la literatura escrita tiene mucho lugar en nuestro taller, le prestamos mucha atención a la literatura de autor. En este sentido, trabajamos una variedad de escritores y cuentos. Abordamos cuentos infantiles y otro tipo de historias.

También tenemos alguno de los alumnos que traen cuentos de terror o más bien con cierta oscuridad. O, por ejemplo, acercan relatos vistos y oídos en YouTube de Alberto Laiseca.

-En este momento hay cierto boom o tendencia por el stand up, ¿se acercó alguna persona buscando aportes para trabajar en esa área?

-No, pero lo gracioso que nos pasó es que vino gente pensando que era un taller de “contadores públicos” en el sentido estricto de los encargados de gestionar los números… y se fue desconcertada.

Igualmente, creemos que si en algún cuento, quizás, algún momento se asemeje al stand up, si le sirve a la narración ¿por qué no?

 

Influencias

En la parte teórica nos hemos basado mucho en los aportes de Ricardo Piglia, lo que él menciona acerca de la narración oral. También sumamos ciertas ideas de Gianni Rodari, quien manifiesta que el lenguaje es algo lúdico, como algo liberador, y la reflexión de Piglia de lo que significa esto de tomar la palabra y qué pasa socialmente cuando alguien toma la palabra, ¿qué pasa en instancias públicas, quién tiene poder? A la gente, ¿hay que darle voz o tiene voz por sí misma y hay que brindarle un lugar para que se manifieste?

 

Proyectos

Mauro y Marisabel comentaron que en el Festival Villa María Vive y Siente seguramente expondrán algo de lo que vienen trabajando en el taller. “Es parte del mismo proyecto acercarse a los barrios, en la Medioteca, e ir a los diferentes lugares públicos para compartir narraciones” agregaron.

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