Desde los 70 “se viene desmoronando la sociedad salarial”

Pedro Lisdero, docente e investigador

Entrevista – El docente e investigador Pedro Lisdero nos da su punto de vista sobre el trabajo desde la perspectiva subjetiva de los trabajadores

Una mirada académica del mundo del trabajo es la que aporta en esta nota Pedro Lisdero, docente de la UNVM

Pedro Lisdero es profesor del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) e investigador del Conicet. Se aboca a estudiar temas relacionados al mundo del trabajo. Cuenta con varias publicaciones sobre cooperativas de trabajo de nuestra ciudad, como Comunicar, editora de EL DIARIO, y la 7 de Febrero, de reciclado de residuos.

En una entrevista concedida a nuestro medio expresó que “para comprender las transformaciones del mundo del trabajo” ponen el foco precisamente en la experiencia de los sujetos. “Esto parece una obviedad, pero sienta un punto muy importante acerca de cómo estamos definiendo el problema y, consecuentemente, plantea algunas cuestiones transversales a los debates epocales.

Así, es usual ver perspectivas que analizan las transformaciones del trabajo centrando su mirada sobre procesos estructurales, dejando de lado toda una serie de problemas vinculados a las subjetividades. En tensión con esta ‘miopía’ en los estudios sobre el trabajo, un análisis sobre la experiencia de los sujetos que trabajan supone -desde nuestra perspectiva- poner el foco precisamente en la mediación entre lo estructural y los procesos subjetivos”.

Agrega que “precisamente siguiendo estas pistas es que nos hemos abocado al estudio de ciertas experiencias específicas, paradigmáticas, en tanto su concreción pone en juego la resolución cotidiana de una serie de problemas que estructuraban el mundo del trabajo tal como lo conocíamos: por ejemplo, la experiencia de las recuperadas es un caso relevante para pensar cómo la sociedad produce y reproduce los vínculos entre las relaciones de propiedad de los medios y las condiciones de trabajo”.

-¿En base a los estudios que vienen realizando, ¿cómo se dio el proceso de transformación del trabajo en Villa María?

-A nivel general, la exploración de fuentes de datos secundarios permiten describir tendencias que se condicen con la bibliografía acerca de las transformaciones del mundo del trabajo  en la región: heterogeneización, complejización, y feminización de los sujetos trabajadores, entre otras. Esto implica fenómenos como la desproletarización del trabajo industrial tradicional; la subproletarización como consecuencia de las formas diversas de trabajo parcial, precario, tercerizado; el subcontratado vinculado a la economía informal y al sector de servicio. Dentro de este proceso podríamos incluir, además, a la progresiva “feminización del trabajo”.

 -¿Cómo operó el fantasma de la desocupación en los trabajadores y el consecuente dominio de los empleadores?

-Como ya explicité, lo importante de mirar el trabajo es ponerlo en relación con la sociedad. Es decir, entender el lugar que ocupa, no sólo para “producir” bienes y servicios sino su importancia en las relaciones sociales de manera más general. Usualmente, cuando hablamos de desocupación tenemos en la cabeza una imagen de sociedad que llamaremos “sociedad salarial” (Sensu Castel). Esta es una sociedad que se organizaba a partir de cierto compromiso entre lo económico y lo social, donde el trabajador asalariado ocupa el centro de la escena. Esta es la imagen que nos suele invadir cuando pensamos el trabajo: un sujeto (generalmente masculino), que tiene un empleo formal, y que su condición social se asocia a esa relación. Además del sueldo, percibe una serie de “prerrogativas” (educación para sus hijos, salud para la familia, etc.) que permite reproducir a la “clase” que pone el cuerpo en los diferentes sectores productivos. La desocupación tuvo (entre otras miradas posibles) un rol disciplinador de la fuerza de trabajo en esta formación social, en tanto “no estar ocupado” no era solamente no percibir ingreso/beneficios sino estar excluido de los procesos a partir de los cuales la sociedad daba sentido a la vida de los sujetos, los procesos de constitución identitaria. Esto explica un poco la sensación del vértigo, esa especie de extorsión que viven miles de sujetos amenazados a transitar las sucesivas precarización de las condiciones de trabajo: lo que se pone en juego no es sólo la pérdida del empleo/ocupación, sino que hay algo respecto a ciertos procesos subjetivos, identitarios…

