“Debemos darnos el debate para aggiornarnos a los tiempos que corren”

Pablo Andrés Rosso

Nació en Las Perdices, el 15 de agosto de 1973. Ingeniero electrónico. Casado, dos hijos.  Docente. En 1993 comenzó sus estudios universitarios en la ciudad de Córdoba, en 1997 se radicó en Villa María y obtuvo su título dos años después. Tuvo un paso por la política partidaria en su pueblo natal, siendo secretario de Gobierno de la administración de Fabio Torre.

En los claustros de la Tecnológica fue consejero estudiantil, consejero graduado y consejero docente.  Se desempeñó en la Subsecretaría de Extensión y en la Secretaría General.

En el año 2010 asumió como decano de la Facultad Regional Villa María de la UTN, fue reelecto en dos oportunidades y es el cargo que ocupa en la actualidad con mandato hasta 2022.

En 2013 se desempeñó en la titularidad del vicerrectorado de la UTN nacional

 

Escribe Nancy Musa DE NUESTRA REDACCION

Podría haber sido un reconocido jugador de fútbol o un encumbrado político. Las vueltas que tiene la vida lo llevaron a dedicar la totalidad de su tiempo al ámbito académico y ser arte y parte fundamental de la Tecnológica, la universidad que lleva en su esencia el espíritu obrero.

Con una marcada tendencia al diálogo, a la tarea en equipo, a la innovación y a los desafíos, Pablo Rosso sueña con romper determinados paradigmas y transmitir a los jóvenes conocimientos y valores humanos.

Tiene una mirada muy positiva sobre las capacidades de la juventud de este siglo y muestra orgullo por los logros de profesionales argentinos en diversos centros de investigación del mundo.

Sencillo, apegado a lo institucional, observador y analítico. Un ingeniero que intenta acomodar las piezas para mejorar la calidad de vida de las personas.

 

-¿Cuáles son los desafíos que tiene por delante la universidad pública en el contexto actual?

-En un año tan particular como este, que se van a rememorar los cien años de la Reforma Universitaria, que nació en Argentina y terminó impactando en  el mundo,  creo que el sistema de la universidad pública se enfrenta a múltiples desafíos.

Debemos darnos el debate para  aggiornarnos a los tiempos que corren.

A veces posponer permanentemente, algunas cuestiones que terminan golpeando como una ola, es no darse cuenta de que los jóvenes son distintos a veinte años atrás, que los docentes deben necesariamente incurrir en procesos de capacitación que le ayuden a romper sus paradigmas, a hacer de la enseñanza un divertimento, una intriga para quien la busca.

Ya no está enclaustrada la información, la información se ha democratizado y por lo tanto tener a alguien en el aula con atención, va a demandar mucho esfuerzo para transmitir conocimientos,  es algo que lo pueden hacer aquellas personas que están tocadas por la vara mágica y pueden en un momento tan corto como es una hora y media de clases transmitir el verdadero conocimiento.

Se trata de dar un paso para que el alumno pueda aplicar el conocimiento para el verdadero objetivo que tenemos las universidades que es tratar de mirar a mediano y largo plazo y ser capaz de elevarle la calidad de vida a la gente.

 

-¿Uno de los puntos clave hoy es la formación no solo en el conocimiento técnico sino en  los valores humanos?

-Seguro, más de todo en este lugar del país. Acá tenemos la suerte de poder identificarnos todos los claustros, tanto los que están en el proceso de formación que son los estudiantes como los docentes a cargo de la enseñanza, los no docentes que están en el movimiento diario, las instituciones y sus distintos sectores. Los graduados peleando puertas para afuera y representándonos, acá ir sobre el conocimiento humano nos ha dado esa potencia que indudablemente escuchamos en cada lugar que vamos, en referencia a que nuestros graduados no solo son personas de buena formación técnica sino de buenos valores humanos.

En eso nos distinguimos de las grandes ciudades.

-¿Existen diferencias abismales entre estar en un cargo en la UTN nacional o al frente de una Facultad Regional?

