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De Villa María a la Capital Federal, con el trombón bajo el brazo

ENTREVISTA A ALEJANDRO ARTACHO

Alejandro es licenciado en Composición Musical, e integra la Orquesta Sinfónica de Villa María desde hace 13 años en la sección de vientos. Se presentó a una audición en noviembre pasado y quedó seleccionado para un cargo becado en la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos

Escribe José Glanzmann
Especial para El Diario

Ale lo conozco desde la escuela primaria, donde cursábamos en grados diferentes, porque soy apenas mayor que él. Crecimos en el mismo barrio. Lo encontraba en la parada de colectivos cuando íbamos al Campus de la Universidad. Y siempre me quedaba con ganas de conocerlo un poco más.

De manera extraña o por el rumbo de los caminos, ahora podemos charlar con detenimiento sobre su experiencia de vida anclada a la música.

Entre sus marcas, recibirse de licenciado en Composición Musical con Orientación en Música Popular, con el esfuerzo que implican algunos obstáculos de accesibilidad que la Universidad tenía años atrás, pero acompañado siempre por docentes y compañeros. Cuenta que se recibió el 4 de septiembre de 2014, justo en coincidencia con el día en que fallecía Gustavo Cerati.

Ale, ¿cómo comenzaste con el gusto por la música y a tocar instrumentos?

-En mi casa, en mi familia no hubo músicos, pero siempre hay una banda sonora de fondo. En mi caso nos compraban casetes, había en mi casa, y un grabador. Por ejemplo, me acuerdo que había algo de María Elena Walsh.

También recuerdo cuando compraron un primer minicomponente Panasonic a principios de los años 90, y ahí creo que empezó como una moda de comprar CD. Conocí un disco de Joe Lee Cocker y me enganchó, creo que tenía unos 8 años.

En ese momento empecé a tocar la guitarra, el porqué no lo sé, pero me acuerdo que me enseñó un compañero de mi viejo que trabajaba en Gas del Estado, Alejandro Tisera. Iba a mi casa para darme clases, y me enseño una cosa que es lo que más rescato de esa experiencia, que me motivó a que “sacara” las canciones de la radio o discos que me gustaran y las “saque” de oído.

Además, otro antecedente, en primer grado de la escuela primaria República del Paraguay, con la profe Alicia, empecé a tocar la flauta dulce en el “conjunto instrumental”.

En sexto grado empecé a escuchar otras músicas más allá del folclore como los Illia Kuryaki, Todos tus Muertos, y me enganché mucho con el rock nacional.

Y en tu adolescencia ¿te seguiste vinculando a la música? Luego llegaste a la decisión de arrancar la Licenciatura en Música Popular en la Universidad…

-Sí, en algún campamento que hacíamos en el colegio Trinitarios tuve contacto con un profe que me mostraba de los acordes para guitarra. También tuve compañeros de curso como Fede Lattanzi, que hoy tiene la Funky Dealer, y César Seppey, de los Rayos Láser.

En cuarto año teníamos unos talleres, y elegí uno que se llamaba Bandas. En contraturno nos juntábamos a tocar música, con la profesora Angélica Marchini y me re enganché con eso.

Por ella también supe de la existencia de la carrera de Música en la UNVM, y yo estaba con ganas de estudiar Abogacía. En 2001, pensé que siendo músico o abogado iba a estar complicada la situación por cómo andaba el país, entonces decidí que prefería enfocarme en estudiar música.

En 2002 me acerqué a la Universidad, me recibió el coordinador de la carrera, Juan Carlos Chiarella, que me dijo que no me podía evitar el ingreso porque era una universidad pública, y que luego de inscribirme íbamos viendo cómo superar los obstáculos que podían ir apareciendo.

Ahí arranque un curso de musicografía braille a distancia. Después para adelantar un poco me leí un manual de musicografía braille que estaba en la Biblioteca Mariano Moreno. Lo hice para entrar a la carrera con una base y para poder leer y escribir música.

La verdad que no tuve problemas mayores, siempre los problemas que puede tener cualquier estudiante universitario. El único gran obstáculo era que la Universidad no estaba preparada para recibir a un estudiante con alguna discapacidad como la mía u otras.

