“Estamos en sociedad con los que hemos combatido toda la vida”

Nació en Villa María, el 30 de junio de 1941. Está en pareja, tiene cuatro hijos y siete nietos. Es radical de cuna. En la década del 70 inició su militancia en el sindicalismo en el ámbito del municipio local. De ser subdelegado del Corralón pasó en pocos meses a ser secretario adjunto del SUOEM. Tuvo un fuerte protagonismo durante la dictadura al convertirse en secretario general de la CGT villamariense. En 1983 fue candidato a diputado nacional de la UCR. En ese momento conoció a Raúl Alfonsín y lo llevó a formar parte de Renovación Sindical, el brazo gremial del alfonsinismo. Su actividad sindical continuó hasta el momento en que se jubiló. Hoy es presidente del Centro de Jubilados Municipales de la Provincia de Córdoba

Escribe: Nancy Musa DE NUESTRA REDACCION

 

Escribe Nancy Musa

 

 

Negro Camilo

El Negro Camilo, el hijo del gallego afilador sabattinista, el mecánico de motos, el gremialista decente. El tipo que camina por la calle con la frente en alto, saludando a todo el mundo. El que estuvo sentado en la mesa de Raúl Alfonsín en Olivos y siguió siendo el mismo laburante que luchaba por los beneficios de los trabajadores municipales.

El Negro Camilo, humilde, osado, incansable, auténtico. El niño que vendía flores, revistas usadas, el que iba en la jardinera con su hermano repartiendo leche. El vecino que llegó a lo alto y nunca usó las influencias porque priorizó la ética, la honestidad. El que tiene mil anécdotas, el protagonista de un libro, el ganador de un concurso literario, el que pelea hoy por los jubilados, el que admira a Agustín Tosco y se pregunta qué pensaría si viviera de lo que está pasando en el país.

El Negro Camilo, parte de nuestra historia.

 

Es un momento complicado para el sindicalismo teniendo en cuenta que hay una reforma previsional con media sanción, un proyecto de reforma laboral ¿qué opinión tiene sobre estos temas?

Mucha gente habla de la reforma laboral pero la mayoría no conocemos qué es lo que es. Ayer (por el jueves) estuve en Córdoba, fui a plantear el tema de los compañeros de Fábrica de Pólvora que es un tema terrible para Villa María y la ciudad le da poca bola.

Estuve con Jorge Sappia, que fue ministro de Trabajo de Angeloz, y nos explicó perfectamente bien la reforma laboral. Estuvo reunido con Triaca y él sostiene que aprobar esa reforma es retroceder cien años en las conquistas de los trabajadores.

Te lo está diciendo una persona que es la máxima autoridad de la UCR, un partido que forma parte del gobierno. Si vos lo escuchás a Ricardo Alfonsín dice que él no va a votar semejante porquería.

Entonces está mal, cuando Sappia nos explicaba las reformas que quieren hacer, algunas son lapidarias para los trabajadores.

Y llama la atención la actitud de los dirigentes sindicales.

 

¿Sappia dijo algo sobre los motivos que tuvieron los senadores radicales para votar la reforma previsional?

Porque los mandaron.

 

Usted en su condición de gremialista ¿qué análisis hace sobre el sindicalismo actual?

El sindicalismo cada vez está peor. Y digo peor con relación a la dirigencia nacional, no a la que está poniendo la cara ante el laburante en el interior. Me refiero a la burocracia sindical, a los que se sientan en un sillón y hace años dejaron de ser trabajadores, son grandes empresarios.

Entonces negocian las conquistas de los trabajadores, de esos hablo y digo que cada día que pasa están peor.

Vamos para atrás en las conquistas, cada día hay menos trabajadores afiliados, cuando este país consiguió una de las mejores conquistas gracias a los trabajadores y su lucha durante tantos años. Y hoy no puede venir un gobierno y quitarte lo que se consiguió con tanta lucha, te lo quieren sacar de un plumazo.

