Cuando Deiver “enfrentó” a Tucumán

Tras la sanción de la ordenanza cordobesa de quitar de las mesas de los bares los sobrecitos de azúcar, legisladores tucumanos decidieron que si no se revisa la norma en la ciudad de Córdoba, avanzarán en proyectos para limitar el maní cordobés, el salame de Colonia Caroya y hasta el fernet… A propósito de ello, el profesor Baysre recuerda un antecedente

Escribe Prof. Daniel A. Baysre (*)

Hace 59 años, Salomón Deiver asumía la Intendencia de Villa María, en representación de un partido provincial, mientras que Arturo Frondizi juraba como presidente de la República y Arturo Zanicchelli lo hacía como gobernador de la provincia de Córdoba.

A pesar de la diferencia de edad que yo tenía con don Salomón, lo apreciaba mucho, por su personalidad desbordante y porque era un ferviente defensor de nuestra cultura y de la heredada de los países árabes, de los cuales se consideraba heredero ancestral.

Por orden del mismo Salomón, yo tenía entrada permitida a su despacho, siempre que no estuviera en audiencia privada, y desde entonces fui testigo de muchos sucesos, como cuando prohibió el paso con destino a Tucumán de un tren que llevaba ganado en pie listo para faenar.

¡Que había pasado! -que su gobernador, Celestino Gelsi, prohibió que saliera un gramo de azúcar de los ingenios tucumanos hasta que se solucionara el problema de los bajos sueldos de los zafreros tucumanos.

Esa medida causó el desabastecimiento de azúcar. Deiver haciendo las veces de un quijote justiciero, contestó haciendo bajar en Villa María el ganado con destino a Tucumán, y emitió un decreto que me leyó en su despacho y que más o menos decía: “Mientras las madres de Villa María no tengan azúcar para darle a sus niños, calmando sus llantos por la abstinencia que quita sabor a sus meriendas, Tucumán no verá un solo gramo de carne, pues toda carga de vacunos con destino a Tucumán, será retenido en Villa María”.

Gelsi, político astuto, sabía que Deiver podría dar con sus huesos en la cárcel por este atentado en un predio federal. Pero era una noticia que celebraba todo el país, y se preguntaba quién era ese quijote simpático y osado, que desde Villa María, desafiaba a Gelsi y a las leyes nacionales.

Uno de los diarios nacionales de mayor circulación ilustraba su edición del día con un dibujo a dos páginas, en las que se observaba un duelo a espadas entre un Deiver con un sombrerito turco en la cabeza, enfrentando a una caricatura de Gelsi con un casco del Ejército alemán usado en la Primera Guerra Mundial.

El gobernador tucumano decide entonces contestarle en el mismo tono, aunque en forma conciliadora: “Señor intendente, no ha sido mi intención que las madres villamarienses sufran por ver llorar a sus niños por la falta de azúcar para endulzar sus meriendas. He ordenado por lo tanto, enviar a Villa María dos vagones en carácter de donación a la Municipalidad, conteniendo tantas toneladas de azúcar tucumano para que las madres solucionen el problema de sabor en las meriendas”.

Pero Deiver no era tonto, hizo como que no veía la ironía y liberó las vacas, previo pago de la estadía de tres días en Villa María.

El ministro del Interior, Alfredo Vítolo, se hizo el que miraba para otro lado y no tomó las medidas que hubiera correspondido por el delito federal.

Con el tiempo, Vítolo recibe de Deiver un pedido de audiencia, piensa que Deiver le va a agradecer la gauchada, pero no, va a gestionar la donación para el zoológico villamariense de un tigre, al que le pondrá el nombre de Arturo, como el presidente. Vítolo le consigue también del zoológico una osa, pero con la condición de que no le ponga su nombre.

La visita de Deiver era como una bocanada de aire fresco en los pasillos oficiales del Gobierno nacional, imagino que sus salidas los harían divertir y los sacaría de tan tensas jornadas en que proliferaban los planteos militares.

(*) Exlegislador provincial

 

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