La familia española que dejó todo para ser ciudadanos del mundo

En la puerta de EL DIARIO, la familia contó: “Si nos regalan algo, nosotros regalamos algo. Es la forma para compartir y evitar que el motorhome se nos llene de cosas”

Escribe Damián Stupenengo DE NUESTRA REDACCION

 Hace casi un año que se subieron a un motorhome con la simple idea de andar. “¿Por qué esperar a jubilarnos para hacer algo así?”, fue la inquietud que los llevó a dejar de hacer “escapadas” los fines de semana y lanzarse a la aventura de recorrer el planeta

En la puerta de EL DIARIO, la familia contó: “Si nos regalan algo, nosotros regalamos algo. Es la forma para compartir y evitar que el motorhome se nos llene de cosas”

Lo que hacemos diariamente en nuestras vidas, para el general de la sociedad, tiene fines en común. Trabajar para vivir en un lugar mejor. Trabajar para tener más. Trabajar para dejarles algo a los hijos. Trabajar para tener un sustento cuando ya no haya que hacerlo… Trabajar para poder viajar.

Pero, ¿qué pasa si cambiamos de orden las prioridades, si decidimos que el día para viajar es hoy y si optamos por heredarles experiencias y no ladrillos a nuestros hijos? El resultado podría ser la historia de la familia española Fernández Ramírez.

Ellos aseguran que no viajan por el mundo, sino que viven por el mundo. Iban a ser tres años, pero hoy le han quitado la fecha de vencimiento. “Viajar es cuando te vas a un sitio, pero nosotros al único lugar que volvemos es a nuestra autocaravana para seguir a otro destino”, comenzó a narrar Javier, quien junto a su esposa Natalia y sus hijos Carla y Alejandro (10 y 8 años) dejaron Sevilla el 8 de julio del año pasado para iniciar una nueva forma de vida.

Hoy su casa es el motorhome que por estas horas muestran orgullosos a todos los villamarienses curiosos que se acercan atraídos por su tonada o por el entusiasmo que tienen por conocer gente nueva.

 

Así empezó todo. Antes de partir, en un mapa, cada uno eligió los destinos que deseaba conocer

El tiempo es ahora

Siempre les gustó viajar y en 2005 alquilaron un motorhome “para probar cómo era esa forma de vacacionar”. Quedaron enamorados de la experiencia y un año después, a meses del nacimiento de su hija, compraron la que tienen actualmente.

Fueron años de hacer escapadas de fines de semana o “disfrutarla durante varios días en vacaciones”, pero, reconocen, siempre les dejaba sabor a poco. El intercambio de experiencias con otros “autocaravanistas” les mostró un escenario en el que “la mayoría era gente jubilada porque es una forma lenta de viajar”. “Nosotros les decíamos que teníamos envidia de ellos y ellos nos decían que tenían envidia de nosotros porque podíamos viajar y aprovechar a nuestros hijos al mismo tiempo”, recordó entre risas Natalia.

Sin buscarlo, las frases retumbaron en sus cabezas y eso les hizo replantearse qué querían de sus vidas. Natalia, que tiene 43 años, mencionó que creó un blog “y comenzamos a relacionarnos cada vez más con viajeros hasta que llegó un punto en que nos planteamos por qué no hacer ese gran viaje ahora, con los niños”.

 

La “autocaravana” es su hogar. Ahí aprendieron que “no te hace falta tanto”. “Acá te das cuenta de que tenés todo lo que necesitás”, reflexionaron sobre el viaje familiar y el valor que les dan a las cosas

Una crisis que empuja

La crisis en España comenzó a apretar cada vez más. Javier tenía una empresa de construcción hace 18 años y “los últimos años se cayó en picada, nos logramos mantener pero mal, con menos empleados y menos trabajo”.

“Llegó un momento en el que la crisis económica dolía tanto que ya no aguantaba más la presión. Yo me veía que era joven y sentía que un día de estos me iba a dar un infarto, por la crisis. Cuando un negocio ya no empieza a fluir bien es mejor cerrar a tiempo”, reconoció. Cualquier similitud con nuestra realidad no es pura coincidencia.

Ella, que tenía un trabajo seguro, con buen sueldo, en una gran empresa, confió que “nos veíamos en la rueda a la que te lleva la sociedad, que es trabajar, ahorrar, para intentar dejarle un bien material a tu hijo”.

La decisión estaba tomada. Eligieron que “lo que quiero dejarles a ellos es la experiencia de vivir por el mundo, de ver el mundo con sus ojos, de crecer de esa manera y dedicándole el tiempo que le estamos dedicando ahora”.

“El ritmo de trabajo no te deja estar con ellos, y cuando estabas, no estabas bien. Apostamos por estar con nuestros hijos y por dejarles la herencia de estar tres, cuatro, cinco años por el mundo, las 24 horas juntos”, analizó Natalia sobre la cotidianeidad de sus vidas pasadas, que son también las de muchos hoy.

 

¿Cómo?

