“Creo que De la Sota nunca me perdonó que Menem haya venido a Pasco”

Nació en General Cabrera el 28 de febrero de 1954. Siendo bebé su madre se radicó en su pueblo Pasco. Es docente y ejerció durante 25 años. Fue directora del IPEA N° 10 de dicha localidad. Tiene dos hijos y tres nietos. En 1993 comenzó a transitar la arena política dentro del Partido Justicialista. En 1995 asumió la Intendencia de Pasco, cargo que ocupó durante tres períodos consecutivos. Fue integrante de la mesa directiva de la Federación Argentina de Municipios, presidió la red de mujeres intendentes del país. En 2008 asumió la titularidad de la Fundación del Banco Provincia de Córdoba, lugar que ocupó hasta 2012. En 2005 armó su propia lista peleando por una banca en el Congreso de la Nación. Hoy está jubilada

Escribe Nancy Musa
(De nuestra Redacción)

“Las mujeres como yo somos cuartas, no de cuarta. Primero están los hombres, segundo están las mujeres de esos hombres, tercero están las que ellos quieren que lleguen y cuartas están las mujeres como yo a las que le cuesta mucho llegar por derecha.” Es una de las tantas frases del libro autobiográfico que escribió bajo el título “La hija de Elsa Torri”.

Imprevisible, desafiante, desobediente. Características que influyeron en los réditos que obtuvo y en las piedras que le pusieron en el camino. Alicia Giubergia tuvo una infancia que marcó a fuego su personalidad y sus decisiones de vida. Fue criticada por el apoyo que recibió del exgobernador Ramón Mestre y atacada sin piedad por haber traído a su pueblo al expresidente Carlos Menem en los últimos días de su gestión.

Nada la detuvo. Entre mate y mate, se emociona cuando habla de su niñez, se divierte cuando recuerda anécdotas y demuestra preocupación por el giro que tomó la política. Hoy, está retirada y sigue con preocupación los acontecimientos de la actualidad.

 

-Ya retirada de la política que fue una parte importante de su vida y mirando todo desde afuera ¿qué análisis hace de lo que está ocurriendo hoy en el peronismo?
-Me voy a remontar a los comienzos, primero. La verdad que yo empecé a tener simpatía por el peronismo, y lo agarré como propio desde chica, porque veía que había injusticias, porque veía a mi tío tan amado escondiendo la foto de Perón porque decía que se la iban a romper, eso para mí era algo injusto.

Y veía la diferencia que había entre los peronistas y los radicales. Tuve de modelo al marido de mi mamá, Alberto, que hablaba del peronismo e iba mucha gente de Villa María, el Bebe Musa, Ferrero, Martín Iglesias, dirigentes que vos los veías transitar por la política desde otro punto de vista.

Los veía con una pasión que la fui incorporando desde chica. Y eso que mi abuelo fue caudillo radical en Pasco, mi abuela muy radical, tal es así que nunca me votó (risas).

Y contestando tu pregunta, hoy no observo nada de eso. No veo nada que me identifique. Tal es así que en 2005 fui candidata a diputada nacional por mi propio partido, porque no tenía quién me identificara.

Ahí ya no me sentía parte de lo que se venía. Quise hacer algo distinto a la época que se venía, pero sin estructura y sin plata no lo podés hacer. Pero fue un desafío y a mí me encantan los desafíos.

 

-El quiebre lo sintió en 2005.
-Pensé no quiero lo que viene, lo que se está armando y no quiero votar a esa gente por eso armé mi propia lista y sé lo que se siente trabajar sola y querer enfrentar a todo un equipo de miles de millones que se manejan en la campaña. Me acuerdo que yo lo único que recibí fueron los afiches que me los pagó Roberto Urquía.

Pero, estoy orgullosa de haberlo hecho y me quedó en mi historia.

 

-¿Qué fue lo que observó para decir esto no es lo mío?
-No me gustaba Kirchner, yo lo conocí como gobernador. Puedo decir que el archivo me delata porque todos los diarios reflejaron que yo no estaba conforme con esa política. El discurso del 25 de Mayo de 2003 fue repetido durante dos años. Y a los dos años había que decirle a un presidente que no se estaba de acuerdo. Y yo se lo dije cuando vino a inaugurar una obra y compartimos el palco. Y la gente que lo aplaudía era la misma gente que iba a todos los actos, recordemos que Néstor en Córdoba había sacado un 6%. Y su discurso no me llenaba, lo veía con revanchismo, yo veía odio. Y hoy mirándolo a la distancia, estoy satisfecha de haberle dicho a él, “yo no lo voté señor presidente”. Me acuerdo que me dijo le agradezco su sinceridad y me pidió que nos sacáramos una foto.

