Ayelen Mufari, Martina Carignano y Luján Ailén MartInez

“‘Ellas en el Cine’ es una suerte de carta de amor al cine hecho por mujeres”

También participaron del proyecto como animadores Pablo Matos y Julián Fernández Bertolini, quienes tuvieron a cargo la realización de dos fragmentos animados dentro de distintas secuencias y que nos brindaron asesoramiento en el uso de software específico.
domingo, 18 de octubre de 2020 · 07:55

Escribe: Rodrigo Alvarez / Especial UNVM

¿Cómo surgió el proyecto?

-Creemos que “Ellas en el Cine” es un intento de configurar nuestra poética y nuestras emociones en un momento particular de nuestras vidas, el de terminar una carrera profesional y encontrarnos con todas las dudas e incertidumbre de insertarnos laboralmente como realizadoras audiovisuales; y por el contexto social, cultural y político que nos interpeló como mujeres.

Nos propusimos ahondar en nuestra propia mirada sobre el cine y su realización en esta intersección de realidades que nos atravesaba, privada y profesional, realizando una experiencia de creación colectiva que resultó en el diseño de un cortometraje de género ensayo al que llamamos “Ellas en el cine”. Recurrimos a la animación porque nos sentimos atraídas por las posibilidades que este lenguaje ofrecía en el terreno de la no ficción. A diferencia del registro fotográfico, en la animación es explícita la intervención de una mano creadora, y por esa característica revela con honestidad ante el espectador que la narración no es un reflejo de la realidad, sino una construcción. En nuestro trabajo, la animación media entre nosotras y eso que acordamos como el mundo real. Es un canal de interpretación, es el diálogo que entablamos en pantalla con las realizadoras, una realidad  articulada entre nuestras experiencias y las experiencias a las que referenciamos a través de cada imagen creada.

Este camino que inició en una indagación por las posibilidades de la animación, nos fue conduciendo hacia la confluencia de lenguajes, hacia la aparición de fotografías, dibujos, filmaciones domésticas, cuadernos de bitácora. A medida que fuimos estructurando la obra, y que el relato se fue tornando autorreferencial, la imagen real fue una clave para develar el artificio y para mostramos a nosotras mismas. La decisión final de incorporar la acción en vivo tuvo que ver con establecer una clara división de niveles narrativos en la diégesis. La animación como nuestra interpretación visual de los testimonios recuperados, y como articulación de un relato propio que se nutre de esos encuentros. La acción en vivo como un corrimiento del velo, en donde nos exponemos abiertamente creando ese relato, develándolo como un artilugio, un espacio para construir nuestra propia poética.

-¿Cómo definirían el producto final “Ellas en el Cine”?

-Creemos que la obra finalmente da cuenta de un proceso de búsqueda, de encuentro e intercambio de ideas, percepciones, sensaciones en torno al hacer cine y a su vínculo con el universo privado de quien lo realiza. Lo que se buscó fue reconstruir esa presencia tácita, latente, del cine en la cotidianeidad del artista, develar cómo la obra (o todas las obras) preexiste en la intimidad y va cobrando forma en base a las vivencias personales. “Ellas en el Cine” es una suerte de carta de amor al cine hecho por mujeres, y a la práctica cinematográfica en sí concebida desde su propias protagonistas. Como estudiantes y realizadoras, nosotras nos incluimos en ese relato de descubrimiento, de creación de una experiencia colectiva que parte del encuentro de múltiples poéticas individuales, en donde la audiencia es invitada a ser partícipe del viaje fílmico. Nada se oculta y nada concluye, se trata de un viaje que inicia, que recorre quizás la totalidad de la vida, como el deseo de crear, o la necesidad de expresar lo que sentimos, articulándose diariamente entre palabras, dibujos, fotografías y registros de video.

 

 -En cuanto a la experiencia personal, ¿cómo fue el proceso de realización del TFG?

