El Diario del centro del país

“El amor no tiene que ver solamente con un hombre y una mujer”

ENTREVISTA Miguel Andreis

El periodista Miguel Andreis presentará el primer tomo de “Extraños Amores”; una obra literaria que conjuga la historia de diversos personajes que han tenido Villa María y Villa Nueva. Será el próximo jueves en el Desagüe

 

Escribe

Daniel Rodríguez ESPECIAL PARA EL DIARIO

Con lujo de detalles y una sonrisa en su rostro, Miguel va saltando de detalle en detalle mientras narra las historias que ya están listas para salir a la cancha y conquistar a todos los amantes de la jugosa cultura local.

Es que el próximo 14 de marzo en el predio de El Desagüe, Miguel Andreis presentará el primer tomo de Extraños amores, una obra literaria en la que reúne diversos episodios de personajes que habitaron Villa María y Villa Nueva dejando una huella marcada por la comicidad y la tragedia.

El, antiguo periodista de El Diario y actualmente director de Semanario El Regional, es dueño de una cantidad de historias que paso a paso fueron dejando en el inconsciente colectivo el germen de la identidad que nos cobija. Vale la pena mencionar que anteriormente publicó El enigma de la dentadura bajo el sello de Eduvim.

En diálogo con este medio, Miguel (o el Colorado, como algunos lo llaman), narra varios de los pasajes que van conformando al presente volumen (que se unirá a tres próximos).

 

El inicio

“Mis primeras historias de personajes urbanos deben venir del año 70, cuando yo había empezado a escribir para una columna en un diario muy católico que salía “Cuando Dios quería” (risas), que era de Don Pancho, un cura de Villa Nueva que fue detenido y luego fue deportado a Francia. En esta época yo tenía 17 años”, destaca el experimentado periodista.

Prosiguiendo con su relato, el entrevistado se extiende: “Después también publiqué en periódicos que salían alternativamente en Villa María porque siempre me atrapó todo eso. Yo vivía en calle La Rioja al 200 y estábamos cerca del Club Central Argentino y del Club Huracán; ahí se juntaba toda la barra, así que nosotros nos alternábamos de un lugar a otro porque era un gusto escuchar a los viejos contar historias. Es que por ahí pasaban personajes muy particulares”. En alusión a estos protagonistas, Andreis rememora que su curiosidad nació con “un hombre que no tenía brazos y jugaba a las bochas con los pies”.

Ese, según sostiene, fue el punto donde comenzó a hacer preguntas, aún sin grabador. Dicho artefacto llegaría, como en un presagio del destino, por primera a vez a su vida de la mano de Miguel Donoso “un banquero de quiniela que era un tipo muy especial y además yo era como un hijo para él”.

 

La botica de Urani

El mencionado Club Huracán es donde nace justamente uno de los emblemas populares que tiene la placa literaria. En alusión a Enrique Urani, un empleado comercial que también se hacía espacio para organizar eventos, el destacado periodista recordó un momento en el que el propio Urani trajo al Cuarteto Leo en su mayor momento de apogeo: “Fue un adelantado. Compró al Cuarteto Leo para un día miércoles. ¡Lo querían matar! ¡Para un miércoles! ¡Le decían que no iba a ir nadie! Resultó que a las 11.30 de la noche reventaron las puertas porque no entraba un alma. Sin dudas había sido un éxito”.

Más tarde, la Botica se instalaría sobre calle Mendoza, “en parte del terreno del Verdi; primero se llamaba “El infierno” y luego pasó a ser “La Botica”, comenta el hombre como trayendo al presente aquellas viejas aceras de una ciudad que todavía conservaba algo de pueblo.

Cachito Corazón

Sin dudas el personaje artístico de Cachito Corazón es uno de los que más seducen al escritor. Es que en el mismo Club Huracán surge dicho artista al mismo tiempo que “El Pola”, “Pichón de Gallareta” o “Picucho Giuliani”, enumeró en su charla a la vez que no duda en afirmar que Urani “se le adelantó 20 años a Marcelo Tinelli” por los números y los perfiles que presentaba sobre las tablas.

“Cachito Corazón nunca aprendió una estrofa de memoria, cantaba “Yira Yira” o “Pobre mi madre querida”, pero mezclaba todas las letras y la gente le festejaba eso”, aseguró.

En más detalles valoró que “El (Cachito) fue un profesional. Lo obligaba a Urani a pagarle y era el único que cobraba. Pero, además, en el contrato verbal que tenía, si Cachito estaba muy borracho, lo tenía que llevar Enrique y llevarle la bicicleta cargada en la estanciera a su casa. Era una cosa formidable”.