-Hay diferencias entre estar en el ámbito de la gestión nacional y estar en la Facultad. El cambio más grande es que el Rectorado no tiene estudiantes. Entonces es difícil decir qué te gusta más. A mí me gusta estar donde están los estudiantes porque para mí sin estudiantes no hay universidad. Pero sí, es distinto y se maneja otro tipo de información, otro tipo de gestión que de alguna manera no está centrada en la urgencia que es lo que nos pasa acá a diario.

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-¿Han sufrido recortes del presupuesto en los últimos años?

-Nosotros venimos en una etapa de la última década donde los principales incrementos presupuestarios tienen que ver con las negociaciones salariales.

Y después hasta hace dos años atrás, tuvimos tendencia de existencia de programas que fortalecían las funciones universitarias más postergadas, la ciencia y la tecnología, programas de grado puntuales para dar respuesta a una formación de mandos medios como fueron los procesos de tecnicatura que tuvimos y las becas estudiantiles que nosotros las vivimos con mucha felicidad porque en algún momento la enseñanza de la Ingeniería se tornó privilegiada para lo que el país tenía como objetivo principal que era fortalecer la parte productiva.

Y por eso insisto en este espaldarazo que recibió la ciencia, la tecnología y la extensión que son muy necesarias.

Cuando se lanza el Arsat, la voz que responde a la Guayana francesa es un alumno de ingeniería de Haedo.

Hoy, graduados de Villa María están estudiando en Ingeniería Aeroespacial, en ese sentido se vivía con muchísima expectativa.

Y en eso el sistema universitario argentino ha dado muestras de buena competencia con las universidades más grandes del mundo.

Pero de esa expectativa que venimos,  ahora estamos en  un esquema en que esos programas, de alguna manera, empiezan a ser revaluados,  redireccionados,  con ciertos criterios de análisis de mercado, donde los números están por encima de las necesidades sociales.

 

-¿Más conservador?

-Sí. Hoy, yo diría que es un esquema mucho más conservador.  Hoy las becas estudiantiles no tienen una actualización presupuestaria como teníamos en 2010 con las famosas becas del Bicentenario, hoy los programas de fomento de la investigación vuelven a estar más acotados, los programas de infraestructura universitaria que tuvieron su pico en 2010 y 2011 vuelven a ser reorganizados, salen del Ministerio de Educación pasan al de Infraestructura, y esos empujones que sentimos unos años atrás hoy no se sienten con tanta firmeza.

 

-¿Por qué piensa, de acuerdo a su experiencia, que se subestima por así decirlo el tema de la ciencia y tecnología y se le da prioridad a las finanzas?

-Creo que a lo mejor en la pregunta está la respuesta. Los argentinos culturalmente nos debemos el debate de entender que dar  valor agregado a través de la ciencia, la tecnología, la investigación, la innovación, la creatividad puede ponernos en el mundo en situación de competencia, de forma tal de poder generar recursos o ingresos importantes que nos hagan fortalecernos en el mediano y largo plazo desde el punto de vista económico.

La sorpresa la estamos dando con la Ingeniería del software, la gente formada en el rubro de los sistemas de información están hoy a nivel mundial dando respuestas a la demanda que es superior a lo que el mundo puede formar en esa temática.

Están generando recursos significativos.

 

-¿Nos cuesta verlo?

-Acá sigue centrado el proceso cultural de la famosa producción agropecuaria, en donde por supuesto es importante,  pero creo que el capital humano que tiene Argentina puede llegar a sorprender, como ya sorprende en la actualidad a través de noticias que se van conociendo.

Estamos dando sorpresas en el mundo,  leí ayer sobre el tratamiento innovador del síndrome urémico hemolítico que hicieron investigadores argentinos y que pueden dar lugar a que las inversiones apunten en ese sentido.

Hoy vemos que los fondos que sobran en nuestra región se convierten en ladrillos, bienvenidos sean, pero también seguramente se podrían apoyar otras líneas de empresas pequeñas que darían trabajo y que generalmente terminan haciendo la buena red social para la contención.

 

-¿Le genera preocupación el contexto económico que estamos atravesando?

-Sí, lamentablemente los procesos económicos generan estos vaivenes que incomodan el transcurso normal social que tenemos que tener.

