NOTA Nº 627, escribe Jesús Chirino

Por una historia de lo ideológico plasmado en los espacios públicos urbanos

domingo, 18 de octubre de 2020 · 07:56

Los espacios públicos urbanos son lugares privilegiados para el ejercicio de la ciudadanía, algo fundamental en la construcción permanente de la ciudad.  Algunos urbanistas sostienen que para valorar los espacios públicos urbanos, hay que mirar la intensidad y la calidad de las relaciones sociales que facilitan; capacidad para producir entrecruces de diferentes grupos y comportamientos. También cuánto estimula la identificación simbólica, la expresión y la integración cultural. Estos tipos de espacios revelan la ideología de quienes participaron tanto en su creación como en los rediseños.

 

¿Cómo se diseñaron y construyeron los espacios públicos?

En época donde, a partir de la pandemia, se plantea el distanciamiento entre las personas, incluso en los lugares públicos, quizás resulta relevante reflexionar acerca de la aparición de nuevas necesidades y demandas sobre este tipo de lugares. De allí la necesidad de construir material analítico acerca de la historia de las políticas que se dieron en la ciudad para el diseño, la construcción y modificaciones de esos espacios de encuentro.

En Villa María aún nos debemos la historia de los procesos de construcción y rediseño de los espacios públicos urbanos. Desde el trazado de la primera plaza, actual “Independencia”, pasando por los espacios de las tres que se agregaron en ese proceso refundacional de la localidad (“Centenario”, “Manuel Anselmo Ocampo” y “San Martín”), hasta las más recientes intervenciones en plazas, paseos, calles, costanera, etcétera.

 

Contra el “salvajismo natural”

Como primer dato recordemos que la ciudad surgió durante el apogeo del liberalismo y es claro que la visión de esta orientación ideológica se plasmó tanto en la disposición y función de los espacios públicos como en las relaciones entre las personas y esos espacios, o entre los actores sociales. En esa época también tuvo incidencia el higienismo que planteaba a la “ciencia”, en el desarrollo que poseía en el momento, como fuente de explicación de lo social y las respuestas que la misma otorga para el ordenamiento de la sociedad.  Esta corriente de pensamiento, desde su óptica,  fue tomada por los liberales.

Para el liberalismo de entonces lo natural era lo salvaje como opuesto a lo civilizado. Algo muy presente en el discurso que justificaría la mal llamada “campaña al desierto”.  No concebía lo cultural en la relación con el medio ambiente natural, entendiendo cómo lógica la “dominación” del mismo hasta su destrucción. Quizás esta es una vertiente que aportó, entre otras cuestiones, a la admiración del cemento y el asfalto en los espacios públicos, también a la implantación de especies vegetales exóticas.

En ese liberalismo también puede identificarse la idealización de la ciudad europea de la época y el desprecio por lo autóctono. Esto puede visualizarse en el trazado de los planos de la ciudad, también en la estética de las construcciones y en las especies arbóreas que se priorizaron. Si bien Villa María, desde hace pocos años, tímidamente comenzó a revalorizar especies propias de la región, aún resta mucho para hacer al respecto.

 

Lo público no puede ser privado

Por otra parte debe reconocerse que Villa María creció con una relación algo conflictiva con el río. Si bien se lo consideraba fuente de recurso por la extracción de áridos, no siempre se lo visualizó como espacio de recreación adecuado para los sectores acomodados de la sociedad local.

Entre los momentos destacados en la revalorización del río, se cuenta con la construcción del balneario y también todo aquello que se realizó durante la intendencia de Salomón Deiver. Sin lugar a dudas otro hito, de la puesta en valor de ese espacio público que es la costanera, se produjo cuando en la intendencia de Miguel Veglia se recuperaron las tierras que habían sido tomadas como propiedad privada por algunos vecinos con terrenos a la vera del río. Una forma de ir en contra de la privatización de hecho realizada por quienes quizás no pensaron lo público como un valor.

 

La era de la privatización de lo público no terminó

El espacio público entendido más allá de lo espacial, tiene que ver con la compresión de su importancia para producir ciudad y generar integración social, ofreciendo oportunidad a la vinculación y participación comunitaria. La profesora de psicología ambiental  Setha Low,  expresidenta de la Asociación Americana de Antropología, dice que “el espacio público está desapareciendo rápidamente, por causa de los procesos de globalización y privatización y también por las nuevas formas de control social; incluso las plazas, espacios cívicos de las ciudades latinoamericanas, están siendo cerradas, rediseñadas y reglamentadas en formas que restringen sus usos sociales y políticos tradicionales”. En muchos de los rediseños de esos espacios puede observarse cómo  “los objetivos artísticos y económicos de sus creadores no satisfacen las necesidades de los usuarios…” por el contrario “se acomodan a las del creciente comercio turístico” y económicos de algún sector, agregaría. El conflicto entre aquello que se pretende representar en el espacio y el uso que podrían darle los vecinos, se resuelve en un contexto determinado marcadamente por el desdibujamiento de las identidades locales y regionales, el avance de la privatización, la videovigilancia y todas las nuevas formas de control social. En Villa María estamos ante el rediseño de grandes espacios públicos, un ejemplo es la Plaza Manuel Anselmo Ocampo. Más allá de que en este caso se supiera quiénes se quedarían con la plaza, antes de cualquier licitación, quizás lo central sea el paso a manos privadas de un espacio público urbano.

Como dice Setha Low, estos espacios públicos, con distintas estrategias, continúan siendo entregados/tomados por lo privado. Claro que siempre con discursos que prometen beneficios al colectivo ciudadano, pero quizás deban pensarse alternativas entendiendo que en el diseño y modificación de los mismos se juegan elementos de la vinculación de los sujetos sociales, el fortalecimiento o debilitamiento de las redes vinculares actuales. Todo teniendo en cuenta que en los procesos de creación o rediseño de espacios públicos se pueden estar reproduciendo desigualdades sociales.

En relación a la revalorización de espacios públicos, como la costanera, se han dado pasos importantes en los últimos años, pero ahora estamos ante un desafío. El calor empujará hacia el lugar a sectores que no tienen posibilidades de morigerar las altas temperaturas de verano con las comodidades dentro de la privacidad de sus casas. También, a causa de la pandemia, resulta imprescindible el distanciamiento entre las personas que no son del grupo conviviente. Podríamos preguntarnos cómo se está pensando la preparación de ese espacio público urbano.  

 

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