El verdadero encanto guaraní

DESTINOS/Paraguay/Paraguarí

Cerquita de Asunción, pero bien alejada de las costumbres del asfalto, esta ciudad con alma de pueblo regala cultura autóctona y bellos paisajes de cerros y verdores. Las pintas coloniales del centro y los muchos atractivos de la región

Escribe Pepo Garay
ESPECIAL PARA EL DIARIO

Salir de Asunción es abandonar los rostros de asfalto y la vida monótona e internarse en el Paraguay campero. Ni bien uno se despide de los patios de la capital, unos aires rurales y sencillones comienzan a absorberlo todo, brindando paisajes largos, de cerritos y tierra anaranjada, de verdes, de naturaleza en flor. Y también, de arquitectura colonial, a pinceladas, las suficientes para atrapar al viajero y su sed de ver mundo nuevo.

En ese sentido, el regalo más piantado se llama Paraguarí. Una ciudad-pueblo ubicada sólo 50 kilómetros al sudeste de la mayor metrópoli del país, y sin embargo, tan alejada en términos de placeres. Sueña la nación guaraní en tales latitudes, danza y se luce, cautivando con poco, que a la vez es tanto.

Ya la ruta habla antes de llegar, y el cerro Peró hace la bienvenida. Pequeño y hermoso, da cuenta de las riquezas serranas de la zona. En su cúspide se acomoda el mirador Cristo Rey, desde donde las perspectivas del Departamento Paraguarí hacen de las suyas.

 

Formas locales

Una vez cavilada la ancha esencia autóctona, el pequeño casco del municipio habla de cultura local. En el mercado, la fruta se vende sin mucho grito (las frutillas, una delicia), lo mismo que el sabroso costillar de vaca (tiernito, se come hasta con la mano en humildes mesitas de madera) y los infaltables chipá. La paisanada va seria, meta tereré y más tereré (todo el día, todo el tiempo) y diálogos en guaraní. Esa lengua que en el vecino país, al menos en las sensaciones del foráneo, es más hablada que el castellano.

Al colorido antropológico se suma la arquitectura colonial, con coloridas y desgastadas casas de tejados, y referentes edilicios como el ex-Centro Comercial, la iglesia (siglo XIX), el Centro Cultural La Estación (ayer hogar de una de las estaciones de trenes más antiguas de Sudamérica) y el Museo Histórico de la Artillería.

Este último rescata un interesante acervo informativo y elementos de la tristemente célebre guerra de la Triple Alianza, o guerra del Paraguay, en la que Paraguarí y la región fueron importantes teatros bélicos. Para los argentinos, lo mejor será aprender y quedarse calladitos (los hermanos guaraníes todavía tienen muy frescas en la memoria aquellas batallas infames e injustas que dejaron a la nación literalmente devastada).

 

La naturaleza del valle

Rodeando la ciudad, suspiro de 20 mil y pico de habitantes, el viajero se trepa al ya citado cerro Peró y va en búsqueda del resto. Sobresalen los cerros Jhú (“cerro Negro” en guaraní), Mba’e, de la Artillería, Soto y Santo Tomás. A todos se puede acceder tras una corta caminata desde la base (promedian los 400 metros de altura sobre el nivel del mar). Todos arrojan preciosas vistas del verde y ondulante valle de Paraguarí.

Apenas más alejados, hacia el noreste, los primores de la ruta que conecta con la localidad de Piribebuy saltan al frente. Entre ellos, hay que nombrar al conocido como monte Sinaí (con sus circuitos de caminata y sus cuatro miradores), el salto de ruta de Arios (una cascada que estalla contra el asfalto de la misma carretera, en singular postal), el cerro Mbatoví y la ecorreserva homónima (ofrece senderos interpretativos, rappel, tirolesa y otras actividades de acción).

Hacia el sureste, en tanto, sigue cantando y haciendo disfrutar el Departamento Paraguarí, de la mano de preseas como el Parque Nacional Ybycuí y los múltiples y espectaculares bosques y cascadas que merodean por la zona.

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