Fundamentalmente en la previsibilidad que debe tener la parte gruesa de la pirámide, saber en qué puede invertir, dónde educar a sus hijos y esos vaivenes hace que la gente esté muy preocupada.

Estamos en un proceso económico complicado, con una tendencia permanentemente de toma de créditos, donde todavía las inversiones o la visión del mundo sobre Argentina no se consolidan, todo eso sin lugar a dudas termina repercutiendo en esto que te decía, que hoy la ingeniería pasa a estar en una posición inestable, las empresas están especulando qué va a pasar con el mercado, tanto interno como externo, y entonces se dan esos procesos que realmente no nos permiten ver el mediano y largo plazo.

Ojalá vengan tiempos dirigenciales,   donde a través de un gran acuerdo se fijen pautas claras en 20 o 25 puntos que los argentinos los llevemos adelante como corresponde a través del consenso de todos los partidos.

Hay dirigentes que responden a distintos colores políticos,  pero en la charla informal cuando se analizan temas de fondo las diferencias no son tan grandes y no debería ser tan difícil alcanzar un consenso.

 

-Cuando comenzó a estudiar ingeniería, ¿se le pasó por la cabeza que iba a estar sentado en el sillón del decano?

-No. De joven yo estaba entre el deporte y la aplicación de técnicas tecnológicas para dar soluciones a pequeños temas.

Y vino la formación, el paso de los años, la oportunidad. Algunos de los que somos del mismo grupo y hoy formamos un equipo de trabajo,  nos preguntamos qué hubiera pasado si un profesor nuestro de sexto año no se iba dos meses a Francia a capacitarse y nosotros no hubiéramos tenido dos horas libres y no hubiéramos ido a la cantina a tomar el café y no hubiera venido ese grupo de estudiantes y pegaba un cartel que llamaba a elecciones  para el centro de estudiantes (sonríe).

Es como que la vida a veces presenta desafíos y uno decide tomarlos o no. Nosotros ese día nos subimos a esa elección y hasta el día de hoy no paramos.

 

-¿Por qué eligió Ingeniería?

-Creo que por mi formación previa de parte técnica.  Estudié en General  Deheza, soy técnico electromecánico decimos nosotros, cuando uno lee el título dice técnico mecánico electricista. Creo que la escuela técnica fue estratégicamente detenida después de los 90, nos quisieron convertir en lectores de manuales de tecnología desarrollada en otros lugares.

La formación teórica en las aulas de mi colegio técnico que nos daba ganas de ir a las clases de física, química, matemática,  esa posición es la que debemos tener hoy.

Y cuando mis padres decidieron acompañarme para que yo vaya a la universidad mi elección fue la Ingeniería, a pesar de que, te debo ser sincero, cuando llegué a Córdoba no tenía tan definida la electrónica.

Y acá estamos.

 

-¿Su infancia en Las Perdices fue linda?

-Sí, fue muy linda. Un pueblo relativamente chico con un posicionamiento cultural muy diferente a lo que es hoy esta ciudad o ciudades más grandes.  Vivía a una cuadra del colegio y no recuerdo que los padres tuvieran tanta preocupación por llevar o ir a buscar a sus hijos. No recuerdo que los padres no fueran socios de los docentes para marcarnos nuestros errores en los procesos de formación.

No recuerdo que los padres se preocuparan porque estuviéramos jugando a lo que podíamos jugar, que era a la pelota, a correr por el campo para entrampar pájaros y después los soltábamos.

Juegos que dependían de nuestra inventiva, saltar a la piola o subirnos a un pino, subir al tobogán al revés para que nuestras piernas se fueran fortaleciendo (risas).

Después tuve la suerte de jugar a la pelota, y ya me dediqué de una manera casi exclusiva. En nuestro caso nos tocó mucho en General Deheza,  jugábamos en el Club Acción Juvenil y viajábamos todos los días.

Jugué desde el baby, las divisiones inferiores hasta que llegué a la Primera división y después me fui a Córdoba, una rodilla falló y como decías vos hace un rato, creí que el ciclo estaba cumplido y me dediqué al estudio.

 

-Pablo, cuando jugaba a la pelota ¿se imaginó ser un jugador estrella,  salir a la cancha de un cuadro grande?