Creo que Macri está muy apurado para arreglar problemas y en ese apuro al que perjudica es al que menos tiene.

El que más o menos tiene espalda se la banca, pero el pobre negro que está subsistiendo y le aumentan la luz, el gas, la nafta, el peaje, a ese tipo lo destrozan.

Y no entendés como le sacan la plata a los jubilados y le sacan los impuestos a los autos de alta gama. La renta financiera no paga impuestos porque aducen que es un ahorro y la jubilación ¿no es un ahorro?.

Yo ahorré toda mi vida para jubilarme bien cuando llegue a viejo, pero eso no es un ahorro.

Entonces estas son las cosas que la burocracia sindical permite que pasen.

Vos tenés un millón de pesos en el banco no pagás un solo peso de impuesto, aportaste toda la vida y te recortan el ingreso.

 

Usted que estuvo muy cerca del expresidente Raúl Alfonsín y conoció su pensamiento ¿qué mirada tiene sobre el radicalismo aliado con el PRO?

Es triste la mirada que uno tiene sobre todo su partido. Tanto el peronismo como el radicalismo han sido los dos grandes partidos de la historia argentina y hoy ver a los dos partidos hecho pedazos, prácticamente, es triste. Nosotros estamos en sociedad con los que hemos combatido toda la vida, hicimos una sociedad para que nos culpen a nosotros. Porque el tema de la Fábrica no le van a ir a pasar la factura a Capitani, se la van a pasar a los radicales. Ya estuvieron los compañeros en el comité los otros días.

Ellos lo ven así, que somos parte del gobierno y es cierto. Somos parte del gobierno pero no opinamos, no tenemos posibilidad de decir nada. Esto es una situación muy triste para los que hemos luchado.

Porque nosotros, Nancy, luchamos en la época de los milicos, te metían en cana y te hacían desaparecer, se metían en tu vida privada, nosotros peleamos contra eso.

Lo que muchas veces pienso es qué dirían Agustín Tosco y el Negro Atilio López si estuvieran vivos.

 

¿Usted los conoció a los dos?

Sí, participaba en los plenarios y no se te ocurría ni abrir la boca con esos dos monstruos que eran una lumbrera. ¿Qué dirían si estuvieran vivos y vieran lo que está pasando con los trabajadores?

 

¿Hacia dónde nos conduce este panorama que usted pinta?

No sé, nosotros los viejos la estamos pasando muy mal. Porque te miden la misma canasta familiar para un joven que para un viejo. Y la canasta familiar del viejo no es lo mismo, porque tiene remedios que cuestan el 90% de sus ingresos. Hay que andar por los pueblos, vos recorrés y ves gente que está sobreviviendo.

No sé qué va a pasar, hemos pasado crisis jodidas pero en esta oportunidad me preocupo porque no ves militancia, no ves una fuerza que sea capaz de parar esto. Yo me acuerdo en la época nuestra, ya te iban a quitar una conquista.

Acá en la provincia nos bajaron la jubilación del 82% móvil al 73% y nadie dijo una sola palabra. Los de la provincia estamos afiliados al APROSS, no tenemos obra social prácticamente, y nadie dice nada.

 

¿Los jubilados siempre pagan los costos, ya es una constante en nuestro país?

Siempre, hace años que venimos pagando y pagando. Realmente no veo que alguien resista. Antes teníamos a los comunistas, me acuerdo del doctor Balderramos, Villarroel, Diez en Villa Nueva, eran grandes luchadores. Hoy no veo que exista gente así.

 

Camilo, parte de la sociedad apoya que pasen estas cosas ¿por qué?

La sociedad está como anestesiada. Fijate el tema de la Fábrica, van a quedar cien personas en la calle y hay algunos que dicen está bien porque eran de La Cámpora. Una barbaridad.

 

¿Qué nos pasó Camilo?

