Día de la Antártida Argentina

Nuestra Villa María tiene importantes lazos con la Antártida, a partir de hombres que nacidos aquí hicieron mucho por la actividad argentina en el continente de los hielos. Aquí recordamos, a modo de homenaje y conmemoración de tan importante fecha, a dos hombres de esta pampa que dedicaron mucho esfuerzo a nuestro territorio antártico

Pionero sueco de
los hielos del sur, Otto Nordeskjold

El miércoles 22 de febrero se conmemora el Día de la Antártida Argentina. Fecha instituida mediante Ley Nacional Nº 20827, publicada en el Boletín Oficial del 26 de noviembre del año 1974, durante el mandato presidencial de María Estela Martínez de Perón. Esta norma fue promulgada de hecho luego de ser sancionada durante el mes de setiembre de ese año. Por entonces el Senado de la Nación era presidido por José A. Allende, cordobés democristiano, en tanto que Raúl Lastiri estaba al frente de la Cámara de Diputados. Este último, recordemos, era yerno de José López Rega y había ejercido, durante tres meses, la Presidencia de la Nación luego de la renuncia de Héctor José Cámpora en 1973.

 

La fecha elegida para la conmemoración recuerda la primera vez que, en el año 1904, fue izada la bandera argentina en la isla Laurie perteneciente al grupo de las Islas Orcadas del Sur, donde actualmente se erige la Base Orcadas de la Antártida Argentina. Desde entonces nuestro país posee presencia ininterrumpida en el sector antártico. Durante los primeros cuarenta años que habitamos el continente blanco, Argentina fue el único país que mantuvo presencia permanente en el lugar, hecho que constituye uno de los más importantes antecedentes para el reclamo por nuestra soberanía de ese lugar.

 

Debido a que esta conmemoración queda fuera del cronograma escolar desarrollado dentro del año lectivo, algunas provincias establecieron que cada 21 de junio se celebra el Día de la Confraternidad Antártica. En el caso de Córdoba esto fue fijado mediante la Ley 9798, sancionada en 2010 durante la anterior gobernación del justicialista Juan Schiaretti. El segundo artículo de la norma legal señala “El Poder Ejecutivo de la Provincia, a través del Ministerio de Educación, incluirá la fecha antes mencionada dentro del calendario escolar de los distintos niveles del sistema educativo provincial con el objetivo de promover la difusión y toma de conciencia con respecto a la importancia de la soberanía de nuestro país sobre el territorio antártico. En los establecimientos educativos que tengan período especial se celebrará el día 22 de febrero de cada año”.

Uno de los lazos que une a Villa María con la Antártida es la vida del historiador Ricardo Capdevila. Nacido en nuestra mediterránea ciudad, un 3 de agosto, 72 años antes de su fallecimiento producido el 9 de julio de 2008. Para entonces llevaba 30 años radicado en la localidad bonaerense de Ituzaingó, pero nunca dejó de visitar esta ciudad y la vecina Villa Nueva, donde pasó varios de sus años de infancia. Orgulloso solía recordar que, por parte de su madre, era nieto de Manuel Reyno, intendente de Villa María entre 1910 y 1913.

 

Se graduó como abogado en la Universidad de Buenos Aires pero la atracción que, desde joven sintió por el continente blanco lo alejó de los tribunales. Cumpliendo con el servicio militar ejerció como ayudante científico en las heladas aguas de la Antártida Argentina. En ese período sufrió un accidente, cayendo en una grieta de los hielos. Allí estuvo durante  14 largas horas hasta que pudieron rescatarlo. Ese episodio le había dejado un cierto temor a los lugares cerrados, pero en nada afectó su entusiasmo por aquel gélido paisaje al que retornó hasta su última visita durante enero de 2007, antes de enfermarse en el mes de octubre de ese mismo año.

 

A poco tiempo de sus servicios como soldado pasó a ser toponimista en el Servicio de Hidrografía Naval, institución que editó el primer tomo de la Toponimia Antártica Argentina que estuvo a cargo del villamariense. A la hora de señalar las múltiples actividades ejercidas por Capdevila, podemos recordar que fue profesor, investigador, representante científico y director del Instituto Antártico Argentino. Este hombre, afable, de abrazos prolongados y sonrisa amplia, a lo largo de 20 años fue curador del Museo Antártico Argentino, pero quizás lo que más le apasionó fue la conservación de algunos lugares considerados “Monumentos Históricos” en el continente de los hielos. Aquí debemos recalcar que el Tratado Antártico recomienda, a todos los países que lo integran, restaurar y mantener esos lugares. Argentina ha logrado cumplir con esa recomendación gracias al trabajo del equipo que integró Capdevila. Uno de los lugares donde trabajaron fue la cabaña de madera donde invernaron durante dos años el sueco Otto Nordenskjöld y el argentino José María Sobral, junto  a cuatro compañeros más, en un período que abarcó desde 1901 hasta 1903. Capdevila también se ocupó de la preservación de la cabaña de piedra que ocuparan los náufragos del barco “Antartic”, aprisionado por los hielos cuando se dirigían a relevar la expedición de Nordenskjöld.

 

Al igual que en el caso de César Augusto Lisignoli, otro villamariense cautivado por el blanco del paisaje antártico, Capdevila ató su vida a la Antártida. Su logros fueron muchos, y no faltaron reconocimientos dentro de nuestro país y también en el exterior. Es así que fue distinguido por el gobierno de Suecia con el título de “Caballero de la Orden de la Estrella Polar” (en sueco Nordstjärneorden). En argentina fue designado presidente del Instituto de Investigaciones Históricas de Tierra del Fuego y Secretario Permanente de los Encuentros de Historiadores Antárticos Latinoamericanos. Entre las obras que escribió a lo largo de su prolífica vida podemos mencionar “Islario”, “Argentina en la Antártida” (Tomo I), “Antártida, más allá del fin del mundo” y “Argentina en la expedición sueca del Dr. Otto Nordenskjöld”. En coautoría con el historiador Santiago Comérci publicó “Historia Antártica Argentina”, “Historia del Instituto Antártico Argentino” y “Orcadas del Sud, 80° aniversario”.

 

Capdevila siempre reconocía el valor del trabajo de Lisignoli a quien denominaba como “héroe nacional de los antárticos”. En el año 1981 fue uno de los principales impulsores del Museo Antártico “César Lisignoli” en Villa María. Inaugurado en homenaje a quien, en 1915, había nacido en esta ciudad y dedicado su vida al estudio de los hielos a punto tal de inaugurar la glaciología en nuestro país. Por el mantenimiento de esa sala Capdevila siempre viajaba a la ciudad, incluso entabló amistad con Eduardo Giambroni, hombre que el municipio mandó a la Antártida para que se capacitara a fin de atender a los visitantes al museo.

 

La sala de exposiciones de elementos relacionados con la Antártida, en Villa María, le trajo muchas satisfacciones a Capdevila, pero también no pocos dolores de cabeza hasta poco antes de su muerte. La mayoría de los elementos del Museo Lisignoli fueron destruídos, cuando no arrojados, de manera irresponsable, a la basura por parte de funcionarios que no entendieron la importancia de los mismos. Sería interesante que algún día podamos asistir a la reapertura del museo, honrar la memoria de estos dos importantes científicos y apoyar el reclamo de la soberanía argentina en el continente blanco. Por ahora por propia iniciativa de un empleado municipal, comenzó la reunión de los restos de aquella hermosa sala donde concurrían las escuela para que los niños y jóvenes aprendieran acerca de la Antártida Argentina.

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