El Diario del centro del país

“El fracaso de Macri rompió muy fuerte el cristal de la confianza”

En el despacho del intendente El Diario mano a mano con Sergio Massa

Mano a mano con Sergio Massa

Nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, el 28 de abril de 1972. Abogado. Casado, dos hijos. Durante su paso por la secundaria participó de la juventud liberal. En 1990, al cumplir 18 años, se afilió al Partido Justicialista militando para Graciela Camaño. A los 27 años ingresó a una banca en la Legislatura provincial bonaerense. Dos años después, en plena crisis 2001-2002, el expresidente Eduardo Duhalde lo designa director de la ANSES. Durante el mandato de Néstor Kirchner continuó en el cargo hasta 2007 que fue elegido intendente de Tigre. En julio de 2008, tras el conflicto del campo, es nombrado jefe de Gabinete del Gobierno de Cristina Kirchner. Un año después renunció para retomar la Intendencia. En 2013 arma el Frente Renovador y llega a una banca en el Congreso de la Nación. En 2015 fue candidato a presidente por UNA, en 2017 se postuló a senador de la provincia y no logró ingresar. Hoy, es uno de los precandidatos a la Presidencia del peronismo nucleado en Alternativa Federal

Escribe Nancy Musa
DE NUESTRA REDACCION

Sueña con ser presidente desde su niñez. Lo intentó en 2015 a los 43 años, en una alianza con José Manuel de la Sota, y fue la tercera fuerza contabilizando el 21% de los sufragios. Impresiona por su porte, su calma, su tono de voz bajo, la mirada directa a los ojos de su interlocutor y la sonrisa siempre lista. El despacho del intendente Martín Gill fue testigo de la charla mano a mano, entre mate y mate.

Lo critican desde ambos lados de la “grieta”. El acepta las críticas si son de “buena fe”, dice haber aprendido de la derrota y piensa que el fanatismo puede traer consecuencias graves para el país. Apuesta al diálogo, al acuerdo, a una nueva mayoría con la gente, más allá de los dirigentes.

Es uno de los presidenciables, en un contexto complicado del país.

-¿Por qué piensa que puede conducir los destinos del país en un momento complicado y con una deuda que condiciona al próximo gobierno?

-Porque estoy convencido del para qué, de lo que hay que hacer. Tengo, de haber aprendido de la derrota, la humildad de saber que el próximo gobierno va a tener que ser un gobierno de grandes consensos y tengo capacidad de diálogo para los consensos.

Porque el próximo gobierno, va a tener que tener equipos heterogéneos, equipos de origen diverso.

En cada lugar en el que estuve, armé equipos con gente de origen radical, peronista, vecinalista, independiente.

Creo que para darle sentido federal, necesitamos abrirnos al país y porque creo que Argentina necesita un gran acuerdo de los argentinos. Necesita diez políticas de Estado.

-¿Cuáles son los temas principales que requieren políticas de Estado?

-La educación, la ciencia y tecnología, la seguridad y la lucha contra el narcotráfico, la justicia y la idea de la permanente sensación de impunidad con la que convive la sociedad.

Políticas de Estado alrededor del sistema tributario y el cambio de paradigma, porque la sociedad siente que trabaja la mitad de su tiempo para el Estado y el Estado no le devuelve.

Temas como el medio ambiente, necesitamos establecer presupuestos mínimos ambientales, necesitamos que entre todos comprendamos que el año pasado Argentina, por catástrofes climáticas, perdió seis mil quinientos millones de dólares.

Políticas por la igualdad de derechos, en Córdoba una mujer por el mismo trabajo que un hombre cobra promedio 26% menos de salario.

Alrededor de temas como el desarrollo federal y las obras de infraestructura que tienen que superar los gobiernos y que tienen que ver con una mirada a largo plazo.

Alrededor de todos estos temas, necesitamos un gran acuerdo por Argentina. Y necesitamos asumir ese compromiso hoy, no el 11 de diciembre.

El 11 de diciembre tenemos que tener en una mesa a empresarios, trabajadores, diferentes referentes políticos y credos porque también hay valores para recuperar.

Tenemos que estar todos sentados en una mesa para construir ese gran acuerdo.

-Sergio, usted es consciente, ya que está recorriendo el país,  que parte de la sociedad está muy decepcionada. Es que prometen, prometen, pero mucho ruido y pocas nueces. Después no cumplen o hacen todo al revés.

