El país, nuevamente en las garras del FMI: “blackberry”

En épocas de la esclavitud en Estados Unidos, se colocaba, encadenada y grillete de por medio, una bola negra de hierro irregular atada a los tobillos. Los señores amos para usar un eufemismo agradable le llamaban “blackberry” (mora) porque se asemejaba a dicha fruta

Analisis

Acuerdo stand by para dar oxígeno al Gobierno condiciona la política económica del país

Escribe: Lic. Alfredo Koncurat
de EKO Consultora Especial para PESO ESPECÍFICO

A los nuevos esclavos en épocas de la esclavitud en Estados Unidos se les colocaba, encadenada y grillete de por medio, una bola negra de hierro irregular atada a los tobillos. Los señores amos para usar un eufemismo agradable le llamaban “blackberry” (mora) porque se asemejaba a dicha fruta.  De ese modo, evitaban que los prisioneros escaparan corriendo por los campos de algodón.

Hoy, la Argentina, con el nuevo acuerdo firmado por el ominoso Fondo Monetario Internacional (FMI), se ha puesto sola el grillete, atada a merced de las tempestades y humores del escenario financiero global.

Con viejas recetas neoliberales en la mano, el Gobierno de Mauricio Macri ha arrastrado al país a una crisis económica innecesaria, ahondando los agujeros fiscal y de balanza de pagos.

Dejando de lado las múltiples advertencias, el camino tomado concluye esta última semana en un oneroso acuerdo con un organismo internacional que, seamos claros: solo es un banco multilateral que opera en el capitalismo financiero internacional en busca de ganancias de capital y en nada le importa las consecuencias sociales derivadas de quedar sometido a duras políticas de ajuste y restricciones (Grecia es un dolorido y claro ejemplo).

Lo más triste de todo es que el dinero que recibiremos será para ser aplicado a cancelar los servicios de la deuda pública, es decir, para pagar intereses.

A pesar de la negativa general al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (más del 70% no respalda el acercamiento al fondo), el Gobierno no dudó ni un instante en sellarlo y abrir nuevamente una triste página en la historia del país.

El dañino acuerdo adornado por las sonrisas locuaces de Nicolás Dujovne (ministro de Hacienda) y Federico Sturzenegger (presidente del Banco Central) y por los medios de prensa más fuertes del país puede confundir al grueso de la población, que no es avezada en el tema, pero no lo hará jamás con el implacable mercado, que navegando en un mar de incertidumbre, ya empujó al dólar a su cotización récord.

 

¿Y ahora qué?

Los empresarios ya muestran su preocupación por el fantasma de la estanflación; el riesgo país y la tasa de desempleo empezaran a escucharse en los noticieros y más pronto que tarde veremos cómo se profundiza la fuga de capitales. Este cuento ya lo vivimos, solo hace falta un poco de memoria o leer historia.

El acuerdo puede ayudar en el corto plazo a lavar la imagen del Gobierno, que con liquidez en la mano podrá sostener un tiempo más el camino de la timba financiera.

Las consecuencias las pagará el pueblo: ajuste en educación, ajuste en salud, ajuste en jubilaciones; sin dudas, “cambiamos futuro por pasado”.

Una vez más las posibilidades presentes y futuras de nuestra política económica quedan encadenadas a nuestros compromisos (condicionamientos) financieros.

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