El pequeño Alejandro no dudó en aceptar lo que sus padres le propusieron, pero a Carla la idea de alejarse de sus afectos en el sur de España no le cayó bien. “Cada vez que se hablaba del viaje, ella se ponía mal, entonces nos planteamos no hacerlo, lo suspendimos. Pero pasó un mes y medio y Carla se acercó y nos dijo que sí, que quería viajar. Creo que Alejandro tuvo mucho que ver para convencerla”, recordaron con una sonrisa mientras el más pequeño de la familia se hacía responsable del logro en la Redacción de EL DIARIO.

Fruto del trabajo, la familia tenía una segunda propiedad, en Mallorca, que estaba alquilada hacía una década. “Nosotros pensábamos que el día de mañana, cuando nos jubiláramos, ese sería un gran aporte, además sería la herencia a los niños”, aseguró el padre de familia, de 44 años.

Para hacer el viaje, lo primero que hicieron fue venderla. Así reprodujeron el planteo que se impusieron a si mismos: “¿Vamos a esperar a jubilarnos para disfrutar esa casa? No, no quiero dejarles de herencia a los niños una casa. Tenemos la de Sevilla para cuando decidamos volver. La vendemos y elegimos dejarles la herencia de haber recorrido el mundo a una edad perfecta para disfrutar”.

Lo que siguió fue desplegar un gran mapa del mundo en el que cada uno eligió adónde quería ir. Por ejemplo, Alejandro pinchó con un alfiler Corea del Sur, Japón y China; mientras que Carla lo hizo en Cancún, Argentina y Miami.

El 8 de julio se subieron a la Ford Transit Mageo 192 y no volvieron más. Hasta diciembre recorrieron 18 países de Europa y en Bélgica embarcaron rumbo a Montevideo, para empezar a rodar por América.

El tiempo máximo que pasaron en un mismo lugar fue tres semanas en Santiago de Chile, “porque hicimos muchos amigos”, dijeron. Pretenden estar varios meses recorriendo Argentina. A nuestra ciudad llegaron mediante una villamariense llamada Karina Botta, quien se está preparando para recorrer América y llegar a Alaska desde julio, en un Jeep modelo 57.

 

Sin preocuparse, es como hay que vivir

“La idea original eran tres años viajando, pero ahora que lo estamos haciendo vemos tantas cosas, tantas posibilidades, se te abre tanto la cabeza, que queremos estirarlo, estamos viendo cómo alargar camino y pensando cómo generar ingresos”, reconoció Natalia, quien además puso en duda que sea Sevilla el lugar a donde vuelvan una vez que decidan concluir el viaje.

No les preocupa el mañana, pero tampoco se permiten ser irresponsables porque saben que la vida continúa luego de semejante experiencia: “Cuando decidamos volver, montaremos otro negocio, de otra cosa. Ahora lo que hacemos es recoger ideas y vemos que hay tantas posibilidades que antes no te planteabas.

Además, durante el viaje estamos viendo de conseguir patrocinio y estamos ahorrando porque muchas empresas nos están invitando. Lo único que tenemos en mente sobre lo que va pasar cuando decidamos volver es que haremos algo por y para nosotros, lo que sea”.

¿Qué pasa con la educación de los niños? Carla se encargó de describir cómo es aprender sin ir a la escuela: “Mi hermano y yo estamos matriculados por el Ministerio de Cultura. Estamos en una plataforma donde tenemos los libros y nuestros padres son los profesores. Cada mes hacemos un examen. La directora de la plataforma le envía un mensaje a mi madre, ella lo imprime, lo hacemos a lápiz, los escanea, se lo envía, y luego nos dan la nota. Hay un solo examen que no se hace de esa forma, que es en el que nos jugamos todo y se hace en la Embajada española del lugar en donde estemos”.

Ese gran examen lo tendrán el próximo martes y para ello estarán en la Embajada de su país en Rosario. “Eso fue determinante para hacer el viaje, vimos que era posible, que otras familias lo habían hecho y que había facilidades”, reconoció la mamá.

 

Lo justo y necesario

En el motorhome, Javier contó que cada vez que reciben un regalo, ellos regalan algo también. Una forma de intercambiar objetos con quienes el camino les pone enfrente y de no llenar de cosas el vehículo. Antes de partir le dieron una caja a cada niño para que eligieran qué juguetes llevar. El resto lo regalaron. “Acá te das cuenta que no te hace falta tanto”, reconoció, a lo que su esposa agregó: “Lo que tienes en un 7×2 te sobra. Esto es todo lo que necesitas y no es una casa de cuatro plantas como la que teníamos en Sevilla”.

Antes de perderse nuevamente por las calles de Villa María, concluyó: “No nos gusta hacer vida de turistas, nos gusta hacer vida. Porque lo que te queda, al final de todo, es la gente que conoces”.

 

Nos empezamos a plantear qué queríamos de nuestras vidas. Veíamos a los niños crecer rápido y comenzamos a relacionarnos cada vez más con viajeros hasta que nos planteamos: “¿Por qué no hacer ese gran viaje ahora con los niños?”.

No quiero dejarles de herencia a los niños una casa. Tenemos la de Sevilla para cuando decidamos volver. La vendemos y elegimos dejarles la herencia de haber recorrido el mundo a una edad perfecta para disfrutar.

Tienen un blog donde van contando cada detalle del viaje: autocaravanaenfamilia.com

 

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