Historia de mujeres y relaciones de género

NOTA Nº 538, escribe Jesús Chirino

En esta nota rescatamos el nombre de una entidad gremial que reconoce que está integrada por hombres y mujeres. Otra cuestión que relevamos es el nombre de mujeres dirigiendo acciones gremiales, y también como en una crónica de los hechos son ignoradas pues el periodista únicamente se refiere a “los obreros”. El caso es un pequeño ejemplo de los olvidos de la historia local. Por ello partimos planteando la necesidad de abrir el estudio del pasado a conceptos que aún no han sido  incorporados en la magnitud que se necesita.

Una historia con mujeres

Las mujeres no suelen aparecer, con un protagonismo destacado, en los relatos del pasado local. Esto puede corroborarse en diferentes tipos de narraciones, tanto en aquellas que son construcciones realizadas desde la ciencia histórica como, también, en otros tipos de discursos acerca del pasado local.

Y, no pocas veces, cuando aparecen en esas historias lo hacen en roles secundarios, colaborando con los hombres, incluso representando a sus maridos o padres. Esto no significa que no fueran protagonistas, sino que en esa falta de registro de las mujeres se pone de manifiesto una forma determinada de organización social que conlleva un gran conjunto de prácticas dirigidas a sostener la supremacía masculina en las sociedades patriarcales. De allí la importancia que quienes de alguna manera nos ocupamos de estudiar el pasado local, sumemos esfuerzos para poder trabajar, como lo venimos haciendo desde este espacio, incorporando una perspectiva que no margine a la mitad femenina de la población. Esto no solo implica el rescate de nombres de mujeres que protagonizaron acontecimientos pretéritos, sino también, y quizás de manera fundamental, estudiar las asimetrías sociales construidas a partir de representaciones jerarquizadas de poder donde el protagonismo y los privilegios son reservados para los varones.

Para darle esta orientación al desarrollo de la historia local, resulta fundamental la incorporación del concepto de género en las indagaciones que hacemos de nuestro pasado como sociedad, cuestión que abrirá nuevos parámetros de estudios y llevará a la redefinición y ampliación de nociones tradicionales de significado histórico, incluso la revisión crítica de premisas y normas en obras académicas existentes.

Se abren universos inexplorados

Nos espera todo un universo casi inexplorado en el estudio del pasado local en cuanto a la historia de las mujeres y de las relaciones de género. Deberemos dedicar el esfuerzo necesario para analizar tanto los roles de la mujer como los espacios y las valoraciones de lo masculino y lo femenino a lo largo del tiempo. Será esa una manera de poner de manifiesto que las diferencias, tradicionalmente aceptadas, no son naturales sino construcciones sociales y culturales y que éstas pueden variar en el tiempo y en el espacio, aunque se observa la pertinaz universalidad del patriarcado. Ese tipo de mirada de nuestra historia permitiría la reconstrucción de las formas de acción femenina en la sociedad durante diferentes períodos de tiempo. Pero también se podrá advertir la no pasividad de las mujeres como sujetos y agentes históricos. A la vez veremos renovadas las temáticas de los trabajos acerca de la historia local abordando cuestiones acerca de las que hoy resulta difícil, cuando no imposible, encontrar estudios como por ejemplo: maternidad, matrimonio, afectividades, vida privada, formas de acción política -autoridad e influencia de las mujeres-; resistencias y conflictos.

Quienes se sumen al desarrollo de estos estudios en lo local, encontrarán que existe mucho material documental con el cual trabajar. Quizás en algún momento pueda institucionalizarse un grupo que nuclee aquellas personas que comparten lo central del estudio de la historia de las mujeres y las relaciones de géneros, pues hasta ahora no ha sido ocupación central en las organizaciones dedicadas a la historia de la ciudad y región. Sea como sea, debe darse un impulso a trabajos históricos desde la perspectiva referida. Desde los trabajadores son muchos los estudios que podrán hacerse acerca del rol de la mujer en las luchas obreras en la ciudad. Aquí, a modo de ejemplo, rescatamos detalles de lo que pasó en el año 1938 en una fábrica de zapatillas ubicada en la zona céntrica de Villa María. En enero de aquel año, la  “Sociedad de Obreras y Obreros de la fábrica Tate” hizo público un comunicado con su demanda de mejores salarios. El dato interesante es que desde su nombre la organización deja en claro que está integrada por mujeres y hombres. Algo poco habitual para la época. Allí se plantea un protagonismo femenino que se sostendrá a lo largo del conflicto laboral que tendrá varias etapas. En una sociedad donde todas las autoridades oficiales son varones y también los titulares de los gremios, puede observarse que en el primer planteo de solución del conflicto, luego de un paro, en la prensa local se las reconoce como dirigentes gremiales, aunque al periodista le cuesta escribir acerca de las mujeres con un papel que habitualmente no se les reconocía. Es así que luego de unos días huelga y la firma de un acuerdo con la patronal, José Chalita, quien era secretario general de la “Unión de Obreras y Obreros…” agradece mediante declaraciones en el periódico “Tercero Abajo” y en el artículo, textualmente se señala que “dirigieron también el movimiento los siguientes dirigentes (sic) obreros” y se mencionan algunos varones para luego nombrar a la “señora Anita Corina, Esther de López, señorita Rosario Mena y Carlota Gómez”.

 

Las dirigentes gremiales

El artículo de “Tercero Abajo” dice “los obreros de la fábrica de zapatillas y alpargatas “Tate”, por razones de salario, se declararon en huelga el miércoles pasado, no registrándose en todo el transcurso de la huelga, que duró tres días, ningún acto de violencia, notándose en todo momento la cultura de los trabajadores, los que justicieramente pedían un pedazo más de pan para sus hogares”. A pesar que desde el nombre de la organización gremial, más las declaraciones de su secretario general, se da cuenta de la presencia protagónica de la mujer en la fábrica y su conflicto con el personal, la crónica no puede romper con la supremacía masculina y termina hablando solo de “los obreros…”. Eso pasa varias veces en la nota, incluso cuando se señala que luego de la intervención del inspector de la Oficina de Trabajo, Carlos Caselli, “el viernes a las 18 horas, los obreros tras firmar el pliego de condiciones, obtuvieron un rotundo triunfo”. Caselli había mediado entre quienes trabajaban en el lugar y su patrón Tiburcio Ramírez. Luego de dejar por escrito lo acordado tanto por el personal, el mediador, el patrón y el jefe Político, Juan Arregui salieron a la calle y fueron hasta la sede del periódico Tercero Abajo, donde todos fueron fotografiados dejando un testimonio gráfico del conjunto. En la crónica misma, junto a las declaraciones de Chalita, puede advertirse la tensión que surge al tener que nombrar las mujeres como parte de la dirigencia de un lucha gremial, lugar que la costumbre reservaba al hombre. Luego de estos acontecimientos el conflicto en Tate recrudeció y tuvo un desarrollo bastante largo. Pero sirva este pequeño ejemplo para rescatar el protagonismo de esas mujeres, que representaban otras más que fueron parte de las obreras demandando mejoras. Experiencias como éstas tenemos muchas en nuestra historia local, la mayoría no están escritas y si lo están no se hace referencia a la relación jerarquizadas que se dan entre géneros.

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