 

-Nunca se calló, siempre lo cuestionó.

-Sí, en muchas notas en el diario lo dije y en pleno auge del gobierno y yo era intendenta. Y muchas cosas que fueron ocurriendo en esos cuatro años de gestión de Néstor que yo no lo había visto antes.

 

-¿A qué se refiere?
-Que los intendentes dejamos de ser dignos. Para mí la dignidad pasa por la gestión, creo que un intendente es gestor por naturaleza, no es un empleado y cuando querés gestionar unas cuadras de pavimento u otras obras lo hacés con tanto afán y luego cuando la concretás es una satisfacción. Esa satisfacción no la encontré en esa época porque si se iba a pedir por un proyecto que costaba un monto determinado, te decían te damos mucho más pero…pero.

Yo no pude concretar nada, no te olvides que yo estaba en contra. En ese momento todavía no estaba el señor de “las valijas”, estaba el primo del presidente Carlos. No sé qué habrán hecho los demás intendentes.

De cualquier manera, a mí nunca me ofrecieron nada por izquierda, debe ser porque soy imprevisible (sonríe), tal vez por eso nunca me pusieron en una lista.

 

-¿En esos años de su Intendencia, Pasco no recibió nada?
-No, nosotros lo que recibimos lo veníamos gestionando desde antes y en esos cuatro años, la mayoría de lo que hicimos fue con fondos propios.

Hicimos mucho ajuste en la Municipalidad, tampoco José Manuel de la Sota nunca me mandó nada. Bueno, el ministro de Gobierno era Eduardo Accastello y al único pueblo que no le mandaba era a Pasco. Esa es la verdad.

 

¿Por qué piensa que tuvo tantos problemas con esos gobiernos peronistas?
-No sé, yo nunca tuve problemas. Pienso que me han puesto palos en la rueda y lo cuento en un libro. Yo no me sentí cómoda y tal vez ellos lo visualizaron, quizás no era muy maleable, pienso que por eso. Por alguna razón nunca me llamaron y eso a la distancia, como vos me hacés reflexionar, me hace sentir tranquila.

 

-¿Cree que su acercamiento con el expresidente Carlos Menem tuvo influencia en esas actitudes hacia usted?
-No, porque yo siempre tuve más votos en Pasco que Menem. Es más tuve elecciones que gané más por los radicales que por los peronistas. Ahora, el pueblo le debe a Menem y a Ramón Mestre (padre). Fueron los dos que han dado ATP y ATN para hacer obras, porque a mí me dejaron una deuda muy importante.

Son las dos personas a las que el pueblo le tiene que agradecer hoy.

 

-¿Y cuál es su análisis sobre el país en la actualidad?
-Tengo mucha tristeza por el país. Hoy, no veo las cosas bien y todo por el poder. Por el poder y el dinero. Se terminaron los sentimientos, se terminaron los desafíos, no se pelea por ideas, veo el tema de los docentes. Yo fui ocho años delegada docente del Departamento y nosotros no peleábamos así.

Soy docente de alma y es lo que más me costó dejar. Para mí la docencia y la política es hacer, es entrega, es dar.

Nosotros tampoco llegábamos a fin de mes y viajábamos a dedo para dar clase. El sueldo de docente no alcanzaba y cuando hacíamos paro nos daba dolor. Pero creo que hoy se están debatiendo otras cosas.

 

-¿Por qué la educación está tan subestimada, porque no es sólo el mal pago a los docentes, es el abandono de la escuela pública?
-Nosotros cuando empezamos nos dieron un decreto como en toda creación de una escuela y eso no son los ladrillos ni las aulas. Y ahí empezamos a trabajar, mis compañeros, los alumnos nos pusimos a levantar paredes, conseguir el techo, hacer rifas, eventos para obtener dinero. Hasta para comprar tizas.

Siempre recuerdo que cuando Angeloz llevó las computadoras, fui la primera que mandé una queja diciendo que no teníamos ni dónde ponerla. Necesitábamos ladrillos, paredes.

Los docentes siempre hemos dado, hemos entregado todo y la familia se involucraba con la escuela.