Cursé la carrera casi al día, la finalicé en 2008. Luego empecé a trabajar dando clases de música, a tocar con varias bandas locales y me demoré en rendir y realizar el TFG.

Entonces ¿cuáles fueron tus primeras experiencias en grupos de música?

-Empecé a tocar en un trío de folclore en 2005, donde yo tocaba el bajo. Acompañaba a una pareja, Emi y Laura, que estudiaba en la “uni” conmigo y tocaban en peñas y shows particulares.

En ese momento fue cuando arranqué cobrando alguna plata por tocar en vivo con músicos. En 2006 empecé a formar una banda que se llamaba Panacea, donde tocaba el bajo, con Marcelo Perazzí, David Marengo y Ezequiel Damián

Fuiste probando diferentes instrumentos, te encontraste con el bajo y luego te inclinaste por otros como el trombón…

-El bajo siempre me gustó mucho más que la guitarra, pero siempre fui probando diferentes instrumentos. Después empecé a tocar el trombón en el Ensamble de Vientos de la Universidad, que dirige Luis Nani. Yo iba a los ensayos siempre, después de los parciales. Un día me habla Luis, me comentó que en el Centro Cultural de la ciudad había instrumentos disponibles para tocar, te los daban en comodato, y ahí agarré el trombón. La verdad no tenía mucha idea de cómo se tocaba, pero Fernando Hemadi, que es el profe de Trompeta, me enseñó a tocar las primeras cosas, y en el año 2005 ya me integré al Ensamble.

¿Cómo surgió esta oportunidad de integrar la Banda Sinfónica de Ciegos y el concurso para sumarte?

-En realidad, como trombonista empecé a tomar clases con profes grosos de la ciudad, de Bell Ville y Buenos Aires. Después hace como 10 años hice contacto por Internet, por Facebook, con la Banda y me contactaron con Cristian Alderete, trombonista del grupo.

Un día fui con el Ensamble de la UNVM a tocar a Buenos Aires y me crucé con la banda de ciegos. Ahí establecí contacto de nuevo con algunas personas con las que seguí comunicándome por chat.

La banda está pasando por una situación media complicada ya que muchos músicos se están jubilando, y necesitan nuevos integrantes. En 2018 lanzaron la convocatoria a audiciones para que ingrese gente nueva por contratos a término. Me presenté y quedé seleccionado.

Tenía que ir a Capital Federal para audicionar el 28 de noviembre, que justo coincidió con el desarrollo del G-20, en donde estaba toda la ciudad sitiada. Entonces no pude ir hasta allá, pensé que había perdido la oportunidad. Se comunicó el director de la banda conmigo y me realizó la audición en forma virtual vía Skype.

¿Y cómo son los pasos a seguir ahora?

-En los primeros días de marzo me voy a radicar en Capital Federal para integrarme a la banda por 6 meses, en principio. Es un desafío para mí irme a vivir allá, y si se dan las cosas, quedaría en forma efectiva en la agrupación. Tengo algunos amigos allá como el Negro Mondino, Mauro Toro y otros más que seguro me van a dar una mano en lo que necesite. Pero en principio me voy a vivir solo.

 

Recorrido

Ale formó y forma parte de muchas bandas locales, con estilos diversos desde rock experimental a ska y funk. Actualmente integra el grupo Radical Roots, con raíces de ska jamaiquino, junto a Matías Sánchez, Darío Vasconi, Gustavo Maciel, el Koko Cabrera, en percusión Ezequiel Dagliano, en vientos Sergio Alonso y Andrés Otermin, tecladistas que van rotando. Acaban de finalizar la grabación del tercer disco.

También integra un sexteto de bronces denominado Cool Brass y la Villa María Big Band.

 

Sobre la sinfónica nacional

La Banda Sinfónica de Ciegos es la única en su tipo en el mundo. Integrada por 55 músicos no videntes, ofrece un repertorio de más de 250 composiciones, en el que conviven obras universales consagradas, creaciones de autores argentinos, música popular y piezas originales para banda sinfónica.

 

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