Instinto maternal

Villa María tiene la increíble historia de amor de Cocó, una perra que nunca tuvo crías, pero su cuerpo generó leche en pocas horas para amamantar a Sharif, un gatito enfermo que salvó su vida

Cocó amamantó a Sharif arriba del sillón. La imagen vale más que mil palabras

Hace casi un año, una amiga llamó a Gabriela Amin para contarle que había un gato bebé que esperaba ser adoptado: “Siempre fui muy gatera, se había muerto mi gata de muchos años hacía dos años y tenía a mi perra Cocó de 4. Mi amiga me insistió, la mamá del gatito había desaparecido y el hermanito murió a los pocos días”, contó Gabriela sobre el inicio de esta historia.

Durante todo el día Gabriela se debatió entre adoptarlo o no. Y no porque no lo quisiera, sino porque tenía miedo de que el gato enfermo no sobreviviera: “Yo tenía mucho miedo de adoptarlo y que se me muera, no lo iba a soportar porque amo mucho a los animales. Pero cuando me llamó la mujer que lo tenía, sentí el maullido débil y me quedó sonando en la cabeza”.

El gatito no comía solo, no se limpiaba, sólo había alcanzado a abrir los ojos, era muy bebé.

Era una noche de abril, hacía mucho frío y llovía. A las 11 de la noche Gabriela ya tenía la decisión tomada, sólo le faltaba decirlo en voz alta: “La llamé a la señora de nuevo, me dijo que estaba muy frío el gatito, no lo podían calentar. Ahí agarré el auto y lo fui a buscar hasta su casa”.

“Me entraba en la palma de la mano, era muy chiquito”, recordó Gabriela, en diálogo con EL DIARIO. Ahí lo subió al auto, donde estaba su perra que lo miraba con recelo y un poco distante: “Cuando lo llevaba en la falda, en el auto, estaba muy helado, estaba envuelto en una manta, pero yo sentía cómo traspasaba el frío de su cuerpo”.

Gabriela empezó a alimentarlo con la leche que pudo conseguir a esa hora y la desesperación era poder calentarlo: “Estaba helado, su cuerpito. Lo abrigaba con una manta, tenía el calefactor prendido, le hacía masajes como me había indicado un veterinario. Lo envolví con una bolsa de agua caliente y una manta pero no se calentaba”.

A todo esto, la perra sólo miraba la escena: “Cuando el gato largó el primer maullido, cuando lo estaba limpiando, Cocó llorisqueó y lo empezó a oler”. La perra se acostó al lado de Gabriela, que seguía masajeando al gatito: “Ahí vi que ella se acomodó al lado del sillón y nos miraba preocupada. Entonces lo dejé a él cerca de ella, a ver qué pasaba. Ahí él sintió el calor, se ve que el mío no era suficiente, y se acercó un poco a ella, que se acomodó en una posición como para que él tomara la teta. Se acomodaba de un lado para el otro como queriendo ayudarlo. Cocó nunca había tenido crías”.

Ya eran como las dos de la mañana y Gabriela se fue a dormir, sabiendo que ya no había mucho por hacer más que esperar la evolución del gatito.

Les acomodó la cucha y la perra se quedó al lado de él: “A las 6 de la mañana me desperté por el silencio absoluto que había. Cuando no escuché ningún ruido pensé lo peor, que no había sobrevivido”.

“Cuando me acerqué no lo podía creer. Ya había entrado en calor, estaba acurrucado a ella y tomando la teta. Ella lo rodeaba y cuidaba. Cuando le apreté un poco las tetitas, tenía leche, no lo podía creer. Urgente fui al veterinario, no sabía si eso le hacía bien. Me dijo que esa leche era excelente para él”, recordó.

Bautizaron al gato Sharif y a partir de ese momento, tomó la leche de su mamá perruna durante tres meses más: “El primer mes sólo tomó la teta, después comenzó con un poco de balanceado. La perra lo limpió hasta que fue grande, lo cuidaba como un hijo”.

Cuando lo quería mover, lo agarraba de la nuca, tal como hacen las madres con sus cachorros.

Al poco tiempo Sharif se puso gordo: “Cocó dormía conmigo en la cama y desde que llegó el gatito a nuestra casa, siempre se quiso quedar con él”. Para el veterinario también fue una sorpresa, en dos horas la perra generó leche sin estar en celo, nada que la pudiera predisponer hormonalmente para hacerlo: “El veterinario me dijo que no tenía cómo explicar lo que pasó. Porque nunca tuvo crías, es raro, y generar leche es muy difícil. Cuando yo los llevaba juntos a la veterinaria, se mataba de risa. Dejó de mamar cuando ya la lastimaba porque tenía dientes”.

Estuvieron tres meses pegados, ella sólo se levantaba a comer y tomar agua, pero cuando escuchaba un mínimo maullido de Sharif se acercaba a la cucha enseguida: “El muy demandante, quería que le presenten atención todo el tiempo”, bromea Gabriela.

“Yo sólo había visto esto en video, pero pensaba que era un momento, un segundo de instinto. No que durante tres meses lo iba a cuidar de esa forma. Actualmente él tiene casi un año, pero la sigue buscando, juegan, se quieren. El la busca, la cansa a veces”, contó sobre la actualidad de los dos animales.

“Fue una experiencia increíble. Siempre digo que yo lo adopté, pero Cocó lo salvó”, finalizó.

 

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