El Diario del centro del país

Darle una oportunidad a la paz

Camila, Francisco, Crescencia, Lidia, Morelia y Daniela, ayer, en la Redacción de El Diario

Derecho a réplica – Barrio Las Acacias

Acompañadas por el sacerdote que atiende la capilla del barrio y militantes sociales, tres mujeres que forman parte de familias que se sintieron agredidas por declaraciones de un vecino en su contra (publicadas en nuestra edición del 24 de enero) tomaron la palabra

“Nosotras estamos dolidas por tantas mentiras que ese vecino, el señor Martín, dijo en El Diario. También por la infinidad de denuncias que formula en nuestra contra, por situaciones que solo caben en su imaginación y que no terminan en nada, pero que hacen que nuestros esposos e hijos deban responder cuestionarios realizados por la Policía, creando entre nosotros una angustia difícil de explicar. Sobre todo estamos dolidas porque después de tantos esfuerzos para alcanzar un acuerdo que haga posible la convivencia, inclusive con la mediación de la Auditoría y con acuerdos firmados… parece que es imposible”. A medida que Crescencia va narrando sus sensaciones, Lidia y Morelia asienten.

Lidia, antes que nada, se preocupa en asegurar que los terrenos en los que se asientan sus viviendas “no son usurpados”, sino que “tienen todo en regla”.

El padre Francisco, encargado de la Parroquia Sagrada Familia, con jurisdicción sobre la Capilla del Divino Niño, de barrio Las Acacias, donde funciona una copa de leche y un comedor atendido por Cáritas, concurrió al encuentro de las madres de familia con el periodista de nuestro matutino “para dar apoyo”. Y expresa: “Es verdad que se brindó ayuda a esas familias para construir un baño, porque eran ocho personas las que vivían en uno de los hogares y lo necesitaban”.

“Y se les brinda la misma ayuda que a cualquiera que lo necesita… Son muy buena gente, cuidan a sus hijos… Los varones salen a la mañana temprano a trabajar en la construcción y regresan alrededor de las 18… Sus casas y las inmediaciones lucen limpias, las condiciones de higiene son las debidas”, añade el sacerdote.

También están presentes Camila y Daniela, militantes sociales de la Unidad Básica Ramón Campodónico, que funciona en ese sector de la ciudad, para señalar que conocen el “problema bien de cerca” porque llevan “cuatro años de trabajo en el barrio”. Desde esa experiencia recuerdan que “en la Auditoría existe una nota firmada por unas 200 personas, que hablan bien de esta gente y que dicen no tener inconveniente alguno con estas familias de trabajadores”.

En el aire queda flotando la sensación de que el problema verdadero con el que choca la convivencia en la esquina de Las Magnolias y Los Ceibales es la condición de paraguayos de algunos integrantes de estas familias…

“A él le molesta nuestra música. En el barrio, a la vera de la ruta hay varios boliches cuya música, según pega el viento, parece que tuvieras los parlantes dentro de la casa. Eso, a las 2, 3, 4 de la mañana, no le molesta. Le molesta nuestra música inclusive a la hora acordada con él, porque habíamos firmado un acuerdo ante la Auditoria para que se pudiera escuchar música desde las 16… Pero tampoco podemos. Nosotros no decimos nada de los ruidos de su taller de chapa y pintura”, comenta Lidia.

Y Morelia añade: “Llegan cansados de trabajar todo el día, ¿cómo no van a poder escuchar chamamé?”.

Las madres de familia recuerdan luego que “una vez hizo la denuncia contra nosotros directamente, sin darse cuenta que la música venía de otra casa”.

“Son más de seis denuncias, la última de las cuales hizo que cuatro de nuestros varones y dos chicos argentinos tuvieran que ir a declarar a la Unidad Fiscal porque sí”, añaden.

Camila apunta al respecto que “tienen que comparecer a las citaciones y demostrar cada vez que tienen todos los papeles en orden, el permiso de residencia como corresponde…”.

“Son horas de trabajo que pierden y que, en cierta forma, los pone en falta ante sus patrones y les hace peligrar el puesto de trabajo”, agrega.

Ya se intentó en varias ocasiones y, en alguna de ellas, se llegó a establecer un acuerdo hasta sobre el horario para escuchar música. Inclusive, las partes en conflicto llegaron a intercambiar sus celulares para comunicarse en caso de que por algún motivo extraordinario fuera necesario modificar algo del acuerdo… Pero la paz dura poco.

Ojalá primen la cordura, el diálogo y la tolerancia. Y que las autoridades no alejen su mirada de ese escenario.

Demasiados problemas acechan a las familias en los tiempos que corren, como para que se vean privadas de disfrutar de la casa y el barrio, en compañía de los semejantes.

S.V.

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