El Diario del centro del país

Diálogo con los hombres de mi tiempo…

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Los lectores también escriben – Reflexiones en una fecha especial

Con motivo de los festejos de Navidad, un lector compartió un mensaje, con esperanza de que el año 2019 sea mejor para todos

Cuántas veces deberíamos preguntarnos: ¿dónde estamos?, ¿quiénes somos?… No sabemos o lo sabemos, pero no lo queremos asumir. Andamos demasiado apurados y en ese apuro hasta perdemos nuestra identidad. Y los demás, ¿nos importan los demás?… Y el amor al prójimo “qué, seguro tampoco nos acordamos, “qué feo no…”.

Por ejemplo, imagínense ustedes en una estación de trenes, con todo su ruido, su movimiento, la gente y esos chicos de la calle que se mueven allí y que ojalá disfrutaran solamente de sus vivencias, pero que no sufrieran ni fueran estropeados y algún día, de grandes, sean mejor que hoy nosotros y se acuerden de los demás, “qué lindo sería, ¿no?”

Los hombres a veces ni se detienen a pensar o piensan en voz alta, como este señor que decía: diciembre, ya diciembre, pasó el 21, el 22, ayer 23 y hoy ya 24 (tic-tac-tic-tac) y este reloj que no se calla y se me pasa el tiempo y no me alcanza el tiempo ni tampoco alcanzaré el tren si no me apuro¿será posible?, se supone que tendría que llegar para la medianoche… a estar con los míos… los míos. Quiénes son los míos… a ver, tú, él, vosotros, ellos y aquellos los grandes y los chicos… No sé… qué se yo… No sé acaso si los quiero, si casi no estoy con ellos y bueno si no los quiero les compro un regalo y listo… aunque sea a los niños.

Los niños, qué lindo sería si fuese un chico todavía, si son fantásticos… si yo, de chico, con un papel de diario me hacía un barrilete y me iba a volar por donde yo quisiera y a mi mamá le preguntaba cuánto costaría una estrella y también cuánto una barrera, para detener los trenes y que se quedaran allí, en la cuadra de casa, haciendo maniobras y yo mirando, mirando… Cuántos chicos mirando girar un trompo de colores se quedan dormidos, se imaginan una nave espacial que los transporta y es verdad, no es un sueño, si son tan transparentes que no pueden ser indiferentes como nosotros los grandes. “Qué lindo sería ser un chico todavía…”.

¡Pero qué me quedo pensando si yo no puedo perder el tiempo! ¡Si estoy apurado!, ¡qué me importa de los chicos si yo soy un grande! Ni debo preocuparme de tú, de él, de ustedes, de vosotros, ellos y aquellos que no sé quiénes son… o sí, en fin, que cada uno se arregle, yo me voy que se me va el tren… Si ustedes quieren, síganme, pero tendrán que correr, como yo… aunque así cuántas cosas haré mal y cuántas buenas dejaré de hacer…

Déjenme contarles que este hombre entró apurado a la estación tratando de alcanzar el tren, lleva por delante un chiquito que vendía caramelos, lo choca y encima le grita, “chico atorrante, por tu culpa casi pierdo el tren, vago…”. El niño queda tirado llorando en el suelo, la caja con caramelos desparramados y la gente que pasa por su lado sin importarle nada, indiferente.

Pero hay otro hombre que también venía apurado tratando de alcanzar el tren, que se detiene y lo ayuda a levantarse, lo sienta en un banco y le dice -“Pobrecito, ¿te hiciste daño?, no te aflijas, a ver, yo te ayudo, bueno, ya no llores”. Y el niño le dice: – “Yo no quise hacerle daño, señor, y me dijo cosas feas, ¿por qué la gente grande es así?”. -“Ya lo sé, si yo vi que en el apuro te llevó por delante, vos tratabas de venderle caramelos, que es tu trabajo, eso quiere decir que no sos un vago… Comprende, hijo, que desgraciadamente la gente anda demasiado apurada y pierde el dominio propio.

Te explicaré qué es el autodominio, te diré que cuando no tenemos ese control nos dejamos dominar por las emociones y todo lo que ello trae consigo. Al enojarse una persona dice malas palabras y es capaz de golpear, herir y hasta de matar a alguien.

En cambio, el autodominio reprime las emociones, no nos deja excedernos y nos hace actuar con moderación en todos nuestros actos. Tenemos que ser amos de nuestras emociones y pasiones, pero nunca esclavos de ellas, ¿entendiste?”. –“Sí, qué bien. Hoy he aprendido algo bueno, creo que nunca olvidaré, pero me da pena que por mi culpa perdió usted el tren”. – “No te aflijas, no podía haberte dejado tirado, ahora me venderás unos caramelos para mis hijos y te irás a tu casa. Seguramente tus padres ya te estarán esperando, pero permitidme regalarte esta gorra que había comprado para mi hijo, te servirá a ti o para alguno de tus hermanos”. – “Gracias señor, pero qué dirá su hijo”. –“Seguramente él habría hecho lo mismo y te la hubiera regalado con amor, porque recuerda siempre esto: que el amor puede repartirse. Te deseo muchas felicidades y cuídate de las cosas feas de la calle, trata siempre de ser una buena persona. Chau, algún día nos veremos”. –“Ojalá, gracias, señor y saludos a su familia. Chau”.

El hombre se va yendo y el niño le llama y le dice: “Señor, señor: ¿usted es Jesús?”. El hombre responde: “No, pero trato de imitarlo, de seguir sus enseñanzas, tú cuando tengas alguna duda pregúntale a él y dile, Señor ¿qué quieres que yo haga?, no te olvides”. -“Seguro que no, chau”. El niño empezó de nuevo a cantar, “caramelos, caramelos”, y escuché también que llamaba a otros chicos y les decía: -“Chicos, chicos, tengo una caja llena de amor, ¿me ayudan a repartirla?”.

Déjenme decirles que esto puede pasar un 24 como puede pasar hoy o cualquier día del año, pero “cuidado”, no corramos, pero sí caminemos sin duda, así encontraremos algo o alguien que nos diga quiénes somos y también del amor al prójimo, pero eso solamente depende de nosotros, solamente de nosotros, que deberíamos ser como una caja, pero no vacía, si no una caja llena de amor y el amor, les aseguro, que puede repartirse. ¿No les parece?

Horacio
DNI 6.514.917

 

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