El “lado B” del circo

El esplendor del show genera magia, pero en la vida diaria esa magia se diluye

El autor de esta colaboración vivió una jornada con los actores del circo. ¿Cómo son las historias de amor? ¿cómo estudian los niños? ¿cómo es vivir viajando? Las respuestas, en las siguientes líneas

Escribe: Daniel Rodríguez ESPECIAL PARA EL DIARIO

El esplendor del show genera magia, pero en la vida diaria esa magia se diluye

“El circo, la carpa, es como nuestra casa; y cada casilla es una habitación”, me dice Emanuel, el mago del Circo Cristal, mientras me ceba el enésimo mate de la noche.

Son las ocho de la noche y el frío del invierno invade gran parte de la ciudad, menos acá, entre sillas y tirantes que cuelgan desde el techo de la carpa.

Hace un rato llegué para poder descubrir el otro lado del circo, el lado B. ¿Cómo viven estos artistas nómades?

Al llegar, se reúnen junto a mí, Antonio (el payaso Choricito), Emanuel y un grupo de niños que son hijos de los diferentes artistas que habitan el coloso de las sonrisas.

“Somos 25 y ya venimos de una familia con generación de circo”, me comentan cuando les pregunto cómo se hace para ingresar dentro de un circo. “Hemos recorrido toda la Argentina y en cada lugar aprendemos algo nuevo”.

Cuando nos interesamos por las cuestiones de higiene y seguridad, nos aseguran que “es bueno que preguntes eso, porque ya el circo no es el mismo de hace treinta años. Tenemos celulares, televisión, calefacción propia y hasta vemos series”. Antes, según cuenta Antonio, les tocaba compartir casilla con otros artistas y debían comunicarse con su familia dándole el número telefónico de la Policía del pueblo al cual llegaban.

Hoy, hay niños dentro del circo, bebés que vieron la luz “bajo la carpa”, única referencia para dar el lugar exacto de nacimiento.

¿Anécdotas? Miles. Por ejemplo, haberse perdido al momento de ir viajando en caravana por la ruta.

Es raro, es distinto estar dentro del circo con un silencio completo, viendo la cotidianeidad. A lo lejos se divisa ropa tendida, más acá los vestuarios colgando de una percha; niños corriendo con una torta porque hoy cumple años uno de ellos. Me convidan una porción.

 

Los niños y la escuela

El momento de escolarización de los niños es bastante particular. “Los tenemos que anotar y que por lo menos asistan dos semanas. Luego de ello, nos notifican qué temas les dieron para que nosotros después, al ir a otra localidad, podamos asentar en la nueva escuela cuáles son los conocimientos adquiridos”, me dice Antonio, mientras los mira corretear bajo el “doble péndulo” la atracción principal del circo – es una estructura con dos esferas donde dos jóvenes van corriendo mientras la maquinaria también se mueve-.

 

Siempre se vuelve

Antonio Cárdenas, vocero de la troupe

Hace un tiempo, Antonio había dejado el circo por dos años y se había dedicado a su familia. Muchas cosas habían quedado atrás, inclusive los malos momentos en donde una lluvia o una potente tormenta atacaban y había que salir a ver que todas las estructuras estuviesen aseguradas y no corrieran riesgo de caerse. “Son momentos de mucho nerviosismo”, nos dice.

Pero una noche de lluvia lo encontró a Antonio mirando los rayos por la ventana de su casa, extrañando los momentos de angustia, extrañando el cuidado de lo que motorizaba su vida. Volvió.

 

Cuando el amor ataca

¿Qué pasa cuando un artista se enamora? “Nos pasó” , dicen varios artistas mientras ríen. Muchos han dejado el circo y se han quedado en algún pueblo, enamorados perdidamente de alguna persona, pero al poco tiempo volvieron a sumarse.

Todos coinciden en que “cuando se va el circo se va la magia” y explican que a algunos artistas les ha ido mejor en conquistas amorosas por formar parte del circo, pero cuando comenzó la convivencia sedentaria en un pueblo, el gran amor se fue apagando. “Dejan de prestarte atención, ya no sos esa persona que brillaba en un escenario”, nos aseguran sonriendo.

“Mucha gente nos comenta y se pregunta cómo hacemos para vivir viajando” nos dice Emanuel, el mago, y agrega “ y yo me pregunto cómo hacen ellos para estar todo el tiempo en el mismo lugar”.

Mil sillas vacías, un escenario con su telón cerrado y el carribar con la persiana baja. Los jóvenes ensayando en medio del silencio y una carpa que espera ser invadida nuevamente por lo más chiquitos -y los más grandes también – “para lograr tenerlos más de dos horas alejados de las pantallas y el Internet”, aseguran orgullosos. a

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