Entrañable pueblo pesquero

Escribe: Pepo Garay (Especial para EL DIARIO)

Mini Guía

Ubicación: centro-oeste de Chile.

Distancias: 1.300 kilómetros desde Villa María/430 desde Santiago de Chile.

Población: 5.000 habitantes.

1) La colorida esencia del pueblo: a no engañarse: la inmensa mayoría de los turistas llegan a Tongoy, lo hacen  atraídos por sus playas. Sin embargo, lo que realmente enamora al viajero de este pequeño pueblo ubicado en el litoral chileno, es su esencia de pueblo pesquero. 

Una aldea perdida en el tiempo, de callecitas de tierra que suben y bajan a lo largo del morro marítimo, bañada ellas de casas de madera, tan simplonas y entrañables como los habitantes del lugar. Seres bondadosos y genuinos, parecieran sacados de un tema de Víctor Jara. Son a los que se puede ver trabajar en la zona del modesto puerto (caleta, al decir chileno), en la feria de callejera, o en el parque de diversiones que llega cada verano, tan de los 80.

2) Cultura de puerto: el puerto decíamos, y cómo no pasarse horas y horas apreciando la pintura. Más madera, en este caso la que hace a los destartalados barquitos y barcazas, da adornos a las mañanas, en un ambiente exótico. Los pescadores vienen y van, las señoras y señoras gritan fuerte llamando a los clientes, y los cangrejos y jaibas frescas lucen deliciosos en los cajones, igual que lenguados, corvinas y tantos peces, igual que los ostiones (el municipio es el principal productor nacional del molusco).

Y siguen llegando las embarcaciones, y para enorme sorpresa del foráneo, los inmensos pelícanos, que se le acomodan a uno casi al lado, inmutables. Una pincelada más del peculiar rostro de Tongoy.  

3) Sol, mar y arena: en tercer lugar viene lo que para muchos (la mayoría, ya se dijo), debería ir en el primero: la playa. O mejor dicho: las playas, porque hay varias que bendicen las costas de esta somnolienta localidad perteneciente a la Región de Coquimbo (cuya capital, La Serena, descansa 55 kilómetros al norte).

Entre las más conocidas, figuran Playa Grande, Socos y Tongoycillo. En todas, brilla un océano Pacífico que refresca y relaja hasta a las almas más candentes (también se puede hacer buceo con agencias de la región), y una arena mansa, que pareciera dar masajes de solo tocarla. A los que buscan agite, que ni se asomen: la onda de Tongoy es bien relajada. Lo saben de sobra los chilenos, mendocinos y sanjuaninos que lo eligen cada verano. 

4) Dunas y humedales: el paisaje en los alrededores de Tongoy es semidesértico, muy propio de esta región chilena, hipnótica y majestuosa. El clima provoca postales de enorme belleza, como las que regalan las dunas de Playa Blanca (al norte), para escalar descalzos y lanzarse rodando, la vista al mar.   

Otra opción a la hora del contacto con la naturaleza es llegarse a algunos de los varios humedales que rodean al poblado, como Salinas Chica, Salinas Grande y Pachingo (pequeños esteros cercanos al mar en los que se pueden apreciar decenas de especies de aves distintas), o a la zona seca que une con el pequeño Puerto Aldea, donde en las primaveras se ve el precioso fenómeno del “desierto florido”.

5) Manjares con vista al mar: otro de los orgullos de Tongoy es su gastronomía. Sobre todo, cuando esta viene servida en barcitos y restaurantes que dan al Pacífico, tan decorado con los ya citados barquitos y las aves marítimas que revolotean los cielos (y caminan la tierra). 

La feliz panzada viene protagonizada, como no podía ser de otra manera, por los manjares que da el mar. Entre los platos estrellas (hechos con productos fresquísimos recién salidos del agua),  destacan los ostiones de todos los tipos (con originales rellenos), mariscos, camarones, ceviches, pulpo, paellas, sopas marinas, reinetas, corvinas, congrios, albacoras y las famosísimas empanadas de mariscos, por solo nombrar algunos.

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