Los docentes hemos estudiado mucho, hemos comido mucho picadillo para hacer nuestro trabajo y todo eso cambió. Hoy, todos opinan y la autoridad se pierde porque pierde la autoridad la persona que está frente a la escuela.

La educación es un servicio y desde los gobiernos no dejaron actuar a los docentes para que ellos manejen el sistema que consideran conveniente. No se apoyó a los docentes, al contrario, le cambian todos los días las cosas.

Cada pueblo, cada ciudad tiene su idiosincrasia, son los docentes los que tienen que definir las necesidades de sus alumnos.

 

-Hablemos de la creación del IPEA.
-La movilización empezó en 1974, había que crear Bancos y escuelas. Entonces nuestros legisladores, entre ellos el Bebe Musa, maestras, gente del pueblo, peleamos y trabajamos por tener esa escuela. Hay mucho agradecimiento para hacer. Muchos chicos estudiaron ahí y hoy están trabajando en distintos lugares. La labor está cumplida.

 

-¿Cómo surgió su vocación para dar clase?
-Yo quería ser ingeniera química. Estaba estudiando en la UTN, me faltaban dos años, yo ya tenía a mi hija Yanina, me faltaban dos años de carrera y surgió la posibilidad de dar clases en Pasco. Yo necesitaba un sueldo. Entonces fui a las Rosarinas, me dieron las físicas y químicas aprobadas, hice las pedagógicas con la señora Luisa Rochi, hice las prácticas y obtuve el título de profesora de Matemática, Física y Química.

Y ahí empecé a darme cuenta que lo mío era dar, desde la docencia o desde otro lugar. Y en 25 años tenemos un montón de anécdotas con mis alumnos. Muchos recuerdos, pero de todos esos recuerdos quedó amistad en todos mis exalumnos que pasaron momentos difíciles y yo estuve cerca.

 

-Nos remontamos a la época de su niñez, ¿fue difícil verdad?
-Me acuerdo de las cosas malas de mi niñez, nada más. No fue fácil haber sido hija de padres separados en aquella época. Pasaban frente a mi casa y decían “aquí vive una nena que es hija de padres separados”.

Mi padre dejó a mi mamá porque él tenía otra mujer y otro hijo. Mi mamá se casó con 17 años con mi papá que tenía 30 y desconocía su historia. Cuando se va a Cabrera, está dos años con él, luego nací yo y ante el conflicto mi papá, que era muy adinerado, la devuelve a mi mamá. La lleva a Pasco y dice que cuando resuelva su problema la va a ir a buscar.

Nunca la buscó.

Todas estas cosas las fui armando como un rompecabezas con amigos de los dos, pero nunca con los protagonistas. Mi mamá nunca habló mal de mi papá, y él nunca habló mal de ella.

La conclusión que puedo hacer es que mi mamá lo amó muchísimo (pausa).

 

-Vivió a la defensiva.
-Yo soy yo y todo lo que pasé. Mis maestras, salvo Nelly Oliva e Hilda Piericci que las amo todavía, fueron muy duras conmigo. Por eso ahora hablan de bullying y yo digo que si no era bullying eso qué era.

 

-¿Eran duras por la situación de sus padres?
-Sí, aparte no me llamaban por el apellido. Me llamaban la hija de la Elsa Torri y así se llama mi libro. Y como yo ya era rebelde, tomaban lista, decían Alicia Torri y no contestaba, decía soy Alicia Giubergia y me mandaban a la Dirección. Tenía siete años, fueron muy malas conmigo.

Después uno va aceptando y va perdonando porque cada uno lo hace desde su propia historia y ahí no había política.

 

-Era una condena social.
-Totalmente. Mi mamá dentro de todo aprendió a coser para darme a mí y me tenía siempre de punta en blanco, me cambiaba el delantal todo tableado tres o cuatro veces a la semana, sin ninguna mancha porque no me dejaba ensuciar, siempre impecable. El recuerdo que tengo de aquella niña es ese y de mis maestras que se acuerdan de mi delantal hecho con mi mamá con el gran moño atrás (sonríe).

Mi mamá ante esa impotencia de que su hija esté involucrada en la sociedad, lo hacía de esa manera y eso en algunas personas provocaba envidia (sonríe). Y fijate que llego a ser la intendenta.