No sé qué nos pasó. Cuando se puso en la constitución que el empleado público tiene estabilidad, lo hicieron porque cuando entraba un peronista echaba a los radicales y cuando entraba un radical echaba a los peronistas. Para evitar eso, no pueden ser echados sin justa causa. Hoy, te echan sin causa.

 

¿Nuevamente estamos atados a las ya conocidas recetas del FMI?

Yo no sé qué están haciendo. El PRO es un partido político nuevo o sea que vos no sabés para dónde va. Vos tenés la izquierda, el radicalismo, el peronismo que más o menos tenés idea de hacia dónde van, pero el PRO no sabés para dónde va.

 

¿Y en sus primeras medidas para dónde van según su criterio?

(Se ríe). Yo sabía tener un dirigente que era de Avellaneda, vivía en la villa miseria, el tipo no sabía leer ni escribir pero tenía una mirada increíble de las cosas.

Y un día estábamos peleando contra Sourrouile, el ministro de Alfonsín, porque yo encabecé todos los paros que hicieron en esa época y entonces le pregunté a este dirigente de Avellaneda que opinaba sobre las medidas que estaba tomando Sourrouille.

Y me dijo “si se pone contento Neustad, Grondona, si se ponen contento los Macri, seguro que no están planificando nada bueno para mí” (Risas).

El tipo era analfabeto pero se manejaba por instintos, se fijaba qué sectores se ponían contentos.

Dónde vamos no sé, pero sí sé que no estamos nada bien.

 

En el momento en que el radicalismo decidió la alianza con el PRO ¿cuál fue su reacción?

Yo no estuve de acuerdo. Yo respeto la decisión pero no estoy de acuerdo y voy a pelear para que el radicalismo vuelva a ser el partido que fue. No necesitamos ninguna alianza, si somos cinco somos cinco, si somos mil somos mil, si somos radicales somos radicales, no somos PRO.

Y por suerte hoy ves que hay muchos radicales que están en contra de esto, lo tenés a Alfonsín que está en contra, al presidente de la convención nacional Sappia que está totalmente en contra, vemos muchos dirigentes que no están de acuerdo con lo que está pasando.

Creo que el radicalismo va a tener que tomar el toro por las astas y el peronismo lo mismo. Van a tener que salir a decir “acá estamos” porque así vamos mal.

 

¿Por qué se hizo radical siendo que tiene espíritu sindical, asociado mayormente al peronismo?

Mi viejo era amigo de Sabattini, por eso era radical. Mi viejo era gallego, nacido en Galicia, y se hizo muy amigo de Sabattini y por eso nosotros también éramos radicales. Después lo conocí a Raúl Alfonsín y él me terminó convenciendo.

Lo conocí a Alfonsín, al viejo Illia y cada vez que me acuerdo de Illia se me produce una cosa. Hay dos personas que yo tengo en mi recuerdo, uno fue Agustín Tosco y el otro Illia.

Un día le pregunto dónde vive don Arturo, por ahí me contestó. Me contó que la casa la había vendido para pagar la enfermedad de su mujer y vivía en la casa de los amigos.

“No me hace falta casa, si me voy a lustrar los zapatos no me cobran, si pido un taxi no me cobra, tampoco necesito plata”, me dijo. Realmente, un ejemplo que ya no se ve.

Y Tosco era igual, era un laburante en serio, era un orgullo ser trabajador para él. Me dejó muchas cosas.

Hay gente que me dice “vos estuviste al más alto nivel y no te quedaste con nada, seguís siendo el mismo Negro” y creo que fue el ejemplo de Tosco.

Me acuerdo cuando empezamos en el gremialismo con el flaco Rabbia, cada vez que teníamos que tomar una decisión el flaco me decía “qué va a pensar el laburante”. Uno se formó con eso, ahora no les importa un carajo lo que piensa el laburante.