-(Risas).  En algunos momentos eso se sumaba porque se daban situaciones que uno no las buscaba y que  se pudo tener la suerte de probarse en clubes de renombre como Newell’s o Talleres. Pero como todo en la vida, hay cuestiones que se facilitan y otras no se dan.

En aquel momento, irse de casa a una edad temprana no era tan común. Después le tocó a mi hermano más chico, que tiene 15 años menos que yo, y se fue a vivir a Rosario a jugar a la pelota.

Pero yo disfrutaba  del juego, no voy a negar que en algún momento hubiera querido ser campeón del mundo (risas), cosas que a los 16 años son normales.

 

-¿Y sus padres?

-Mi padre falleció hace poco más de un año. Mi madre está viva y tengo el mejor recuerdo de ambos. Personas que vieron en la familia ese mayor tesoro como yo lo denomino. Inculcarnos permanentemente la unión, tirar para el mismo lado, somos cuatro hermanos ,  tres varones y una mujer que vive en Brasil.

Todos formados en tecnológica, mi hermana llegó a cuarto año y dijo “no me gusta la Ingeniería” y es bioquímica. Yo soy electrónico, al tercero le falta la tesis para ser mecánico y al cuarto le faltan materia para ser civil. Todos ingenieros.

Mis padres no fueron universitarios, ellos laburaron toda la vida para darnos ese legado,  nunca los vi quejarse de nada, siempre hablándonos de ir por el camino de la verdad, ir de frente y eso es lo que uno hoy trata de hacer por los hijos.

 

-¿Se hablaba de política en su casa?

-Sí, se hablaba y se participaba. Más que todo después del advenimiento de la democracia, en el 83 yo tenía 10 años. Una familia de raíz justicialista, mi papá era en aquel momento lo que en los pueblos se denomina juez de Paz, lo fue del 73 al 83, el triunfo del radicalismo hizo que se tuviera que alejar de ese lugar, después toda su vida ejerció el comercio en distintos rubros,  nos inculcaban a los hijos trabajar con ellos, no para hacer una explotación laboral, sino para dejarnos otros valores, la cultura del trabajo, de la responsabilidad, del  acompañamiento, de asumir compromisos y llevarlos a cabo.

Y de todos,  el que más  tuvo ese bichito de la política fui yo que empecé a participar desde el 95 hasta hoy.

En el 99, acompañé cuando el peronismo ganó la Intendencia por primera vez en la historia del pueblo.

 

-¿Acompañó a Fabio Torre?

-Sí, también estuve en la Cooperativa Eléctrica, otro gran desafío y una linda etapa de mi vida, me encantan los sistemas cooperativistas, hay que vivirlos desde adentro para entenderlos y fueron complementarios a mi fase de formación como estudiante.

Y en 2007, ya siendo subsecretario de Extensión de la universidad, acompañé nuevamente a Fabio, fui electo concejal pero antes de asumir me pidió que lo acompañara en la Secretaría de Gobierno.

Ese año me casé en septiembre y en diciembre asumí como secretario de Gobierno, le dije al ingeniero (Juan Carlos) Peretti que iba a hacer eso y lo mismo me pidió que estuviera con él en la Secretaria General.

Así que a la mañana estaba en Las Perdices y a la tarde acá (sonríe). Después de ese proceso, ya me instalé como decano. Pero, siempre en las mesas donde estaba papá, mamá, mis hermanos la política saltaba. No eran charlas de coincidencia total, había diferencias sanas que nos hacían pasar lindos momentos.

 

-¿Qué experiencia le dejó la militancia partidaria?

-A mí me gustó muchísimo la posibilidad de ser reclutado por quien fuera para mí uno de los dirigentes políticos y cooperativos muy importantes,  allá por los años que te estoy citando, Fernando Biolé, que fue presidente de la cooperativa.

El hizo el esfuerzo de convocar a nuevos dirigentes e iniciamos todo un camino con la idea de presentar un programa a la sociedad. En el 95 se presentó de manera apresurada, nos tocó perder (risas) y en 1999 con más tranquilidad, más tiempo, el proyecto logró el apoyo.