-La realización de nuestro Trabajo Final de Grado fue una experiencia sumamente positiva. Si consideramos el tiempo productivo que nos tomó realizarlo, podríamos hablar de un trayecto que nos implicó dos años de trabajo. Luego de tener una primera idea de la temática y el género de la obra, nos encausamos en la etapa de investigación en donde definimos a qué realizadoras queríamos entrevistar y realizamos el contacto con las mismas. Ellas fueron Albertina Carri, Inés María Barrionuevo y Liliana Romero. Viajamos a Córdoba y a Buenos Aires para realizar las entrevistas, les pedimos visitar sus espacios de creación, sus casas y/o estudios, les formulamos preguntas sobre su trayectoria en la dirección cinematográfica, sus intereses personales por el cine, sus impulsos a la hora de crear personajes femeninos. Nos propusimos volverlas los personajes de nuestra obra, personajes femeninos en el cine pensando sobre el hacer cine, construyendo con sus testimonios a otros personajes femeninos en pantalla. Pero este éxodo de inmersión se trataba de exponer nuestra propia experiencia, de contraponerla a la de esas mujeres que nos anteceden, para construir entre todas una puesta en práctica común, testimonio y ensayo, del viaje artístico cinematográfico. Esto último requirió que filmáramos nuestros encuentros para hacer un registro del proceso creativo y que pudiéramos registrar individualmente nuestro aprendizaje y búsqueda en relación a las distintas técnicas de animación que empleamos. También por ello Daro Ceballos, compañero de nuestra carrera, nos acompañó en los viajes para realizar un registro externo de lo que sucedía, con la consigna de también incluirnos en la imagen a nosotras en la situación de entrevista.

El proceso fue imponiendo su propio ritmo, nuestros interrogantes fueron desarmando el proceso de producción, haciendo que mute, llevándonos a asumir nuevos desafíos como el de establecer una dinámica de trabajo horizontal, en donde las tres trabajamos por turnos en todos los roles; en donde las decisiones se hicieron en una mesa conjunta; en donde las ideas fluyeron a tal punto que nos llevaron no solo a develar el hacer de la obra, sino a convertir la sinergia creativa en una experiencia interna performática que culminó en la mesa de montaje.

Realizamos una primera versión de la banda de sonido (aún sin música) en donde las distintas entrevistas se sucedían y las voces de estas realizadoras iban narrando de forma conjunta la experiencia de hacer cine. Inmediatamente pensamos en las imágenes que estos testimonios nos disparaban, y luego de varias modificaciones, pudimos crear una versión final del storyboard de la obra. Nos dividimos las secuencias de animación y cada una trabajó con la técnica de animación que más le interesaba explorar. También cada una de nosotras estuvo a cargo de realizar una secuencia de montaje con imágenes en acción en vivo, fotografías, imágenes de archivo personales entre otros recursos, en donde el relato se vuelve autorreferencial y nos revelamos a nosotras mismas en el proceso de construcción de la obra. Realizamos un montaje final uniendo las distintas secuencias de animación y acción en vivo haciendo los ajustes necesarios en las transiciones entre las mismas. La composición de la música estuvo a cargo de Santiago Martín Velarde Díaz, egresado de la carrera en Composición Musical con Orientación en Música Popular de la UNVM. Santiago trabajó sobre una primera maqueta de la obra donde ya estaban los tiempos exactos definidos, combinó instrumentos musicales con sonidos cotidiáfonos, como tintineos de botellas, para crear una banda sonora que funcionara bien con la combinación de texturas y técnicas de la imagen. Paralelamente nosotras avanzamos en los detalles finales de la obra. Con el montaje de las entrevistas, las distintas secuencias creadas y animadas, y la música ya sobre la línea de tiempo acomodada, realizamos foley y agregamos algunos efectos de sonido con el fin de acompañar y potenciar los movimientos o acciones que la animación recreaba en pantalla.

Con la obra finalizada realizamos también las últimas correcciones de la carpeta teórica que acompañó la obra y volcamos el balance final de la experiencia en las conclusiones.

Cabe aclarar que para la realización de esta obra utilizamos hardware y software que antes no habíamos usado en el trayecto de la carrera o hacia los que habíamos tenido un acercamiento muy superficial. Compramos tabletas gráficas para tener un control del trazo y así poder plasmar los criterios de arte de una forma más precisa.

También adquirimos software diferentes a los que veníamos trabajando en la carrera, por ejemplo, un programa específicamente para realizar animación 2D.

 

-¿Cómo fueron elegidas las cineastas?

-Las tres realizadoras nos recibieron en sus casas o espacios de trabajo de manera muy cálida y amable, respondieron a todas nuestras preguntas de forma profunda y detallada. Accedieron a la posibilidad de ser retratadas con una cámara analógica y luego de ellas retratarnos a nosotras en este juego de construir y ser construidas como personajes femeninos a través de la obra.

 

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