El día que gano las elecciones, estaban las cámaras y qué podés decir en ese momento. Y yo dije la hija de la Elsa Torri es la intendenta del pueblo. Yo no sabía que había dicho eso y vi la grabación después de un mes, y no lo podía creer.

Quizás la gente que no tenía simpatía por mí, habrá pensado “qué soberbia”. Y no fue así, fue un desgarro mío que lo hice con todo el sentimiento del mundo. Y ahí me di cuenta que era un desafío personal.

 

-Y esa niña rebelde y atacada por su condición social ¿qué sueños tenía?
-Tener una fiesta hermosa de los 15 años y (se emociona, hace una pausa para secarse las lágrimas) ver a mis padres juntos. Siempre los hijos de padres separados queremos ver a nuestros padres juntos, no importa que se lleven mal, no lo vemos, no vemos la injusticia que ocurre en la pareja porque juzgamos como hijos.

Después la vida te enseña que no podés juzgar y que la pareja es la historia de ellos dos. La vida te va enseñando, vas conociendo y me quedó una reflexión: lo que vos no aceptás, lo repetís en algún momento de tu vida. Porque tenés que aprender de eso.

 

-¿La relación con sus padres era buena?
-Con mi padre no tenía relación, lo veía una vez cada tanto, tenía que ir a una carrera de caballos para verlo, no me daba plata para los libros ni nada. Tal es así que estudié en el San Antonio, estuve cinco años pupila, y tenía que esperar que se durmieran mis compañeras para poder estudiar y las monjas no me lo permitían porque gastaba luz.

 

-¿En el secundario se había aplacado la rebeldía o seguía creciendo?
-(Risas). En el secundario casi me echan. Si había algo dentro de la escuela era yo la promotora. Porque siempre salía defendiendo a alguna compañera a la que le decían algo las monjas. Y no me echaron porque era la hija de la Elsa Torri, porque la madre superiora había ido a la escuela con mi mamá (sonríe).

 

-¿O sea que la Elsa Torri tuvo muchísimo que ver en su vida?
-Todo, todo, todo. Mirá lo que te digo. Porque tengo la casa gracias a ella, un auto gracias a ella, mi vida gracias a ella. No le debo nada a nadie, salvo a la Elsa Torri.

 

-¿En su época universitaria, la política ya se había cruzado en su camino?
-No, estuve en una de las manifestaciones más grandes contra el director de la Fábrica de Pólvoras que en ese momento era decano de la UTN. Yo peleaba con él, nunca me voy a olvidar las cosas que le dije a ese hombre, ya ni me acuerdo por qué (se ríe).

 

-¿Y cuál fue el disparador de su encuentro con la política?
-Cuando me di cuenta de que la política era dar. Para mí era el arte de hacer. El poder es hermoso, pero hay que saberlo manejar, saber para qué lo querés, si lo querés para vos o para la gente.

Solucionarle problemas para la gente era mi leitmotiv. Siempre lo hice, tal vez por mi falta de cariño siempre ayudé. Cuando era directora del colegio ya habíamos conseguido un montón de cosas y veía que todo era monótono y yo quería más.

Entonces un día, en la plaza del pueblo, no me olvido, era un 8 de septiembre de 1993 pensé cómo podía seguir haciendo cosas sin dejar la escuela porque yo amaba a los alumnos.

Y ahí mismo, me dije “siendo intendente”.

 

-¿O sea que se autoproclamó?
-Sí (se ríe). Los 8 de septiembre (fiesta del pueblo) se usaba reunirse en la casa, comer, estaba toda la familia, la parentela. Y llegué del acto y les dije “voy a ser candidata a intendente” (risas).

Casi me matan. Alberto (Piccinini) dijo ¿qué está diciendo?

Le contesté “y le hago interna al que se ponga adelante”. Se quedaron helados todos, no entendían nada.

Empecé a ir a reuniones del PJ, un lío había. Y pensé la voy hacer distinto, voy a llamar a las mujeres porque siempre había hombres ahí. Y empecé a traer a mujeres, a los jóvenes. Y les decía que quería ser intendente, así de la nada, sin jefe ni tutor.

Hasta que las mujeres me empezaron a decir que sus maridos, sus primos se preguntaban cuándo los iba a convocar.

Y ahí me dije “gano la elección”. Y tuve encontronazos importantes, pero yo firme.