-Creo que el fracaso de Macri, rompió muy fuerte el cristal de la confianza, sobre todo en la clase media trabajadora argentina. Un gobierno que no pudo cumplir no solo las expectativas de la gente, sino que no pudo cumplir los compromisos de campaña. Un gobierno que fracasa en la lucha contra la inflación, cuando el presidente dijo que la resolvía casi de taquito.

Un gobierno que no pudo domar el dólar, tuvo 230% de devaluación. Un gobierno que fracasó porque eligió a los diez amigos empresarios, amigos del presidente, que venden energía, en lugar de los millones de argentinos. Y lo vemos en las boletas de luz, de gas, en las boletas de servicios.

-A la luz de los resultados, ¿se arrepintió de haber apoyado al gobierno en sus inicios, de haber ido a Davos con el presidente?

-No, era mi obligación como argentino. Yo no fui pensando en Macri, fui pensando en Argentina, y decirle al mundo que comenzaba una nueva etapa y necesitábamos que vinieran a invertir, que nos creyeran, que nos abrieran la puerta.

Veníamos de una etapa muy encerrados en nosotros mismos.

Creo que el problema es que el Gobierno se dedicó demasiado a mirar si venía alguien de afuera y se olvidó de los de adentro.

Y a este país, lo pone de pie la clase media argentina, lo pone de pie el productor mediano, lo pone de pie el comerciante, lo pone de pie el trabajador cuando tiene capacidad de consumo.

A este país lo pone de pie el funcionamiento del mercado interno. El 80% del PBI es mercado interno. No podés mirar todo el tiempo a los de afuera, y olvidarte de los de adentro como hizo el gobierno.

-¿Por qué considera que sus detractores dicen que usted es un hombre que representa al establishment, a Estados Unidos?

-Porque tengo una mirada global del mundo, porque soy un tipo que cuida la relación con los diferentes líderes parlamentarios, en Estados Unidos y con el Partido Comunista chino. Yo fui invitado el año pasado al Estado del Partido Comunista chino, durante diez días, con todo un equipo a ver las inversiones.

Porque no estoy solamente pensando la política en términos internos. Creo que un líder político debe tener la responsabilidad de mirar globalmente al mundo.

Ahora yo voy a China, de hecho lo hice, me siento con el presidente de la asamblea popular china que es el Parlamento y le digo “Argentina pierde con ustedes en la balanza comercial y nosotros necesitamos ganar”.

“Nosotros les exportamos soja y ustedes nos exportan trabajo chino y nosotros queremos exportarle trabajo argentino”.

Yo creo que al mundo hay que salir para encontrar nichos para vender el trabajo argentino, no hay que salir solo para hacer relaciones sociales.

-¿Qué definición le daría al plan económico del Gobierno?

-No tiene plan económico el Gobierno. El Gobierno va a los tumbos tratando de ver cómo acomoda variables macroeconómicas y cuando no le alcanza pide prestado, endeudando e hipotecando el futuro de Argentina.

El acuerdo con el Fondo es dramático en los próximos años para la Argentina, tan dramático es, que me senté con las autoridades del Fondo para decirles que si nos toca gobernar la Argentina queremos rehacer el acuerdo.

Porque este acuerdo perjudica a los argentinos.

-¿Lo sorprendió el  lanzamiento de Roberto Lavagna como posible candidato a presidente, un economista de su espacio?

-No. Roberto es una persona muy valiosa, a quienes muchos ven como la solución a este contexto económico. Yo particularmente, primero, tengo gratitud hacia él, hace desde el año 2003 que trabajamos juntos.

Y él tiene una actitud de cuidarme, enseñarme, ayudarme a construir equipos.

Segundo, tengo un enorme respeto intelectual por él y sé que es clave para la Argentina que viene en el lugar que ocupe.

Tercero, junto a Lavagna y José Manuel de la Sota este camino de construcción de una alternativa lo empezamos a recorrer hace muchos años.

Lo más importante es que tengamos la capacidad de tolerar, de acompañarnos y de sentir que podemos mutuamente  empujar un carro que nos lleve a que Argentina tenga grandes consensos y un gobierno que piense, por una vez, en la Argentina y no en la política.

-¿Por qué es tan complicado lograr la unidad del peronismo. Es una guerra de egos, una hoguera de vanidades?

-No, creo que pasaron cosas. Creo que hay heridas abiertas. En lo personal escucho que me dicen “tenés que abuenarte con tal o con cual”. Yo tuve dos años mi hijo durmiendo en mi cama porque me entró un agente de Inteligencia a mi casa, que lo pudimos detener, y que está condenado a doce años de prisión. Es el primer agente de Inteligencia condenado en democracia.