Pero, me gustó eso del trabajo en equipo, interdisciplinario, había gente formada en Ingeniería, Fabio en Ciencias Políticas, Fernando es biólogo, fue un gran equipo que fue haciendo de sus tareas habituales, el complemente para ofrecer algo para las localidades.

 

-¿Por qué nos cuesta tanto a los argentinos tener puntos en común, escucharnos y entendernos por el bienestar de todos?

-Porque somos tenedores de un ADN que nos califica más como calentones. Cualquiera que nos mete fichas, que nos moja la oreja, hace que nosotros nos salgamos de nuestras casillas y nos posicionemos.

Y hoy los medios y ciertos actores hacen saltar esas diferencias y generan discusiones sin que a veces se reconozca la historia.

Por ejemplo, Alfonsín fue reconocido cuando dejó de ser presidente y varios años después.

Creo que si Cristo hubiese nacido acá también lo crucificábamos.  Nosotros somos muy rápidos para llevar a alguien a la cima y muy rápidos para castigarlos.

Todas las personas que asumen grandes responsabilidades tienen aciertos y errores, pero un dirigente de los Estados ya sea nacional, provincial o municipal no puede generar actos que sean motivo de sospecha de parte de la sociedad porque en ellos depositamos la mayor confianza.

Los argentinos firmamos cheques en blanco y a veces nos arrepentimos de eso.

 

-¿Piensa que es necesaria una renovación urgente de la dirigencia?

-Creo que sí. Hace falta que algunos dirigentes, de todos los ámbitos, comprendan que los ciclos no pueden ser sin límites y que la renovación debe existir por más exitoso que sea un dirigente. La alternancia y la renovación son fortalezas.

 

-Teniendo en cuenta que viene de un origen justicialista qué opinión tiene sobre la intervención del PJ…

-Por ahí con mi esposa Mónica nos preguntamos qué pasó hoy,  porque con los dos chicos los televisores son de su dominio (risas) entonces cuando me enteré ya había ocurrido.

Creo que hay procesos que realiza la Justicia que terminan sorprendiendo a la sociedad y nos llevan a presuponer que forman parte de estrategias que vienen de diversos sectores.

No lo voy a calificar como un acto de distracción, lo veo como un acto que puede responder a otros planes y no precisamente a los que todos estamos intentando leer.

El peronismo está pasando por un difícil momento y necesita que sus dirigentes se pongan de acuerdo en generar una buena propuesta y la pongan a consideración de la sociedad el próximo año.

 

-¿El espíritu de la universidad obrera con el que nació la Tecnológica se sigue sosteniendo, está en la esencia?

-Nosotros somos una de las líneas de militancia política de esta universidad que sostenemos a la universidad obrera,  que sostenemos nuestros principios fundacionales. Sigue siendo parte de nuestro debate la asistencia del 80% y esas cuestiones que sabemos están a contramano del mundo (risas).

 

-¿Siguen sosteniendo ese concepto de gratuidad de la universidad?

-Eso es no negociable. La gratuidad de la enseñanza es para nosotros indiscutible.

 

-¿Tienen nuevos proyectos para los próximos tiempos ?

-Nosotros estamos en dos escenarios nuevos, el  cambio de rector que se dio en diciembre y nuestra continuidad que se va a dar a partir de la próxima semana.

Hay muchísimos proyectos, me senté con el gabinete el pasado lunes, el gabinete va a ser ratificado en su totalidad, hemos logrado un buen equipo de trabajo y la continuidad le da esta exigencia que nos imponemos que es ir por objetivos mayores.

Nosotros estamos apuntando mucho a ser innovadores y creativos en las funciones sustantivas de la universidad:  la capacitación docentes, la tutoría de pares para los estudiantes, la conversión de algunas de nuestras carreras a modalidades a distancia.

Sostener algunos programas de impacto social importante.

Nuestra escuela de oficios que hoy tiene un nuevo récord  de inscriptos y apuntamos a ochocientas personas para capacitar en el año, tenemos mil doscientos alumnos de grado y objetivos para profundizar.

Estamos ahora en un trabajo conjunto con el municipio del secundario para adultos que lo vamos a continuar casi solitos a nivel país, donde son más de quinientas las personas que están estudiando en Villa María y la región.