Pero no solamente en nuestra localidad se vivían los eventos de Urani. Sino que el emprendedor también se aventuraba a la región. Rememorando esto, Andreis posee una historia muy especial que se relaciona con una bicicleta que fue sorteada ¡15 veces! ¿Cómo?: “Es que él tenía un amigo bicicletero que se las prestaba para “sortear”. “El se venía con un amigo, no voy a dar el nombre y se iba a los pueblos donde las sorteaba llevando tres o cuatros tipos de acá. Ponía un número pegado con cinta en la bolsa, que es el que tenía que sacar, el mismo que a la vez lo tenía su amigo. ¡En Ballesteros el amigo se chupó y perdió el papel! Así que cuando sortearon apareció una mujer o un chico con el número y la tuvo que entregar finalmente. Se volvió llorando”, sostiene el hombre dibujando una mueca de alegría.

Otro matiz que se desprende durante la conversación es el de Garay, un lustrabotas amigo de Cachito que solía pelearse con otro con el que compartía su espacio de trabajo en Casa Amarilla (hoy Café de la Música). “Es que uno era de River y otro de Boca”, detalló el autor.

 

El profesor y los grillos

Siguiendo el recorrido de algunas de las tantas personalidades que contiene Extraños Amores, también podemos hablar de Carlos Rodríguez Bruner, un hombre que llegó en tren a la ciudad oriundo de Venado Tuerto. “Creo que hay una sola foto de él”, afirma señalando el libro. “Bruner pasó gran parte de su tiempo en Monta, la cual también era una sucursal de Alumni, de algún modo. El tenía un sobre todo largo de muy buena calidad y fabricaba pajaritos de papel con engrudo. Además, con su bondad marcada, se iba a los colegios y paraba los autos para que los chicos crucen. Fue un tipo que vivió con una relación llamativa con los bichos como los grillos y las lagartijas”, destaca el narrador ya que: “El (Bruner) tenía un grillo en una caja de fósforos a la que le había hecho una puerta y lo hacía salir o entrar con un golpecito mientras lo llamaba por su nombre: “Paco”. “Suena a un invento”, reconoce, pero a la vez afirma que “lo han visto miles de personas porque él hacía esas cosas públicamente”.

 

Sobre lo que no se escribe

Si bien nuestras tierras han parido a muchas personas, hay algunas en especial a las que el autor no se anima a tocar por una cuestión respetuosa. Por eso, él subraya: “Nunca he escrito sobre el Loco Pancho porque son casos como los de la Chuchana, había una deficiencia mental y el mito popular los transformó en personajes. Tampoco sobre la Loca Teresa, porque tuvieron historias espantosas donde la muerte estuvo latente, también como en el caso de la Dolores o la Siete Colores”.

 

Salvar las historias

El papel de ser el juglar, pero también contarlas con tinta ayudan, y mucho, a que la historia no se pierda y permanezca disponible para ser consultada a cada momento. “En estos fascículos encontrarán cosas interesantes. Hablo de anécdotas ocurridas en Villa María que fueron significativas. Recuerdo también a Santiago Balerdi, quien hizo una de las grandes inversiones, como el Palace Hotel (actual edificio municipal), para luego morir ciego y en la pobreza”.

En el ejemplar a presentarse también aparece un segmento destacado que engloba la operación del guerrillero Mario Roberto Santucho. Miguel asegura que la misma es “una historia que estaba guardada y un amigo, el Negro Dávila, me contó cómo lo operaron cuando tenía tres balazos. Lo buscaban en todos lados y lo operaron acá, en el Marañón en un operativo. Ahí está contado como él (Santucho) viene con toda su gente y lo operan. Los médicos me vinieron a ver cuando vieron la nota y me afirmaron que no hay nada que no sea cierto”, expone con orgullo.

Otra de las narraciones que erizan la piel es la de un matrimonio que se tira bajo el tren. “La mujer tenía lepra y él sabiéndose sano decide acompañarla en el suicidio”. “Ellos les entregan los chicos a sus abuelos, uno de Oliva y otro de Oncativo y se paran sobre las vías a la espera de que la máquina los atropelle. El maquinista comenzó a tocar bocina, pero ellos nunca se corrieron. Más tarde, el mismo conductor afirmó que nunca vio un beso tan apasionado como ese”, detalla el artista.

 

Así, estos Extraños amores se pueden encontrar en cada página del libro que se viene. El nombre también se manifiesta porque, según afirmó Andreis en su diálogo, “el amor no solamente tiene que ver con un hombre y una mujer o con dos personas del mismo sexo”. A la vez que lamenta que ya no queden personajes como aquellos, que buscaban alcanzar la fama a pesar de las conmovedoras y tristes historias que les tocaron en suerte.

Quedan dando vuelta más historias, como la de Pichón de Gallareta, quien subía al escenario acompañado por sus siete perros o el canto de las curucuchas, pero todas podrán encontrarse y disfrutarse al momento de encontrarse con la lectura de un ejemplar imperdible que colabora con el deseo de que la identidad no se pierda y valoremos a esos hombres que nos dejaron la bendición de sonreír al momento de ser recordados.

 

Extraños amores puede conseguirse en contacto con el autor.

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