Pero esas cosas dejan marcas. Igual, creo que lo más importante es que hoy juntemos a la enorme mayoría que quiere un nuevo gobierno, que tengamos la capacidad de ponerle, en las urnas,  punto final a este gobierno.

Y que le demos a la Argentina un nuevo gobierno y una nueva mayoría.

-¿Para construir esa nueva mayoría se puede prescindir de la expresidenta, siendo que Cristina tiene un caudal significativo de apoyo popular?

-Es que creo que la nueva mayoría se construye con la gente, más allá de los dirigentes. Lo que sí tengo claro es que sobre todo a quienes tienen ideas alrededor de candidaturas, montadas en el fanatismo, tengo la responsabilidad de decirles “cuidado”, porque los candidatos que pierden en segunda vuelta con Macri, son la llave para cuatro años más de Macri.

No vaya a ser cosa que el fanatismo los lleve a construir cuatro años más de Macri.

Pensemos en construir una mayoría que le gane a Macri en segunda vuelta, no que pierda.

-¿Está dispuesto a sentarse a charlar con Cristina?

-Mirá, creo que el diálogo es muy valioso, pero que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de construir desde su identidad.

Y desgraciadamente vivimos en una sociedad donde un café se transforma en un pacto y una discusión por un tema se transforma en una pelea eterna.

Me parece que lo que hagamos como dirigentes lo tenemos que hacer responsablemente, transmitiéndole a la sociedad, en todo caso, el para qué.

No se trata de juntar selfies entre dirigentes, se trata de construir un diálogo serio para un acuerdo por la Argentina.

-En el peronismo llamado Alternativa federal, algunos le dicen perdonable, otros razonable o bendecible…

-Es el peronismo elegible (risas).

-¿En ese peronismo hay coincidencias para decir “nos dejemos de joder y nos unamos”?

-Nosotros venimos haciendo un trabajo de unión, de hecho hay diez gobernadores sentados a la mesa, hay más de seiscientos intendentes en todo el país, hay legisladores de todo el país.

Pero sobre todas las cosas estamos convocando a otros sectores, recién charlábamos con Martín Gill, el intendente, la importancia de convocar a los sectores de la ciencia, de la educación, la importancia de convocar a los sectores de la producción, la importancia de comenzar a discutir la cadena de valor argentina.

Pongo siempre de ejemplo y no por repetitivo espero transformarme en aburrido. Pero si exportamos una tonelada de trigo, exportamos 200 dólares y un empleo. Si exportamos una tonelada de harina, exportamos 2,1 empleos y 400 dólares.

Y si exportamos una tonelada de fideos, exportamos siete empleos y mil cien dólares.

Yo quiero que la Argentina exporte fideos, no trigo. Porque está exportando productos primarios, más trabajo argentino.

Y esas son las construcciones que tenemos que darnos, esas son las discusiones que tenemos que darnos, no la de ver quién se sienta con quién, o quién se saca la foto con quién.

-Usted se muestra como un hombre de diálogo, de templanza, de consenso ¿en algún momento le bulle la sangre siciliana y se enoja?

-(Risas). Aprendí a domarlo. Me enseñó mucho De la Sota. De la Sota, en eso, fue un gran maestro y me enseñó que desde el odio y la revancha no nace nada bueno. Y que había que tener templanza y serenidad aún para el peor adversario.

Y que en la política y en la discusión de ideas había adversarios, no enemigos.

-¿Qué sintió cuando se enteró de la muerte de José Manuel de la Sota, dónde estaba?

-Estaba en el living de mi casa, sobre la mesa, estaba hablando por teléfono con Juan Schiaretti. Estábamos hablando y me entraban mensajes de Herman Olivero llamándome. Y yo no lo podía atender porque estaba hablando con Juan.

Corto la llamada con Juan y lo llamo a Herman. Yo había estado cenando con José, el miércoles anterior, estuvimos hasta las 2 de la mañana.

Herman me dijo “se mató el Gallego, se mató el Gallego”. “Vos sos loco, si estuve hablando recién con Juan”, le respondí.

Y lo vuelvo a llamar a Juan y me dijo “Sí, Sergito, es cierto”.

La verdad es que me puse a llorar. Me puse a llorar.

-¿Era un puente de unidad muy importante el “Gallego”, un dirigente que podía lograr la unidad del peronismo?