 

Tengo un recuerdo suyo muy grabado, lo veo cuando estuvo castigado en el pasillo de la Municipalidad en tiempos de Veglia y usted comía caramelos y tiraba los papelitos en la puerta del despacho del intendente

(Risas). Después que me hizo cagar Angeloz por el paro de Luque, yo tuve que renunciar al sindicato porque quedaron todos los trabajadores en la calle. Entonces me quedé sin nada, sin sindicato, ya no estaba más en Buenos Aires y me pusieron en penitencia en el pasillo nueve meses (se ríe). Después me mandaron al Corralón y me pusieron al lado de la perrera. El olor que había (risas). Estaba yo y los perros que meaban y cagaban.

Una día viene Jorge Valinotto y me dice no te puedo ver parado en el pasillo, si querés lo hablo a Veglia. La cuestión que concretó una reunión en su oficina con Veglia, los tres. Sabés cuánto duró la reunión, ni treinta segundos (risas).

Un par de insultos y al pasillo de vuelta.

 

¿Por qué lo castigó?

La bronca venía del partido, en el primer conflicto que tuvimos con Cabezas, me agarré a trompadas con Veglia, él era secretario del gabinete. O sea que la cosa venía mal. Y después cuando ganó la Intendencia te decía “yo al partido no le debo nada”.

 

Camilo, ¿qué recuerdos tiene de su infancia, de sus padres?

Mi papá debe haber sido el tipo más bueno del mundo, mi viejo y mi hermano. Mi viejo era incapaz de hacer mal a nadie, laburaba los 365 días del año, afilaba cuchillos y salía todos los días a trabajar. No le debía un centavo a nadie. Un día se compró una heladera a pagarla a cinco meses y a los dos meses ya la había pagado (risas).

Tuve una infancia muy pero muy pobre, nunca nos faltó la comida, una infancia muy feliz. Teníamos muy poco pero éramos felices.

El primer trabajo salí a vender flores con mi hermano, mi vieja tenía margaritas y salíamos con un tarro con agua a vender margaritas, después vendíamos gladiolos, un día vimos que la feria franca se vendía mucho libros y revistas usadas, entonces le pedíamos a la gente libros y revistas viejas.

Un día nos instalamos en la feria y vendimos un montón. Después armamos un reparto de leche, íbamos en la jardinera con los tarros, nos dejaban la puerta abierta a la mañana y nosotros entrábamos a dejar la leche.

Recuerdo que íbamos a una casa que la dueña dormía ligera de ropas, así que con mi hermano nos peleábamos para ver quien dejaba la leche (risas).

Después fui almacenero, fui lustrador de muebles, fui a la Escuela de Trabajo, ahí hicimos un golpe de Estado y lo sacamos al director, fui mi primer trifulca.

 

¿Lo echaron de la escuela del Trabajo?

Sí, entonces mi vieja me mandó a buscar laburo. Y en Mendoza e Yrigoyen estaba la casa Victor F Viale que vendía la Siambretta. Paso y veo un cartel que decía “se necesita mecánico de motos”. Cuando vuelvo a casa le conté a mi vieja que no había conseguido nada y que había visto ese cartel.

“Esta tarde vamos a ir”, me dijo mi vieja. Y me llevó, entró a hablar ella, le dijo que por tres meses no me pagara y que me enseñaran. Así que empecé a limpiar piezas, a los quince días me dieron trabajo. Y a los tres meses se fue el jefe del taller, y Viale necesitaba un mecánico oficial de la marca, la Siambretta se vendía una barbaridad.

Entonces me mandaron a Córdoba a la fábrica Siam a hacer el curso y ahí me recibo de mecánico oficial, tenía 16 años.

 

¿En ese trabajo estuvo bien?

Muy bien, cuando un empleado de banco ganaba 15 mil, yo ganaba 35 mil. Era el negro más agrandado que había. Reloj de oro, cadena de oro, los trajes me los hacía el sastre Mussi, así andaba, toda la plata que ganaba la tiraba (risas).

