“Cuando necesiten una mano, tengo dos”

HECTOR CAVAGLIATO

Una charla con Héctor Cavagliato, pionero de la radiofónica local, la primera voz en el Anfiteatro, parte de la primera transmisión experimental de la televisión villamariense y mucho más. Dueño de una página enorme de la cultura local, aquí lo tenemos

Escribe: Daniel Rodríguez

Tras un mundo de diplomas, placas, libros y papeles esperaba Héctor. Siempre en su labor incansable, siempre ocupado. Se lo puede ver caminando de punta a punta su oficina con un escritorio colmado de quehaceres.

Mirá, justo estoy escribiendo una lista con algunas de las cosas que hice para hacerte todo más fácil – dice- mientras redacta frente a su computadora.

Estamos en su local ubicado sobre calle La Rioja. Allí tiene la receptoría de grandes medios gráficos nacionales.Un espacio repleto de galardones y agradecimientos por parte de una sociedad que siempre aprovecha para demostrarle su cariño a una de las voces características que ha sido reconocida hasta en las calles de Madrid. Sí. En el viejo contienente.

“Desde los 13 años trabajé en diferentes emprendimientos”, afirma, y agrega “aprendí que el trabajo dignifica la vida y llegué a trabajar 17 horas por día y hasta la actualidad sigo madrugando”

 

La radio: ese eterno amor

Hace ya 28 años la ciudad amanece con su voz a través de El Tren de la Noticia, clásico programa del mundo de la radio local que estuvo veinte años en Radio Centro, uno en la añorada Radio Río y hasta la actualidad en Radio Líder. Es que “La máquina de informar la verdad” -el lema inconfundible- ha acompañado por décadas el desayuno de todos. Así, todas las mañanas Héctor se levanta a las cinco y media para compartir con Rodrigo Nieraad la agenda diaria, antes lo hacía con su hija Laura, con quien lo había iniciado.

“El trabajo me potencia, más cuando estoy frente a un micrófono”, dice él, que el próximo 11 de abril va a cumplir sus 82 años. Hijo de inmigrantes italianos, padre de dos hijos y doblemente abuelo.

A finales de 1950, la Liga Villamariense de Fútbol (y todos los asistentes a la grada) pudieron ser testigos de un hecho sin precedentes por aquellos momentos. Con Banda Ciudadana, un sistema interconectado en diferentes estadios locales, Héctor podía transmitir cómo iban los demás partidos a través de un altoparlante ubicado como la voz del estadio. “Las personas podían volverse a su casa sabiendo cómo habían terminado los demás partidos”. Así fue durante cinco años, luego (por algo que aduce “una oscura maniobra”) el servicio se discontinuó.

“En 1957”, recuerda el locutor, “iba caminando por las calles escuchando la radio y me enteré de que habían asesinado a John Kennedy. Así que rápidamente, a las 15.30, fui hasta el edificio donde teníamos la red de parlantes, “La Cytler” ¡Le dije que teníamos que encender ya! Siempre lo hacíamos en horas de la tarde, pero aquel día sorprendimos con la propaladora a todos los vecinos del centro con la noticia precedida, obviamente, por la música identificatoria”.

En 1969, su voz llegaba a Río Cuarto. En la LV16, disponía de un espacio de una hora durante los días sábados titulado “Villa María y su gente”, momento de aire donde difundía notas, comentarios, avisos publicitarios, entrevistas y artistas nuestros.

 

Jugar en primera

Pero eso no era todo respecto al mundo de las hondas hertzianas (radiales). Durante una tarde, a raíz de la inauguración del Balneario Municipal de la ciudad, José María Muñoz (sí, el gran locutor de la Oral Deportiva) lo sacó al aire durante un domingo para comentar dicha cuestión y allí estuvo Cavagliato, al aire de un tanque como lo era (y es) Radio Rivadavia. Mientras estaban en vivo, “el relator de América” le pidió que se quedara en línea, para luego ofrecerle tener un espacio que duro casi 10 años (hasta el fallecimiento del periodista). De esa manera, un villamariense pudo llegar a los más alto de la radiofonía de aquel momento. Pero su trabajo en Rivadavia tenía más todavía por contarse. A través de un espacio dónde se difundía el golf, el periodista y profesor Rodolfo Civitarese lo designó para remplazarlo durante seis domingos en vivo porque él debía dar conferencias en Roma. “Fue un honor sentarme en el mismo sillón y la misma mesa oval que Héctor Larrea, Antonio Carrizo, el citado Muñoz y todos los grandes de aquel entonces”. Finalmente el programa pasó a Radio América y allí concluyó el ciclo al fallecer aquel “querido difusor del golf nacional”.

“Desde niño imaginaba que relataba partidos de fútbol. Me imaginaba colaborando con los periodícos de la época tales como “Opinión, “El Tiempo”. Todo esto en su vieja casa ubicada donde hoy está el Correo Argentino.

 

La gráfica

Actualmente podemos leerlo en El Diario contándonos todo acerca del golf y también con algunas producciones institucionales especiales de nuestro matutino. Anteriormente lo hacía en Noticias.

