Eduvim reeditará obras de Edith Vera

Mural sobre Edith Vera a cargo de Raúl Olcelli, pintado este año en el Inescer

El sello editorial de la Universidad Nacional de Villa María publicará nuevamente “Las dos naranjas”, la célebre y premiada pieza de la autora local de 1969, e intentará recopilar, en un ambicioso proyecto, sus obras selectas

Mural sobre Edith Vera a cargo de Raúl Olcelli, pintado este año en el Inescer

Escribe: Juan Ramón Seia

ías atrás, el escritor local Gustavo Borga posteó en su Facebook en un colorido cartel de gran tamaño: “Una buena: se reeditan los libros de Edith Vera”.

Tamaña noticia comenzó a despertar el interés en colegas, artistas y periodistas que quisieron ahondar en los detalles de semejante proyecto de rescate.

Carlos Gazzera es el director del sello editorial Eduvim

La gran escritora local, acaso la pluma más ponderada históricamente en estas latitudes y con el mayor consenso alcanzado dentro de una escena literaria por demás afectada por excesos de egolatría, será reconsiderada en dos instancias paralelas.

El sello editorial Eduvim, de la Universidad Nacional de Villa María, está por enviar a imprenta la reedición de la obra célebre de Edith: “Las dos naranjas”. Y por otra parte, está recopilando buena parte de su producción editada y desperdigada en plaquetas, colecciones y libros de antología, para publicar sus obras selectas.

Silvia Giambroni cura el proyecto de recopilación de las obras selectas

La primera producción tendría fecha de salida en el mes de septiembre, en coincidencia con los festejos por los 150 años de nuestra ciudad.

En tanto, el ambicioso proyecto y de largo aliento en su desarrollo, todavía no tiene plazo de entrega y está encabezado por la docente e investigadora Silvia Giambroni junto al editor Emanuel Molina.

Según el titular de Eduvim, Carlos Gazzera, se ha llegado a un acuerdo contractual con la sobrina nieta de la escritora, como familiar directa, para la cesión de derechos de toda su obra.

Esta propuesta, añadió el director, se suma a otras dos producciones literarias que vendrán a nutrir las novedades del año editorial: el recientemente lanzado “Plantas comunes y corrientes”, de Nicolás Schuff, Cecilia Afonso Esteves y Pablo Picyk, el primer libro de literatura infantil y juvenil de Eduvim, y “Un atleta de las letras”, la biografía de Juan Filloy, escrita por Ariel Magnus.

 

Construcción del mito

El aura que rodea la figura mítica de Edith es, aún para quien la conoce únicamente de soslayo, gigantesco. Tanto que llegó a circular por muchos años la versión de que una tierna abuela le leía a sus nietos uno de sus libros en un viaje en barco rumbo a Helsinki y que esa tierna abuela no era otra que la gran poeta chilena Violeta Parra.

Esa anécdota se incluye dentro del libro “Con trébol en los ojos”, editado en 1996 por la escritora local Marta Parodi, con colaboración explícita de la propia Edith.

Dicha publicación servirá de parangón necesario para la recolección minuciosa de la obra de Vera dado que allí se reúne buena parte de su producción, desde “Las dos naranjas”, “La casa azul”, pasando por sendos títulos lanzados por la editorial Radamanto, de Alejandro Schmidt (“Pajaritos de agua” y “El libro de las dos versiones”), hasta obras nunca publicadas de manera autónoma, como “Láricas” o “Palabras”, entre otros.

Giambroni añadió que se integrarán a esa recopilación relatos incluidos en plaquetas y en colecciones como “Dulce de leche”, de La Voz del Interior, que coordinaba la escritora Graciela Bialet.

Tanto Silvia como Gazzera coinciden en trazar una halo de leyenda que perfuma inevitablemente cada conversación donde se nombra a Edith.

Giambroni puntualiza que “se ha convertido en un personaje, en un mito”. Mientras que Carlos señala que “a diferencia de Borges, de quien se dice siempre que se lo conoce, pero que no se lee de igual modo a pesar de estar en todas las librerías y bibliotecas, con Edith pasa que muchos dicen haberla conocido, pero que no la han leído porque no han tenido acceso real a sus libros, ya sea porque no están a la venta o directamente porque no hay más en circulación, y los muy pocos volúmenes que existen son incunables”.

Por último, ambos aclararon que dentro de las obras selectas no se anexarán los cientos de textos escritos o garabateados por la poetisa en papeles sueltos, muchos de ellos cedidos o ofrendados en forma de regalo a amigos y conocidos. “Por cuestiones legales no podemos dar cuenta fiel de si pertenecen o no a Edith, por ello decidimos no sumarlos”, indicaron.

 

La labor docente

La mitología “veraniana”, como es de esperar en toda construcción sobre figuras del pasado, trasunta luces y sombras con desbordes de idolatría y ramalazos de puntos negativos que retratan, al fin y al cabo, a una mujer de enorme talento en su humana condición dual.

La reseña oficial rescata también su perfil docente. En 1959 cursó educación inicial en el recientemente inaugurado Nivel Terciario del Instituto Rivadavia. Una década después, sería la directora del jardín de infantes que hoy lleva el nombre de Antonio Sobral. Ese mismo año, 1969, editaría “Las dos naranjas”. Según Giambroni, “ella no escribía pensando en el niño como destinatario hasta que una investigadora cordobesa, María Luisa Cresta de Leguizamón, la insta a que se presente en concursos con ese libro, su primer libro, con el cual ganaría certámenes y obtendría nada menos que un premio del Fondo Nacional de las Artes”.

Dicha obra también cuenta con preciosos dibujos de Edith que dan a entender su conocimiento profundo de las artes plásticas. “Era muy estudiosa y súper creativa”, acotó Silvia. “Se decía que en el jardín, juntaba yuyitos, piedritas o lo que encontraba por allí para que las maestras armaran las clases a partir de esos elementos de la naturaleza”.

Tiempo después, a poco de iniciar la última dictadura cívico-militar, sufrió una de las más oscuras censuras: la separación forzada de su cargo, a la vez que recibió una serie de allanamientos en su casa. Como mancha de la vuelta a la democracia, nunca logró recuperar su puesto en la institución educativa.

En relación a su vida personal se ha diseminado un compendio de versiones. Que no le interesaba demasiado el mundillo literario, que no se presentaba en concursos o se les vencían los plazos, pero que sí se rodeaba -ya en los últimos tiempos- de jóvenes promesas artísticas de su época.

O que nunca se recuperó del todo de la separación de su marido, el médico pediatra Mateo Abner, con quien no tuvo hijos. O que en el epílogo de su vida se dejó avanzar en un delicado estado de abandono y que varias de sus íntimas amistades le dejaban comida arriba de su Ami 8, el cual descansaba eternamente en el garaje de su morada. Esa casa, ubicada en calle Catamarca antes de José Ingenieros, que la propia Edith quería que se convirtiera en un centro cultural y donde ahora, vaya a saber bajo qué circunstancias, se erige un robusto edificio.

“En ese lugar hubo un incendio y varios papeles de Edith, quemados en algunas partes, fueron rescatados por el personal de la Biblioteca Mariano Moreno (hoy Medioteca). Ese material actualmente está resguardado en dicha entidad, pero no está a la vista del público”, subrayó Giambroni.

De una forma u otra, y más allá de lo reseñado, los proyectos editoriales en marcha vienen a dotar de justicia poética al legado de la gran escritora. “Se trata de una verdadera reparación histórica de la ciudad para con Edith”, concluyó Silvia.

 

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