Hace 35 años la literatura local tuvo un quiebre inolvidable
?En 1991, nuestro país hablaba del cólera como la enfermedad que nos podía diezmar. Diego Maradona iba a ponerse la camiseta de Newell’s Old Boys de Rosario y un automóvil salía poco menos de 11 mil pesos.
En la esquina de Cárcano y avenida Libertador –donde hoy está el puente Alberdi– La Madrileña anunciaba que iba a abrir una sucursal.
Mientras todo eso pasaba, entre las sombras y desde sus manos –que siempre tenían un Benson–, Alejandro Schmidt se preparaba para presentar “Dormida, muerta o hechizada (1991)”, un poemario que fue un antes y un después en la literatura local.
Si bien desde los 80 Schmidt venía publicando, tal obra fue un quiebre para todo lo que vino después.
Uno de los textos que nos dejó “Dormida...” es el siguiente, a modo de ejemplo:
Instantes
mientras te arrodillabas para enjuagarte el cabello
tus brazos se alzaron
mezclando los gramos de la luz
como si ardiera el último secreto
y tu risa mojada
fue necesaria esta visión
para saber que estamos solos en el mundo
tigres de espuma donde aroma
el precio del instante.
(*) el espaciado y la gramática se corresponden con la obra escrita. Respetando los silencios, el orden y demás, para respetar el texto.
En febrero de 2021, Alejandro nos abandonó.
Se trata de una de las voces poéticas más delicadas y originales de nuestro país. Nacido acá, en Villa María, en 1955, comenzó a escribir a los 13 años y fue prolífico a lo largo de toda su vida, no solo publicando sus propios libros, sino editando los de otros poetas a través de Radamanto, sello que llevó adelante de 1992 a 2007, y de revistas literarias que fundó y dirigió, como Luna quemada y El gran dragón rojo.
Su obra, compuesta por más de cincuenta libros y plaquetas, quedó, en parte, inédita. Fue traducido al inglés, italiano, francés, portugués, alemán y rumano. Su primer libro publicado a los 26 años fue “Clave negra”. “Tajo en la piedra” (junto a Omar Dagatti) salió a luz en 1984 y de ahí en más no paró. Publicó “Elegías y epitafios” (1985), “Dormida, muerta o hechizada” (1991), “Notas de una biografía perdida” (1993), “Silencio de fondo” (2000) y “Otros rayos” (2016), entre muchos otros volúmenes. Él mismo decía que era un autor prolífico y que escribía cuatro o cinco poemas al día.
