El nacimiento del periodismo gráfico en Villa Nueva

La ciudad tuvo su nacimiento periodístico y gráfico. Fue con dos publicaciones icónicas que aún perduran en el inconsciente colectivo. “El Chamuyo” y “El Chupangazo” grandes obras de grandes autores que hoy crecen en el recuerdo y el orgullo

Escribe: Daniel Rodríguez

Al momento de recorrer las páginas de la historia, nos encontramos con que en Villa Nueva pasó mucho, muchísimo. Uno, al momento de leer crónicas, puede imaginar un papel noticioso volando de mano en mano, entre personas ávidas de información.

Hace un tiempo atrás, mientras hojeaba “Villa Nueva, un pueblo con historia” de Pablo Granado, me encontré con que en un momento la ciudad amanecía con periódicos locales que marcaban las aventuras y desventuras de los habitantes de la época. Eran esperados por todos; y comentados en diversas charlas de mesa familiar.

En primera instancia, podemos hablar de dos placas gráficas que se hicieron muy conocidas y masivas en una ciudad en continuo crecimiento por aquellos momentos. Fueron piezas fundantes para muchos que luego formando y forjando sus ideales políticos y religiosos a nivel local -y más tarde regional-.

Un hombre, o dos máximo, se juntaban al rededor de una mesa, mate de por medio y emprendían -con mucha precaución para que la pluma fuente no se derrame- la escritura a mano de noticias que luego serían vistas y comentadas por toda la localidad.

Por el año 1923, mucho antes de la gran crisis del 30, la localidad tenía dos periódicos que eran manuscritos y circulaban de mano en mano. Así, ellos iban dando vueltas bajo la mirada de los antiguos vecinos o narrada oralmente para aquellos que aún no eran alfabetizados.

 

Dos obras representativas y fundantes

Al momento de hablar de piedras angulares en cuestiones periodísticas, podemos hablar de dos exponentes que son recordadas por haber sido las que dieron el puntepié inicial de hombres que quisieron saber más y profundizar la información recibida para saber y hacer saber.

A saber, El Chamuyo, según cuentra Granado, era dirigido por Carlos Pérez Carranza – un clásico apellido villanovense – y tenía una marcada orientación católica. Vale la pena mencionar que la cercanía de la parroquia Nuestra Señora del Rosario estaba bien presente y marcada en la historia local. Además, muchos hablan de polémicas generadas por él, las cuales se sotenían en el tiempo y hacía a todos esperar un nuevo número.

En tanto, existía otra publicación que era la antitésis, llamada El Chupangazo, la cual estaba dirigida por José Cataldi. Este diario tenía una orientación más liberal, y -como comentamos -una marcada contraposición con el primero. La cuestión editorial era bastante particular, ya que existía libertad para coolaborar con sus páginas y muchos vecinos querían narrar sus cuestiones, a mano, en dicho papel. Bien sabemos que los medios de comunicación, como nexo entre las personas, conllevan siempre idelogías y ésta no era la excepción.

Ambas obras eran de aparición quincenal para que los lectores tengan mayor tiempo de compartirlos y actualizarse; y obviamente para que el editor pudiera recopilar, escribir y copiar. Esa era Villa Nueva, viendo nacer a periodistas y copistas.

Granado, narra que, “todavía se recuerda un dibujo a pluma aparecido en El Chupangazo dónde se presentaba a don Pedro Rosa” un vecino muy conocido en la época por su obesidad. En el dibujo se detallaba al hombre en cuestión que “para poder transitar en sulky debió equipar al mismo con elásticos especiales”, sentado a su lado iba el padre Buteler, que era todo lo contrario en cuanto a lo físico. Los vecinos eran muy conocidos entre ellos, en aquella época, y a veces solo bastaba el nombre para saber de quien se trataba, como por ejemplo: Doña María, Don Pepe.

 

Otras publicaciones

Siguiendo la misma línea, pero con nuevas ideas, muchos más fueron tomando coraje para poner todas sus ideas en tinta y compartirlas hasta dónde fuera posible.

De esta manera, la ciudad empezó a formar el gérmen periodístico que luego tomarían publicaciones como “Villa Nueva”, “Etapa”, “Viento Sur”, “Horizontes y demás.

En el caso de Villa Nueva, se sabe que apareció luego de la crisis, a mediados del 32, con una inclinación radical. El mismo se publicó durante dos etapas – estuvo tres años sin aparecer -. En tanto, Etapa aparecía en 1937, dirigido por José Carranza y Héctor Villasuso con dibujos del joven Armando Fabre, quien luego fuera una figura icónica a nivel local y dejara un enorme legado con sus obras.

Mas adelante se hizo presente la llegada de Viento Sur con más páginas (8) y era dominical. En éste también, asegura Granado, apareció Fabre como autor de la viñeta del titular que era un dibujo hecho con troncos.

En tanto, Horizontes empezó a reflejar temás destinados a la vida nacional y al folclore en 1946; al salir mensualmente era de mejor lectura y redacción.

Viejas memorias que emocionan y nos enorgullecen al momento de tomar las páginas, de éste papel por ejemplo, y pensar en aquellos que lanzaron la primera noticia local y que dibujaron, sin saberlo, un camino que jamás podrá detenerse.

Fuente: “Villa Nueva, Un Pueblo Con Historia” Pablo Granado, Editorial Cemedco (1975), Córdoba, Argentina.

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