-José, más allá de lo que significaba como hombre de Estado, como hombre de consenso, para mí en lo personal fue un tutor en 2015. En los momentos de debilidad, o de flaqueza, me ayudó y fue un gran maestro en la derrota.

Me enseñó cómo construir una victoria de una derrota.

Y, la verdad que yo tenía con él una gran relación, me retaba mucho (sonríe), pero ese reto fraterno.

José estuvo un tiempo en España dando clases, y hay diferencia horaria, por ahí a las 2 y pico de la mañana de Argentina, me escribía mensajes por alguna cosa, y mi mujer en la cama me decía “¿con quién chateás a esta hora?” (risas).

Y era José. Fue un gran tipo, un gran dirigente y Argentina se perdió un hombre de Estado.

-Lo voy a llevar por el túnel del tiempo un momento, cuando era un niño ¿ya quería ser político o tenía otros sueños?

-Mi maestra de primer grado, Marta Perrone, y mi compañero de banco de ese entonces, al que sigo viendo, Hernán Villacampa, cuentan que cuando la maestra nos preguntó a cada uno qué queríamos ser, Hernán contestó que quería ser bombero y yo contesté que quería ser presidente (risas).

La verdad es que siempre tuve la inquietud de mirar la cosa pública como una cosa atractiva y no sé por qué. Porque en mi casa nadie tenía esa mirada, mi mamá ama de casa, mi papá tenía una empresita mediana de construcción.

Los dos clase media, inmigrantes, yo soy primera generación de argentinos en mi familia, por eso también tengo tanta gratitud con Argentina.

Porque creo que a mis viejos y a mis abuelos este país le dio todo.

-O sea que en su casa no se hablaba de política.

-Nada. Cero.

-¿Quién lo llevó a la política, usted empezó en la UCD por alguna razón especial?

-Mi primera afiliación política es al Partido Justicialista con Graciela Camaño. En 1990, imaginate, Graciela era candidata a intendente de San Martín y ahí empecé mi militancia.

Previamente, en la secundaria tuve una participación, efectivamente, con la juventud liberal porque mi hermana que votaba por primera vez en 1987, yo tenía 15 años, me llevó con un grupo de amigas de ella a un acto.

Y ahí quedé con una serie de relaciones con los que participé, hasta que en la edad de afiliarme lo hice con Graciela en el Partido Justicialista.

-¿Era un alumno aplicado, estudioso?

-En la primaria sí, fui abanderado. Muy buen alumno y en la secundaria fui adolescente (risas).

-¿Le gustaba discutir las cosas?

-Todas (risas). Yo tenía un profesor de Historia y Literatura peronista, Claudio Lacapmesure, hoy milita con nosotros. Y uno que falleció de Castellano y Literatura que se llamaba Alejandro Benítez y era radical.

Y los teníamos en continuado a los dos profesores. Entonces yo me peleaba con el radical, y cuando llegaba Claudio, mis compañeros para no tener clases le contaban la pelea y le pedían que me diera argumentos para la discusión con el profesor de Castellano (risas).

Además teníamos una materia, Educación Cívica a la que prestaba mucha atención, leía mucho de Historia también. Me atraía la política.

-¿Por qué eligió al peronismo a la hora de afiliarse y militar activamente?

-En Argentina, las instancias de incorporación de derechos para la sociedad siempre se dieron en el peronismo. Desde los derechos laborales, sociales, de la mujer al voto, del matrimonio igualitario, los derechos en materia jubilatoria.

A mí me tocó incorporar a dos millones y medio de personas al sistema jubilatorio. La incorporación de derechos sociales y en materia educativa, en Argentina tiene el signo del peronismo como marca.

-Empezó muy joven con cargos de fuerte responsabilidad…

-Sí, a los 27 años fui diputado y a los 29 años fui director de la ANSES por seis años, dos gobiernos, dos presidentes, tres ministros de Economía, tres ministros de Trabajo, y yo fui sorteando todas las dificultades en base a trabajo.

No conocía a ninguno, Duhalde me convoca en plena crisis de 2001-2002, a hacerme cargo de las jubilaciones. Mi familia, mis amigos me decían que ni loco me hiciera cargo.

Era la crisis de Argentina, no se sabía si se podían pagar las jubilaciones y yo sentí que no era un problema lo que me pasara a mí, sino lo que le pasaba al país, y que estaría bueno poner el cuerpo.

Y salí al toro y lo hice convencido.

-¿Con quién se sintió más cómodo trabajando, con Duhalde, con Néstor Kirchner?

