El Diario del centro del país

“Hacemos un teatro que busca provocar y convocar”

Entrevista a Andrés Brarda, director teatral

Oriundo de Tancacha, cuenta que se acercó al teatro a partir de su padre, Alberto Brarda. Remarca que los teatreros locales deben unirse más que nunca en épocas de cierre de espacios culturales y a la vez ser autocríticos, buscando nuevas miradas y públicos

Actualmente, Andrés Brarda se desempeña como docente de teatro en colegios de la región, como tallerista en espacios municipales de Villa María y Tío Pujio y tiene a cargo el colectivo independiente Teatro de Herejes.

“Con la mayoría de las obras que tenemos la idea es que trascienda en el tiempo. Me parece que tenemos que hacer conocer al teatro, que es lo que está faltando. Es tratar de imponerse y mostrarlo, para que la gente conozca nuestro trabajo y la vez comience a llamar nuevas miradas, nuevos espectadores que es la idea que estamos buscando”, inicia la conversación Andrés, en una clara postura respecto a su forma de accionar en este campo artístico.

 

-Comentame la historia y el armado del colectivo independiente Teatro de Herejes, el cual dirigís ya hace un par de años.  

-Es un colectivo teatral independiente que comenzó en 2011 con actores que se autoconvocaban. Se inicia en Río Tercero, y luego cuando me vine a radicar en Villa María se gestó un elenco estable que fue muy importante porque comenzamos a conocernos. Somos un grupo de casi 30 personas, en donde prevalece el respeto, la sinceridad en el trabajo.

Realizamos dramaturgias colectivas y/o propias, marcando una particular impronta en cada una de las puestas, rescatando la mirada vanguardista de las artes escénicas que provocan una ruptura en la línea tradicional del teatro modificando esencialmente el vehículo de la comunicación desde la construcción del texto hasta la puesta en escena. Actualmente el colectivo Teatro de Herejes concentra grupos de trabajo en las localidades de Río Tercero, Tancacha, Hernando, Villa Nueva y Villa María.

Es un tipo de teatro que quiere provocar y convocar. Estamos constantemente en una búsqueda.

 

-¿Por qué lo pensás de esa manera?

-Creo que los teatreros por un flyer o alguna difusión que hacemos, nos creemos que estamos en el centro de escena. Y la verdad, eso es una gran mentira. La verdad es que a la gente le interesa muy poco el teatro.

Entonces desde ese punto debemos analizarnos, hacer autocrítica sobre lo que estamos ofreciendo y por qué no convoca. Entonces desde ahí salir a trabajar en procesos nuevos, salir de esa línea tradicional del teatro, que es en cierta forma depender de un autor.

Debemos buscar un lenguaje innovador, si no, el teatro se tendría que estar arrodillando frente al cine porque si le mostramos una sola vidriera, un solo cuadro, estamos haciendo lo mismo que en esa disciplina.

-Elegís en varias producciones trabajar en espacios no convencionales como la Usina Cultural o a orillas del río, ¿a qué responde esta decisión?

-Cuando se comienza a gestar una idea, no sé si sale desde un proceso intelectual, sino más bien como una necesidad. A partir de ese punto, pensamos en escribir de otra forma y de tratar de un espacio hiperrealista, donde la realidad te puede comer a la ficción. El desafío actoral es mucho más grande, como por ejemplo en lo que pasó en “Amerindio” desde una puesta con agua, fuego y tierra. Cambiar el formato a veces ayuda muchísimo, nos refuerza la narrativa.

En algunas de nuestras obras como “TeatroCubo” lo que intentamos en incomodar al espectador. Es una visión ideológica hacía el mundo, no queremos un mundo que sea cómodo, sino mejor.

Siempre siendo autocrítico de nuestro trabajo, y generar nuevas miradas. Nosotros no tenemos ninguna obra que haya sido un fenómeno. Sí, “Amerindio” tuvo unos 300 espectadores a la orilla del río en cinco funciones, pero nada más. Ahora cuando estemos hablando de qué hicimos 200 o 300 puestas sí podríamos hablar de algo trascendente a nivel teatral.

En ese sentido, el teatro independiente se tiene que hacer una autorreflexión, para decir qué pasa que no estamos convocando. Porque, a decir verdad, por lo general, el público que asiste no pasa más allá de nuestros contactos en el celular.

Y no estoy hablando de un “teatro raro”, sino de generar nuevas sensaciones, que genere preguntas, que cuestione, por eso estamos en esa búsqueda.

 

-¿Cómo te acercaste al mundo del teatro? Vos venís de otra disciplina y otro campo de estudio ligado a lo audiovisual, y también trabajaste como instrumentador quirúrgico…

-La verdad, empecé a hacer teatro de grande, a los 24 años. Mi viejo viene de una carrera teatral amplia, larga. Tengo padres divorciados y nunca lo supe aprovechar. El año pasado cuando falleció me di cuenta un poco de su forma de ver las cosas, que trabajaba similar a lo que me gusta. De un proceso creativo nuevo, de agarrar una hoja en blanco, etc.

