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Cuatro villamarienses hicieron cumbre en el Aconcagua

Los cuatro montañistas en compañía del guía que los asistió

Montañismo – Una travesía que duró quince días

Diego, Juan, Tito y Maxi, llegaron a lo más alto de todo el contiente. “El trabajo en grupo es todo”, afirmaron. Cómo se prepararon, qué sintieron y cómo lo lograron, en esta nota

Escribe Daniel Rodríguez
De nuestra Redacción

Durante el pasado viernes, cuatro villamarienses que practican montañismo hicieron cumbre nada más y nada menos que en el Aconcagua.

Esa imponente montaña de 6.962 metros está ubicada en la provincia de Mendoza y forma parte de la cordillera de los Andes. Dicha maravilla es un atractivo por demás interesante ya que es una de las cumbres más altas de la tierra después de los Himalayas asiáticos.

Diego Ferrero, Juan Rava y Edgar “Tito” Plaza dialogaron con El Diario y narraron algo de lo que fue una enriquecedora experiencia que les dejó un saldo más que positivo.

Es importante detallar que Diego y Juan son nacidos en San Antonio de Litín, pero desde hace varios años habitan nuestra ciudad por eso, al momento de ser entrevistados, hicieron un gesto que dio a entender que ya se sienten parte de la ciudad.

En tanto, los aventureros también destacaron la tarea de Maximiliano Barri, quien formó parte del grupo.

“Esto surge porque hace unos cinco o seis años que hacemos montañismo”, afirmó Ferrero. En tanto, Edgar agregó que él, por su parte ya lleva “como 25 años” en esta tarea.

Desde hace cinco años, estos muchachos forman parte de un grupo y durante cada año suelen programar distintas salidas. En este caso, la de la montaña fue la más osada y, por suerte, exitosa.

“El viernes 15 hicimos la cima, pero en realidad salimos de acá, de Villa María, el 31 de enero; fueron varios días”, detalló Juan con un marcado entusiamo.

 

Lo previo

El hecho de emprender tamaña tarea no es producto de un capricho. Si no más bien que existió un trabajo preliminar que se fue anticipando a lo que finalmente pudo lograrse. “Primero nos aclimatamos cinco días, por el tema de la altitud y el clima, el cuerpo tiene que adaptarse”, destacó Ferrero. “Fuimos a la zona del Plaza, cerca del Embalse en Potrerillo y después bajamos nos reaprovisionamos e ingresamos al parque Aconcagua” que es donde está la montaña.

En cuanto a la cantidad de kilómetros y el tiempo abarcado, todos coincidieron en que “es muy relativo, pero hemos hecho más o menos 100 kilómetros entre todo”. Y, en cuanto a la tarea completa, es importante destacar que “se va a haciendo por etapas. En el campo base comienza, estás ahí aclimatándote, subís hacia Nido de los Cóndores (una zona más baja) y llevás alimentos para no llevar todo de una sola vez y te sirve para prepararte”.

De igual modo no tiene que ver solo la cuestión física en todo esto, sino que lo meteorológico también debe aportar su granito de arena. “Se tiene que producir la ventana”, explicó Rava haciendo alusión a un espacio o segmento en donde el mal tiempo se interrumpa y haga óptimas las condiciones, y continuó: “En la montaña siempre hay mal clima , al ser tan alta tiene un clima propio. Entonces, cuando el pronóstico te dice que no va a haber tan mal tiempo, se planea el ascenso definitivo para ir a la cima: eso se nos dio entre el 14 y el 15 de febrero. Y nosotros, el 13 empezamos a ascender para llegar”.

Reafirmando esa cuestión en la que existe un trabajo previo, los montañistas recalcan que “no es solamente ir y escalar. Vos estás a merced de las oportunidades que te da la naturaleza”, dijo Plazza con un énfasis por demás marcado y que es importante de tener en cuenta al momento de emprender cualquier cuestión que tenga a la naturaleza de por medio.

 

Llegar a lo más alto

“El día de cima, arrancamos a las 3 de la mañana y tardamos 12 horas… llegamos a las 3 de la tarde. Y después tuvimos 5 horas de descenso”, dijo Diego.

Es importante destacar que también, salud de por medio, los hombres se hicieron estudios médicos previos para estar al tanto de sus condiciones: “Nos hicimos ecodoppler, emac, de todo un poco”.

En el caso de Edgar, es su segunda vez en la zona alpina. Es que anteriormente el “en el bicentenario, compartí con gente del ejército la expedición”.

Otro dato que también quiso destacar Tito es que todo fue hecho “a pulmón” porque no contaron “con asistencia de terceros como empresas. La expedición la hicimos muy económica, gastando una quinta parte de lo que sale ascender”. Es que en algunos casos algunas empresas deciden apoyar a los que emprenden dicha iniciativa y servirles alimentos o café (por los climas gélidos que acechan en algunas partes).

 

El grupo es todo

Si algo tiene que destacar este conjunto de personas que tocó el cielo con las manos es el trabajo grupal. Ellos afirman que la unión “es todo porque “uno se va dando fuerza con los otros”. La solidaridad, la amistad y la camaradería son las cosas que también se rescatan al haber tantos días de convivencia, si no “la montaña te mata”.

Respecto a lo “voraz” (entre comillas) que pueda tener el trabajo, hay muchas experiencias en donde personas en soledad no lo han podido lograr de la mejor manera, sin dudas algo que tiene que ver con la comunicación y la condición humana.

Juan, haciendo alusión a quienes también se animen a tamaña aventura, recomienda “empezar con trekking, pocos días y después ir agregando y conociéndose el cuerpo y aprendiendo a dormir a la intemperie, acostumbrarse a no bañarse y a pasar frío, pero el premio es superior a todo eso”.

Reconociendo la tarea de equipo, el mismo Juan expresó que “si bien Diego y yo llegamos a la cima, para mí lo hizo todo el grupo”.

 

Algunas cifras

13 días
Esa fue la cantidad de jornadas que pasaron en las inmediaciones del Parque Aconcagua.

12 horas
Tardaron en ascender. Tuvieron que esperar el período ventana para poder hacer todo con el clima a su favor.

5 horas
Tardaron en descender. Siempre el tiempo de ascenso es mayor al de descenso.

 

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