-Con los dos, me dieron mucha libertad, sería injusto si dijera otra cosa. Me dejaron manejar el organismo con mucha libertad, sin meterse.

-De los cargos que ocupó,   ¿cuál le gustó más?

-Me gustó mucho ser director de la ANSES, un momento maravilloso porque yo veía reflejado mi abuelo en cada abuelo. Mi abuelo había tenido un juicio contra la Caja de Jubilaciones, porque él sentía que lo que cobraba de jubilación no era lo que correspondía.

Y entonces yo lo acompañaba a la Caja a hacer el reclamo. Y veía muy reflejado en el reclamo de los jubilados a mi abuelo.

Disfruté mucho en la ANSES y disfruté mucho ser intendente (de Tigre). Ser intendente a mí me permitió resolver un problema, que todos dicen que es imposible de resolver, que es la inseguridad.

-¿Cómo lo resolvió?

-Bajé el 80% el delito en mi ciudad, con una política combinada de prevención y de inclusión. A la par que ponía cámaras de seguridad hacía polideportivos. A la par que ponía móviles de Seguridad, construía centros de salud y los transformaba en centros de atención familiar.

Y a la par que descentralizaba las fiscalías y mandaba los fiscales a los barrios no a los edificios de Tribunales a tomar café y comer medialunas, a la par de eso controlaba satelitalmente que la policía patrullara.

Y a la par de todo eso, poníamos 48 mil chicos que estaban en la calle, en los polideportivos.

Eso me dio mucha satisfacción, mucha alegría.

-Sergio, usted que conoce desde adentro a la ANSES, ¿cuál es el problema que tiene hoy para tener a los jubilados con ingresos tan bajos que no cubren ni las necesidades básicas?

-Que están usando la plata para otra cosa. El Fondo de Garantía de Sustentabilidad lo creé yo.  La primera vez que me sobró plata, Economía se la quería llevar. Tuve una enorme pelea con todo el Gabinete económico y armé por resolución el fondo de garantía y sustentabilidad, después vino el decreto y la ley.

Lo armé y además planteé judicialmente que eran fondos de asignación específica. La plata de la ANSES es de los jubilados y de los trabajadores y sus asignaciones familiares.

El problema es que cuando se usa ese fondo para prestar plata o para timbearla en fondos de inversión, de hecho hay una causa judicial porque un ministro de este gobierno usaba la plata de la ANSES para su fondo en Miami.

O cuando se usa para financiar políticas públicas que le corresponde financiar al Estado, se malgasta.

-Le pregunté cuál había sido el cargo que más disfrutó, ahora le pregunto ¿cuál fue el que más sufrió?

-El peor, los once meses de jefe de Gabinete.

-¿Tanto lo padeció?

-Sí, porque uno ejerce un rol tiene que tener autonomía de decisión, puede equivocarse o no. Lo que no puede hacer es sentir que a cada cosa que encara le ponen trabas.

Y desgraciadamente, a los dos o tres meses me di cuenta de que había trabas para todo lo que creía. Yo creía en lo que había que hacer para superar la (Resolución) 125, que era básicamente abrazar a los generadores genuinos de dólares del país, dejar atrás la pelea y ponernos de pie…

La política tiene que entender que en el productor agropecuario tiene una de las turbinas más importantes de nuestra economía, y que es necesario pensar en conjunto como generar valor.

-¿Qué rol va a jugar el Frente Renovador en la provincia de Córdoba?

-Vamos a trabajar codo a codo y mano a mano con Juan Schiaretti y con Unión por Córdoba para seguir dándole a Córdoba modernidad, inversión pública, cordobesismo como decía De la Sota. Seguir dándole a Córdoba una identidad propia y una pertenencia con autoridad en la política nacional.

-¿De qué manera se cierra la grieta?

-Con diálogo, con ideas que superen a las personas. El día que pongamos al gobierno alrededor de diez políticas de Estado, las personas van a quedar al margen, va a ser Argentina marchando en un rumbo y no siguiendo a los dirigentes.

-Por el lugar que ocupa, siempre es blanco de críticas o de ataques ¿le molesta?

-La crítica no me molesta. Acepto la crítica, con hidalguía, cuando es de buena fe, porque creo que el otro siempre tiene algo para aportar, que lo hace desde querer al país.

Amo profundamente a este país, creo que es un país con una oportunidad enorme.

Conozco el mundo en toda su dimensión, conozco los lugares más importantes de decisión financiera y conozco los lugares más pobres y sé lo que Argentina puede ser. También sé que depende de que la dirigencia política supere el fracaso.