Hasta que un día le firmé la garantía a un compañero, y a los quince días murió de un infarto.

Y un día me embargaron todo, a partir de ahí entré en caída libre.

 

¿En qué circunstancia empieza a trabajar en la Municipalidad?

Yo tenía el taller de motos y viene Bazola que era jefe de Tránsito y me ofrece que arregle la motos de Tránsito pero que lo hiciera en el Corralón. Y así entré a trabajar en 1970, estaba de intendente Vijande.

Cuando me fui a Buenos Aires me fui como el Negro Camilo y después volví al Corralón como el Negro Camilo y sigo siendo el Negro Camilo (risas).

 

Negro ¿entró a la Municipalidad y a los pocos días era subdelegado gremial, qué pasó?

A los pocos días, y a los tres meses era secretario adjunto del gremio, no sabía lo que era una asamblea (risas). Toda la vida fui un inconsciente, cuando hago un análisis pienso, yo no medí lo que eran los milicos, yo seguí jetoneando como si estuviéramos en plena democracia. Acepto ser secretario general de la CGT por una inconsciencia. No me metieron nunca a un calabozo, pero en la época de los milicos me llamaron treinta y uno días seguidos. Me sentaban en una piecita que todavía está en la Comisaría, desde las 10 hasta las 2 de la tarde. Me informaban con un papel que estaba prohibida la actividad gremial, yo firmaba, y al otro día lo mismo (risas).

 

¿De qué manera surgió la idea de armar la CGT en plena dictadura?

Era militancia. Con Foresto de Luz y Fuerza, entrevistamos a Matera, a Menem, a Luder, a Alfonsín, a Frigerio, a muchos fuimos a hablar para plantearles que teníamos que hacer algo.

Foresto pidió una audiencia con el Comando del Tercer Cuerpo, con Menéndez. Yo pensé, está loco. Pero nos dieron la audiencia.

Fuimos y nos atendió un coronel, no me acuerdo el nombre. “Yo soy peronista”, le decía Foresto y el tipo se levantab y se iba. Tres veces se lo dijo y las tres veces se fue. “No digas más nada que sos peronista”, le dije (risas).

Ahí conocí a muchos dirigentes, pero esa CGT fue la “gloriosa” y yo fui el secretario general porque nadie quiso ser (se ríe).

Tiempo después se armó la otra CGT que era el Gordo Mosquera el secretario. Nosotros estábamos con Triaca y la otra con Ubaldini.

 

¿Ser radical y gremialista le provocó chispazos o lo respetaban?

Donde sentí algo fue en los plenarios nacionales. Se reunían en la CGT nacional y antes de empezar el acto se cantaba la marcha peronista. Yo me ponía de pie pero no la cantaba y un par de veces me gritaron “cantá peludo” (risas).

Pero, no noté diferencias, para mí fue un orgullo ser secretario de la CGT, era un bicho raro (muestra fotos de las reuniones en la CGT y con Raúl Alfonsín).

 

¿Y cómo lo conoció a Raúl Alfonsín?

Me mandó a llamar cuando yo era candidato a diputado nacional. Te quiero contar una anécdota sobre la candidatura. Hubo una reunión de todos los candidatos del radicalismo y nos dicen que todos los candidatos tenían que vender bonos. Era como de diez mil pesos y yo pensé ¿a quién le vendo un bono yo de esa cifra?. Entonces te llamaban uno por uno y te daban los bonos.

Y llegaron al Negro Camilo. Me puse de pie y pedí el micrófono. Le digo “doctor Angeloz, renuncio a la candidatura de diputado nacional, soy un trabajador y no tengo a quien venderles bonos por diez mil pesos”.

Se produce un silencio y agarra el micrófono el Pocho y dice “los cuatro bonos de Camilo los pago yo”.