La primera disgresión aquí es pensar en qué sentido esta imagen de sociedad, pensada desde las sociedades centrales, tuvo un correlato extendido en nuestras sociedades (en Villa María por ejemplo). En efecto, aquello que se pensó como trabajo típico, tuvo una expansión relativa en nuestras sociedades, donde gran parte de los trabajadores se ocupaban en relaciones diferentes a la asalariada. A pesar de ello, se fue extendiendo la forma de una sociedad salarial, la cual adopta en nuestros territorios ciertas particularidades, sobre todo mirando la sociedad mediados del XX. A partir del ciclo neoliberal comenzado en los 70, se va produciendo un desmoronamiento de la sociedad salarial: los procesos de precarización son unas de las expresiones de esta tendencia. Pero desmoronamiento (Castel) significa que la forma de lo social sigue teniendo centralmente la estructura de lo salarial, aún cuando estas comienzan a transformarse. Todo esto es importante porque en nuestros estudios, incluso de las entrevistas que nosotros tenemos en Villa María a ciertos sectores paradigmáticos, nos surge que el desempleo opera como un fantasma disciplinador (en el sentido que dijimos arriba) aun en sujetos que nunca vivieron “la estabilidad de la relación laboral”. Y allí es donde aparece otro componente asociado al fantasma de la desocupación, que es lo que nosotros llamamos la “fantasía salarial”. Desde nuestra perspectiva, fantasma y fantasía, en tanto mecanismos sociales, siempre aparecen juntos (con un mismo objetivo: disolver el conflicto y naturalizar las condiciones de vida/trabajo). Mientras el fantasma aparece amenazando (soporta estas condiciones de trabajo porque sino “caes en el vacío de la exclusión”), la fantasía opera diferente, quizás con la “dulzura” de la seducción, donde los sujetos viven como propias y beneficiosas situaciones impuestas por y para otros. Si la amenaza de la desocupación lleva a los sujetos a aceptar peores condiciones de trabajo, la fantasía contribuye a naturalizar que estas son lo mejor que podemos seguir; y de manera conjunta se consagra un destino marcados por tendencias a la baja de las condiciones de vida y de trabajo.

Sin embargo, esto no es algo inexorable, inevitable; porque si bien estos son los mecanismos más refinados de extorsión, que están potencialmente instalados  en las relaciones sociales y que los empleadores usan cotidianamente, también debemos decir que nuestras investigaciones nos muestran algunos quiebres de la experiencia, donde fantasmas y fantasías resultan ineficaces.

 -¿Cuál es el rol de los gremios en ese contexto?

-Lo primero que debo decir aquí que es difícil generalizar. En necesario plantear, como en toda acción colectiva, cierta heterogeneidad al interior de los actores. Sin embargo, no resulta una novedad que algunos gremios han sido en muchos casos polea de tracción de los procesos precarizadores de las condiciones de trabajo/vida, y consecuentemente, protagonistas de los mecanismos sociales que detallamos con anterioridad.

Creo que es importante preguntarse sobre los conflictos en el marco del mundo del trabajo, y desde allí comenzar a re-construir el papel de los gremios. En esta dirección, es innegable que mucha de las conflictividades sociales emergente desde el 2001 a esta parte en nuestro país tiene que ver directamente con las transformaciones del mundo del trabajo y ha excedido al actor gremial (ya aclaramos: cuando este no ha sido directamente un actor directo de la precarización). En consecuencia, hay procesos de conformación de actores colectivos ligados a fuertes procesos identitarios que ponen al trabajo en el centro de la escena, donde los gremios como “actores clásicos” del conflicto, o la forma gremial como “norte organizativo” ha sido en muchas experiencias dejado de lado, re-configurado, re-apropiado en sus formas, etc… La realidad de cientos de cooperativas de trabajo, no sólo en Villa María, sino en la región, es entre otras, expresión de esta realidad”.

 

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