-¿Su familia sufre  la crítica?

-La sufrieron, hoy ya están como más curados y convivimos mucho alegrías y tristezas, victorias y derrotas, vimos quiénes eran los amigos de la victoria, vimos quiénes eran los amigos de la derrota, aprendimos a distinguir a la gente y crecimos mucho como familia…

-¿Se siente confiado en que, realmente, van a poder llegar a una unidad?

-Vamos a ser gobierno en octubre y el 11 de diciembre vamos a llamar a un gran acuerdo por Argentina.

-Sé que no es adivino, pero cuenta con información que le permite analizar posibilidades ¿usted cree que Cristina va a decidir ser candidata nuevamente a la Presidencia?

-No sé qué va a hacer. Creo que el contexto de lo que viene necesita grandes acuerdos y no seguir con la Argentina fracturada.

(Pausa). Nunca las segundas partes fueron buenas ni para los técnicos de fútbol ni para los matrimonios ni para los gobiernos.

-¿Confía en la Justicia argentina?

-La Justicia argentina necesita un profundo cambio, hay que terminar con la estabilidad de la Justicia, cada cinco años tendrían que rendir examen sobre cómo funcionó su Juzgado.

Si pasan están en condiciones de ascender y si no pasan, a la casa. La sociedad está harta de ver jueces que no dan respuesta, no dan la cara, generan la sensación de impunidad y siguen ocupando los cargos.

-¿La causa de los cuadernos?

-Soy autor de la Ley del Arrepentido junto con Graciela Camaño. Sabíamos que era una ley para romper las cadenas de la impunidad.

Para mí, mirándola en el funcionamiento, es tiempo de mejorarla, para que no sea cualquier cosa, pero 31 arrepentidos es todo un tema.

Lo más importante que está pasando en esta causa, que además de los autores están los coautores.

En Argentina cuando hay un político que cobra una coima, hay un empresario que la paga. Y los que cobran y los que pagan, los dos tienen que ir a la cárcel.

-¿En el Gobierno actual todo es transparente?

-No, no. Este Gobierno, claramente, va a tener su caso cuadernos en lo que hizo el presidente con la ley de blanqueo.

Nosotros votamos una ley que prohibía a los familiares de los políticos blanquear, y él por decreto lo permitió, básicamente para permitirle a su familia.

Ese decreto se va a caer algún día y vamos a ver cuántos de los que no pagaron impuestos en la Argentina y se la llevaron afuera, blanquearon usando un decreto amañado.

-¿Cuál es su sueño, además de ser presidente que lo trae desde chico?

-Si llego a la Presidencia, mirar para atrás el día que me vaya y sentir que quedé en la historia, no que pasé.

Creo que tenemos que volver a la Constitución de un solo mandato de seis años para los presidentes, sin reelección. Porque cuando uno llega a ser presidente, llega al máximo honor y tiene que dejar de buscar el poder para ir a buscar la gloria.

-¿Es un tipo divertido?

(Risas). Bastante. Me divierte cantar, aunque se me ríen, me divierte compartir con mis amigos noches de cuentos, asado y truco. Me divierten y disfruto los momentos con mis hijos, con Malena.

Me divierte lo que hago. El día que sienta tristeza, dejo de hacerlo.

 

-¿Qué le gusta?

-Me gusta leer, me gusta el ocio, me gusta cuando tengo tiempo en casa, sentarme en un sillón, tomar mate y hacer nada con Malena. Disfruto de los momentos de ocio, disfruto cuando vamos por la ruta.

 

-¿Qué cosas lo entristecen?

-Me entristece la mentira, como concepto en las relaciones, la pelea, soy un tipo que siempre trata de evitarlas, que pelea cuando no queda otra, y me entristece la pobreza del país.

 

-A pesar de su calma, de su control, ¿algo lo enoja, algo lo saca de eje?

-La mentira y la falta de sentido común. La mentira me saca.

Opiniones

Mauricio Macri

El fracaso de la mentira.

Juan Schiaretti

Uno de los grandes gobernadores de la Argentina, de los mejores. Un cuadro que conoce el Estado y las herramientas que el Estado tiene para ayudar a la gente como pocos en Argentina.

 

Martín Gill

Una sorpresa enorme. La conciencia de cómo la educación y el capital humano generan valor en una sociedad, que me ha transmitido Martín, la tienen pocos dirigentes en la Argentina.

La idea que el conocimiento genera riqueza la tiene muy clara, y eso va a ser que Villa María sea cada vez más rica y más potente.

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