Después que estoy nominado en la misma boleta de Alfonsín, ese es un orgullo, vino Nilo Neder a mi casa, y me dijo que pidiera que me pusieran en el número dos o número tres. “Sos el único secretario de la CGT radical, no pueden darse el lujo de no tenerte”, me dijo.

Y dije que no, no pedí nada. Estuve en el número trece y entraron once.

 

¿Pero por esa candidatura lo conoció a Alfonsín?

Cuando Alfonsín viene a una fábrica de Córdoba, no dejaban entrar a nadie. Al final me dejaron entrar, cayó Alfonsín, saludó a todo el mundo y el Nito Botta me lo presenta. “Mucho gusto en conocerte, quiero que me acompañés al recorrido de la fábrica”, me dijo.

Recuerdo que estaban todos los laburantes, Alfonsín empezó a caminar y lo empezaron a aplaudir. Y yo iba a la par de él. Vino el almuerzo después en el comedor, Alfonsín se puso en la punta de una mesa, solo, se sacó los zapatos y puso los pies arriba de la silla.

Me mandó a llamar y me dijo que iba a ser diputado nacional. “No llego”, le contesté. “Si no llegás te venís a trabajar conmigo”, me respondió.

Yo veía que el Chancho Mestre me miraba, habrá pensado quién es este Negro que está sentado ahí, y se viene para sacarme cagando, el Nito Botta lo paró a mitad de camino (risas).

Ahí lo conocí.

 

Usted no llegó a ser diputado pero Alfonsín le hizo un ofrecimiento

Sí, me ofreció entrar al Ministerio de Trabajo y después como el ministro no me llamó, me llamó él y me ofreció Renovación Sindical y asumí como secretario adjunto del brazo gremial de Alfonsín. Una vez a la semana nos reuníamos en Olivos, a veces iba con Miguel Olaviaga, otras con Rompani y tratábamos los temas de los conflictos gremiales.

Un día hubo un paro y yo lo había encabezado acá y le doy a Sourrouille con un caño. A los dos o tres días caigo a Olivos, Alfonsín saca un sobre del cajón con todos los recortes del diario sobre el paro y un casette negro, todo sobre el paro.

La Juventud Radical de Villa María le había mandado todo sobre el paro y lo que yo había dicho.

“Yo no digo nada, usted cumpla su rol como gremialista”, dijo Alfonsín (se ríe).

 

¿Qué sintió el Negro Camilo cuando entró a Olivos la primera vez?

(Se ríe). Tengo cada anécdota. A Olivos debo haber ido cuarenta veces, y dos veces cené en la Residencia con el gabinete completo. Ahí sí me produjo cosas, pensar que el Negro Camilo estaba sentado en el comedor de la Residencia con el presidente.

A mí me quería el viejo. Me honró con su amistad.

Recuerdo una anécdota, un día teníamos que ir a Olivos y no teníamos con qué ir, y la secretaria de Olaviaga ofreció su auto. Yo saco blanco, corbata roja, manejaba Miguel, la chica al lado y yo atrás sentado solo.

Llegamos a la residencia, el milico pidió la documentación y saqué mi credencial. Y el soldado por la radio dice “va a ingresar el señor Camilo Rodríguez, con chofer y secretaria” (risas).

Cuando entramos se lo contamos al presidente y se cagaba de risa.

Otro momento importante fue cuando nos encomendaron la representación en Italia a mí y a Rompani, un gran gremialista.

Cuando nos tocó hablar fue una ovación, porque para el mundo recobrar la democracia era un hecho trascendental.

Fueron momentos inolvidables, el gremialismo me dio todo.

 

¿Cuáles fueron las grandes satisfacciones en su paso por el gremio municipal?

La lealtad de los laburantes. Los trabajadores creían en mi palabra y con el flaco Rabbia hicimos una dupla muy buena, era un laburador de la puta que lo parió.

 

Fue secretario general del gremio con la intendencia de Accastello también, ¿fue una buena experiencia?

