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El legado de REBORA EN LA CIUDAD

La arquitecta Daghero, encargada de que cualquier intervención respete la construcción original, en el balcón que se ubicaba sobre la cochera. Hoy es un espacio cerrado con vidrio, que se convirtió en acceso principal para el personal y el público

En pleno centro de Villa María

Una obra del arquitecto que llegó a rector de la Universidad Nacional de Córdoba permanece intacta en pleno centro de la ciudad. Se trata de una auténtica avanzada para mediados del siglo pasado.

Un punto de la casa desde donde la escalera y el techo dibujan figuras geométricas diferentes a los ojos del observador, alhajeros disimulados en el piso de madera bajo las patas de la mesa, paredes del cuarto de los niños con personajes de historietas de Walt Disney dibujados en frescos por el mismísimo Fernando Bonfiglioli… Pasen y vean

Olaviaga muestra un punto del salón de recepciones, hoy Salón de Usos Múltiples, desde donde se observan varias figuras geométricas a partir de la escalera y otros elementos de la obra

Entre las construcciones que Villa María se impuso preservar se cuenta la propiedad ubicada en Lisandro de la Torre 32, ideada y construida para la familia Berrini en la segunda mitad de la década del 40 por el reconocidísimo arquitecto Luis Rébora -luego decano de la Facultad de Arquitectura y más tarde rector de la Universidad Nacional de Córdoba-.

Mario Berrini era uno de los dos propietarios de la histórica firma Fenés y Berrini, representante en la ciudad de YPF (tenía la estación en Alem y Santa Fe, donde actualmente hay una de Axion) y a la vez concesionaria de IKA Renault (que lideraba la industria nacional de autos con el Kaiser Carabella, primero, y con el Torino, luego, en el espacio contiguo por Alem que hoy ocupa la Tienda La Bomba).

Pasados los años, la casa fue adquirida por Horacio Martínez (hijo de Luis Enrique Martínez Golletti, intendente de facto entre 1966 y 1967), a quien se la adquirió más tarde el Grupo GESTA, que orienta Miguel Olaviaga, organización que la destinó a sede de su Centro de Investigaciones de la Economía Solidaria (CIESO).

El metal que pasó por las manos de los alumnos de la Escuela del Trabajo a mediados del siglo pasado, permanece en la propiedad

“Esta obra de Rébora aparece por primera vez en los registros municipales allá por el año 1948”, explica la arquitecta Romina Daghero, en quien la entidad deposita la responsabilidad de la preservación.

La ordenanza que llama a mantenerla en pie junto a otras muchas propiedades considera su valor edilicio y arquitectónico.

“Las intervenciones que se han hecho para adaptarla al funcionamiento de la entidad son mínimas y siempre interpretando y respetando los conceptos de Rébora”, indicó la profesional, quien a modo de ejemplo indicó que “cada piedra de revestimiento que se quitó para abrir una puerta de ingreso donde había una ventana se conservó para garantizar que, de ser necesario, puede volver a su estado original, ya que podría darse el caso de que esa piedra ya no se esté produciendo”.

En la recorrida por las dos plantas y el sótano de la señorial y esplendorosa residencia, se comprende que haya sido sede de frecuentes reuniones de la alta sociedad villamariense de la época. Así lo señalan los amplios salones para las recepciones, espacios que contrastan con los más reducidos de uso familiar. Lo destacable de los propietarios que sucedieron a los Berrini hasta la actualidad es, entre otras cosas, el estado de conservación de todo el mobiliario, los placares, los pisos… y la herrería (la mayor parte de la misma, por no arriesgar a decir la totalidad, como los faroles del patio y las rejas de protección de la chimenea, es obra de alumnos de aquella época de la Escuela de Artes y Oficios, hoy Escuela del Trabajo).