Relacionado con el mundo de la tinta, en 1964 creó la revista  Impactos Deportivos. Con una tirada completamente artesanal y un trabajo enorme de este periodista que seguía creciendo sin pausa. “Fue junto a Honorio Lachini” durante 128 semanas consecutivas. “Usábamos el sótano de la casa de mi hermano para el armado. Yo también  preparaba el sténcil”, menciona, recordando además una carrera que ganó el viejo corredor de autos villamariense, Mario Tarducci,  el ejemplar más vendido de aquella publicación.

 

En la TV

Promediaba el año 1963, más precisamente en septiembre, y la televisión llegaba a Villa María. Allí, también estuvo Héctor, como no podía ser de otra manera. “Desde los estudios de la publicidad Cytler participé de la transmisión experimental. En tanto, cuando se instaló en calle Corrientes,  me hice cargo de transmitir en cámara el Telenoticioso que iba de lunes a domingos hasta 1968. Trabajando incluso en más de 1.700 programas en vivo, incluidos los deportivos, los de entretenimientos y el recordado “Escuela en casa”, en donde los cursos de los colegios iban a participar. La gente se sumaba para ver los programas. Solía haber hasta 17 personas por televisor mirando lo que sucedía”. Vale la pena mencionar también que por aquellos momentos no todos disfrutaban de tener un TV y muchos vecinos solían reunirse para compartir las alternativas de dicha producción.

También, anteriormente, formó  parte de Viaje con nosotros” por Canal 12 de Córdoba los domingos al mediodía. Allí fue donde presentó al grupo folcrórico “Las voces nuevas”, que más tarde terminarían ganando el Pre-Cosquín.

 

Amigo del Anfiteatro

Sin imaginar, o tal vez sabiendo lo que se venía. Formó equipo con Daniel Baysre y llevaron adelante la tarea de ser los impulsores del Anfiteatro municipal Centenario. “Con la Asociacion Amigos del Anfiteatro juntamos en siete semanas 112 aportantes de 500 pesos cada uno (moneda nacional), potenciados porque a la noche yo daba a conocer en el Telenoticioso del Canal 2 los nombres de los generosos vecinos. Así pudieron terminar el escenario, los camarines y los baños. Hicimos una promoción integral del primer festival y me tocó ser el primer locutor que le habló al público secundando a Ricardo Smider. Varias ediciones después me tocó ser co-conductor junto a destacados profesionales. Entre ellos Julio Marbiz, el que tenía contrato hasta las 24. A las 23:55 vino un amago de tormenta y el no salió a despedirse. Entonces empecé yo un poco antes y fue un momento incómodo pero de reconocimiento del público”.

En la actualidad sigue siendo animador. Ahora del Festival de Adultos Mayores que ya lleva seis ediciones. “Tengo donado el smoking, próximo a cumplir 50 años, al Museo del Anfi ¡Pero esperen un poco… yo no tengo ningún apuro”, agrega con una sonrisa grandota.

 

“¡Vos sos Cavagliato!”

Gracias al mundo de la radio -y a su tremendo trabajo- viajó por Europa y estuvo presente en las competencias de Fórmula 1, tales como los grandes premios de Barcelona, Montecarlo, Monza y Zolder (en Bélgica).

En una de esas ocasiones, mientras caminaba por las calles con su ex-mujer y una pareja que habían conocido durante el vuelo, mientras caminaban mirando vidrieras en Madrid, pudieron reconocer por su tonada a dos hombres y, Héctor, rápidamente les habló saludándolos. Eran de Río IV.  Uno de ellos, mirándolo a los ojos le dijo “¡Yo a usted lo conozco. Usted es Cavagliato!”. El pecho se llenó de emoción y alegría. Su trabajo traspasaba fronteras y viajaba kilómetros. Un “mimo” enorme  al alma de alguien que tanto trabaja para y por el periodismo.

“¿Qué me queda por hacer?”

“Me queda seguir ignorando que tuve cáncer, volver a jugar al golf, vivir en positivo, pensar en Noemí, quien me compaña y apoya hace ocho años, y debo poner todos mis sentidos, multiplicados en la vista de la que ella carece y todo lo que mi ciudad requiera con la premisa siempre lista si Dios me lo permite”, cierra el entrañable ícono.

Ahí sigue nuestro periodista. Ex -secretario de Prensa de la SADE, ganador de importantísimos premios, distinguido por muchísimas instituciones.  Uno de los promotores de la creación de la Universidad Tecnológica UTN, haber trabajado para el advenimiento de la Universidad Nacional de Villa María y hasta ser padrino de la Escuela Rural Vera Peñaloza de Silvio Pellico se siguen sumando a sus laureles.

Vale la pena mencionar que hace un par de años atrás publicó “Revivir”, un libro donde narra diferentes anécdotas de su trabajo y que ya se encuentra agotado.

“Cuando necesiten una mano, tengo dos”, me dice Héctor mientras nos despedimos, no imaginando que ése sería el título de esta nota y una frase que lo define completamente.

 

Nos queda LV3, Bell Ville, “Mesa de Redacción”, su trabajo para los SRT,  Automovilismo en Orbita”, la Fundación del Círculo de Cronistas Deportivos, su tarea docente. Miles de tareas.

Y muchas cosas más quedan por contar, y tantas quedan afuera. Pedimos perdón por ello y solo queda agradecer a Héctor por tanto.

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