Cuando gané las elecciones del gremio, Accastello fue al Corralón a saludarme. Le dije conmigo no vas a tener ningún problema mientras me respetés la palabra. Y a mí me la respetó siempre, cumplió siempre y no fueron épocas fáciles.

Quedé en buena relación con él, al margen de lo que se diga sobre lo que hizo o no, cuando yo fui secretario general del sindicato me cumplió.

Yo conocí dos tipos laburadores en política, dos tipos que no gastan un segundo sin laburar en política, dos animales políticos, uno es el Gato Sella y otro Eduardo Accastello.

 

¿Qué visión tiene sobre la problemática de la Fábrica de Pólvoras que tiene en vilo a tantos trabajadores?

Es un tema delicado que la gente que no lo analiza. Recuerdo que en 2001 ATE armó una cooperativa para trabajar para la Fábrica, porque en esa crisis no había trabajo. La mayoría entró a trabajar en 2002, no existía la Cámpora en esa época, tiempo después Kirchner los hace ingresar como contratados a esos trabajadores que no tenían nada que ver con la Cámpora como dicen.

El error fue que el gobierno anterior no los blanqueó y hoy Macri se agarra de la precarización laboral.

Entraron algunos de la Cámpora pero ya se fueron, los que han quedado son laburantes. Habrá algunos que son kirchneristas pero no por eso hay que echarlos, no por ser radicales o peronistas hay que echarlos. Volvemos a retroceder un montón de años, son trabajadores más allá de sus ideas políticas.

Yo escuché mucha gente decir que son de la Cámpora y es mentira. Y la fábrica está mal porque no compran insumos, porque está en condiciones de fabricar tres veces más de lo que fabricaba.

Y es mentira que las cosas acá cuestan el doble de lo que traen de afuera.

Me parece que Villa María tiene que abrir el ojo y defender más al sector laboral.

 

Opiniones

 

Mauricio Macri

Los que laburamos siempre pensamos de la familia Macri que era parte de la oligarquía. Creo que es un tipo que quiere arreglar muy rápido el país, a su manera, y perjudica a los que menos tienen. Porque vos no te podés bancar que te aumenten la luz, el gas, todo y vos seguís cobrando lo mismo.

Pará, mejorá el sueldo y no aumentés los servicios el 120 o el 200 por ciento. Por cerrar los números perjudican a los que menos tienen. A esos le hacen un boquete. Te aumentan todo no aumentan el sueldo, ya no quiere ni que coman.

 

Juan Schiaretti

Lo tenía como una persona que apreciaba pero el que miente a los jubilados y a los chicos…Y Schiaretti nos prometió que nos iba a derogar la ley que nos pagaban los aumentos seis meses después. Llevó la derogación y nos bajó las jubilaciones al 73%.

No creo que una persona que haga eso tenga un buen concepto.

 

Martín Gill

Es una buena persona pero no cumple con lo que promete. El dirigente debe cumplir las promesas. Y no veo que haga nada para mejorar la precarización que hay en la Municipalidad. Van a entrar 200 pero quedan muchos afuera.

 

 

¿Tiene algún candidato preferido a gobernador del radicalismo?

No confío en Negri, no confío en Aguad, son vivos de la política. Al chico Mestre no sé si le da.

Dante Rossi es muy capaz, muy inteligente pero con qué se banca una campaña.

 

¿Cuál es su sueño hoy?

La mayor satisfacción que tengo son los amigos y seguir trabajando por los jubilados.

 

Emoticones

 

Me gusta

La amistad, es el capital más grande que hay.

 

Me encanta

Discutir en la mesa de café.

 

Me divierte

Ver la gente bien

 

Me entristece

La mentira

 

Me enoja

El no cumplimiento de la palabra

 

 

 

Print Friendly, PDF & Email
Facebooktwittergoogle_plusFacebooktwittergoogle_plus