Arranqué en Tabla Dos en Río Tercero, con Lalo Orellano en La Cochera. Fui vinculándome con diferentes grupos que quizás me fueron enriqueciendo. Un día por cuestiones de la vida, con 28 años, escribí un sketch televisivo para un trabajo mientras estudiaba la Licenciatura en Producción Audiovisual en la UNVM. Llegamos a la puesta de la obra “Los pájaros caen del cielo y los hombres de sorpresa”, en donde si bien soy autocrítico de ella, me permitió darme cuenta que era más de lo mismo desde lo teatral. En esa obra actuaba, y teníamos que estar repartiendo folletos una hora antes del espectáculo porque no convocaba. Desde ese punto me di cuenta que no era sencillo, y no me refiero a querer ser masivo porque sí. Tenemos que generar una cultura teatral, por el solo hecho de que se empiecen a cuestionar un montón de cosas; que en ese transitar de la obra les provoque cosas, que les genere un montón de sensaciones al público.

Si realmente queremos un teatro de vanguardia que vaya al frente, tenemos que ir por ese camino. En donde hay que trabajar, estudiar, seguir leyendo y entrenar muchísimo, en la técnica y el cuerpo.

 

“El teatro es carne y hueso”

“Comencé mi camino como actor en un teatro convencional, en donde me dieron un texto por aprender, durante todo un año e hicimos una muestra a fin de año del taller y la sufrí. Pensaba ‘si esto es hacer teatro, no quiero saber más nada… Después me encuentro con otro grupo encabezado por Lalo Orellano, y vi que la explosión creativa que tenía el actor con su cuerpo era otra cosa: es carne y hueso. Otro proceso creativo desde lo corporal y lo intelectual. Doy gracias a que me di una segunda oportunidad desde lo teatral”.

 

-¿Cómo resolvés el tema de la escritura de las obras? ¿Cuáles son tus referentes en ese sentido?

-La escritura mía es algo ecléctica o cachivache (risas). Creo que la creatividad también es encontrarse con un montón de cosas que te han pasado, y con la literatura, el cine. Todo se va fusionando.

En lo teatral, Mauricio Kartún, Rubén Schumacher. Del cine soy muy de Eliseo Subiela, en la literatura me gusta mucho E. A. Poe, R. Arlt, entre otros tantos. Y también tu experiencia, desde la infancia que me repercute en muchas historias.

Además, es muy importante la plasticidad, la capacidad de observación de lo que el actor quiere gritar con su cuerpo, por eso el entrenamiento es riguroso. Sin entrenamiento no funciona la escritura, en el simple hecho de sentarse y volcar una idea.

 

-¿En qué están trabajando con el grupo para este año y qué obras planean estrenar?

-Bueno, para este año tenemos organizados un par de estrenos como “Los hombres que Dios no ama”, un trabajo que está transitando el proceso creativo, el texto está escrito en 12 imágenes basadas en el lenguaje del cuerpo y la palabra. A estrenarse en abril de 2019.

Por otra parte, “El juego cuando el terror supera a la ficción” (con dramaturgia y dirección de Brarda) que transcurre en una casa amplia y el espectador es itinerante sumergiéndose a la historia de cuatro adolescentes que proponen un juego aterrador en una casa en desuso sin medir las consecuencias. A estrenarse en junio y julio de 2019.

Para octubre planeamos reestrenar “Amerindio: historia de una masacre” que fuera estrenada en enero de 2018. La íbamos a realizar durante este verano, pero por cuestiones personales y de recursos económicos preferimos organizarlo mejor y esperar unos meses.

 

-¿Cómo observás la coyuntura económica actual y el cierre de algunos espacios culturales?

-Claramente estamos en una situación compleja ante el cierre de espacios culturales. Es una pena que hayan cerrado Escena, Mística, espacios que nos daban teatro todos los fines de semana. Es una pena y es para que nos una mucho más a los teatreros y nos pongamos a ver en qué situación estamos.

Si bien creo que es un arte que es milenaria y siempre ha prevalecido, siempre está, hay que repensar cosas.

Apenas comencé en Villa María veía que se abrían salas, que florecían, y hoy casi fue un golpe de nocaut que nos cerraran ambos espacios. A nosotros también nos perjudica como grupo, porque hay cosas que queremos ir a mostrarlas a ese tipo de salas y no las tenemos más.

 

Producciones durante 2018

“Amerindio: historia de una masacre” (dramaturgia y dirección Andrés Brarda). Estrenada en enero de 2018, es una puesta que ubica al espectador en el escenario mismo donde suceden los hechos, donde una comunidad aborigen comienza a sentir la llegada de un mal inevitable e irreversible: los españoles, que llegan a sus costas por el mar para arrasar con su cultura, sus tierras y sus riquezas.

“El Real Hotel” (dramaturgia Gabriela García y Andrés Brarda. Dirección: Andrés Brarda). Estrenada en diciembre de 2017. La puesta cuenta con 12 actores en escena y música en vivo. La obra está inspirada en el Hotel Edén y la serie española “El Gran Hotel”. Se repone en abril.

“TeatroCubo” (dramaturgia colectiva, dirección Andrés Brarda). Una incómoda experiencia sensorial para espectadores emancipados. “Es una instalación cúbica donde se combinan diferentes elementos de las artes escénicas, como el teatro de inmersión, el teatro interactivo y el teatro íntimo, donde el espectador podrá experimentar diferentes sensaciones que quizás no le sucedan en el sometimiento habitual de la platea. A reestrenarse en junio de 2019.

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