El Diario del centro del país

El azote del vendaval

El agua fue la principal protagonista en vísperas del cumpleaños de Villa María. La imagen corresponde a la segunda cuadra de bulevar Alvear, a pocos metros del Instituto del Rosario

Un derrotero que dejó cuantiosos daños desde el oeste cordobés al este santafesino

Las consecuencias de la tormenta del miércoles exigen que, aún hoy, se siga trabajando para volver a la normalidad

Transcurrieron no más de 10 horas de la tarde-noche del miércoles pasado y la tormenta de primavera “zapateó un furioso malambo” de piedra, agua y viento que dejó un reguero de daños y puso en riesgo a los habitantes de un imaginario sendero que se inició en el centro-oeste cordobés, por encima de Río Cuarto; atravesó Villa María y su zona de influencia; para dar sus repiqueteos finales entre Devoto y la pequeña localidad santafesina de Colonia Aldao.

Si bien el meteoro se había anticipado a través del Servicio Meteorológico Nacional, la bravura comenzó a hacerse notar poco después de las 15, sobre todo en Alcira Gigena (localidad que atraviesa la autovía 36), donde se abatió una cantidad impresionante de granizo y agua.

 

En la Villa de Ocampo

Pocas horas después, el “bailarín de las nubes” pegó un grito en el cielo: ¡“Se viene tormenta…!”

…y a la vuelta de un giro revoleó un poncho sobre la Villa María que se hallaba a horas de cumplir 151 años y se convirtió en un aluvión cortito, pero copioso: 55 milímetros de lluvia en 10 minutos.

La ciudad se hizo mar y la precipitación que no llegó del cielo, como un fantasma, perforó los techos: se anegaron el Hospital Pasteur, la Universidad Nacional de Villa María, la Escuela del Trabajo (que hoy no tiene clases), otros edificios, las calles, el centro, los barrios y numerosas viviendas, a la vez que, en el caso de un par de familias con muchos chicos (que se refugian bajo lonas y chapas) se les mojó lo que tenían y también lo que no tienen que ponerse.

A la hora de los relatos, la directora del IPET 49 ex-Escuela del Trabajo, Miriam Saura, explicó que “colapsaron algunos sistemas de desagües pluviales y canaletas por lo que el agua ingresó al edificio” y ahora se debe evaluar “potenciales deficiencias que hayan quedado en los sistemas eléctricos”.

Por su parte, el rector de la UNVM, Luis Negretti, expresó: “Con 70 milímetros en minutos no hay construcción que aguante”, al mismo tiempo que distribuyó vía Facebook imágenes del comedor universitario, pasillos, aulas y sector parquizado.

Negretti informó que durante el jueves se iban a realizar las tareas para reparar los daños sufridos y retornar hoy con las actividades normales.

Horas después del percance registrado en el nuevo edificio del Hospital Pasteur, el encargado de mantenimiento, José Piatti dijo: “Se registró una problemática situación con un caño de desagote pluvial que transita por el pasillo del internado de adultos. Ese caño se salió y el caudal de agua que ingresó al Hospital fue muy grande”.

De todas maneras, aseguró que “las habitaciones para internar y operar están perfectamente operativas”, aunque aclaró que resta reparar el agujero que se abrió en el techo.

Y vaya paradoja también se registraron graves daños en las obras de desagüe inconclusas.

En calle Rucci, enfrente a la sede del Club Unión Central se produjo un desmoronamiento (el tercero que acaece en Villa María durante el desarrollo de este plan de obras).

El peso del agua acumulada y la acción del viento, por otro lado, provocó la caída de algunas techumbres, tal lo ocurrido en un negocio situado a pocos metros de plaza Centenario y enfrente a la Escuela José Ingenieros, donde el hecho lesionó a una mujer.

 

Hacia el este

Ya sin tanta piedra, pero derramando agua por doquier, el “malambo” dejó el escenario local y se abrió camino hacia el este, no sin dejar algunos daños en Tío Pujio, James Craik y otras localidades de la zona.

Otros lugares, como Arroyo Algodón, La Playosa, Pozo del Molle, Las Varillas, La Francia, Balnearia, Morteros, Brinkmann, Porteña, Freyre y San Francisco quedaron sin energía como consecuencia de la caída de columnas de hormigón y por el corte de un cable de la línea de 66 kilovatios.

Sin embargo, la parte más brava del baile llegó al final del trayecto, cuando la briosa tormenta resopló “con toda el alma” y el viento copó la parada en la zona rural en Colonia San Bartolomé y voló techos, arrancó árboles, tumbó posters y doblegó la antena de una FM en Devoto.

Allí, a las 21.30 del miércoles, llovieron 130 milímetros (dos veces y media más que en Villa María) y varias familias debieron ser evacuadas, mientras todos hablaban de que había pasado “la cola de un tornado”.

Tan fuerte fue el viento que los vehículos se vieron imposibilitados de circular al ser arrastrados por las ráfagas, tal como aconteció en la ruta nacional 19, donde se produjo un accidente a la altura de la planta SanCor.

El último giro del alocado bailarín se registró en Colonia Aldao, una localidad de Santa Fe con menos de dos mil habitantes.

Allí el intenso vendaval “ahogó” a los residentes con más de un centenar de milímetros, los sometió a, la oscuridad e incomunicación, voló los techos de una decena de viviendas, al punto que ayer, el atribulado presidente comunal, Hugo Michelini, recorrió palmo a palmo las calles con asistentes de Defensa Civil de la vecina provincia.

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