 

-¿Quién era su competidor en el PJ?
-Era un chico Besso, con el que después fuimos muy amigos. Y al final me planté y fui la candidata y gané con muchos votos. Fue una campaña que duró un año, iba casa por casa, hablé con toda la gente y así gané la primera vez. Y después fui creciendo en otros ámbitos, cree la Secretaría de la Mujer en la FAM, fui la presidenta de las intendentes mujeres del país. Todo eso fue muy importante para mí.

Y ahí me empecé a dar cuenta de que en la política no todo es color de rosa y comenzaron a conocer otra persona en mí.

 

-El primer día, el día que llegó al sillón del intendente ¿qué pasó por su mente?
-Todo lo que había que hacer. No tenía papeles, no sabía nada, no hubo traspaso como corresponde y empezar a aprender, nadie te enseña a ser intendente.

 

-¿En qué estado encontró las cuentas?
-Había una deuda muy importante y empecé a buscar al gobernador Mestre en todos los actos. Hasta que Carlitos Zanotti me lo presenta. ¿Usted quién es, me preguntó Mestre?, soy la intendenta de Pasco y quiero que me atienda.

Me preguntó ¿y por qué yo? y le respondí “porque el lío me lo dejaron los radicales y me lo tiene que arreglar usted que es radical” (risas).

Le dije que lo consideraba un gran administrador y necesitaba que me enseñara. Le dijo a su secretario que cuando yo fuera me hiciera pasar.

Eso fue un domingo.

 

-¿El lunes a primera hora estaba en Córdoba?
-Así fue. Me debo haber tomado veinte cafés y me debo haber fumado dos etiquetas porque en ese momento se fumaba. Me conocí todos los mozos (risas). Me atendió a las 8 de la noche, salió diez mil veces a inaugurar esto y lo otro. Y yo ahí.

Cuando me recibió tenía una mesa enorme y se la llené de carpetas y le pregunté ¿qué hago con todo esto?

Se sentó, lápiz y papel, y me dijo: qué choclo que le han metido (risas).

En definitiva me hizo hacer una especie de pacto fiscal.

El me ayudó a sacar Pasco adelante, y el único pueblo que tiene un busto a Mestre es Pasco que vino Ramoncito a inaugurarlo antes que yo me fuera.

 

-¿A José Manuel de la Sota cómo lo conoció?
-Lo conocí en la casa de Stella Montes, ya lo había votado como ciudadana. Con él no tuve una relación ni buena ni mala. No sé por qué, creo que De la Sota nunca me perdonó que Menem haya venido a Pasco.

Porque en esa visita, él estuvo en segundo plano, pero yo no lo pensé así, Menem era el presidente y él era el gobernador que había ganado las elecciones.

No tuve maldad para eso y creo que fue un costo. Creo que eso me catapultó. Pero fue parte de mis desafíos y llevé un presidente a Pasco.

 

-Fue muy criticada por la visita de Menem
-Me dijeron de todo, decían que llevaba un “muerto a Pasco”, de todo me dijeron, pero cuando yo vi bajar el helicóptero con un presidente en mi pueblo pensé “si tengo que morir mañana no me importa la política”.

Decían que hubo poca gente, había dos mil personas, más que los habitantes y yo no llevé carretillas de gente. A mí Menem no me dio un mango, para traerlo saqué dos préstamos personales de cinco mil pesos cada uno, que lo pagué durante largo tiempo para traer a todas las intendentas del país a mi pueblo.

 

-¿Y de qué manera lo invitó?
-Con la intendentas del país hacíamos reuniones periódicas, pero Menem nunca iba. Ya ahí estaba jugando Ruckauf, que era el vice, en contra de Menem. Me resultaba raro que Menem nunca viniera a las reuniones de las intendentes mujeres y pregunté por qué.

Y fui a las Cataratas que había un encuentro de todos los intendentes y yo empujé para llegar adelante y le gritaba a Menem, pero ya se lo llevaban. Atrás venía Alberto Kohan y le dije que quería hablar con el presidente para explicarle que existía la red de intendentas y le meto la tarjeta dentro del saco.

El lunes me llaman de la Casa Rosada y me dijeron que tenía audiencia con el presidente.

Pensé y ahora qué hago. No te puedo contar cuando lo vi al presidente, lo primero que le dije si era una joda para Videomatch (risas).

Lo primero que me preguntó cuántos habitantes tenía mi pueblo. No llegan a dos mil le dije y me respondió “más que Anillaco”. Ahí ya me sentí importante (risas).

