“La Galería” un libro de Carlota Molina que leemos para leernos

Chiche Molina presentó su obra literaria en donde aborda viejos recuerdos familiares en un conjunto de anécdotas, memorias y fotografías que muestran el crecimiento de las Villas además de ser un espejo social

Enrique Molina y familia en el río

Escribe: Daniel Rodríguez

“José Ingenieros, en la cuadra del 60”, allí estaba, “esa era la casa donde estaba la galería”, dice Carlota Molina mientras abre un gran abanico de imágenes, fotos y recuerdos. Es que durante el pasado sábado 21 de octubre ella presentó dicha obra literaria, la que aborda diferentes recuerdos de su familia paterna. La presentación fue en el salón de la UEPC (Italia 50) de la ciudad de Villa Nueva, en una demostración que estuvo a cargo de Teobaldo Morales y diferentes números musicales, canto y hasta una muestra fotográfica de la época (algunas que forman parte de la placa). El arte de tapa de dicho ejemplar es obra de Sergio Ponce Molina.  

Nacida en Silvio Pellico, con paso por Villa María, pero villanovense por toda la tarea que lleva adelante, Chiche forma parte del “Ateneo La Posta” y es una figura de renombre al momento de hablar del historial y de las cosas que rodean a la ciudad (también a la región). Siempre colaboró en diarios y revistas. En tanto, en esta ocasión, de su pluma ha nacido un libro que ella ve como un “regalo” para toda su familia además de poder conservar todo aquello que ha conseguido por su viaje por la memoria.

“Es una obra en donde yo viajo continuamente de Villa María a Villa Nueva”, afirma. Y agrega “en Villa María vivía mi abuelo, Don Enrique, un hombre silencioso que era de pocas palabras y que en contadas ocasiones contaba historias. […] En tanto, de Villa Nueva nos atraía el parque y el río”.

En dicho material compuesto por quince capítulos se representan diversas historias familares vividas por sus abuelos y tíos: los Molina. Allí entonces van grabadas en tinta las historias de Mila, Blanca, Potota, Eva, Enrique (su padre) y Lulo, un tío que amaba mucho el agua y que era conocido por dicha actividad por los vecinos. Con respecto al destino de cada uno de ellos, cita con gracia que “a las tías se las llevaron los trenes porque se casaron o se fueron por este medio y a los tíos el río los hizo quedar”.

Con páginas repletas de alegrías, tristezas, sueños y anhelos, la autora va comentando el mundo que la rodeaba y cada una de las cosas que pudo encontrar y ver mientras contemplaba parte de su vida en dicho lugar. El recuerdo de la galería y de ella misma observando cada una de las cosas que sabían desde su niñez, pintan de manera completa una sociedad que se iba desenvolviendo y generándose para luego convertirse en las ciudades que tenemos hoy.

Una remembraza muy recurrente en dichas páginas es la vida de Eva (o Beba), una mujer guapa en sus años mozos que hacía suspirar a cada uno de los jóvenes que podría encontrarse. “Recuerdo que en la vieja Confitería Esmeralda (actual Bar Argentino) cuando mi tía ingresó en una oportunidad, el músico que estaba interpretando una pieza, al finalizarla, le dedicó la canción”. También comenta el deseo de ella de ser actriz: “Ella solía interpretar a Libertad Lamarque y su gran sueño era ser artista. Se maquillaba, se ponía pestañas postizas y se peinaba con talco. Yo pensaba cuando la miraba que ella debía formar parte del espectáculo”, algo que se dio de alguna manera, pero que nunca se pudo concretar completamente.

No es fácil ni simple, para Chiche (como la conocen en Villa Nueva y la región) poder volcar en papel todo ese ramo de sentimientos, pero existe una seguridad plena con respecto a que el lector se sentirá identificado y podrá desempolvar viejas anécdotas. Y, es que además de una familia también se representa una forma de ser – y una Nación – que iba florenciendo a la vera del río.

Continuando con el estilo de “Casa de Mujeres”, “La Galería” sigue concentrando aquellas apostillas cotidianas de los siglos XIX y XX en las que, por ejemplo, el cine era un gran evento. Con respecto a esto, la escritora nombra con emoción al dueño de aquel viejo cine villamariense como a “un mago”. “Allí podíamos ver a Tarzán, saltando de liana en liana […] Es más, cuando nos portábamos mal el castigo era no poder ir a ver ninguna película. Recuerdo que no pude ver “Besos brujos” porque yo era muy niña y en esa película se besaban”.

Viajando y encontrando otros fragmentos del libro podemos hallar un espacio donde se habla de Enrique Molina, su progenitor, el cual es descripto y se comentan las diferentes tareas que iba llevando él adelante para acompañar la crianza de sus hijos. “A veces solía salir a vender bijouterie por los campos y hacía fotografía además de haber sido profesor”, entre tantas otras actividades, comenta Chiche con un rostro invadido por la alegría, el orgullo y la nostalgia.

Mucho, pero mucho más es lo que puede encontrar el lector, porque además de un gran archivo de imágenes representativas de la ciudad (se destaca una del río Ctalamochita con toda su familia veraneando en una tarde) el libro también posee y sitúa diferentes espacios y momentos históricos que van reconstruyendo a cada párrafo las diferentes actividades que las familias llevaban adelante en su quehacer diario.

Con un árbol genealógico nutrido y parientes cercanos que fueron desde profesores de esgrima con una gran cantidad de kilómetros sobre sus espaldas y la crisis del treinta que muestra a su abuelo también como a una persona trabajadora, uno puede ver los diferentes matices y atmósferas que se van creando y generando al momento de pasar la vista por sus letras.

Una mención también merece su abuela Carlota (Sí, heredó su nombre) quien tenía por aquellos momentos en la vivienda en pleno centro villamariense un espacio dónde había desde chuñas hasta flamencos por más que esto pareciera increíble.

Una pieza recomendada de lectura es la Molina, quien hace ya un tiempo se inmiscuyó en el mundo de la narrativa (anteriormente trabajaba más con poesía) y quien es una de las defensoras de la historia.

Respecto del contenido, en el prólogo, Teruel Molina asegura que: “Escribir nuestra propia historia familiar no debe ser tomado como un acto jactancioso, sino simplemente una necesidad emocional. Poder volcar en el papel todo un bagaje de sentimientos, alegrías, lágrimas, angustias, lejanías, ausencias o dramas, que aunque no sea muy diferente de la historia de su propia familia, para el que está leyendo estas líneas, sí estoy segura que lo hará reír, emocionar y tal vez hasta lagrimear, porque no tengo dudas que se sentirá identificado.”

 

“La Galería” puede conseguirse en el “Ateneo La Posta” ubicado en Modesto Moreno y Deán Funes, Villa Nueva

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