Corea del Norte: a ver si entrás

Por el Peregrino Impertinente

Lo único que sabemos de Corea del Norte nos viene enlatado cada vez que escuchamos noticias relacionadas con las amenazas nucleares que promulga su presidente, singular personaje de lengua afilada y espantoso peinado, muy poco acorde con la figura de un mandatario de peso como él. “Claro, porque a Schiaretti el flequillo le queda joya”, espeta el bueno de Kim Jong-un, de la mano de un chiste que muchos escribas de comprobada mediocridad utilizan demasiado a menudo en el incansable intento por generar una sonrisa en el prójimo.

Ajeno a estos lugares comunes, el viajero busca saber más sobre la nación asiática, anhelando la observación in situ. Lamentablemente para él, la visita al país comunista se antoja casi como una quimera, teniendo en cuenta lo difícil que resulta el ingreso a aquellas tierras enigmáticas. “Más enigmáticas son las tierras del patio de mi casa: un día desaparece una silla, al otro el triciclo de los nenes, después el perro… yo no entiendo cómo puede ser” gruñe un lector común, quien ignora que en la quinta de al lado hace la pretemporada el plantel completo de Atlético Tucumán.  

Volviendo al tópico que nos convoca, resulta propicio señalar que aquel que quiera conocer Corea del Norte necesita estar al tanto de las particularidades del caso. Primero, que deberá solicitar una visa especial que demanda todo un procedimiento burocrático y una larga espera. Más o menos como hacer un trámite en Ecogas, por caso.

Segundo, y más importante aún, que en caso de obtener la visa podrá ingresar al país sólo en tours grupales (que ofrecen unas pocas agencias autorizadas). Los mismos se realizan únicamente en compañía de guías especiales del régimen. Dichos trabajadores del turismo son poliglotas, amistosos y conocen más de 15 formas de lucha cuerpo a cuerpo, entre ellas la de congelar al rival con un disparo de hielo que nace de sus manos para luego arrancarle la cabeza de un gancho al mentón, como Sub Zero en Mortal Kombat.

Durante los mencionados tours, tanto la toma de fotografías como la interacción con los locales está estrictamente controlada. Sobre todo si esos locales se llaman Kim Jong-un, y llevan una bomba atómica en la mochila.

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