Nos sentimos muy orgullosos de sostener el programa y estar trabajando con el intendente Martín Gill, con el que nos ha unido una gran amistad en todos estos años. Estamos, también, a punto de poner en marcha una residencia estudiantil que es un objetivo desde 2002 que planteamos con el ingeniero Peretti.

El proyecto está hecho con recursos propios que surgen de la interacción de la universidad con la sociedad.

 

-Gill estuvo en los claustros y llegó al Palacio municipal, ¿a usted le gustaría ser candidato a intendente?

-(Risas). No, Creo que es un ciclo al que lo considero cerrado y menos en una ciudad a la que le tengo mucho respeto, mi madre es villamariense,  tengo la oportunidad de seguir viviendo en la casa que era de mi abuelo, pero entiendo que mi posición para colaborar siempre estará de afuera y no desde el protagonismo político.

-Cuando se decidió a participar en política, ¿su familia qué dijo, estaba feliz?

-(Risas). A mi esposa le tocaron varias difíciles. Nos casamos y tuvimos este va y viene estando acá y en Las Perdices. Me fui a Buenos Aires en una elección de vicerrector en un momento en que las chances eran pocas y luego cuando se concretó tuve que vivir un poco allá y un poco en Villa María.

Son situaciones que hay que sobrellevarlas, a ella le toca estar más cerca de los hijos cuando son chicos y hemos podido hacerlo. La familia padece a su manera porque nos acompaña en los éxitos, pero también nos conoce preocupados en cada llegada a nuestra casa, cuando las luces se apagan y aparece el verdadero yo.

 

-¿Cuál es su sueño?

-Ya me manifesté en contra de las reelecciones.  Fue una de las cuestiones que más hablé con Franco Salvático, vicedecano y el secretario general Gaspar Cena.

Yo tenía mis temores de continuar y les dije que si lo hacía, con el apoyo de ellos,  lo hacía para romper algunas estructuras que son históricas y que entiendo son básicas para pegar el salto.

Esta facultad, puede considerarse de las estructuras medias, y para mí es el tamaño correcto para ir por desafíos y objetivos a los que ni siquiera las grandes o las más pequeñas pueden ir.

En esas condiciones asumimos los tres el compromiso de ir por esos riesgos y es el sueño que tengo para estos cuatros años que vienen.

Y después seguir colaborando de donde sea para que a la gente le vaya bien, uno es un servidor público no por el lugar que ocupe sino por la posibilidad que tenga de ayudar al otro.

 

Opiniones

Mauricio Macri

Un gerente.  La verdad que como ingeniero esperaba una fase de desarrollo, más cuando mencionó en su discurso inaugural a Frondizzi, y no hemos recibido esas respuestas.

El se basa en la llegada de las inversiones, yo confiaba en el Plan Belgrano y lamentablemente no ha podido fortalecerse ese proyecto.

Y creo que me gustaría ver al presidente en los años que le quedan un pensamiento más ingenieril y menos gerencial.

Juan Schiaretti

Una persona de palabra. Córdoba tiene una reiteración de hombres en la conducción, esperemos que tenga la visibilidad para ver nuevos dirigentes que sean capaces de conducir la provincia con nuevos desafíos y objetivos.

 

Martín Gill

Una clase de dirigente que entiendo tiene que ver con este futuro del que estamos hablando.  Una persona que el destino le marcó transitar por los ámbitos educativos, donde cosechó muchos amigos en el sistema universitario de distintos pensamientos políticos.

Todavía se lo extraña y se lo nombra en el sistema como una persona que le supo dar a muchos rectores ese acompañamiento que demandaban.

Martín tiene esa magia de crecer todos los días un poquito.

Me gusta

El deporte y la electrónica

 

Me encanta

Pasar el tiempo con mi familia, los hijos te cambian la vida

 

Me divierte

Ocupar el tiempo en cosas que me sirvan en lo laboral, es mi vía de escape

 

Me entristece

Las cosas diarias que pasan en el mundo

 

Me enoja

Las diferencias entre las personas que hablan al mismo tiempo, si se escucharan se darían cuenta que las diferencias no son tan grandes.

 

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