Abajo, una oficina en el que era dormitorio de los niños, con las pinturas de Bonfiglioli

En una de las habitaciones de la planta alta, la que los planos originales asignaban a los hijos de Berrini, se pueden observar los frescos de Fernando Bonfiglioli, realizados con yemas de huevo y vegetales. Son pinturas que muestran a personajes de Walt Disney, pero también paisajes inspirados posiblemente en las serranías cordobesas. El estado de conservación de estos frescos es realmente notable. Y pensar que algunos criticaban al artista por este tipo de obras por encargo, con las que se ganaba el pan de cada día.

En el patio se pueden observar las referidas farolas y la pileta de natación también se conserva, aunque rellena de tierra, ya que en la actualidad estaría completamente fuera de uso.

También tiene el mobiliario original la casa para el personal de servicio, lo que habla de la nobleza y la calidad de la madera empleada.

“El estilo era entre clásico y moderno de la época, y hoy, por algunas intervenciones con vidrio en la zona de cochera, por donde actualmente se ingresa, podríamos hablar se cierto eclecticismo… Pero, repito, las intervenciones son las mínimas indispensables para el funcionamiento de la entidad, como la rampa para discapacitados. Las instrucciones que recibimos son de preservarla en el estado más cercano posible al original”, comenta la arquitecta Daghero.

Nota de la Redacción:

Por una cuestión de espacio, los planos de la casa, con la distribución actual de los espacios, podrá verse en la edición digital de El Diario:

www.eldiariocba.com.ar

 

Quién fue SEÑOR ARQUITECTO 

El arquitecto Luis Rébora, fallecido el 2 de septiembre de 2010 cuando tenía 91 años, es una de esas personas que no dejó que la vida lo viviera a su manera. Comprometido con la sociedad a la cual pertenecía, su don de gente y la profesión lo llevaron a cargos con mucha historia

El mismo año de su fallecimiento, 2010, el majestuoso patio de las palmeras del Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) pasó a llamarse Rector Arquitecto Luis Rébora.

Rébora fue uno de los primeros docentes de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño y recibió el título universitario de Profesor Emérito.

Además, se desempeñó como decano de esa unidad académica durante dos períodos, entre los años 1960 y 1964.

Rébora sirvió a la sociedad desde la arquitectura, desde la universidad, pero también desde su sentido de la solidaridad y el respeto por los derechos del otro. Así fue cómo al recuperarse la democracia en la Argentina el 1983, el Gobierno nacional encabezado por el doctor Raúl Alfonsín le encomendó la presidencia de la Delegación Córdoba de la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (Conadep), “desde donde desarrolló una ardua e histórica labor a favor del esclarecimiento de los gravísimos crímenes perpetrados por la dictadura a partir del año 1976”, según indica una resolución emitida por el Honorable Consejo Superior de la casa de altos estudios.

Y luego Rébora fue el primer rector electo democráticamente en la UNC en más de 20 años (al concluir la normalización iniciada por Francisco Delich después de la dictadura), función que ejerció entre 1986 y 1989.

 

Sin votos en contra

Y un dato no menor sobre esa elección realizada el 18 de abril de 1986, que también habla sobre su persona: en la Asamblea Universitaria se contaron 147 votos a favor suyo (sobre 151), pero no se verificó ningún voto en contra.

Y, en efecto, habían pasado más de 20 años en la Universidad Nacional de Córdoba sin participación de los profesores y estudiantes en la elección de sus autoridades.

Entre 1958 y 1966, durante las presidencias de Arturo Frondizi e Arturo Humberto Illia, en las universidades habían regido principios de gobierno académico autónomo y se habían elegido los rectores y decanos por el voto de los claustros, de profesores, graduados y estudiantes.

Y sobre tres ejes dibujó el plano de su gestión: la democratización de la enseñanza mediante la apertura y libertad de expresión, poniendo en funcionamiento el acceso a la cátedra universitaria por concursos libres de oposición y antecedentes con control estudiantil; el desarrollo y fortalecimiento de la investigación a través de la creación de la Secretaría de Ciencia y Tecnología con el impulso decidido del vicerrector Humberto Alagia, y el despliegue de una amplio plan de extensión universitaria con programas de vinculación con la sociedad y los barrios.

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