Me preguntó si alguna vez había ido un presidente a Pasco, le dije que no y me respondió: yo voy a ir.

Fue un recuerdo hermoso del día en que un presidente vino a Pasco y eso no me lo perdonaron.

 

-En su libro, muy en síntesis, ¿a quién castiga?
-Así como te estoy contando. Fui verborrágica, escribo lo que me sale, menciono a los que dije, le dedico un capítulo a la muerte de Mestre. Mestre se hizo querer mucho con mi familia.

 

-¿Alicia, qué tiene el poder que obnubila tanto y nadie lo quiere dejar?
-Es hermoso. Con el poder en la mano no te hace falta nada. Gracias a Dios tengo un hermano que es cura que siempre me decía lo más importante en la vida es discernir y si no sabés discernir no trepes.

Y aunque vos llegues donde llegues, tenés que volver. Aunque estés muy arriba tenés que volver a tu sitio, volver a tus raíces.

Antes era un honor ser diputada o senadora, pero hoy digo agradezco no haberlo sido porque estaría en la misma bolsa.

 

-Cuando escucha todas las denuncias de corrupción ¿qué sensación le provoca?
-Me provoca asco. Y, tienen que robar para la corona y hay gente que no puede salir. Imaginate vos si uno hubiera estado en la cocina de todo esto no salís más. Sé que hubo cosas que a mí nunca me invitaron, nunca me invitaron a las cosas raras. Y si entrás no podés salir. Hoy por hoy o te subís o te quedás. Yo me quedé

Tengo una jubilación reducida y el único capital que tengo son mis hijos, el premio más grande.

 

¿Ve algún cambio en este momento?
-No. De Macri me llamaron, de Massa tuve reunión, de Scioli nunca porque siempre me identifiqué anti K. De Massa no me gustaron las alianzas que hizo, de Macri me llamaron, pero el señor Capitani estuvo en contra, diciendo que yo tenía que trabajar para él y la verdad es que yo no trabajo para nadie, siempre trabajé para la gente.

Tuve reuniones con diputados del macrismo y me di cuenta de que les quedaba grande el saco. Cuando veo la gente que tiene Macri, no tienen la cintura política que hay que tener.

 

-¿La grieta se profundiza cada vez más?
-Está todo armado para eso. Estoy muy preocupada.

 

-¿Qué dirigentes ve para el peronismo futuro?
-Me gusta Urtubey y tengo un afecto muy personal por Juan Schiaretti, es un gran estadista.

 

-¿Qué le gustaría ser hoy si le ofrecieran una posibilidad de regresar a la política?
-Primero que no me pueden dar nada porque estoy jubilada. Pero hacer cosas me encantaría, siempre me gustó la parte social o ser ministra de Educación, pero no le voy a sacar el cargo Walter Grahovac porque lo lleva muy bien (se ríe) y aparte es mi amigo.

Y me hubiera gustado estar en la parte de Desarrollo Social.

 

-¿Ser intendente de nuevo?
-No, las etapas se viven, se aceptan y ya es un ciclo cumplido. No se repiten.

 

-¿Cómo lo ve políticamente a Pasco?
-No opino.

 

-¿Cuál es su sueño hoy?
-Ver a mis nietos crecer felices, que mis hijos sigan así como son buenas personas, que mi familia esté bien, estoy ahí siempre apoyando y por mi parte estar tranquila, me gusta viajar, me gustaría conseguir la jubilación que me deben porque me jubilaron mal, y estar tranquila en mi casa, la casa en la que me crié, que me contiene, soy feliz en ese lugar.

 

Opiniones

Mauricio Macri: Tengo confianza en él y me pongo en el lugar de él y me imagino el precio que tiene que pagar por ser el hijo de Franco Macri. Esa es su cruz.

Juan Schiaretti: Excelente persona, excelente administrador, un gran compañero.

Martín Gill: Hermosa persona, lo conozco desde pequeño y desde chiquito le dije que iba a llegar a mucho. Y va a llegar a mucho.

Me gusta: Bailar, viajar.

Me encanta: Estar en mi casa en silencio.

Me divierte: El baile, viajar con mis amigas, soy feliz viendo a la gente feliz.

Me entristece: La injusticia, la pérdida de dignidad, la pérdida de valores. No poder tocar las manos de mi madre y el dolor ajeno.

Me enoja: La falta de sinceridad, la falta de sensibilidad y la mediocridad.

 

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