El Diario del centro del país

El primer olímpico

HUMOR VIAJERO – Por El Peregrino Impertinente

Además de un nombre espantoso que uno solo le pondría a algún bebé muy feo, el estadio Panathinaikó tiene un aura realmente especial.

Y es que este pedazo de cemento y mármol ubicado en Atenas, Grecia, se honra en haber sido la principal sede de los primeros Juegos Olímpicos de la modernidad, disputados en 1896 “Mirá vos, justo el año que salimos campeones del mundo azteca en México, con el Diego, De la Vega, El Zorro, su espada no fallará, la Z les marcará”, acota el tío Jorge, quien desde que le pegó un cabezazo al poste de luz en aquel accidente en bicicleta, ya no es el mismo.

El recinto descansa en el área central de la capital helénica, y aún puede ser visitado por viajeros interesados en el deporte y en la historia en general. Allí, los andariegos descubrirán algunos datos curiosos de esos juegos, que en la citada época despertaron tanta atención a nivel planetario como los cuartos de final de la Liga Villamariense de Fútbol.

Entre la información clasificada que se autodestruirá en cinco segundos, se sabe que la totalidad de los 241 atletas eran hombres y amateurs, que apenas se disputaron nueve disciplinas, y que la primera medalla fue en salto triple, y se la llevó un tal James Connolly, estadounidense y de profesión escritor. “Escribió una página gloriosa de nuestra historia”, comenta el periodista Omar Mota, creyéndose original e ilustrado, cuando en realidad y al igual que todos los de su gremio es un roedor servil a los grandes poderes económicos que merece ser empalado en una plaza pública y luego crucificado, o bien desacreditado públicamente en Facebook, lo que ocurra primero.

Lo cierto es que para aquellos que tengan la suerte de vacacionar en Grecia y no en algún predio sindical tipo “Unión de Torneros y Gasistas”, el estadio en cuestión bien merece una visita. Si hasta los dioses griegos así lo aseguran: “Pibe, yo ahora laburo para la GP Morgan, no me molestes con giladas”, dice Zeuz, de traje y celular en mano. Muy triste este mundo capitalista.

 

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